La Paz, el Pacífico y la Tiranía de la Participación | Jorge Mantilla
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La Paz, el Pacífico y la Tiranía de la Participación

Escrito por Jorge Mantilla

Esta semana la banda conocida como Espartanos se levantó de la mesa de paz de Buenaventura, revelando la fragilidad de la Paz Urbana que ha intentado construir el gobierno nacional en ésta y otras ciudades como Medellín, Quibdó y Barranquilla. En su comunicado de tres páginas, Los Espartanos exponen las grietas de una estrategia que desde un inicio se ha caracterizado por las buenas intenciones más que por avances sostenibles para un cese de la violencia y el crimen en estas ciudades.

La noticia es preocupante, pues Buenaventura fue el primer laboratorio de la Paz Total, e incluso se llegó a considerar como un caso de éxito por los voceros del gobierno. Durante parte del 2022 y del 2023, las múltiples treguas entre Shottas y Espartanos condujeron a una reducción del homicidio. Una buena noticia desde cualquier punto de vista.

Sin embargo, con el paso de tiempo ha quedado claro que no hay un plan concreto que conduzca el proceso de paz a buen puerto. Al final es paradójico que sean los jóvenes afrocolombianos empobrecidos que componen estas bandas los que le hagan un llamado de seriedad y sensatez al gobierno nacional.

Esta nueva crisis está compuesta por incumplimientos a lo acordado que son inverificables pues los mecanismos diseñados para ello funcionan a medias o no logran establecer responsabilidades ni sanciones; por la dilación de los tiempos necesarios para desarmar estructuras con cientos de jóvenes en sus filas; por los espacios de participación en donde se discute, pero no se decide; y por las denuncias de connivencia o complicidad de agentes del estado con los Shottas, la banda rival.

La denuncia sobre la complicidad de la Fiscalía de Buenaventura con los Shottas merece ser tomada con la mayor seriedad. Claro, lo que diga un grupo criminal como Espartanos carece de credibilidad, pero ya hoy sabemos, por la investigación de las autoridades, que a la cabeza del CTI Buenaventura estaba alias “Pacho Malo” y un complejo entramado al servicio del narcotráfico.

Ahora bien, lo más inquietante es la manera en la que el gobierno nacional y particularmente su política de Paz Total viene cayendo en los que los profesores Bill Cooke y Uma Khotari denominaron la Tiranía de la participación. Esto es la sobre abundancia de instancias de participación que terminan siendo inconducentes y generan un impacto negativo en la medida en que las asimetrías de poder existentes acaban minando la legitimidad del propósito inicial.

Y es que hacia donde uno mire, los acuerdos que se han alcanzado con el EMC, el ELN, la Segunda Marquetalia y otras bandas, los mayores “avances” giran alrededor de la participación de la sociedad civil. No es menor el riesgo de que estos procesos de participación acaben siendo un saludo a la bandera.

La experiencia con las miles de iniciativas de la sociedad civil que surgieron  en el marco del proceso de paz con las antiguas FARC para los municipios priorizados por los Planes de Desarrollo con enfoque Territorial (PDET) dan cuenta de ello. Por un lado, muchos de estos planes quedaron estancados, por el otro una parte importante de los recursos destinados a la transformación territorial se perdieron en el escándalo de corrupción de los Ocad- Paz durante el gobierno Duque.

Este gobierno, además de comenzar su mandato con diálogos regionales vinculantes para darle forma al plan de desarrollo, montó asambleas cocaleras, e incluso una “asamblea científico popular por la transformación del pacífico nariñense” organizada por el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación en Tumaco. Todo esto sumado a las instancias de participación con las que ya cuentan los municipios, que en muchos casos superan la docena entre consejos consultivos, consejos juveniles, de mujeres, de la tercera edad.  El listado parece interminable.

Al final, las comunidades se desgastan, las propuestas que se hacen a través de estas instancias de participación pierden su potencial transformador, quedándose engavetadas en los cajones de funcionarios públicos, o en el peor de los casos conllevan a casos donde las obras y proyectos quedan inconclusos sin que nadie de cuenta de ello.

Algo similar está por suceder con los diálogos regionales de Nariño. A pesar de que requiere el compromiso de los actores armados, que confinan, desplazan y mantienen las hostilidades, el compromiso de estos no ha pasado de una declaración de intenciones, haciendo que los esfuerzos del gobernador hayan quedado en un nuevo espacio de participación de las comunidades. Mientras tanto, en zonas rurales del Telembí, en el municipio de Magüi Payan, los combates entre grupos armados continúas dejando más de tres mil familias desplazadas en los últimos días.

Estas realidades opuestas, muestran la manera en que la tiranía de la participación puede jugar en contra de la paz total. Mientras tanto las comunidades pierden la paciencia pues al final fue el gobierno quien creó unas expectativas que hasta el momento no ha podido cumplir. La desconfianza aumenta y el estado, con sus múltiples tableros, parece lento ante la urgencia manifiesta de los territorios.

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