La generación del uribismo - Razón Pública

La generación del uribismo

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jorge ivan cuervoLos jóvenes colombianos que intervienen en política a través de facebook o de twiter, sólo han conocido un mundo en que ha gobernado Álvaro Uribe.

Jorge Iván Cuervo *

Dicen sus críticos que el fenómeno de la ola verde, que ha posicionado a Antanas Mockus como un serio aspirante a ganar las elecciones presidenciales, es una burbuja especulativa, un espejismo, porque se sustenta en el fervor de los jóvenes, muchos de los cuales ni siquiera pueden votar, o, de poder hacerlo, no lo harían por razones propias de su inmadurez emocional.

Miremos con más cuidado este argumento. Primero, cuando decimos jóvenes, ¿a qué estamos haciendo referencia? Estamos hablando de personas entre los 18 y los 26 años, y dado que la visibilidad de este grupo se ha hecho posible gracias a las tecnologías de información, con herramientas como twiter o facebook, podemos decir que se trata de jóvenes de los estratos medios y altos, de ciudades grandes e intermedias, que es donde se tiene acceso a este tipo de espacios de comunicación del postmodernismo político. Es decir, quedan por fuera -como suele suceder en las mediciones pre electorales- el voto joven campesino y el voto joven urbano de los sectores populares.

Uribe y el Génesis

Este voto joven sólo tiene un referente de gobierno y de ejercicio de la política: los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe. Y eso implica una lectura dicotómica de la realidad política: o se es uribista, o no se es. Para estos jóvenes no existe el proceso ocho mil ni la debacle ética del partido liberal que injustamente padece Rafael Pardo. Para la gran mayoría de ellos se trata de un partido envejecido, que no los representa en sus aspiraciones de cambio cultural que supone la globalización en un país con estructuras señoriales.

Para estos jóvenes de estratos medios y altos, ser de izquierda es estar de acuerdo con la guerrilla y con unas pautas de discusión política que no los involucra, sentimiento que se ha visto reforzado en estos ocho años de gobierno de Uribe, en el cual se logró consolidar un rechazo visceral a todo lo que huela a izquierda. Su lectura del Caguán es la lectura oficial de un escenario al que esta sociedad no debería volver jamás. Estos son los jóvenes que, convocados a través de facebook, salieron masivamente a marchar contra las Farc.

Primero lo ético, después lo social

Ellos aprendieron de política y de gobierno en un escenario de polarización y de confrontación ideológica que hoy quieren rechazar. Como el concepto de ideología se ha degradado y ha terminado asimilándose a ser de izquierda o de derecha, lo cual en Colombia es ser pro o contra las Farc, muchos de estos jóvenes ven en Mockus una salida no ideológica a los problemas del país, y se sienten convocados por el llamado a la reconstrucción de la ética pública que plantea el candidato del partido verde. La revolución social vendría después, si es necesario que suceda.

Estos jóvenes se han asumido como la nueva fuerza electoral, así en la práctica no lo sean todos, y se sienten muy cerca del imaginario que hizo visible y posible el mensaje de Obama en los Estados Unidos. Ellos están redefiniendo las identidades políticas más allá del debate entre la izquierda y la derecha, en el cual de alguna manera sigue atrapado el viejo país, el que representan los otros candidatos.

No podemos decir que esta nueva generación política sea más liberal, más progresista, más pluralista, más solidaria. Pero sí podemos decir que es una generación que quiere pensar el país por fuera de los imaginarios del Frente Nacional -todos los candidatos, excepto Mockus, son de alguna manera hijos del Frente Nacional, incluido Petro, si nos atenemos a los orígenes del M-19- y de la confrontación armada. Es una generación que ha viajado o ha estado en contacto con el mundo a través de Internet, y no entiende cómo Colombia es el único país de América Latina que cuenta con grupos alzados en armas y con preocupantes índices de violencia. El argumento de la pobreza o de la inequidad no les convence para justificar la lucha armada. No son hijos del Che, son hijos de Bill Gates.

Seguridad vs. cátedra

El discurso de Santos se sustenta en la persistencia del conflicto armado, así lo llame de otra forma. Su propuesta apunta a reforzar lo que estos jóvenes entienden como la única opción conocida: el ejercicio de la política y del gobierno en los márgenes de violencia política y modernización urbana que caracteriza a la sociedad colombiana, manteniendo a raya a los grupos armados, haciendo pequeñas reformas para descomprimir la presión social, permitiendo que las formas de la democracia doten de legitimidad toda la trama política, sin incorporar sus demandas de diversidad en la búsqueda de sus identidades. Por eso el apoyo a los verdes no es monolítico. Los jóvenes dividen sus afectos entre Mockus y Santos, porque el candidato del partido de la U les ofrece un escenario de seguridad, único activo que esta nueva generación ha aprendido a valorar de entre toda la oferta de bienes públicos que puede ofrecer un Estado.

Pero Mockus los ha puesto a pensar, haciéndoles ver que es posible lograr lo mismo sin sacrificar el cumplimiento de las reglas, y le han creído, porque tiene de respaldo una gestión que muchos de ellos alcanzaron a percibir como exitosa, percepción que ha trascendido en el tiempo. Además es un profesor, uno de los pocos oficios que está en contacto con su mundo y por el cual sienten respeto ¿Pueden estos jóvenes revolucionar el escenario político? No es fácil. Cada vez que las encuestas reflejan el voto de opinión joven y el ascenso de Mockus, se inventan filtros para que aparezca de nuevo el viejo país. Técnicamente son excluidos de la franja de opinión pública decisiva y todo vuelve a la normalidad.

La lección del 90

Es bueno recordar. En 1990, por fuera de los partidos tradicionales, y como consecuencia de la derrota que el crimen organizado le produjo al establecimiento político, unos jóvenes de estratos medios y altos se volcaron a la calle, y de la mano del ascenso político de un partido que había dejado las armas y de un gobierno que junto con el poder judicial entendió que era necesario abrir la válvula política, se produjo el más importante fenómeno político de los últimos tiempos: la séptima papeleta y la Constitución de 1991.

Los jóvenes de entonces se retiraron a sus cuarteles de invierno, descuidaron el legado del  proceso constituyente y el establecimiento se reinventó para tomarse de nuevo el espacio político, con los resultados conocidos: las expectativas de más pluralismo, mejor democracia, más equidad, mejor calidad de vida, han quedado repartidas entre fallos de la Corte Constitucional y los programas de asistencialismo básico, entre el activismo judicial y el populismo gubernamental. El único resultado palpable fue el de la deslegitimación de la lucha armada como opción política, de la cual, esta sociedad no puede dar marcha atrás.

Parecería que los jóvenes de hoy tienen de nuevo una oportunidad de decirle a esta sociedad cómo es posible modernizarse, de reinventar la ética pública cumpliendo las leyes y haciendo leyes justas, lo básico de cualquier sociedad. Algunos pensarán que es poco, pero en un país como Colombia, constituye una verdadera revolución.

* Profesor e investigador de la Universidad Externado de Colombia, columnista y autor de numerosas publicaciones.

Acerca del autor

Jorge Cuervo

Profesor e investigador de la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, columnista de El Espectador y autor de numerosas publicaciones. @cuervoji.

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Profesor e investigador de la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, columnista de El Espectador y autor de numerosas publicaciones. @cuervoji.

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