La grandeza de las historias intrascendentes - Razón Pública
Inicio TemasLectura Pública La grandeza de las historias intrascendentes

La grandeza de las historias intrascendentes

Escrito por Jaír Villano
_Libro.jpg

_Libro.jpg

Jair VillanoEn este libro un experimentado periodista recoge algunos de los micro relatos más interesantes que ha encontrado en su carrera. Un libro que nos recuerda la importancia de lo breve y, aparentemente, intrascendente.

Jaír Villano*

De vidas breves y bravas. Historias de gente como uno

Lizandro Penagos Cortés

Universidad Autónoma de Occidente

¿Largo o corto?

Hubo un tiempo en que se creyó que un buen libro debía ser vasto. La literatura decimonónica es el ejemplo más cercano. Con algunas excepciones, los relatos de Balzac, Zola, Tolstoi, Dostoievski, Dumas, entre tantos otros, solían pasar de las 600 páginas.

Parecía que para un magnum opus era imperativa la extensión. Y aunque luego se zanjó dicha condición –El Jugador y El corazón de las tinieblas fueron dos obras grandes y breves-, parece que con el tiempo el atavismo se vuelve a poner de “moda”.

Los ejemplos abundan, pero en el siglo pasado, Joyce deslumbró con Ulises (1922), una novela larga, azarosa y abstrusa; y dos años después, Thomas Mann haría lo propio con La montaña mágica (1924). Unas décadas más adelante, Gunter Grass haría de las suyas con Oscar en El tambor de hojalata (1959).

En décadas más recientes, Foster Wallace se burló de la paciencia del lector con La broma infinita (1996) y los editores de Bolaño hicieron de un conjunto de manuscritos dizque la obra más grande de Latinoamérica: 2666 (2004). Hay que decir que antes de eso, Franzen hizo un acertado y profundo retrato familiar en Las correcciones (2002), y que lo ha seguido haciendo con Libertad y pureza.

Se puede decir mucho en muy poco y muy poco en mucho.

Cualquiera que tenga un minúsculo conocimiento de literatura refutará el párrafo con obras exiguas en cantidad, pero brillantes en su contenido. Kundera, Faulkner, Borges, Hemingway, Rulfo, García Márquez y tantos otros que dijeron tanto en tan poco objetan lo que he insinuado.

De modo que debemos aceptar que, al final, la discusión es bizantina: al lector consumado le debe importar muy poco si el libro que se propone explorar es largo, mediano o pequeño. Dado que el valor del mismo no se mide cuantitativamente sino cualitativamente. Para decirlo en retruécano: se puede decir mucho en muy poco y muy poco en mucho.

Historias como las de uno

De aquellos que dicen muy poco en mucho nos podemos encargar después, por lo pronto, baste con un libro que hace parte de esos que no necesitan explayarse para lograr su vitalidad. De vidas breves y bravas Historias de gente como uno es de esos libros que acierta por su cavilada puntería.

En menos de 3 páginas, Lizandro Penagos recrea una historia en la que la voz del autor sabe camuflarse con la vivencia del personaje. En la que se traza una acción o una anécdota que, como un cuento, atrapa la atención de quien la lee.

Y si bien su carácter no es rigurosamente literario (¿y entonces esos primeros párrafos para qué?), el libro de Penagos atrapa por lo preciso, limpio, ligero -en el buen sentido de la palabra- con que desarrolla sus relatos.

Historias narradas en ¡3 páginas! O en menos. Una virtud de síntesis que viene más de la vena poética, antes que de la periodística. Y cabe precisar que el autor no tiene ínfulas poéticas, pero hace uso de la contundencia del poeta, con una prosa literaria y una estructura esencialmente periodística.

Lo dice bien el prólogo: este es un libro camaleónico, centáurico, hermafrodita. Un libro que sabe mezclar el periodismo con la literatura y la literatura con el periodismo. Una especie heteróclita. Es el producto de sus no pocas vivencias como periodista del canal regional Telepacífico.

De vidas breves

Pequeños grandes

Los microrelatos discurren entre pueblos, calles, saberes populares, anécdotas ajenas y propias, y un elemento sobre el cual vamos a detenernos: los personajes-no personajes.

En efecto, cuando se acude a una narración de esta índole, se busca que haya personajes. En De vidas breves y bravas el lector terminará por no resolver si la gente de la que se habla son de carne y hueso o de ficción.

Es una pieza singular y necesaria para el oficio periodístico. 

¿Por qué? Juan José Hoyos dice que los personajes “son indisociables del entorno al que pertenecen, formado por otros personajes, situaciones y cosas”. Y hay relatos en los que no hay ni entorno, ni otros personajes, ni cosas. Pero, en cambio, sí tiene otros elementos que el maestro sugiere: “(…) más que con los objetos y lugares, un personaje está relacionado con sus acciones. Es a través de ellas como se revelan su talante, su forma de ser, su alma, sus ilusiones, su ambición, sus miedos”.

Los juristas dirían que en cualquier juicio debe primar el beneficio de la duda, de manera que para no entrar en pequeñeces podríamos decir que en el libro se encuentran esas personas que, por su vida, parecen personajes. Parafraseando a Shakespeare: personajes que viven más que las personas.

Y es que si hay algo interesante es la forma en que hace una vida insignificante un relato potente. Por ejemplo, a nadie le interesaría saber de un profesor egresado del Gimnasio Moderno, altivo, que fuma Pielrroja, acentúa sus ademanes, dibuja caricaturas y tiene el descaro de creer que la literatura no es un medio de comunicación.

Penagos hace que su relato esfume la irritación y le deje al lector pensando en la inmensidad que pueden esconder los detalles. Y logra hacer de lo intrascendente un placer. Un placer que vale la pena leer.

Y de la misma forma en que hay textos inanes, hay otros que son candentes. Habría que destacar la fabulación de la periodista que cubre muertes; el enigma del Negro más viejo del mundo; la coincidencia de los números en “El error”; la historia de esa canción que todos los no correspondidos hemos coreado; la mujer bella de aquel pueblo, etcétera.

Y hablando de detalles, es conocido que en estos se oculta el diablo o dios o, como diría Stendhal: en estos está la verdad. Pues bien, en las microhistorias no hay detalles, simplemente acciones o anécdotas o sueños bien contados. Con una potencia letal.

En suma, De vidas breves y bravas. Historias de gente como uno es una pieza singular y necesaria para el oficio periodístico.

Un libro que sabe desafiar la forma de hacer narrativa de no ficción sin ser pretencioso. Por fortuna, salió a la luz, pues, como resumiría su autor: fue breve en su escritura y bravo en su publicación.

*Escritor y periodista.

twitter1-1@VillanoJair

 

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies