La fragilidad como arma política: de Mockus a Messi - Razón Pública
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La fragilidad como arma política: de Mockus a Messi

Escrito por Mauricio Puello

mauricio puelloLa fragilidad como poder y la debilidad como ausencia de él: a propósito de las diferencias entre Mockus y Santos.

Mauricio Puello Bedoya*

Aunque parezcan hermanas, la fragilidad es muy distinta a la debilidad: la primera es una fuerza, la segunda carencia de.

La fragilidad es un poder, el más efectivo, porque invisible y sigiloso es capaz de incidir en superficies que ni el metal ni el oprobio penetran. La fragilidad conquista atrayendo, como los olores de la pantera de Jean Baudrillard.

La fragilidad requiere escrúpulo, interioridad, pausa para elaborar las refinadas emociones que influirán sobre los corazones, que nunca sabrán por qué ni cómo. La fragilidad enloquece.

Sin levantar la mano ni la voz, la fragilidad subyuga alcanzando la máxima quietud, la no-acción, haciéndose delgada y quebradiza. Y sin embargo la fragilidad se mueve, siempre progresa, no encuentra obstáculo en su avance porque su atributo es la suma, la integración, lograr que todos nos identifiquemos con el impulso de protegerla.

Por eso el déspota es la perfecta victima de la fragilidad: allí donde la brutalidad busca un Goliat, un circo de apoteosis y héroes, deslumbra la serena mariposa.

Allí donde el discurso de la seguridad recurre al arcaísmo de matar al ogro amenazante, para ofrecer culpables a la ardiente masa que reclama sacrificios, la fragilidad despierta distancia, razones y dimensión humana, justa acción, no exenta de la piedad que diferencia la nobleza cultural de las jaurías.

Como pasa Lionel Messi, mínimo y ligero entre la tupida muralla de piernas inglesas o alemanas, así el frágil Mockus no sólo expresa con naturalidad una presencia política auténtica, sino que hace evidente la impostura de Juan Manuel Santos, su oportunismo al intentar cobijarse en la estela de una popularidad uribista que no le pertenece.

En su intento de evitar ser un "imbécil que no cambia de opinión cuando cambian las circunstancias", Santos ha logrado convertirse en un imbécil que siempre cambia de opinión según las circunstancias.

Contradiciendo el primer principio del político, obtener un contendor como instrumento para la propia visibilidad, Mockus ha elegido llegar a la gente por una vía indestructible: la verdad de su escueta humanidad. Y el corazón de la gente cederá finalmente a un llamado que no polariza ni acusa, porque se autosustenta, a sí mismo se basta.

Mockus ha llorado como un niño frente a las cámaras; ha convertido en una exhibición de malabares y fieras domadas la grave institución del matrimonio; ha mostrado su más íntima y blanquísima lituanidad a un agresivo auditorio que con sus gritos no le permitía expresarse…

¿Qué más podría ofrecernos para que confirmáramos de quién se trata, si hasta nos confiesa con desparpajado que sufre del mal de Parkinson?…

El dilema para Santos es el mismo que encerraba la pregunta formulada por Mockus al entonces candidato a la Alcaldía de Bogotá, Samuel Moreno"¿Si usted comprando 50 votos puede salvar a la ciudad de caer en manos de alguien capaz de comprar 50 mil votos, lo haría?".

Disyuntiva que resultó insoportable para el hoy Alcalde, y que los contendores de Messi también sufren: cometerle penalti o deleitarse con el histórico gol que les fabricará, la fastidiosa 'pulga' que Arsène Wenger ha llamado jugador de Play Station.

Angustioso enigma que a Santos le sobreviene de la siguiente manera: ¿cómo defender mi campaña con argumentos que no se asuman por parte de la opinión pública como ataques que victimizan a Mockus y, por tanto, lo hacen más fuerte?…

De esta forma Mockus ya ha logrado -a propósito de la solicitud que hice en mi anterior columna[1]- convertirse en un imparable símbolo; mientras cada iniciativa de Santos parece destinada a un desesperado, y siempre bellísimo autogol.

 

*Arquitecto con estudios doctorales en urbanismo, énfasis en simbólica del habitar. Blog: mauronarval.blogspot.com

Nota de pie de página


[1] Columna "El candidato simbólico", en Razón Pública, lunes 5 de abril de 2010.

 

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