La grieta en los municipios: descentralizar no es decretar - Razón Pública
Foto: Centro administrativo Valle del Cauca - Gobernación

La grieta en los municipios: descentralizar no es decretar

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Descentralizar no se decreta: se prepara. Sí a la descentralización, pero con orden, experiencia e integridad, al liderazgo nacional y a la cooperación.

Aquella mañana del 10 de agosto yo estaba rezando. Acababa de encender una luz y empezaba la oración a la Virgen María, ese “proclama mi alma” del Evangelio de Lucas, cuando sentí que el sofá en el que estaba sentada se movía. Alerté de inmediato a mi mamá y a mi papá y salimos de la casa. Solo me escuchaba a mí misma y a mis padres clamando: “Dios mío, Dios, ¿qué es esto? Ayúdanos, Señor”. La tierra se movía y, a la vez, nuestras almas entraban en pánico y entraban en contacto con Dios.

Pensé que a mis padres podría darles un infarto, porque vi en sus rostros la angustia y el miedo reflejados en un solo color: blanco. No solo se movió la tierra: también se movieron las almas. Y casualmente, los municipios del norte del Valle, esos rincones verdes, como los llamo yo, fueron de los más afectados.

Desde antes de posesionarse, el presidente Abelardo de la Espriella prometió una alianza con gobernadores y alcaldes para la descentralización y el progreso en cada rincón del país. El terremoto puso esa promesa a prueba, y lo que muestran los municipios de sexta categoría es que descentralizar no se decreta: se prepara. Tienen la voluntad, pero varios, según me han contado las alcaldías consultadas, aún no saben cuándo podrán volver a sus centros administrativos, porque quedaron destruidos. El Valle, con su gobernadora, se mueve, pero necesita aceite, mucho aceite: no solo para arrancar, sino para sostenerse. Porque el atraso no se ve solo en la destrucción física, sino también en la dificultad de la administración pública para gestionarlo todo.

Roldanillo, el pueblo que dejó de ser mágico

Roldanillo fue el primer Pueblo Mágico de Colombia, inaugurado el 18 de diciembre de 2019. Nació de una cooperación con México que permitió adaptar su metodología.

Y en un solo movimiento de la tierra, en segundos que se hicieron infinitos, todo se hizo pedazos. Según el informe del propio municipio, al 11 de septiembre, de 5.428 viviendas caracterizadas, 2.443 están no habitables o destruidas y cerca del 80% de la alcaldía, el hospital, la biblioteca y la casa de la cultura quedó afectado. Las cifras cambian según quién las cuenta y cuándo: un mes antes, el alcalde hablaba de 1.250 casas afectadas.

Dos mujeres

Hay dos mujeres que no se me salen de la memoria. Eran dos ancianas: una en silla de ruedas y la otra, con muy poco movimiento, apenas podía sostenerse. Vivían en un lugar humilde de no más de sesenta metros cuadrados, en una casita elevada sobre un muro de tierra. Cuando la tierra se movió, se abrazaron sin parar. Todo se vino abajo y una teja golpeó con fuerza a la que estaba en la silla de ruedas, a quien ella cubría con los brazos: le rompió la cabecita y tuvieron que ponerle puntos.

Hoy viven en una casa en arriendo por $200.000 y no se sabe qué les depara el futuro. He visto gente muy humilde, pero ellas superaban todo: una realidad en la que la ausencia y el silencio de quienes deberían estar cerca solo se reflejaban en fotos.

La espera y el miedo

A pocos kilómetros de Riofrío, en el corregimiento de Portugal de Piedras, casi todo quedó destruido. Los campesinos recibieron tejas de Eternit, carpas, alimentos y mantas de muchas personas generosas y armaron un cambuche para protegerse del frío y del calor. Pero llegaron las lluvias y los vientos, y no hay materiales que garanticen sus condiciones. Les toca esperar la promesa de que les devuelvan sus casas.

Por eso los alcaldes ruegan, con toda el alma, que lleguen padrinos que abriguen a tantas familias que hoy son cada vez más. Las réplicas siguen: se abrió una grieta y el dolor regresó. He visto cómo los nervios se han apoderado de quienes, sin importar el estrato, también han sentido el dolor.

Lo que se hace y lo que falta

Quiero ser positiva y creer que el gobierno nacional está presente, sobre todo con el apoyo económico temporal, y que la Gobernación del Valle, con su gobernadora a la cabeza, ha puesto recursos y presencia. Ha financiado cerca del 70% de la reconstrucción, tenía planeadas a comienzos de octubre 2.500 viviendas nuevas y unos 9.500 mejoramientos y entrega de materiales en treinta municipios.

Según me informaron los propios municipios, en Toro la Gobernación entregó 250 casas nuevas y 330 mejoramientos. En Riofrío, de 423 viviendas colapsadas, quedaron 117 por entregar. En Versalles, de 596 destruidas, se comprometieron setenta. En El Cairo, de mil afectadas, hay 136 casas por entregar. En casi todos han llegado materiales; las casas nuevas siguen siendo, en su mayoría, una promesa. 

Lo que dejan ver estas cifras no es solo una cuestión de voluntad, sino la distancia entre lo que llega y lo que se termina de construir, y esa distancia la recorre el municipio, casi siempre, sin equipo suficiente.

Lo que me cuentan los municipios es que la reconstrucción de viviendas ha llegado, sobre todo, por la Gobernación; de la Nación, hasta ahora, solo el apoyo económico temporal. Y cuando la ayuda llega por varias vías, se pierde la trazabilidad: en Roldanillo, el municipio verifica y certifica, pero la validación y la entrega se realizan según el procedimiento de la UNGRD.

Foto: Afectación terremoto municipio Ronaldinho - 10 de agosto

Las dos brechas

La mayoría de estos municipios dependen de la Gobernación. Y la cooperación también es gestión: tocar muchas puertas y esperar, con el pan bajo el brazo, a que alguna se abra. En los municipios que he recorrido, ese equipo técnico no existe como tal. Lo que hay, muchas veces, es una persona por prestación de servicios que formula proyectos para regalías, para el DNP y para lo que pida el Gobierno, pero no para la cooperación. Según lo que conozco, algunos municipios del centro del Valle, como Andalucía, Riofrío, San Pedro y Tuluá, instalaron su comité de cooperación y, hasta donde sé, las reuniones han sido pocas. Por mi parte, escribí a catorce municipios del norte del Valle: cuatro me entregaron información; uno, solo en parte; de los otros nueve, unos prometieron enviarla y no lo hicieron y otros no respondieron. No sé si el trabajo existe; sé que no pude verlo. Es una muestra pequeña, pero sugiere que el comité está en el papel y no siempre en la práctica. Hay muchos cooperantes; falta saber presentarles proyectos y entender al municipio, sus verdaderas capacidades y necesidades. Si eso pasa con la cooperación, que no maneja plata directamente, ¿qué pasará cuando lleguen los recursos de la Nación?

Hay una excepción que enseña. Me cuentan que Bugalagrande, municipio de sexta categoría, cuenta con dos profesionales en proyectos y una mesa de inversión social con los empresarios de la zona. Es la capacidad instalada y lo que hace falta en los demás. Falta de ingeniería: el informe de Roldanillo solicita dos retroexcavadoras y asistencia técnica en estructuras, geotecnia y puentes.

Los estudios sobre burocracias de calle, que parten de Lipsky y hoy son desarrollados por autoras como Arcidiácono y Perelmiter (2022), describen a quienes atienden de frente a la gente como la “primera línea del Estado”: agentes que operan con recursos escasos y con margen para ajustar las normas a la práctica. Un municipio de sexta categoría es la primera línea.

Tres llamados

Primero, sí a la descentralización, pero con orden, experiencia e integridad. Porque la autonomía, entendida como lo que una organización puede decidir por sí misma, tiene dos caras: lo que la norma le delega y su capacidad real de ejercerlo, que se reduce cuando depende de otros para financiarse (Verhoest y otros, 2004).

En estos municipios, a esa dependencia se suma la falta de equipo técnico: la autonomía existe en la norma, pero no se ejerce. Es decir, capacidad técnica: partir del diagnóstico y que cada municipio de sexta categoría cuente con un equipo mínimo de ingeniería y de cooperación. 

No recibamos solo por recibir: recibamos para poder asistir adecuadamente. En lo que he visto, la descentralización pasa, en la práctica, por las gobernaciones, que hoy sostienen a los municipios; por eso, fortalecer al municipio de sexta categoría es fortalecer toda la cadena.

Segundo, al liderazgo nacional. El presidente ha insistido en descentralizar; que a esa promesa se le dé seguimiento mediante comités de veeduría. El terremoto no seleccionó: tocó a todos por igual. Que la distribución tampoco lo haga.

Tercero, a la cooperación: que nos abran las puertas. Necesitamos aliados como Argos y las demás empresas de talla nacional que se han sumado a la reconstrucción. Que los grandes empresarios apadrinen barrios, junto con los jefes de gobierno, porque ningún nivel del Estado alcanza por sí solo.

Se abrió una grieta y regresó el dolor. Por eso, detrás de cada cifra hay dos mujeres en una casa en arriendo y una pregunta que hoy nadie responde: ¿Qué va a pasar con ellas?

Le recomendamos: El Chocó: reconstrucción y construcción + una adenda.

Acerca del autor

Milena Rodríguez Mejía
mrodriguez@razonpublica.org | + posts

*Fundadora de OM Consultoría, doctoranda en Política y Gobierno y autora del boletín «Lo público, de cerca».

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Milena Rodríguez Mejía

*Fundadora de OM Consultoría, doctoranda en Política y Gobierno y autora del boletín «Lo público, de cerca».

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