La elección del rector de la Nacional: ¿un conteo ilegítimo?
Inicio TemasEconomía y Sociedad La elección del rector de la Nacional: ¿un conteo ilegítimo?

La elección del rector de la Nacional: ¿un conteo ilegítimo?

Escrito por Boris Salazar

La designación de José Ismael Peña como rector de la Universidad Nacional se dio a partir de unas matemáticas dudosas que afectaron la legitimidad del proceso. ¿Cuál fue el método de conteo?

Boris Salazar*

¿Una elección amañada?

La burocracia voraz que controla las universidades públicas más grandes del país mostró los alcances de su poder en la reunión del Consejo Superior Universitario (CSU) del 21 de marzo pasado, cuando fue designado el nuevo rector de la Universidad Nacional, José Ismael Peña. 

Tanto la comunidad universitaria como la opinión informada, conocían los resultados de las consultas democráticas a profesores, estudiantes y egresados que favorecieron al profesor Leopoldo Múnera con un margen muy amplio. Tan amplio que los votos por el profesor Múnera superaron la suma de los votos de los demás candidatos. 

La retórica de la autonomía universitaria y de los valores científicos y académicos que dicen respetar quienes escribieron trinos y publicaron notas muy sentidas en los medios tradicionales no se hizo esperar. Los expertos recordaron a profesores, estudiantes y egresados que ellos no habían elegido a nadie, que las consultas no eran una elección directa y que el Consejo Superior habría de decidir cuál era el mejor procedimiento racional para designar a un rector sin ceder a la presión ilegítima de las mayorías. 

Las declaraciones y notas que aparecieron en los días posteriores a la consulta apuntaban hacia un camino claro: quitarles toda legitimidad a las mayorías de las consultas democráticas. Había que darles un tratamiento de fría racionalidad y maquinación astuta de las reglas del juego para que la bandada de ilusos volviera a su lugar.  

Como toda minoría burocrática con ínfulas de cientificidad, los tres miembros del Consejo Superior que querían evitar a toda costa la designación de Leopoldo Múnera encontraron una alternativa en las matemáticas de los procedimientos de votación posicional que les permitió imponer su candidato y eliminar al candidato de las mayorías. 

“El conteo de Borda”

Como muestra La Raya en un excelente reportaje, la estrategia para impedir la llegada del profesor Múnera a la rectoría de la Nacional no bajó del cielo por inspiración divina el 21 de marzo, sino que fue urdida en detalle en una velada nocturna en casa del exrector, Ignacio Mantilla, el 12 de marzo de 2024, a la que se conectó por vía virtual el representante de los profesores, Diego Torres.

El 21 de marzo Mantilla propuso usar un procedimiento conocido como “El conteo de Borda”, creado por el ingeniero naval y matemático francés del siglo XIX, Jean Charles Borda. La idea central del procedimiento es tener en cuenta todas las valoraciones que tienen los miembros de un comité con respecto a las capacidades de todos los candidatos a una posición. 

En la versión original, el candidato menos preferido recibe cero puntos, el siguiente 1 punto y así sucesivamente hasta alcanzar una máximo de N-1 puntos, siendo N el número total de candidatos. En la versión elegida por Mantilla el candidato menos preferido recibía 1 punto, el siguiente recibía 2 puntos, hasta alcanzar el máximo de 5 puntos para el favorito. 

De acuerdo a las preferencias de todos los miembros del comité, la suma de todos los puntos recibidos da el puntaje total para cada candidato. Los miembros del comité no están eligiendo a un candidato por mayoría, sino encontrando al que tenga la suma más alta de todas las ponderaciones implícitas en los órdenes de preferencia de cada uno de los miembros con respecto a cada uno de los candidatos. 

Con el propósito de asegurar la victoria de su candidato y la eliminación de Múnera, Mantilla introdujo un cambio crucial en la aplicación de la regla de Borda. Propuso unas rondas eliminatorias que excluían a los candidatos con menores puntajes hasta llegar a una ronda final con sólo dos candidatos, de la que saldría un ganador por mayoría. Esta novedad pretendía manipular a los votantes dudosos que entendían la necesidad de sumarse a la coalición mayoritaria y darle fin al proceso. 

En la segunda ronda aparecen los efectos de la manipulación estratégica. La representante de los estudiantes, Sara Jiménez, y el de los profesores, Diego Torres, que le habían dado la calificación más alta (5 puntos) a Leopoldo Múnera en la primera ronda le dieron la menor calificación posible por lo que fue eliminado de la contienda. Por su parte, los tres miembros de la coalición original de Mantilla fueron consistentes: siempre le dieron a Leopoldo Múnera el peor puntaje. 

la estrategia para impedir la llegada del profesor Múnera a la rectoría de la Nacional no bajó del cielo por inspiración divina el 21 de marzo, sino que fue urdida en detalle en una velada nocturna en casa del exrector, Ignacio Mantilla

Foto: Consulado de Colombia en Varsovia - Ignacio Mantilla propuso usar el procedimiento conocido como “El conteo de Borda”, pero en esta versión el candidato menos preferido recibía un punto, el siguiente dos, hasta alcanzar el máximo de cinco puntos para el más preferido.

Es evidente que este cambio brusco en las preferencias de los representantes de los estudiantes y los profesores tenía como objetivo eliminar a Múnera y volver competitivo a su verdadero candidato: José Ismael Peña. Es un cambio inconsistente con las preferencias y es una violación grave del principio de racionalidad exigido por el procedimiento de Borda. También es un proceso ilegal.

¿Por qué los representantes de los profesores y de los estudiantes habrían de cambiar, en unos pocos minutos, sus preferencias? ¿Por qué, al quedar sólo tres candidatos, Leopoldo Múnera fue de repente el peor de todos? ¿Era el mejor entre cinco, pero se volvió el peor entre tres que hacían parte de los cinco anteriores? ¿Olvidaron lo que creían sobre Múnera? ¿Se sintieron obligados a cerrar filas con la mayoría que Mantilla consiguió? 

Lo que va de Borda a Mantilla

Borda declaró que su esquema “sólo está hecho para hombres honestos”, pues previó las posibles manipulaciones que podrían surgir de él. 

Montados sobre ese discurso peregrino han privatizado las universidades públicas, han saqueado sus recursos y han ligado sus políticas de investigación, extensión y crecimiento a los intereses de élites políticas regionales.

La brecha entre Borda y Mantilla tiene que ver con la dimensión moral que deben tener en cuenta los procedimientos matemáticos al establecer buenas reglas de votación. Mientras que la regla de Borda tenía como meta encontrar al candidato de mayor aceptación de acuerdo a la suma de las ponderaciones tácitas de las preferencias de todos los votantes, la interpretación politiquera de Mantilla impuso a su candidato a través del comportamiento estratégico inducido por las rondas repetidas. 

En la visión honesta y moral de Borda no había ni intereses ni metas estratégicas. En el mundo utilitario y politiquero de Mantilla, sólo hay un único interés: preservar el poder para la burocracia universitaria asegurando la elección de uno de los suyos. 

La gran burocracia universitaria colombiana

El exrector Mantilla es, sin duda, un operador hábil y sutil. Pero no es un caso extraño o una excepción entre los directivos de las universidades colombianas. En realidad, es un agente importante de una burocracia voraz y arrogante que se ha apoderado de la dirección de las más importantes universidades públicas colombianas en las últimas tres décadas. 

Aparecieron con la consigna de ser los únicos dueños de los valores universales de la ciencia, la academia y la democracia. Montados sobre ese discurso peregrino han privatizado las universidades públicas, han saqueado sus recursos y han ligado sus políticas de investigación, extensión y crecimiento a los intereses de élites políticas regionales.

Como toda burocracia exitosa, crearon, diseñaron y pusieron en marcha las instituciones centralizadas de control de las actividades académicas de las universidades colombianas, de las que el Sistema de Aseguramiento de la Calidad es la joya de la corona. 

Jóvenes promesas se entrenan primero en el Sistema de Aseguramiento de la Calidad para después regresar a sus universidades y convertirse en directivos permanentes y especialistas en el control del poder. Van del SACES al CONACES al CESU, o al MinCiencias y desde allí a alguna vicerrectoría o dirección de planeación y a la rectoría de la mano de sus compañeros burócratas en los Consejos Superiores, si tienen suerte. 

Esos han sido los movimientos de Mantilla y de otros exrectores de la Universidad Nacional, de la Universidad de Antioquia y de la Universidad del Valle. Conforman una élite que ha monopolizado recursos, ha cooptado a las y los jóvenes talentosos que podrían reemplazarlos en un futuro y ha resistido cualquier intento de apertura democrática en nuestras universidades. 

Un punto fundamental del programa de Leopoldo Múnera tiene que ver con la recuperación, renovación y transformación de la democracia en las universidades públicas. La resistencia feroz de la burocracia dominante a darle la oportunidad a un giro democrático en nuestra universidad pública más importante reafirma la actualidad de su programa y la quiebra moral y política de la burocracia que ha conducido con egoísmo creciente la caída de las grandes universidades públicas colombianas en la irrelevancia y el clientelismo. 

Artículos Relacionados

1 Comentario

Jorge Alberto Gil mayo 28, 2024 - 7:35 am

Completamente de acuerdo Profesor. Esto es vergonzoso para la universidad y doloroso para los egresados y el país en general. Es la evidencia de que la corrupción y la politiquería se han tomado la Nacional de la mano de esos bellacos

Responder

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies