Sobre la nueva supuesta crisis del ELN - Razón Pública
Inicio TemasConflicto, Drogas y Paz Sobre la nueva supuesta crisis del ELN
Juan CarlosGarzon

Fomentar su malentendida división no servirá para debilitar al ELN. ¿Qué hacer ahora que la derrota militar y la salida negociada parecen tan lejanas?

Juan Carlos Garzón*, Andrés Aponte González**, Tatiana Prada*** y Lorena Zárate****

La carta y la alerta de atentado

Este 7 de febrero, El Tiempo reveló el contenido de una carta presuntamente enviada por los comandantes del ELN en La Habana a los mandos que se encuentran en Colombia y Venezuela. Según este diario, el documento deja en evidencia la crisis del ELN y sus divisiones frente a la salida negociada, como también frente al narcotráfico.

Días más tarde, el Embajador de Cuba en Colombia advirtió sobre la posibilidad de un atentado en Bogotá. La noticia despertó las alarmas y avivó las dudas sobre la unidad de esta guerrilla.

Pero las divisiones dentro del ELN no son nuevas, ni deberían interpretarse como una crisis que llevaría a su fragmentación.

La eterna “división” del ELN

Las tensiones internas han acompañado al ELN desde su creación. Siempre ha habido fricción entre una línea política y otra de corte más militar, con posturas distintas sobre las condiciones para dialogar con el Estado.

A lo largo de su historia, varios líderes y frentes han expresado sus diferencias y sentando su voz frente a la paz:

  • Bajo el gobierno Uribe, el Frente de Guerra Oriental se opuso a cualquier acercamiento y Francisco Galán fue relevado de su cargo por condenar la lucha armada.
  • Bajo el gobierno Santos, mientras sucedían los diálogos de Quito y La Habana, el Frente de Guerra Occidental utilizó el secuestro y la retención del político chocoano Odín Sánchez para mejorar su posición dentro del ELN.
  • El 17 de enero de 2019, bajo el gobierno Duque, el Frente Oriental hizo explotar un carro bomba en la Escuela de la Policía Francisco de Paula Santander, sin consultarlo con el Comando Central (COCE), con el fin de romper la mesa de negociación.

Las divisiones dentro del ELN no son nuevas, ni deberían interpretarse como una crisis que llevaría a su fragmentación.

En cada uno de estos casos se dijo que el grupo estaba dividido, pero los hechos en efecto no llegaron a destruir la unidad de la organización. Esto se debe a que el ELN vive en constante deliberación —lo que sus miembros llaman el “debate en caliente”—, que recurre al discurso y además a las acciones armadas para sentar posiciones y ganar espacio dentro de la organización.

Se fortalece el ala radical

El ELN ha tenido que encontrar un balance entre el ala más inclinada al diálogo y la que insiste en la vía armada.

Subsistir como organización a través de la “resistencia armada” es un proyecto en el cual coinciden y que los ha mantenido unidos durante los últimos quince años. Pero también hay un acuerdo interno en el sentido de explorar la solución negociada como una forma de ampliar sus espacios políticos.

El gobierno de Duque encontró una mesa de negociación empantanada y marcada por la mutua desconfianza, que acabó de desplomarse con el atentado del ELN en la Escuela de Cadetes. En todo caso, Duque fue elegido bajo una agenda de endurecimiento frente a la paz y el discurso contra del “castrochavismo”, lo cual hacía difícil continuar el proceso con el ELN.

Sus acciones van más bien en la dirección contraria. En el plano internacional:

  • El gobierno colombiano ha presionado a Cuba para que extradite a los miembros del COCE y —en tiempos de Trump— pujó para que la isla entrara al listado de países que apoyan el terrorismo.
  • La relación con Venezuela se encuentra en su peor momento. Allí han encontrado refugio el ELN y disidencias de las FARC. Mientras tanto, el gobierno colombiano promueve una cruzada internacional para acabar el régimen de Maduro calificándolo de “narcodictadura”.

En el plano interno, el gobierno ha condicionado la reanudación de las conversaciones al abandono de cualquier actividad delictiva, incluido el secuestro.

El resultado es un punto muerto que ha favorecido al ala radical, especialmente al Frente Oriental, mientras que la delegación del ELN sigue atrapada en La Habana. Si la intención era provocar una división con el fin de debilitar a esa guerrilla, en realidad el gobierno está fortaleciendo y dando oxígeno al discurso de los menos interesados en buscar una salida negociada.

Foto: Presidencia de la República Por ahora no hay panorama de nuevos diálogos de paz con el ELN ¿cómo encontrar la ruta?

Como pez en el agua

Al calor de esta coyuntura, el Ministro de Defensa expuso los golpes dados a esa guerrilla, los cuales habrían resultado en su repliegue. Pero según datos recientes de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), la presión de la Fuerza Pública en realidad se ha desdibujado:

  • En 2020, las capturas de miembros del ELN disminuyeron en un 50%.
  • Durante los dos últimos años, los muertos del ELN en operaciones realizadas por la Fuerza Pública disminuyeron 25%.
  • Las desmovilizaciones individuales, publicitadas por el actual gobierno, se redujeron un 22%.

Entre tanto, el pie de fuerza del ELN ha aumentado desde el 2016, y el número de acciones —la mayoría de baja intensidad y concentradas en algunos municipios— se ha mantenido estable.

Las muertes de “Uriel” (parte de la línea de mando del Frente de Guerra Occidental) y “Gallero” (coordinador del Frente de Guerra Darío Ramírez Castro) fueron golpes mediáticos, con repercusiones muy localizadas en los frentes más débiles de esta guerrilla. En retaguardias claves, como el Catatumbo y Arauca, ha sido poco el impacto de las acciones de la Fuerza Pública.

Si bien el ELN no está cerca de una “victoria” militar, tampoco siente los costos de continuar la guerra. Tanto el tiempo (la guerra prolongada) como el espacio (sin mucha dispersión y una solida retaguardia en el país vecino) están a su favor.

Para un grupo como el ELN, que sobrevivió a la arremetida paramilitar y al enfrentamiento con las FARC, la resistencia armada es como el agua para el pez.

Claro, no todos los frentes han corrido con la misma suerte, y al ELN no le ha ido bien en sus recientes intentos de expansión – como ha sucedido por ejemplo en Cauca y Chocó.

Como avanzar en busca de la paz

Bajo las condiciones que se dieron hacia el final del gobierno Santos, el diálogo es poco probable. Retomar esa agenda sería difícil para cualquier gobierno.

Sentarse con una guerrilla que exige un diálogo social amplio, que incluya reformas en áreas sensitivas, que no parte del desarme, sino que esté condicionado a la transformación territorial, es riesgoso y carece de incentivos —al menos en este momento—.

Además, el ELN se organiza de forma federada y descentralizada, con gran autonomía entre sus frentes y con combatientes de medio tiempo. La literatura comparada sobre conflictos armados muestra que este tipo de organizaciones son más resistentes, dependen más del contexto local y mantienen relaciones más complejas.

En retaguardias claves, como el Catatumbo y Arauca, ha sido poco el impacto de las acciones de la Fuerza Pública.

Los grupos con estas características tienen más dificultades para comprometerse con una negociación, e implican procesos de consulta y negociación que traen a la mesa a las segundas comandancias y los apoyos locales.

Eclipsado por el conflicto con las FARC, gran parte de la opinión pública y el Estado desconocen el desafío que representa este grupo insurgente. Como dice el dicho, “los generales siempre se preparan para la guerra anterior”. Pero la estrategia que llevó a las FARC a la mesa de negociación tiene pocas probabilidades de funcionar ahora con el ELN.

Aún en el escenario más optimista, es poco probable un proceso de paz con el ELN en el corto plazo. Esto no significa que no haya que buscarlo e imaginarlo, pero es posible que la llave del diálogo ahora esté en el fondo del mar, así que hay que considerar otras opciones.

La estrategia que llevó a las FARC a la mesa de negociación tiene pocas probabilidades de funcionar ahora con el ELN.

La clave para desenredar este nudo puede estar en la dimensión local, en los territorios donde opera esta guerrilla, lo cual requeriría de una apuesta del Estado para construir y ganar legitimidad.

La ejecución de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) en zonas como el Catatumbo y Arauca ha sido, hasta ahora, una oportunidad perdida. Los esfuerzos realizados se perciben como una respuesta militarizada, desconectada de los temas de fondo y con poca participación de las comunidades.

Hasta ahora la estrategia se ha jugado en los micrófonos, la ofensiva diplomática y las ruedas de prensa. Pero la posibilidad de debilitar al ELN no radica en fomentar su malentendida división, sino en quitarle fuerza a su agenda política en lo local, en entender su estructura descentralizada y en mostrar un Estado que funcione de manera efectiva y legítima.

De las fricciones internas y eternos desacuerdos, dejemos que se encargue el ELN.

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies