
La inteligencia artificial y la política del Estado colombiano
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En 2019 y en 2024 Duque y Petro adoptaron sus respectivas estrategias para el desarrollo digital. ¿En qué consisten esas estrategias, en qué se diferencian y qué tan factible es su aplicación?
La metáfora del río
Podemos imaginar nuestro presente (y el futuro) como un río caudaloso: ya fluye con fuerza; o imaginarlo como un río en sus orígenes, incluso pensarlo como una pequeña quebrada, teniendo presente una visión optimista sobre lo que este río traerá, pero también que no todas las orillas tienen el mismo acceso al agua y que el río nunca es el mismo.
Llevemos ahora esta metáfora a las tecnologías y sus oportunidades que, como la Inteligencia Artificial (IA), están disponibles en mayor o menor medida en nuestro presente y lo estarán también en nuestro futuro, caudalosas, complicadas o en sus vestigios.
Para acercarnos a este río, debemos adoptar una serie de estrategias para aprovechar su caudal y mejorar nuestra calidad de vida sin importar la orilla en la que nos encontremos.
A partir de estas estrategias, debemos poner en acción insumos, instrumentos, presupuestos, lineamientos, otras herramientas para evaluar y ser más «efectivos» o «eficientes». Ya desde otros filtros, para poder medir la utilidad de la estrategia y, eventualmente, para renovarla.
El CONPES de 2019
En 2019, Colombia formuló (y ya evaluó) una primera iniciativa, con un conjunto de estrategias que abarcó una gama amplia de tecnologías digitales.
A partir de esta “idea para acercarnos al río”, se sentaron algunas bases alrededor de la adopción de tecnologías emergentes (entre ellas la IA); la conocimos como Iniciativa CONPES 3975. A partir de esa serie de estrategias, desagregadas en 21 acciones específicas en torno a Inteligencia Artificial, se promulgaron decretos, estatutos, programas, leyes y otras iniciativas.
Con esto se trató de realizar la idea de transformación digital (Se llamó “Política Nacional para la Transformación Digital e Inteligencia Artificial”). Su vigencia se extendió hasta 2022. Lo escrito y evaluado, independientemente de las noticias, escándalos y realidades, indica que ese CONPES se cumplió en un 99%.
El CONPES de 2024
Sobre la base de aquella experiencia y tras casi dos años de políticas que al parecer daban la espalda a lo digital, en agosto de 2024 se abrió una discusión para aportar a un nuevo CONPES.
Este nuevo documento construiría sobre los cimientos del de 2019, centrándose exclusivamente en la IA como tecnología de propósito general, dándole un tratamiento más amplio y actualizado por medio de ejes estratégicos. La idea era apuntar a la modernización gubernamental y al fomento de las capacidades de producción e investigación, a la soberanía de datos y a la articulación con metas de desarrollo social, económico y medioambiental.
El documento, enriquecido por más más de mil comentarios y aportes durante el segundo semestre de 2024, fue publicado en febrero de 2025 (CONPES 4144) con horizonte de ejecución hasta 2030.
El nuevo documento se enfocó sobre seis ejes: (1) Ética y Gobernanza, (2) Datos e Infraestructura, (3) Investigación, Desarrollo e Innovación, (4) Capacidades y Talento Digital, (5) Mitigación de Riesgos, y (6) Uso y Adopción de la IA.
La suma de sus ejes comprende un total de 106 acciones, con una inversión prevista cuatro veces mayor que la del CONPES anterior (122 mil millones en 2019 para cuatro años, 480 mil millones en 2025 para cinco años).
“Dragando” el contenido de este CONPES encontramos el deseo de fomentar competencias específicas en todos los niveles del sistema educativo y del sector productivo; su grueso presupuesto pretende asegurar la conectividad y la disponibilidad de plataformas, datos e infraestructura de cómputo (muy inteligente, parece).

El CONPES 4144 hace énfasis sobre las acciones siguientes:
1.Desarrollo de Capacidades y Talento Digital (Objetivo Específico iv)
o Superar barreras tecnológicas en la oferta educativa. Más y mejor acceso a Internet, uso de plataformas virtuales y contenidos de IA, atención a zonas con brechas de conectividad.
o Uso ético y responsable de la IA en el sistema educativo. Integrar la IA en educación básica y media, reforzar las áreas de Ciencia, Tecnología y Matemáticas con enfoque ético, actualizar los currículos de la educación superior.
o Mejorar el capital humano en todo el ciclo de IA. Diseñar becas y posgrados en IA, vincular investigadores al sector productivo, retener talento especializado.
o Aumentar la apropiación social del conocimiento. Campañas divulgativas sobre beneficios y riesgos de la IA, fomentar espacios de participación (talleres, hackathones).
- Datos e Infraestructura (Objetivo Específico ii)
o Mejorar la conectividad. Expandir redes de banda ancha para instituciones educativas e investigativas, enfocándose en áreas rurales y de difícil acceso.
o Mejorar la infraestructura y el ecosistema computacional. Crear y modernizar centros de cómputo de alto desempeño, laboratorios y servicios en la nube para procesar grandes volúmenes de datos.
o Aumentar la disponibilidad de datos de calidad. Publicar conjuntos de datos abiertos (protegiendo la privacidad), promover repositorios útiles para la investigación y el desarrollo de IA.
o Promover la interoperabilidad en el Estado. Adoptar estándares y acuerdos de intercambio de datos, capacitar personal en buenas prácticas de ciberseguridad.
o Mejorar las capacidades técnicas nacionales y territoriales. Formación continua de servidores públicos y profesionales en gestión de datos y analítica avanzada, además de guías y manuales que aseguren un uso ético de la información.
Del dicho al hecho
Desde esta breve lectura, parece que se trata de un muy buen documento, esperanzador.
¿Pero qué tan factible es convertir estas metas en realidades? ¿Disponemos de la coordinación institucional y la continuidad política para que no se quede en letra muerta?
Aquí surge la pregunta sobre la capacidad de ejecución del Estado y la voluntad de quienes, en las regiones y los municipios, tendrán que adoptar lo dispuesto. ¿Veremos acaso otros presupuestos perdidos, casos mediáticos con cifras astronómicas que se pierden por errores de procedimiento? Más que nunca recuerdo la afirmación de Norbert Wiener, “El peligro que representan las máquinas para la sociedad no proviene de las máquinas por sí mismas, sino de lo que el ser humano hace con ellas.”
El CONPES 4144 puede leerse como un “reactivo” a la coyuntura, al apenas responder a varios desafíos que ya estaban presentes (aumento de la IA generativa, rezagos en conectividad, brechas de talento, etc.); pero al organizarse en ejes estratégicos y acciones planificadas, esa percepción por lo menos se desplaza en dos direcciones:
- Incorporación de un horizonte de mediano y largo plazo. Al trazarse el 2030 como su horizonte de ejecución para sentar bases estructurales en investigación, educación, gobernanza y adopción de la IA.
- Integrar la IA en las políticas nacionales de transformación. Al contar con un eje de Investigación, Desarrollo e Innovación (“I+D+i” y un eje de “Mitigación de Riesgos”, que en su diseño considera escenarios futuros (investigación, innovación) y eventuales amenazas.
Un tercer CONPES
Esta misma semana, el gobierno presentó un siguiente CONPES: el 4145 (Marco de inversión en I+D). Una primera mirada permite interpretarlo como un catalizador financiero y organizativo para sostener y escalar las acciones propuestas en el CONPES 4144.
Este nuevo documento establece metas obligatorias y líneas de reporte para la inversión en I+D en las mismas dos vías que comentamos líneas atrás: en formación de talento en IA (tanto en el ámbito universitario como en capacitación continua), como en infraestructura tecnológica para desarrollar y aplicar la IA (centros de cómputo, plataformas de datos).
Al menos en el papel, parece que sí se trata de una “Política Nacional de Inteligencia Artificial”, para impulsar la transformación social y económica del país.
Esta intención despierta el optimismo. No apenas por las cifras, que demuestran un “cambio”, sino porque un CONPES funciona como instrumento para convertir ideas en acciones concretas.
De esta manera, las estrategias compiladas y organizadas apuntarían a que el “caudal” de la IA llegue a más orillas y se convierta en oportunidades reales de progreso. La metáfora del río se mantiene: instituciones, personas e industria deben hacerse a herramientas para aprovecharlo. Falta comprobar que los compromisos se traduzcan en resultados y que este gran flujo tecnológico y humano sí mejore la vida en todas las orillas.
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Acerca del autor

Jairo Alberto Galindo
*Docente investigador universitario, candidato a doctor en educación, magister en lingüística hispanoamericana, especialista en inteligencia artificial generativa para contenidos y en gestión de proyectos e-learning. @jairogalindo
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