La escasa innovación, que no nos llevará a ninguna parte - Razón Pública
Inicio TemasEconomía y Sociedad La escasa innovación, que no nos llevará a ninguna parte

La escasa innovación, que no nos llevará a ninguna parte

Escrito por ​Iván Dario Hernández​

El Presidente Santos, se comprometió en agosto de 2015 a llegar al 1% de inversión del PIB en actividades de ciencia e investigación.

Ivan HernandezEl gobierno dice apostarle a la innovación como motor del desarrollo pero no pone la plata necesaria y – peor aún- limita sus esfuerzos a un tipo de innovaciones secundarias que no podrían ponerlos en la senda de los países de veras innovadores*.  

Iván Darío Hernández Umaña**

Debate nacional

Universidad de Ibagué

Durante los últimos meses, varias voces han manifestado su preocupación por la política de ciencia, tecnología e innovación (CTI) en Colombia.

Por ejemplo el ex rector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, sostuvo que al revés de lo que hacen países como Alemania, el Estado colombiano no ha mantenido una política de largo plazo donde las palabras sean coherentes con los números o donde las estrategias no varíen con los cambios de gobierno. Mientras que en 2014 la inversión alemana financió 30.000 proyectos con un costo de tres mil millones de euros, nuestro Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (COLCIENCIAS)  financió 431 proyectos con una inversión de unos cincuenta millones de euros. Es claro que la CTI en Colombia se ha vuelto una sigla sin respaldo en inversión real.

El Colegio Máximo de las Academias, cuerpo consultivo del gobierno colombiano, también advirtió que el reciente documento del Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES) sobre CTI: “no incluye un enfoque conceptual, filosófico explícito y adecuado de la ciencia, la tecnología y la innovación tecnológica y su proceso de desarrollo en el ámbito nacional, que le sirva de marco de referencia”.

No podemos darnos el lujo de que este debate, como tantos otros, se polarice. Este tema es tan importante para el desarrollo del país que no podemos permitirnos una observación pasiva y cómplice.

¿Qué tipo de innovación queremos?

Hace ya varios años que el gobierno de Colombia le apuesta a la innovación como estrategia de crecimiento económico. Sin embargo parece que el gobierno creyera que su esfuerzo puede reducirse a solo un tipo de innovación, la que Wasserman ha señalado como vieja, predecible y que no sorprende. En efecto, según Greg Satell, hay los varios tipos de  innovación que describe la Gráfica siguiente:

 

Las innovaciones de mayor envergadura son las de “descubrimiento” como decir descifrar la estructura del ADN  (tipo 2 en la Gráfica) que tiene numerosas aplicaciones inmediatas, acompañadas o seguidas por las innovaciones que resultan de avances en la ciencia básica (tipo 4) y por aquellas de carácter “disruptivo” (tipo 3) que revolucionan la gestión de un sector (el caso de Netflix ) o de la economía en su conjunto (el modelo de negocios de capital de riesgo).

Pero también hay innovaciones por expansión (tipo 1), como decir las versiones anuales sucesivas y predecibles del Iphone u otros productos de Apple. Colombia le apuesta solamente o casi solamente a este tipo de innovaciones.

Más específicamente, el gobierno y el sector privado esperan que los tratados de libre comercio (TLC) nos permitan acceder a las llamadas “cadenas globales de valor” (CGV),  o donde las actividades que implica algún producto o servicio se reparten entre varios países en lugar de concentrarse en uno solo. “El iPod es un buen ejemplo: el disco duro es producido en Japón (32% del valor agregado); la memoria, en Corea (1%); los procesadores (4%) y el diseño (27%), en Estados Unidos; las baterías, en diversos países (11%); el ensamble, en China (2%), y la distribución, en todo el mundo (23%)”.

Por otra parte Mariana Mazzucato ha resaltado que la mayoría de las innovaciones por expansión (como las versiones sucesivas del Iphone) son en efecto el resultado de  inversiones previas por parte de agencias estatales estadounidenses y europeas como la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA), la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) o el Departamento de Energía de los Estados Unidos (DOE). Sin este tipo de inversiones públicas, Steve Jobs y sus colaboradores no hubieran contado con aquella famosa definición del problema: “1.000 canciones en el bolsillo”. Ni tampoco habrían tenido claridad sobre un proveedor de unidad de disco con las especificaciones adecuadas para el iPod.

De modo pues que la inversión pública en los países industrializados juega un papel central en las innovaciones de todos los  tipos, incluyendo las de simple “expansión” que suelen ser las menos complicadas. 

También y por supuesto hay que notar que los recuadros 1 a 4 de la gráfica anterior están imbricados. Si como sociedad buscamos mejorar los bajos índices de innovación, no podemos hacerlo a punta de atajos con las supuestas “cadenas de valor global” y los TLC.

La inversión

Yaneth Giha directora de Colciencias visita la Fundación Cardiovascular en Bucaramanga, entidad líder en investigación de salud.
Yaneth Giha directora de Colciencias visita la Fundación Cardiovascular en Bucaramanga, entidad líder en investigación
de salud.
Foto: Presidencia de la República

Sin la suficiente inversión público-privada en apuestas innovadoras para el desarrollo humano, no habrá claridad ni en los problemas para el desarrollo ni en el dominio de áreas y sectores que deberían estar trabajando en forma mancomunada. Ya he hablado en otro artículo sobre las estrategias y los instrumentos necesarios para una mayor sinergia entre las inversiones privada y pública en actividades de CTI.

Aquí quiero subrayar que si el discurso de la innovación aspira a convertirse en una apuesta seria por la transformación productiva y el crecimiento económico en Colombia, tanto el sector privado como el público deben proporcionar pruebas que revelen sus intenciones. ¿Qué nos dicen las pruebas al respecto?

  • Según la última encuesta de desarrollo tecnológico e innovación del DANE, las empresas privadas que innovan en Colombia representan un porcentaje muy pequeño: apenas una de cada cinco empresas innova en un sentido amplio, y apenas una de cada mil lo hace en un sentido estricto.

Según la revista Dinero, el 97 por ciento de las 6.788 empresas que no innovan manifestaron que tampoco tienen intención de innovar y que no piensan mucho en los obstáculos que tienen para innovar. Por ser resultados de estudios que se hicieron entre 2013 y 2014, cuando no habían comenzado la crisis petrolera ni la devaluación acelerada del peso, cabe pensar que estamos  ante un problema estructural y no coyuntural.

  • A su turno y según las cifras del DANE, aun cuando los recursos públicos para CTI se triplicaron entre  2011 y 2012, ellos llegan tan solo al 1 por ciento del total de los montos invertidos en actividades de CTI.

No somos competitivos

El panorama de la competitividad, según el Instituto para el Desarrollo Gerencial (IMD, por su sigla en inglés), tampoco muestra señales positivas, porque Colombia se encuentra en la parte más baja del ranquin: 51 entre 60 países. Entre otros factores, esto se debe a:

  • La mala infraestructura científica y de educación,
  • La escasez de las alianzas público-privadas,
  • El que la financiación del sector privado en relación con la del sector público sea  muy baja en comparación con las de Corea, Estados Unidos o Finlandia, donde la mayoría de la financiación proviene del sector privado.

Una idea equivocada

Componentes internos del iphone SE.
Componentes internos del iphone SE.
Foto: iphonedigital

Parece que el tema de innovación se está convirtiendo en un artificio más para la demagogia, tanto del sector privado como del sector público.

Pero no se trata de una simple propaganda; existe una narrativa que ha hecho carrera en relación con la CTI, la competitividad y el desarrollo industrial  en Colombia. Infortunadamente esta narrativa comienza por desconocer las diferencias entre las innovaciones disruptivas, por descubrimiento o por investigación básica y la innovación menor o por expansión. Aun mayor es el “desconocimiento de la ciencia como eje central en el desarrollo de procesos innovadores de alto valor agregado”, como dijo el Colegio Máximo de Academias.

El problema con los bajos índices de innovación es la falta de una estrategia de innovación. El énfasis está puesto en la innovación por expansión, basada en un supuesto atajo que se puede tomar con las CGV y los TLC y en apostarle a la innovación basada en la inversión privada sin mayor esfuerzo de la inversión pública.

¿Lo que somos o lo que queremos?

El debate suscitado en estos últimos meses entre el gobierno y la academia sobre la política de CTI requiere más marcos conceptuales. De lo contrario el debate seguirá mezclando peras (investigación básica) y manzanas (innovación por expansión).

El compromiso estratégico de los países altamente innovadores  se fue adquiriendo con el paso de los años: durante las primeras etapas hubo un fuerte componente de financiación pública que le abonó el terreno a la inversión privada para mitigar los riesgos de estas apuestas de elevada  incertidumbre.   

El “Estado emprendedor” que describe  Mazzucato es el que apuesta a lo que podríamos ser si ahora mismo decidiéramos correr el riesgo de la incertidumbre que por su propia naturaleza implican las actividades de CTI. 

Y en todo caso para aumentar la inversión privada se requieren el concurso y las alianzas con el sector público, según lo ha demostrado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).  

En resumen, aunque el gobierno le está apostando a las CTI como estrategia de transformación productiva y crecimiento económico, se trata de una estrategia con cimientos débiles, sin mayor concurso de la inversión pública y basada en la quimera de que la inversión privada será la que asuma la mayor responsabilidad y compromiso.

“Sabemos lo que somos pero no en lo que podemos convertirnos”, dijo William Shakespeare. Bajo estas condiciones adversas, en el mejor de los casos solo podremos llegar a saber nuestro papel en las innovaciones por expansión dentro de las CGV, supuestamente mediante los tratados de libre comercio.

Pero no podremos saber en lo que nos podemos convertir como sociedad mediante la ciencia básica, la innovación disruptiva y la innovación por descubrimiento.

 

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

*Doctor en Economía, miembro correspondiente de la Academia Colombia de Ciencias Económicas, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Ibagué.

 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies