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La frustración de las alianzas electorales

Escrito por Mauricio Cabrera Galvis
Mauricio Cabrera Galvis

Mauricio-Cabrera-GalvisEn vez de las dos coaliciones programáticas que necesita una democracia, vamos hacia la unión de aparatos clientelistas como partido de gobierno y hacia una oposición debilitada y dispersa. Un análisis de los realineamientos para la segunda vuelta.

Mauricio Cabrera Galvis *

Los resultados de las pasadas elecciones parlamentarias y el notable crecimiento del partido Verde en la primera vuelta de las presidenciales, llevaron a pensar que por primera vez en Colombia se daría un proceso de alianzas electorales alrededor de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta, con miras a conformar coaliciones de partidos sobre la base de acuerdos programáticos, como sucede por ejemplo en Chile.

Sin embargo, en lugar de coaliciones de partidos bien definidos y sólidos que hubieran generado un esquema de gobierno / oposición, fortaleciendo así el sistema democrático en el país, Santos y Mockus se fueron por un camino muy diferente para conformar sus respectivas alianzas, lo que nos puede conducir hacia un régimen de partido único, como el PRI de México, con una oposición dispersa y debilitada.

La necesidad de las alianzas

En las democracias multipartidistas las alianzas electorales son indispensables en la medida en que ningún partido cuenta con la mayoría absoluta necesaria para gobernar. Entonces los distintos partidos tratan de armar coaliciones tanto para ganar las elecciones como para aprobar sus proyectos en el Congreso.

En los regímenes parlamentarios estas coaliciones se conforman después de que han sido elegidos los congresistas, como acaba de suceder con la alianza entre los conservadores y los liberales-demócratas en Inglaterra, mientras que en muchos países con régimen presidencialista se tiene un sistema de doble vuelta (ballotage dicen los franceses)  para que el presidente sea elegido con la mayoría absoluta de votos, y si no los logra en la primera vuelta, la segunda se disputa sçolo entre los dos candidatos mayoritarios.

Un caso particular de estas coaliciones es el de Chile, donde los partidos de centro izquierda se unieron antes de las elecciones en la llamada "Concertación" y gobernaron el país durante 20 años, hasta que una disidencia abandonó el grupo y la otra coalición -de los partidos de derecha- les ganó las últimas elecciones. En ambos lados del espectro político las coaliciones se han formado sobre la base de acuerdos programáticos, pero manteniendo la identidad y la independencia de todos los partidos que las conformaron.

En Colombia se instauró el sistema de la doble vuelta desde la década de los noventa, pero sólo se había utilizado en las elecciones de 1994 (Samper-Pastrana) y 1998 (Pastrana-Serpa) puesto que en las del 2002 y 2006 Uribe ganó en la primera vuelta. Sin embargo en las dos ocasiones en que se utilizó no hubo coaliciones entre partidos propiamente dichos sino alianzas de grupos y movimientos transitorios.

Con los avances que ha habido en la normatividad sobre los partidos la situación ha cambiado. En las últimas elecciones para Congreso en Colombia el partido de la U tuvo la mayoría relativa, pero sacó sólo el 25% de los votos (porcentaje que sube al 33% sumándole los votos del PIN que es su ‘tinieblo' fiel pero clandestino) mientras que otros 5 partidos obtuvieron entre el 7% y el 20%.

Estos seis partidos lanzaron sus respectivos candidatos presidenciales, pero la aceptación de los mismos entre la opinión pública, medida por las encuestas, resultó muy distinta de los porcentajes de las elecciones parlamentarias por la disparada de Mockus y su ola verde. Luego los resultados de la primera vuelta mostraron que las encuestas estaban muy equivocadas.

En el cuadro 1 se presentan los resultados de las elecciones de Congreso, el promedio de las mediciones de las encuestas de las últimas dos semanas en que estaban permitidas y el resultado de la primera vuelta presidencial.

cuadro_1

Con estos resultados era evidente la necesidad de alianzas para la segunda vuelta: Santos, para consolidar una mayoría uribista que ya era precaria después del grito de independencia de Vargas Lleras y las fricciones con el ala pastranista del conservatismo. Mockus, por su parte, por la desinflada de la realidad en las urnas frente a las encuestas y por la posibilidad de aglutinar a toda la gente que rechazaba la continuidad de los falsos positivos, las chuzaDAS, las zonas francas y tantos otros escándalos de corrupción que se ventilaron durante la campaña.

La estrategia de la U

Contando sólo con el 33% del Congreso y un partido Conservador que con la derrota de ‘uribito' había demostrado que quería tener candidato propio y aspiraba a liderar la coalición uribista, Santos se enfrentaba al doble reto de ganarle a Noemí y de atraer nuevos votantes que contrarrestaran el rápido crecimiento de la ola verde.

Lo que hizo frente a Mockus es bien conocido y pasará a la historia como una de las campañas más llenas de trampas, atajos y "picardías". Como la cuña radial en que alguien imitando la voz de Uribe y repitiendo frases del mismo presidente invita a votar por Santos; o la cuña que le pagaron al candidato de DMG para que en tiempo triple A de la televisión recordara las contradicciones de Mockus (sobre la extradición de Uribe, su supuesto ateismo, la actitud frente a Chávez, etc.); o las repetidas intervenciones de Uribe haciendo campaña por Santos de una manera ilegal; o el uso populista de Familias en Acción para presionar a los beneficiarios a votar por el candidato oficial.

La alianza programática entre la U y el partido conservador era muy fácil por la total afinidad ideológica que existe entre los dos partidos y que fue evidente durante los ocho años del gobierno de Uribe. Además, como lo dijo Carlos Rodado, jefe de campaña de la U, a pesar de sus orígenes liberales. Santos es más conservador que Noemí y así lo demuestran sus ejecutorias como ministro de los gobiernos conservadores de los últimos 12 años.

Sin embargo Santos no quiso arriesgarse a un eventual repunte de Noemí y esperar a la segunda vuelta para sellar una coalición con un partido Conservador fortalecido, sino que prefirió la estrategia de debilitar a su candidata y dividir a ese partido. Para desinflar a Noemí contó con la gran ayuda del presidente Uribe, quién hizo todos los gestos, guiños y declaraciones para mostrar que Santos era el sucesor elegido; para dividir al partido utilizó a personajes como Andrés Felipe Arias para sonsacarle los congresistas elegidos y quemados, mediante el ofrecimiento de puestos y contratos.

Así lograron quitarle a Noemí por lo menos 1,2 millones de votos de los que había obtenido en las elecciones parlamentarias (es posible que unos cuantos votos conservadores se hayan ido donde Vargas Lleras o Mockus. Ver cuadro 2). Después de este resultado, el resto de los parlamentarios conservadores hicieron el show de un innecesario acuerdo programático y entraron de lleno a la puja por la repartición burocrática como lo han hecho en los últimos ocho años.

cuadro_2

La división de los liberales

Con el partido Liberal Santos utilizó la misma estrategia de sonsacar congresistas, en este caso con la ayuda de personajes como Rodrigo Rivera y Angelino Garzón en el Valle del Cauca. Los ofrecimientos debieron ser muy buenos porque logró quitarle a Pardo alrededor de un millón de votos de los congresistas liberales (de nuevo es posible que una pequeña proporción se haya ido donde Vargas Lleras y Mockus).

Una alianza programática del Partido Liberal con la U era imposible. Como lo dijo Rafael Pardo, "El Partido Liberal lleva ocho años en la oposición al gobierno de Álvaro Uribe y no es coherente que ahora respalde a un candidato cuyo compromiso hasta hoy es el de la continuidad de todas las políticas"[1]. Además el programa liberal incluye propuestas que han sido abiertamente rechazadas por el uribismo, como la reforma tributaria integral, la ley de víctimas, la política de tierras para desplazados o la derogatoria de la reforma laboral del 2002.

Los tránsfugas liberales que se fueron con Santos intentaron tomarse el control del Partido para que la adhesión fuera total y pudieran entrar oficialmente a formar parte de la coalición de gobierno. No pudieron hacerlo por la postura consecuente de Pardo, de una minoría de congresistas y de la inmensa mayoría de los sectores no parlamentarios del Partido. Sin embargo el costo de este enfrentamiento fue tener que adoptar la decisión de dejar en libertad de votar por el candidato que cada uno prefiera, lo cual significa evitar la división ahora pero dejarla latente para el futuro próximo.

La forma como se dio la adhesión de los caciques liberales a Santos fue lamentable y vergonzosa: ni siquiera se preocuparon por guardar las apariencias de proponer unos programas para que la U los incorporara, tal como lo hizo el partido Conservador, sino que de manera servil corrieron a tomarse la foto con el candidato. Como no lograron que Pardo los apoyara para entregarle el partido a Santos, se fueron a título individual;  por supuesto no lo dieron gratis y la adhesión ha debido ser a cambio de ofrecimientos burocráticos. Su frustración será que sólo les van a tocar las migajas que les dejen los que llegaron primero a la repartija.

El futuro del partido Liberal no se juega el día de las elecciones sino después del 20 de Julio, cuando tenga que empezar a actuar la bancada parlamentaria: ¿qué van a hacer los tránsfugas cuando el gobierno presente el proyecto de Acto Legislativo para que el Fiscal sea nombrado por el presidente?, ¿o cuando Santos insista en mantener las exenciones tributarias a las empresas y a las zonas francas porque es uno de los huevitos del presidente? Si apoyan esas iniciativas en contra del programa del Partido corren el riesgo de perder la curul, y si no las apoyan perderán las prebendas burocráticas.

La intransigencia de los verdes

Los resultados del 30 de mayo mostraron que el partido Verde no tenía la posibilidad de ganar solo la presidencia y que para recortar la enorme ventaja que la había tomado Santos necesitaba recoger a todos los demás partidos que habían votado en contra de la continuidad.

En su discurso la noche de las elecciones pareció que Mockus iba tratar de conformar esa coalición multipartidista, pues hizo fuertes críticas a Santos, grandes elogios a los demás candidatos y convocó a sus partidos a conformar una "Alianza Ciudadana" de nuevo tipo: "Al agruparnos en el partido verde, Sergio, Enrique, Lucho y yo le apostamos a que la democracia colombiana requiere de partidos fuertes. Creo en un acercamiento público y transparente entre los partidos, no en los acuerdos tradicionales entre ellos. Aquí no hay nada para repartir, solo principios e ideales para compartir. Minga sí, piñata no."[2]

Sin embargo pronto se frustró esta esperanza pues el discurso no se tradujo en actos concretos y, por el contrario, hubo destempladas declaraciones de Peñalosa rechazando cualquier tipo de alianzas. Finalmente se impuso la miopía y la intransigencia y el partido Verde no solo no tomó la iniciativa de invitar a una alianza no burocrática sino programática a los partidos con los que había una cercanía ideológica y de objetivos, sino que rechazó esa posibilidad cuando el Polo Democrático se la planteó. El Partido Liberal y del Polo se desgastaron ocho años en la oposición, denunciando la corrupción y los escándalos del gobierno, y Cambio Radical también se distanció el último año de la política del "todo vale", pero estas credenciales no fueron suficientes para vencer el temor de los verdes a contaminarse.

Conclusión

Así las cosas, es oscuro el panorama para el multipartidismo y las coaliciones. De una parte, Santos sigue la línea de Uribe de no respetar a los partidos sino tratar de debilitarlos y conformar su mayoría con adhesiones personales; de otra, Mockus y los verdes no les creen a los demás partidos pues piensan que siguen las viejas costumbres del clientelismo y la politiquería, y también buscan el apoyo de los votantes individuales. Lo más grave es que la desmesurada ambición del uribismo por mantenerse en el poder con cualquier medio y la falta de una real voluntad de poder de los verdes, están conduciendo a un debilitamiento de la oposición que puede terminar en una combinación de caudillismo con régimen de partido único que sería funesta para la democracia colombiana.

* Economista y Filósofo.  Director Programático de la campaña del Partido Liberal y consultor independiente, es autor de varios libros y columnista de diarios colombianos.

Notas de pie de página


[1] En: semana.com, 2 de junio de 2010.

[2]Discurso de Antanas Mockus, en:
http://www.partidoverde.org.co/SaladePrensa/tabid/65/ctl/
ReadPartidoV/mid/396/ArticleId/568/Default.aspx

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