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La fusión Enel-GEB: un error histórico

Escrito por Diego Otero
Diego Otero

Aunque se ha vendido como una victoria para el Distrito, el acuerdo entre Enel y el Grupo de Energía de Bogotá deja grandes desventajas para los bogotanos.

Diego Otero Prada*

La fusión

El 28 de junio, la asamblea de accionistas del Grupo de Energía de Bogotá (GEB) aprobó por unanimidad el acuerdo para fusionar esta compañía con Enel (en origen ENEL, acrónimo de Ente Nazionale per l’Energia Elettrica) Américas y crear una nueva empresa de generación, transmisión y distribución de energía: Enel Bogotá.

Con el acuerdo, Emgesa absorberá a Codensa, Enel Green Power y Essa Chile, sociedad que además tiene los activos de Enel en Costa Rica, Guatemala y Panamá. El GEB tendrá una participación del 42,5 % en la nueva empresa, mientras que Enel tendrá el 57,3 %.

¿Victoria o derrota?

El acuerdo se ha presentado como “un gran éxito” y “una victoria” para el Distrito, pero la realidad es otra.

En la nueva empresa, el GEB tiene una participación menor y eso se ve reflejado en el orden de los nombres: la nueva empresa se llamará Enel Bogotá, para mostrar quién es el verdadero dueño.

Con esta fusión, Bogotá se quedó sin una empresa generadora de energía y se sometió al poder de un grupo extranjero. La ciudad perdió la posibilidad de crear una industria de fuentes renovables colombiana, con suministros y asesorías nacionales.

Con el acuerdo, Emgesa absorberá a Codensa, Enel Green Power y Essa Chile

Los economistas más ortodoxos llaman a eso la “transición energética”: cambiar el petróleo, el carbón y el gas natural colombiano por colectores solares, aéreogeneradores y carros eléctricos extranjeros.

La privatización de la EEB

Para entender las implicaciones del negocio es necesario hacer un poco de historia. En 1997, el alcalde Antanas Mockus permitió el ingreso de capitales extranjeros a la Empresa de Energía de Bogotá (EEB) y se crearon otras dos sociedades, Codensa y Emgesa.

  • Codensa se dedicó a la distribución y comercialización de energía;
  • Emgesa se dedicó a la generación; y
  • La EEB siguió ejerciendo la transmisión de forma directa.

Emgesa quedó en manos del grupo Capital Energía, integrado por Betania S.A con el 51,0 % y Endesa de España, con el 49,0 %. Betania S.A, a su vez, tenía como socios a Endesa de Chile con el 63,7 %, Conosur de Chile con el 11,2 % y Corfivalle con el 24,9 %.

Por su parte, Codensa fue comprada por el grupo Luz de Bogotá, constituido por Enersis y Chilectra, ambas de Chile, y por Endesa de España. En Codensa y Emgesa, la Empresa de Energía de Bogotá quedó con el 51,5 % de las acciones, Capital de Energía y Luz de Bogotá con 48,4 % y otros accionistas con el 0,1 %.

La Empresa de Energía de Bogotá quedó constituida con el 81,5 % de acciones del Distrito, el 5,5 % de Capital Energía, el 5,5 % de Luz de Bogotá y el 0,2 % de otros accionistas.

En 2012 la Empresa de Energía de Bogotá entró en el negocio del gas natural al comprar la empresa Transportadora de Gas del Interior. Se convirtió en el Grupo de Energía de Bogotá y empezó una etapa de internacionalización.

Foto: Flickr La transacción fue el resultado de un chantaje de ENEL al distrito.

Las críticas a la privatización

El proceso de capitalización de la EEB no estuvo exento de críticas. Desde el principio hubo conflictos por el predominio de funcionarios españoles y chilenos y el favorecimiento a empresas extranjeras para suministros y asesorías.

Como lo mostré en “La privatización y la descapitalización de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá”, la transformación de la EEB es el perfecto ejemplo de cómo se pierde el control público de un servicio tan esencial como la generación y distribución de energía eléctrica.

Fue un proceso equivocado, que benefició desproporcionadamente al capital extranjero. No se establecieron condiciones de inversión, ni se especificó el papel que debería jugar el Distrito como socio.

Además, esta capitalización no era necesaria. Un estudio de asesores colombianos propuso resolver la situación de la empresa atendiendo el problema de la hidroeléctrica de El Guavio. La distribución y la generación de energía –sin El Guavio– eran rentables. Pero el estudio de los colombianos se desechó.

La llegada de Enel

En febrero de 2009, la multinacional italiana ENEL compró Endesa y pasó a controlar el 92 % de la multinacional española y de todas sus filiales en Latinoamérica. Así, Enel llegó a ser socia del GEB.

Desde entonces, la relación entre el GEB y Enel ha sido conflictiva:

  • El 14 de febrero de 2012 Enel creó su filial Enel Green Power Colombia, para desarrollar proyectos de energías renovables, pero excluyó de toda participación al GEB. En otras palabras, la multinacional se aprovechó de las necesidades de energías renovables en Colombia y creó su propia empresa, con su gente, suministros y asesorías italianas.
  • La multinacional decidió cambiar el nombre de Codensa y Emgesa por Enel-Codensa y Enel-Emgesa. El GEB tuvo que pagar el cambio de nombre por un costo de 8.000 millones.
  • En los últimos años, Enel ha dejado de pagar millonarias sumas de dividendos al GEB, lo que enfrentó a ambas partes en un tribunal arbitral.

En la práctica, el GEB no ha tenido control operativo de Codensa y Emgesa desde 1997. Controladas por Enel, estas dos empresas hacen lo que quieren: contratan, invierten y compran suministros en el exterior según su voluntad.

Un acuerdo negativo

El proceso de transformación que se llevó a cabo desde 1997 fue claramente negativo para Bogotá. Es curioso que en el documento que justifica la reciente fusión con Enel, el mismo GEB lo reconoce.

En sus palabras, su falta de control sobre Codensa y Emgesa “llevó al deterioro y desgaste de la relación societaria y a poner, principalmente a Emgesa, en una situación de desventaja en el mercado de energías renovables no convencionales y a la interposición de demandas arbitrales para la defensa de los intereses del GEB”.

Entre los beneficios de la fusión se menciona el crecimiento de Codensa en otras electrificadoras de Colombia. Pero esto ya no es posible porque todas las antiguas electrificadoras cambiaron de dueño, y varias son hoy de Empresas Públicas de Medellín (EPM). Aquí, el campo es casi que inexistente. Esto debería haberse hecho antes, pero los dueños españoles e italianos no quisieron.

En la práctica, el GEB no ha tenido control operativo de Codensa y Emgesa desde 1997.

También se dice que el GEB participará como invitado en las juntas directivas de las filiales y subsidiarias, pero sin ningún poder, que es lo mismo que nada. El poder queda en el socio mayoritario, que tendrá el 57,5 % de las acciones.

Sobre los beneficios económicos, la información disponible no permite hacer un análisis apropiado. Es cierto que aumentan los ingresos totales, pero hay que tener en cuenta que la participación del GEB disminuye de 51 % a 42,5 %. Además, hay que examinar con pinzas las proyecciones porque mucho se debe a supuestos de nuevos proyectos que se realizarían en Colombia por Enel Green Power y por sus filiales en el exterior.

¿No sería mejor crear una empresa distrital dedicada a la generación sostenible de energía y a todo tipo de nuevas tecnologías? ¿No es mejor impulsar un plan de energía solar en los hogares, edificios comerciales, industriales y públicos, para promover un desarrollo industrial bogotano?

¿El acuerdo es legal?

Por último, queda una duda jurídica: la Ley 143 de 1994 estableció que una empresa no puede entrar simultáneamente a dos negocios, por ejemplo, generación y distribución o transmisión y distribución de energía.

En este caso, dado que Emgesa absorbe a Codensa, se crea una sola empresa generadora y distribuidora. Es posible que esto vaya en contra de la ley. Por eso, es necesario analizar la viabilidad jurídica de ese acuerdo.

Un nuevo error

En la práctica, la transacción es un “chantaje” de Enel: o se fusionan conmigo en mis propios términos o seguiré adelante con mis proyectos de generación de energía renovable sin consultarles.

En lugar de ceder a ese chantaje, el Distrito debió haber creado su propia empresa de generación de energía para contribuir a la transición energética en Colombia. Esto debió hacerse con el fin de crear una base industrial en Bogotá.

En la nueva empresa, el Distrito no tendrá ningún poder de decisión, como hoy ocurre con Emgesa y Codensa. Es una jugada delicada en la que no hay que apresurarse, a riesgo de cometer un error como el de 1997.

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