La industria del aseo: higiene pública, materia prima, inclusión social y fortín electoral - Razón Pública
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La industria del aseo: higiene pública, materia prima, inclusión social y fortín electoral

Escrito por Adriana Ruiz
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Adriana_Ruiz_RazonpublicaLa historia de la basura es sorprendente, y en Colombia sigue andado a punta de incoherencias, alcaldadas y manejos clientelistas. Solo los ciudadanos podremos asegurar que su manejo sea eficiente, incluyente y sostenible.

Adriana Ruiz- Restrepo

A bandazos

Desde hace unos años, el tema del servicio público de recolección de residuos sólidos no deja de aparecer en los medios. En ocasiones, porque una licitación se tumbó o se suspendió como en Cali (2009), en Bogotá (2010) y en Bogotá (2011). Otras veces porque se informa sobre congresos que reúnen a operadores de aseo, industriales y recicladores.

Pero la mayoría de las veces se informa sobre improvisaciones de las autoridades municipales y nacionales, incapaces de articularse como un Estado unificado. Basta con citar algunos ejemplos:
 

  • El hoy exalcalde Ospina de Cali revivió la liquidada Empresa de Servicios Públicos de Aseo (EMSIRVA) por intermedio de una nueva empresa pública llamada de Gestión de Residuos Sólidos (GIRASOL), con el pretexto de asociar a los recicladores en calidad de accionistas y así poder comercializar el producto del reciclaje.
  • Ahora el alcalde Guerrero anuncia que además de tener que liquidar EMSIRVA, también tendrá que liquidar a la recién creada GIRASOL.
  • A inicios de 2102, el alcalde Petro anunció que para marzo tendría lista la licitación para operar con empresarios privados la ruta de aseo que va a relleno y que también saldría a licitación la operación reservada a los recicladores.
  • Petro luego anunció que reviviría el equivalente de la Empresa Distrital de Servicios Públicos (EDIS) liquidada en 1994, pero a través de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) con el fin de competir con empresas privadas por la adjudicación de contratos de aseo, y anunció que su nueva empresa municipal iba a “vincular” a los recicladores.
  • Ahora anunció que en realidad la EDIS-EAAB prestará solo la ruta de recolección que va a relleno sanitario y que el aprovechamiento -que es preferencial de los recicladores- lo licitarán con exclusividad en 12 Áreas.
  • La Comisión de Regulación del Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA) decidió que la tarifa no retribuirá la nueva y adicional ruta de reciclaje, sino que le trasladará lo que ahorre por menor relleno.
  • Se guarda absoluto silencio sobre la Responsabilidad Social Empresarial (y, de paso, ambiental) de incorporar los costos de reciclar en la producción [1].
  • El Ministerio de Vivienda (MINVIVIENDA) obtiene autorización del Congreso para organizar desde la Nación el servicio de aseo en los municipios del país.

Estas son algunas evidencias de intereses enfrentados y del conflicto de competencias públicas en torno a las basuras, en un contexto de reforma para lograr que se incluya a los recicladores en la prestación del servicio.

Historia universal de la basura

Aunque resulte difícil de imaginar ahora, la basura no tuvo la menor importancia durante la mayor parte de la historia. Solo cuando empezaron a formarse aglomeraciones urbanas – burgos o ciudades – a fines del Medioevo y durante el Renacimiento, el tema adquirió alguna relevancia: las basuras empezaban a amontonarse.

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Recolección de basuras: Bogotá se ha movido en forma pendular entre contratarlo con particulares y prestarlo directamente.
Foto: Avina.

Primero fue para mantener el espacio público libre de basuras [2], luego por limpieza preventiva para evitar plagas y pestes [3] y a inicios del siglo XIX se estabilizó como una preocupación en términos de salud pública e higienismo. Finalmente, con Pasteur, se entendió que la enfermedad se transmitía por medio de gérmenes y no de miasmas: se entendió así la relación entre la suciedad y la enfermedad. La higiene pública se convirtió en un asunto de gobierno.

Y entonces, lo que venía siendo un sistema urbano de evacuación de residuos por el interés general [4], a inicios del siglo XX se convirtió también en la prestación de un servicio público de saneamiento puerta a puerta.

La basura en Bogotá

Justamente esta filigrana histórica de competencias públicas se entrevé en la Constitución de Colombia, que distribuye responsabilidades entre alcaldes, concejos, presidente y congreso.

Adriana_Ruiz_basura_reciclajeEl país siguió tranquilamente acomodado a que el reciclaje en las ciudades siguiera siendo caótico,  informal y dependiente del hambre y la pobreza de los recicladores.
Foto: periodismoambiental2010.blogspot.com

Cada municipio puede decidir si el servicio de higiene pública debe ser organizado y prestado directamente por el Estado, o por intermedio de particulares bajo su supervisión. Bogotá por ejemplo, se ha movido en forma pendular entre contratarlo con particulares [5] y prestarlo directamente.

Con ese propósito se creó la EDIS en 1958, empresa pública que se fue acabando por inoperancia (generaba crisis sanitarias) e insostenibilidad (vivía de créditos del BID). Finalmente, se liquidó en 1993, en medio de una huelga de trabajadores. Por solicitud del alcalde Jaime Castro, la crisis sanitaria que se desató fue conjurada gracias al apoyo de los recicladores informales y sumidos en la pobreza: empezaron a evacuar las basuras de la ciudad tal y como lo hicieran siglos atrás sus ancestros, los basuriegos.

Finalmente — en línea con la Constitución del 91 que dejó al municipio la competencia del servicio — Bogotá dejó de contratar labores puntuales y desde 1994 ha contratado bajo concesión la prestación total del servicio a empresarios privados. La función pública del alcalde, de asegurar que la ciudad reciba higiene y saneamiento, quedó depositada en la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP).

 

La onda del reciclaje

Pero la basura cambió en el nuevo milenio: dejó de ser estorbo para adquirir valor, y de un problema pasó a ser una solución. Esto es posible gracias a una tecnología capaz de eliminar residuos, ya no apenas mediante la disposición final en vertederos o rellenos sanitarios, sino por medio del reaprovechamiento industrial o energético (biogás/compost/incineración). Simultáneamente empezó a surgir una agenda global ecológica y climática que demanda ciudades sostenibles, de cero–basura, capaces de absorber sus propios residuos.

Adriana_Ruiz_basura_globalEmpezó a surgir  una agenda global ecológica y climática que  demanda   ciudades sostenibles, de cero–basura, capaces de absorber sus propios residuos.
Foto: Planet Save

De ahí que la administración pública debió reformar y actualizar el sistema y la prestación del servicio de aseo, para asegurar una especie de metabolismo urbano que transformara a las basuras en progreso.

Esto ha implicado diseñar una ruta adicional para evacuar por separado los dos tipos de residuos dirigidos hacia modos de eliminación diferentes: unos por relleno y energía; y otros por comercialización para aprovechamiento industrial.

Colombia pronto se puso a tono y en 2002 creó su “sistema de aprovechamiento en el marco del servicio de público de aseo”: el reciclaje nació de jure, [6] pero jamás se implementó de facto. Y así, el país siguió tranquilamente acomodado a que el reciclaje en las ciudades siguiera siendo caótico, informal y dependiente del hambre y la pobreza de los recicladores [7].

Basuras con inclusión

En 2003, se estuvo a punto de crear y de privatizar el reciclaje formal en Bogotá, pero sin recicladores. La sociedad civil [8] tuvo que liderar y exigir, por vía judicial, que el reciclaje formal se creara de facto, sin excluir a los recicladores de oficio.

La Corte concedió la acción afirmativa para asegurar su mínimo vital y los incluyó en toda futura contratación de aseo. Pero nada pasó, salvo por el repentino surgimiento de nuevos y poderosos recicladores con músculo financiero y capacidad de inversión.

Asi que la sociedad civil fue más lejos y solicitó su formalización en el sistema de aseo. Inclusión sistémica que la Corte concedió, desarrolló y ordenó al reconocer a los recicladores de oficio y en pobreza como empresarios autónomos y solidarios de aseo, y  por tanto verdaderos socios potenciales para licitaciones y, sobre todo, operadores preferentes del servicio público de aseo en la nueva ruta de reciclaje formal municipal. Y de rebote, los recicladores se  volvieron objeto de ambición, caprichos e ideología.

Rapiña por los residuos

Sin contar con los clásicos oportunistas chiquitos, los grandes también pretenden ahora asociar recicladores, requisito para poder avanzar hacia la gran industria del reciclaje, tal como existe en economías desarrolladas. Por ello retuercen en beneficio propio el “cogollito de oportunidad” de inclusión de los recicladores, creado bajo un marco normativo y un contexto de órdenes judiciales estrictas.

La pelea de ideologías trasnochadas y de intereses soterrados se ha trasladado ahora al nivel de la evacuación de todo tipo de residuos en las basuras. Para ilustrarla, basta con los siguientes ejemplos:

i. En la última licitación de Bogotá se excluía a los residuos inorgánicos o reciclables del servicio de recolección y se los dejaba de libre disposición de las fuerzas del mercado… en las aceras [9].

ii. La empresa municipal GIRASOL fue creada en forma improvisada para la colecta de residuos reciclables o inorgánicos de los caleños;

iii. La EDIS-EAAB proyecta estatizar solo la evacuación urbana de residuos orgánicos, mientras “vincula” a recicladores industriales, al estilo de GIRASOL[10], la empresa pública rencauchada para maquillar desde un escritorio político la inclusión como logro propio, en vez de simple obediencia de una orden judicial…y así hacerse a un fortín electoral.

Todas estas vivezas y retorcijos pretenden aprovechar la distinción de tipo de residuo, irrelevante para la higiene urbana, el servicio público de saneamiento y el propio sistema de aseo.

Ocurre que gérmenes, insectos y roedores siguen igual de interesados en cunchos y migas de origen orgánicos, y que los residuos inorgánicos aun limpios mantienen su capacidad de contaminar ríos, taponar caños, explotar en vertederos, envenenar aguas e incendiarse con el sol.

A falta de una respuesta estatal única y efectiva y frente a fuerzas del mercado desatadas por el lucro y no propiamente por el bien común, el futuro prometedor de un manejo racional de las basuras en Colombia con inclusión social, conservación responsable y disminución de la contaminación queda de nuevo en manos del poder ciudadano.

Abogada y politóloga, consultora internacional en  Política Pública Incluyente.

 

  

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