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La encrucijada de la política económica

Escrito por Luis Hernando Barreto
Planta de Gas Cupiagua en el departamento de Casanare.

Planta de Gas Cupiagua en el departamento de Casanare.

Luis Hernando BarretoUn dólar barato fue la clave de la prosperidad y la estabilidad económica de Colombia. Pero ahora el modelo hace agua por todas partes, y las autoridades siguen aferradas a la vieja ortodoxia. Los dilemas comienzan a apretarnos.

Luis Hernando Barreto Nieto*

La receta

Colombia es un ejemplo perfecto de país emergente que adopta el conjunto de políticas macroeconómicas recomendadas por las autoridades mundiales y estrictamente ceñidas a la llamada “ortodoxia”:

  • La política monetaria y crediticia se administra dentro de un marco de “inflación objetivo”,
  • La política fiscal se rige por el mecanismo automático de la “regla fiscal”,
  • El tipo de cambio se determina mediante un “régimen flexible”,
  • El sistema financiero está regulado por los principios de “prudencia” micro y macroeconómica.
  • Este modelo fue acompañado por la integración al comercio mundial mediante las desgravaciones arancelarias masivas y la ulterior subscripción de acuerdos bilaterales con Estados Unidos, la Unión Europea y otros países.
  • No menos importante, la cuenta de capital de la balanza de pagos goza de una apertura total.

El uso de este instrumental macro ha conducido la economía colombiana hasta su coyuntura actual, y con el mismo instrumental habremos de hacer frente a un panorama muy poco agradable en el futuro inmediato.

Auge y caída del petróleo

Sede del Banco de la República en el centro de Bogotá.
Sede del Banco de la República en el centro de Bogotá.
Foto: momentcaptured1

Mientras el precio internacional del petróleo se sostuvo en niveles elevados, Colombia   descollaba por su ejemplar manejo macroeconómico, y nuestras autoridades  recibieron toda suerte de distinciones en varios foros económicos y financieros del mundo.

El precio del petróleo se convirtió en “piloto automático” de nuestra economía, toda vez que:

  • Alimentó al erario público con las utilidades y los impuestos de Ecopetrol, así como con las regalías de todas las empresas petroleras, lo cual facilitó el cumplimiento de la regla fiscal;
  • Mantuvo un déficit moderado en la balanza comercial, por el alto valor de las exportaciones petroleras;
  • Atrajo buena parte de la inversión extrajera directa que ingresó al país, lo cual  sostuvo la balanza de pagos y permitió  acumular reservas internacionales;
  • Cautivó a los inversionistas en portafolios financieros, quienes hicieron visible su apetito por las acciones de las petroleras que cotizan en la bolsa de valores de Colombia;
  • Dio pie a los ingresos masivos de capital, con la consecuencia de revaluar o de apreciar el peso, lo que a su turno hizo fácil mantener la inflación dentro del rango fijado por la autoridad monetaria.

Pero el descenso abrupto del precio del petróleo (alrededor del 50 por ciento) durante el segundo semestre de 2014 puso al desnudo nuestra dependencia económica de la producción y exportación de este recurso natural no renovable.

El precio del petróleo se convirtió en “piloto automático” de nuestra economía

La “destorcida” del petróleo desactivó el “piloto automático” de la economía y puso en aprietos a nuestras autoridades económicas, a juzgar por

  • el aumento tan considerable de los llamados “déficit gemelos” (el fiscal y el de cuenta corriente),
  • el recorte de la inversión pública,
  • la gran disminución del valor de las acciones,
  • la notable y acelerada devaluación del peso,  
  • el desbordamiento de la inflación que ya sobrepasa rango-meta, y
  • el crecimiento proyectado del PIB que todos los analistas, igual que las autoridades económicas, han revisado a la baja.

Enfermedad holandesa

La nueva coyuntura no solo ha revelado los desequilibrios de orden macroeconómico, sino que  puso en evidencia el daño profundo que ese manejo ortodoxo le ha causado a la economía –y a la estructura económica- de Colombia.

Aunque los recursos del petróleo permitieron el crecimiento y la estabilidad macroeconómica que pretendía darnos el modelo ortodoxo, este mismo modelo se tradujo en la desindustrialización, en la destrucción de empleos formales, en la informalización de la fuerza laboral, en una apreciación del peso profunda y persistente – o como suelen decirlo los economistas, en una “enfermedad holandesa” que permite gozar de importaciones baratas por un tiempo pero destruye la capacidad productiva para más adelante.

Ciertamente las exportaciones generan empleo. Pero Colombia exporta sobre todo  recursos naturales sin valor agregado, mientras que las importaciones masivas que estimula la revaluación del peso impiden que la industria nacional se diversifique. La prioridad del modelo ortodoxo ha sido mantener los equilibrios macroeconómicos,  utilizando la tasa de cambio como principal variable de ajuste, y sin remediar el efecto nocivo que el desequilibrio prologado en la tasa de cambio acaba por tener sobre el sector real de la economía.  

Queda pues claro que no basta con una inflación reducida, si de verdad se quiere aumentar el empleo formal y crecer a tasas superiores al promedio histórico.

Importando otra crisis

Se avecina un aumento de las tasas de interés por parte del Banco Central de Estados Unidos (la FED) en medio de un ambiente global de fragilidad financiera y de alarmas encendidas por lo que ello podría implicar para la economía colombiana.

El estudio reciente de Sebastián Edwards Monetary policy Independence under flexible exchange rates: an illusion? muestra cómo la política monetaria no es totalmente independiente bajo regímenes de tipo de cambio flexible, lo cual contradice la independencia postulada por  la teoría económica tradicional.

La conclusión de Edwards resulta de medir el impacto de las alzas en las  tasas de interés de la FED sobre las de tres bancos centrales de América Latina (incluido Colombia), así:

  • "Solo hay un país que es verdaderamente independiente y puede fijar su política monetaria. Ese es Estados Unidos":
  • “Las estimaciones básicas sugieren que los cambios de tipos de interés de la Reserva Federal se importan, en promedio, en un 74 por ciento en Colombia, más del 50 por ciento en Chile y 33 por ciento en México”;
  • “No hay evidencia de que los resultados dependen del grado de movilidad del capital”;
  • “Un punto particularmente importante que se desprende de este análisis es que, en la medida en que el banco central del país avanzado (es decir, la FED) sigue una política de desestabilización, esta será importada por las naciones más pequeñas”.

Ante la inminente subida de la tasa de interés en Estados Unidos es previsible el aumento de la tasa de interés de intervención por parte de nuestra autoridad monetaria. Sería lamentable que esto significara la importación de la crisis norteamericana.

Un dilema difícil

El economista jefe del Fondo Monetario Internacional Olivier Blanchard.
El economista jefe del Fondo Monetario Internacional Olivier Blanchard.
Foto: International Monetary Fund

Ante este escenario, el Banco de la República  enfrentará el dilema de

  • Subir la tasa de interés a medida que lo haga la FED para evitar la salida de más dólares esto es, para evitar una devaluación aún más pronunciada que acabaría por disparar la inflación.
  • O mantener baja la tasa de interés para evitar un mayor enfriamiento de la economía; ¿cómo subir, en efecto, la tasa interés ante una brecha negativa del producto es decir, cuando se prevé que la economía crecerá 2,8 por ciento en 2015, muy por debajo del llamado “producto potencial” (4,25 por ciento)?

Lo raro, incluso desde la propia ortodoxia, es que ahora la tasa de interés de intervención se utilice directamente para incidir sobre el tipo de cambio. Si bien es cierto que el PIPE II está pensado como un instrumento fiscal para reactivar la economía, no es menos cierto que un aumento del IVA como se está gestando es un instrumento fiscal para enfriar la economía.   

No basta con una inflación reducida, se quiere aumentar el empleo formal y crecer a tasas superiores al promedio histórico

El dilema para las autoridades se agrava al considerar tres riesgos adicionales:

  • Elevar la tasa de interés golpea el precio de los activos financieros y deteriora el balance de quienes poseen estos papeles; por ejemplo, buena parte de los títulos del gobierno están en manos del sistema financiero y de los fondos de pensiones.
  • Si bien el nivel actual de reservas y la línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional ofrecen un seguro cambiario, su uso podría  acelerarse ante el anticipo de las expectativas de los especuladores sobre el comportamiento de la tasa de cambio.
  • La postración del sector agropecuario y la desindustrialización causadas por la “enfermedad holandesa”, así como la desaceleración de la demanda mundial (incluyendo a China o a nuestros compradores en América Latina) explican el casi nulo efecto de la devaluación sobre las exportaciones, lo que hace que persista e incluso aumente el déficit en la balanza comercial del país.  

En sus propias palabras

Olivier Blanchard, el economista jefe del Fondo Monetario Internacional”, dijo en marzo de 2011 que "nos habíamos convencido a nosotros mismos de que había un objetivo, la inflación. Allí había un solo instrumento, la tasa de política. Y eso fue básicamente suficiente para hacer las cosas”.

“Si hay una lección para aprender de esta crisis, es el simplismo de una receta fácil. En la vida real existen muchos objetivos y hay muchos instrumentos. Cómo asignar los instrumentos para lograr los objetivos, y cómo utilizar mejor estos instrumentos es un problema muy complicado”.

Cuando un economista de la talla de Blanchard dice que las cosas son complicadas, hay que creerle.

 

* Economista, agrólogo, politólogo y candidato a doctor en estudios políticos y relaciones internacionales.

 

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