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La pasión golpista que quería tumbar a Samper

Escrito por Boris Salazar
El ex-candidato presidencial conservador Álvaro Gómez Hurtado.

El ex-candidato presidencial conservador Álvaro Gómez Hurtado.

Boris SalazarEn este libro, mezcla de investigación periodística y novela negra, Pablo Victoria intenta hacer una reconstrucción de los días en que una parte de la dirigencia nacional conspiraba para tumbar al presidente Ernesto Samper.

Boris Salazar*

Memoria de un golpe
Pablo Victoria
Planeta, 315 pp.

Dos golpes

El libro de Pablo Victoria, Memoria de un golpe, es el relato de un golpe que nunca fue y de un asesinato que sí ocurrió: el del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado. Es la historia de cómo la idea inocente de un grupo de almas puras de dar un golpe de Estado al gobierno de Samper se convirtió en una cadena de asesinatos que aún hoy, veinte años después, no parece terminar.

Como ocurre en la novela negra clásica, el autor es investigador y protagonista a la vez. El investigador que dedica largos años a seguir pistas, leer expedientes y visitar fiscales es también uno de los protagonistas del golpe que nunca fue.

Tanto, que en lugar de un golpe, el libro documenta dos. Uno, el que todos conocen: un golpe de opereta ideado por Hugo Mantilla en compañía de un grupo de ciudadanos ya mayores que jugaban al golpe mientras compartían café y almojábanas, y a veces algún whisky.

Victoria, experto en golpes y conocedor de lo que piensa la embajada de Estados Unidos, le hace la pregunta clave a Mantilla: ¿Y quién es el general? Al enterarse de que es el general Camilo Zúñiga, Victoria sabe que es un golpe fallido: Zúñiga está en la lista negra del gobierno de los Estados Unidos.

Es el relato de un golpe que nunca fue y de un asesinato que sí ocurrió

Con lo que hace su entrada el segundo golpe. Un golpe intuido y pensado por Victoria mismo. Con un general por encima de toda sospecha: Harold Bedoya. Victoria, conocedor de militares, intuye que Bedoya puede estar en la misma frecuencia golpista. Pero Bedoya no habla mucho. Mira y espera y solo deja caer algunos brillos maliciosos que Victoria interpreta como un probable acuerdo con el golpe que todos sienten en el ambiente.

En el diálogo, Bedoya es quien termina interrogando a Victoria, invirtiendo la relación inicial entre los dos. Hasta allí, solo queda claro que el general podría estar de acuerdo con el golpe que Victoria imagina. Nada más. Victoria, sin embargo, está seguro de que este es el verdadero golpe, el que desatará las terribles consecuencias que todos conocemos.

El factor Álvaro Gómez

Miembros del Cartel de Cali.
Miembros del Cartel de Cali.
Foto: Wikimedia Commons

¿Y cuál es la relación de Álvaro Gómez con el golpe? A primera vista parece obvia, pero no lo es. No hay nada en el libro de Victoria que ligue a Gómez con el golpe en forma directa. No hay ningún testimonio, diálogo o conversación que establezca una conexión directa entre líder conservador y el golpe imaginado.

Es extraño que un conocedor tan cercano del verdadero golpe, como lo fue Victoria, nunca haya hablado de él con quien sería la cabeza visible de la junta cívico-militar que debía reemplazar a Samper. Tanta distancia y silencio no encajan ni con la actividad que el mismo Victoria describe en su libro, ni con la relación que dice haber tenido con el líder sacrificado.

Victoria, como si fuera un investigador externo, optó entonces por la evidencia escrita y por la lógica formal. Y allí estaba, claro, lo que Gómez escribió contra el régimen de Samper. Lo que dijo, una y otra vez en El Siglo, sobre la necesidad de “tumbar al régimen”. Sí, el régimen era una entidad abstracta y corrupta de la que Samper era un simple agente, pero quien lo encarnaba para todos era Samper. En términos lógicos, tumbar al régimen implicaba tumbar a Samper, aunque no mediara ninguna consideración personal.

Victoria remata su excursión lógica con la clave de su libro: si Samper se convertía en un objetivo político, Gómez era un objetivo estatal. Para el autor es la confrontación de vida o muerte entre dos poderes: el que amenaza y el amenazado. Y el amenazado, sugiere Victoria, actuó antes que el amenazante, eliminándolo.

Pero todo lo que dice Victoria es hipotético. Es el vuelo de la lógica y de la imaginación sobre el espacio de lo político entendido como la oposición amigo/enemigo. No el testimonio de un testigo privilegiado de los hechos. El atrevido libro revelador de la verdad se convierte, de pronto, en la especulación de un profesor que imagina conspiraciones y convierte a Gómez, y a su relación conflictiva con Samper, en una caricatura armada por un estudiante de primer año de política.

El fiel admirador del líder asesinado va más allá de la pura especulación. Llega incluso a irrespetar la memoria de Gómez, convirtiéndolo en un conspirador eterno por el poder. Lo hace, afirma, a partir de lo que Gómez le dijo a él y a otros. Según Victoria, conspirar contra el poder liberal era una de las actividades favoritas de Gómez “porque en ella siempre estuvo presente la idea de derrotar definitivamente al liberalismo”.

Al ser Gómez una amenaza mortal para Samper y su régimen, era apenas lógico que Samper quisiera adelantarse a esa amenaza, eliminándola.

Pero esta simple tesis lógica enfrenta varias dificultades. La primera es que Gómez no era el golpe. Era solo uno entre varios golpistas –si es que en verdad participó en su preparación: algo que hasta ahora nadie ha establecido-. ¿Eliminarlo era equivalente a eliminar la amenaza del golpe? ¿No había golpe sin Álvaro Gómez?

Los hechos parecieran dar una respuesta afirmativa: no hubo golpe y la esperada reacción popular y militar por el asesinato nunca llegó. Pero estos hechos requieren de una explicación específica y tienen que ver con el cambio de opinión del general Zúñiga y su paso al campo del presidente.

La segunda es que no está claro si Samper veía a Gómez como el enemigo cuya eliminación lo salvaría de perder el poder, y de ser juzgado en forma sumaria por sus enemigos. Algo que el autor no podía establecer porque no era tan cercano a Samper como sí lo era a Gómez, y tampoco investigó su carácter en el detalle suficiente como para saber de qué era capaz, y hasta dónde podía llegar cuando su supervivencia política estaba en juego.

Militares, políticos de izquierda y derecha, periodistas, académicos y empresarios conversaron y conspiraron

Lo que lleva el posible crimen de Estado a un nivel más elevado de sofisticación. En lugar de dar órdenes concretas, de urdir conspiraciones, y pagar operadores y sicarios, el poder amenazado solo habría tenido que enviar el mensaje correcto a las personas correctas para que estas activaran la operación que acabaría con la amenaza que los ponía a todos en peligro.

La articulación entre narcotraficantes y Estado habría hecho que un simple mensaje activara mecanismos letales que habrían eliminado la amenaza inmediata, y el magnicidio habría desencadenado una serie de asesinatos que aún hoy no termina.

Una larga cadena de asesinatos que, según Victoria, incluye el complejísimo asesinato de “La monita retrechera” y sus escoltas, de José Santacruz Londoño, de Rommel Hurtado y del supuesto intermediario entre el gobierno y los narcotraficantes, el abogado y político, Ignacio Londoño, además de escoltas, choferes y otros personajes menores asesinados en los veinte años transcurridos desde el asesinato de Gómez.

Una compleja red

El Ex-presidente liberal y actual Secretario General de Unasur, Ernesto Samper Pizano.
El Ex-presidente liberal y actual Secretario General de Unasur, Ernesto Samper Pizano.
Foto: Agencia de Noticias ANDES

A su pesar, el libro de Victoria deja claro, por la vía testimonial, que la fragilidad del Estado no fue solo consecuencia de las relaciones ilegítimas del presidente con los narcotraficantes, sino también de los proyectos golpistas que buenos ciudadanos, ya entrados en años, urdieron con entusiasmo en esos días difíciles.

Militares, políticos de izquierda y derecha, periodistas, académicos y empresarios conversaron y conspiraron y tuvieron la ilusión de volver a empezarlo todo desde el principio, sin derechos constitucionales ni Congreso elegido, realizando un viejo sueño dictatorial que superaría para siempre la Patria Boba en la que hemos vivido.

Todos, amigos y enemigos, terminaron enredados en la red criminal en la que fue atrapado Samper. A través de distintas conexiones, los golpistas terminaron vinculados con sus supuestos enemigos en un tejido en el que crimen y política se entrecruzaron una y otra vez. Como lo deja ver el relato de Victoria, información contradictoria y cambiante fluía entre los grupos en contienda, cambiando la situación en formas imprevisibles aun para el más agudo de los estrategas. Por eso, el golpe que lucía tan fácil nunca llegó a serlo.

La ausencia más obvia del relato es la del pueblo en cuyo nombre todos estos actos terribles y banales fueron cometidos. Solo hay conspiradores a punto de ser criminales y criminales que devienen conspiradores. La vieja violencia partidista había devenido una mezcla siniestra de crimen y política, prólogo de la terrible confrontación entre guerrillas y bandas paramilitares y fuerzas estatales que habría de cobrar tantas vidas y desplazar a millones de colombianos.

Veinte años después, Memoria de un golpe nos recuerda que la política seguirá siendo una aliada menor de la guerra y del crimen mientras la mayoría de los colombianos permanezca ausente de las grandes decisiones nacionales. Dejada en manos de buenas almas golpistas y gobiernos frágiles, la política no tiene otra salida que el crimen y la guerra.

 

* Profesor del Departamento de Economía de la Universidad del Valle.

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