La educación no da votos | Columna Especial del Día | Laura León

La educación no da votos

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En todas los planes de desarrollo, tanto nacionales como distritales, la educación parece ser un eje fundamental. Siempre se habla de educación, de la importancia que tiene en el desarrollo y el bienestar social y en como es un motor de transformación tanto individual como colectivo. 

Desde la literatura hasta las metas planteadas por los hacedores de política parece existir un consenso sobre los principales puntos a trabajar en esta materia. La importancia de la primera infancia, mejorar los indicadores de calidad, apostarle a la jornada única, reducir las brechas entre urbanos y rurales, prevenir la deserción escolar principalmente en la media, ofertar programas de educación terciaria con enfoque vocacional pero también entendiendo las dinámicas de mercado. Los discursos siempre tienen estos componentes y se establecen lineamientos para cumplir estos objetivos, pero en la práctica, quienes trabajamos en el sector, vemos otro panorama. 

Esta columna no intenta criticar las dificultades que ha tenido el actual Gobierno Nacional para la implementación de sus apuestas, porque ya es amplia y bien conocida la crítica en este aspecto, sino que busca hacer un llamado a que esto realmente es un patrón que se repite en bucle con cada ciclo político. En todos los periodos pre electorales aparecen diferentes actores políticos para hablar de educación. Parece ser un discurso que mueve pasiones, que apela a emociones familiares de pensar siempre que vendrá algo donde sea posible igualar la cancha. Aparece siempre en los discursos los comparativos con los indicadores internacionales. La Ocde, las pruebas pisa, la destinación de inversión entre ciudades, los resultados de las administraciones anteriores, etc. Pero este relato siempre llega hasta un punto. El punto donde promete un futuro mejor pero al momento de construir ideas empieza a hacerse efímero y superfluo. Cuando se llega a gobernar, materializarla se hace difícil aunque exista un consenso hace tantos años sobre los principales elementos a trabajar. Lo interesante es que esos consensos no distinguen un color ideológico, hay diferencias en la ejecución, pero el fondo prevalece. 

Durante los periodos administrativos, es complejo realmente hacer estos cambios estructurales. Las apuestas en educación son complicadas porque ninguna es de corto plazo. Todos los cambios necesarios requieren capacidades institucionales que superan los periodos políticos, por es que son atractivos para la plaza pública pero no para la ejecución. No hay forma de cobrar los réditos de planes que van a ver sus resultados en 8 o 10 años. Decirle a las familias que la atención integral a la primera infancia va realmente a tener impactos en el desarrollo y crecimiento de sus hijos o hijas es difícil de cobrar en las urnas. Ofrecer becas, tal vez tiene un impacto diferente. Pero el más retador de todos, es transformar la calidad educativa. Hace poco en una entrevista, Jorge Iván González, reconocido académico y ex director del DNP mencionó que el principal problema que tenemos como país es que no existen proyectos de largo aliento. 

Lo mismo sucede con el sector educación, particularmente con las apuestas de calidad. Mejorar los indicadores de calidad requiere reformas en infraestructura, pedagogía, tiempo, tecnología, articulación de sector público y privado, etc. Es difícil encontrar actores que esten dispuestos a asumir estos riesgos porque no es claro en el inmediato a quien concederle los triunfos. Requiere además, que muchos actores decidan darle reconocimiento al político anterior y decir públicamente, que tuvo una buena idea y que se le dará continuidad. En el discurso político es mucho más atractivo decir que todo se hace mal y que ahora se hará mejor y estos constantes cortes, especialmente en el ámbito educativo imposibilitan que las generaciones realmente logren gozar de esas transformaciones sociales prometidas. 

Por eso cada cuatro años, en las ciudades o en el país, estaremos hablando de educación y se mencionaran los mismos elementos que describí al inicio de esta columna. Pero la educación no da votos, al menos no en los resultados de tan cortos periodos electorales. Al final todos parecen decir que la educación es la columna vertebral de las sociedad pero realmente, a nadie le importa la educación. 

Acerca del autor

Laura León
lleon@razonpublica.org |  + posts

* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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