La masacre de Orlando: ¿el Estado Islámico llegó a Estados Unidos? - Razón Pública
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La masacre de Orlando: ¿el Estado Islámico llegó a Estados Unidos?

Escrito por Jorge Mantilla
Jorge Mantilla

Jorge MantillaEsta masacre no se debió sólo al odio contra la comunidad LGBTI o a la falta de control en la venta de armas. Fue más bien otro episodio de la “guerra de cuarta generación” o donde el próximo ataque puede provenir de donde menos se espera. 

Jorge Mantilla*

Bombardeo durante la Maratón de Boston en el año 2013.

Dos interpretaciones

El reciente ataque al club Pulse en Orlando, donde murieron 49 personas, fue el más letal que haya sido perpetrado en suelo estadounidense desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra la Torres Gemelas.

También fue uno de los más polémicos que se han dado en ese país porque combinó problemas como la violencia contra la comunidad LGBTI, el control de armas y la reiterada incapacidad de los organismos de seguridad para detectar y neutralizar amenazas terroristas.

Entre las múltiples interpretaciones de este episodio, hay dos en particular que oscurecen el debate sobre el nivel de amenaza que representa la posibilidad de ataques similares al de Pulse, teniendo en cuenta que el Estado Islámico ha reivindicado la masacre.

  1. La primera de ellas es la pregunta sobre la orientación sexual de Omar Mateen, el asesino. Se ha conjeturado que este estaba registrado en varias aplicaciones de encuentros gais, que era cliente del establecimiento desde hacía varios años y que llevaba una doble vida que, por su fe islámica, lo ponía en una encrucijada. Pero quizás la única implicación de la respuesta a esta pregunta sea el lugar que escogió para perpetrar su atentado.
  2. La segunda interpretación- y la que ha tenido más claro efecto sobre el proceso electoral en Estados Unidos- tiene que ver con el control a la venta de armas. ¿Mateen hubiera tenido acceso a un fusil de asalto R-15 y a miles de cartuchos si las restricciones a la venta y uso de armas de fuego fueran más severas? En este caso la respuesta es afirmativa.  

Omar Mateen trabajaba desde hacía casi diez años como contratista de G4S, una de las empresas más grandes de seguridad privada en el mundo. Esto, además de haberlo capacitado para el uso de armas, lo hacía acreedor de los permisos de seguridad necesarios para comprar un fusil de asalto.

Pero ninguna de estas dos discusiones explica por qué Omar Mateen se tomó más de tres horas para  matar a sangre fría a 49 personas indefensas y para herir a más de 50.

¿El EI en Estados Unidos?

El perpetrador de la Masacre de Orlando Omar Mateen.
El perpetrador de la Masacre de Orlando Omar Mateen.
Foto: Wikimedia Commons

¿Cuáles son entonces los factores decisivos para un atentado como este? ¿Qué tipo de amenaza representan individuos como Omar Mateen para Estados Unidos en un contexto de guerra contra el Estado Islámico? ¿Puede considerarse este ataque la señal de la llegada del Estado Islámico a territorio norteamericano?

Porque según el Terrorism Research and Analysis Consurtium, el yihadismo o movimiento yihadista global puede definirse como la suma de la campaña promovida por Al Qaeda, los grupos e individuos que se asociaron o fueron inspirados por este grupo y el Estado Islámico. 

Este fenómeno es distinto de otros tipos de violencia política porque es inherentemente religioso y no está relacionado con agendas étnico-nacionalistas, ni está delimitado geográficamente. La ausencia de delimitación geográfica confirma que se trata de un fenómeno de radicalización religiosa que procede a través de las redes transnacionales.

Es importante distinguir la violencia perpetrada por células del Estado Islámico de aquella inspirada por él.

Teniendo en cuenta que en todo el mundo se han dado ataques después de amenazas reiteradas del Estado Islámico a los países que hacen parte de la coalición que lo combate en Siria y en Irak, es importante distinguir la violencia perpetrada por células del Estado Islámico de aquella inspirada por él.

Como ya había dicho en Razón Pública tras los ataques simultáneos del año pasado en París, una yihad sin liderazgo surgió en espacios urbanos occidentales como producto de los desaciertos políticos y militares de Estados Unidos en la “guerra contra el terror”. Este proceso de expansión del yihadismo fue impulsado por una nueva generación de militantes con un perfil sociológico particular, así como por la reunión de grupos inconexos alrededor de consignas que les permitieron idear una forma distinta de operar a partir de flujos globales de información, de personas y de capital.

Perfiles como el de Omar Mateen son un desafío enorme para los organismos de inteligencia de Estados Unidos, los cuales tienen que enfrentar un nuevo tipo de guerra que T.X Hammes –uno de los padres de la contrainsurgencia– ha llamado “guerra de cuarta generación”. Esta es una guerra donde los actores utilizan todas las redes disponibles (económicas, tecnológicas, políticas, sociales y militares) para convencer al enemigo de que sus objetivos estratégicos son inalcanzables o demasiado costosos. Es una forma avanzada de insurgencia.

Los “lobos solitarios”

El pasado marzo la revista Foreign Policy publicó un artículo de Mathiew Levitt titulado “The Islamic State’s Lone-Wolf Era Is Over”. Este artículo afirmaba, en términos generales, que la era de los ataques radicales nacionales y solitarios había llegado a su fin para dar paso a células especializadas con planes bien pensados para aumentar la capacidad del yihadismo internacional. Se equivocó.

Los “lobos solitarios” a los que se refiere el artículo son aquellos individuos que realizan ataques terroristas por sus propios medios sin la orden de un tercero o de una organización particular. En Estados Unidos esta modalidad de violencia es una vieja conocida.

En su historia están consignados los nombres de personajes tristemente célebres como Theodore John Kaczynski, más conocido como el “Unabomber”, quien provocó una crisis de seguridad en la década de 1970, o el derechista Timothy McVeigh, responsable de detonar una bomba en un edificio federal que acabó con la vida de 168 personas y dejó heridas a más de 600 en Oklahoma en 1995.

Desde 2001 se han registrado más de cincuenta ataques perpetrados por ciudadanos estadounidenses que actúan como  “lobos solitarios”, con motivaciones que incluyen la defensa del medio ambiente, la supremacía blanca, la lucha contra el aborto y, por supuesto, el yihadismo.

El verdadero debate

Vigilia en Minnesota en honor a las víctimas de la Masacre de Orlando.
Vigilia en Minnesota en honor a las víctimas de la Masacre de Orlando.
Foto: Fibonacci Blue

El ataque de Omar Mateen en el club Pulse de Orlando pone en evidencia una tendencia creciente de ataques inspirados, más no perpetrados directamente, por el Estado Islámico o por otras organizaciones con bases yihadistas y con probada capacidad de uso de la fuerza a escala internacional.

El más desconcertante de estos ataques, por lo aparentemente absurdo que fue, ocurrió hace apenas siete meses en San Bernardino, California. Allí, Syed Rizwan Farook y Tashfeen Malik, una pareja de 27 años nacida en Chicago y de ascendencia paquistaní, entró a una fiesta de navidad de una organización comunitaria dedicada a trabajar con personas en condición de discapacidad, abriéndose paso entre ráfagas de fusil y con artefactos explosivos pegados al cuerpo.

Mataron a catorce personas e hirieron a más de veinte. Todo esto minutos después de dejar a su hija de seis meses en casa de la abuela. Farook trabajaba desde hacía varios años en el centro comunitario donde asesinó a sus colegas. La pareja se había radicalizado sin que las autoridades se percataran.

Lo mismo ocurrió con los hermanos Tsarnaev, responsables del atentado contra la maratón de Boston el 15 de abril de 2013.

Desde 2001 se han registrado más de cincuenta ataques perpetrados por “lobos solitarios”.

¿Cómo impedir que un contratista de seguridad privada, una pareja de esposos vinculados a actividades comunitarias o dos jóvenes boxeadores acaben perpetrando ataques mortíferos en suelo estadounidense en nombre de organizaciones criminales como el Estado Islámico?

¿Por qué nadie ha preguntado por la relación entre al ataque al club de Orlando y el llevado a cabo solo un día después por otro “lobo solitario” en París y que dejó dos personas muertas, entre ellas un policía? Son justamente esos los espacios donde se disputa la guerra de cuarta generación.

La paradoja de la hegemonía estadounidense es que, a pesar de seguir siendo la mayor potencia del siglo XXI y de haber construido un entorno pacífico en su territorio, Estados Unidos vive bajo una permanente sensación de inseguridad. Según Tom Engelhardt la guerra se ha convertido en la religión nacional de Estados Unidos y en su forma de vida (“america’s way of war is america’s way of life”), y desde 1945 no ha habido una generación de estadounidenses que no haya participado en algún conflicto armado internacional.

Quizás en esto radique la verdadera importancia de la madrugada sangrienta del Pulse Club en el debate electoral de Estados Unidos.

 

* Experto en Seguridad y profesor Universidad del Rosario.

 

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