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La economía en 2015: propósitos del gobierno

Escrito por Jaime Villamil
Jaime Villamil

Jaime Villamil

Una mirada reposada sobre el nuevo escenario que permite evaluar las opciones del gobierno para financiar sus nuevas inversiones. Qué es lo predecible, qué es lo factible y qué es lo deseable.

Jaime Villamil*

Exploración petrolera

El nuevo escenario

En 2015 Colombia enfrentará un contexto macroeconómico adverso: un precio del petróleo por debajo de 60 dólares el barril (y con tendencia decreciente debido a la decisión de los países de la OPEP de mantener sus niveles de producción), así como una tasa de cambio  devaluada con velocidad y que -si bien compensa en algo la caída del crudo- no deja de ser un motivo de alarma.

El aumento del precio del dólar es señal de la recuperación de Estados Unidos y de un posible aumento en sus tasas de interés, lo que, junto con la caída de los precios de los commodities, podría presionar una salida de capitales.

Como la deuda pública ha perdido valor y el mercado ve con preocupación el efecto del precio del petróleo sobre el erario público, las tasas de negociación de la curva larga han aumentado alrededor de 200 puntos básicos desde junio: los Títulos de Deuda Pública (TES) del 2022 se negocian actualmente a 7 por ciento y los del 2024 a 7,25 por ciento.

Colombia está en el nivel máximo de explotación de su petróleo, pero este se vende a los precios más bajos de los últimos cinco años. 

La importancia de la minería y del sector energético no tiene discusión. Estos sectores suman dos terceras partes de nuestras exportaciones, y los ingresos del petróleo representan alrededor del 8 por ciento del PIB, esto es, 64 billones de pesos.

Colombia está en el nivel máximo de explotación de su petróleo, pero este se vende a los precios más bajos de los últimos cinco años. Y preocupa más al ritmo actual de producción,  las reservas probadas de crudo (sin descubrimientos de nuevos pozos) se agotarían en seis años.  

Durante los últimos años la revaluación del peso disminuyó la competitividad de la industria nacional y esta difícilmente podrá compensar los aportes del sector petrolero, más todavía cuando los gobiernos anteriores no elevaron la inversión en ciencia y tecnología – y en vez de esto crearon muchos incentivos para el sector minero-.

El nuevo escenario en todo caso obliga a un ajuste en el sector productivo, y en mayor medida en el de los bienes transables. De hecho, para 2015 Ecopetrol reducirá su inversión en 25,8 por ciento y su producción en 60 mil barriles diarios. Colombia está en el nivel máximo de explotación de su petróleo, pero este se vende a los precios más bajos de los últimos cinco años. 

Proyecto Hidroeléctrico de Sogamoso en construcción por ISAGEN.
Proyecto Hidroeléctrico de Sogamoso en construcción por ISAGEN.
Foto: International Hydropower Association

Cómo financiar el gasto público

Todo indica que la situación macroeconómica llevará a un menor crecimiento del producto nacional y por ende, de los ingresos fiscales,  lo cual podría hacernos recurrir a un mayor endeudamiento (crédito con organismos unilaterales o emisión de renta fija local o extranjera).  Con esto se buscaría compensar la desaceleración económica eventual – o en el futuro inmediato, la caída de ingresos petroleros para el fisco-

También sería posible que el gobierno optase por vender activos estratégicos para reemplazar la renta de un sector por la de otro, como demuestra la intención de vender ISAGEN para invertir estos recursos en proyectos de infraestructura.

Bajo cualquiera de esos escenarios, seguramente se considerará un proyecto de reforma tributaria “estructural” (según lo explica Julio Roberto Piza en esta misma edición de Razón Publica). Pero esta no será en efecto “estructural” porque es políticamente improbable que el Congreso elimine la larga serie de ingresos no constitutivos de renta,  deducciones,  rentas exentas y descuentos que hoy establece el estatuto tributario, o que adopte impuestos para reducir de veras la concentración del ingreso, como decir el impuesto a los dividendos.

Por el contrario, seguirán extendiéndose impuestos anti-técnicos y regresivos como el “nuevo” impuesto “para reducir la pobreza” (anterior impuesto al patrimonio) que no contempla las etapas del ciclo económico ni la existencia de activos improductivos. O se mantendrán impuestos como el Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF), que es regresivo porque no tiene en cuenta la actividad económica.

Debido a la facilidad de recaudo y a la importancia de los ingresos tributarios para el fisco nacional, lo más factible seria elevar la tarifa del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en uno o dos puntos porcentuales.

Venta de ISAGEN

Por su participación en el mercado y por el volumen de utilidades, esta empresa generadora y comercializadora de energía ocupa los primeros lugares en Colombia. Y cuando entre en funcionamiento la hidroeléctrica Sogamoso seguramente tendrá mayor valor, pues se agregarán 820 a su capacidad actual de generación (2.212 megavatios).

Hay señales de mercado favorables a ISAGEN. Por una parte – y como indica la Gráfica siguiente- han aumentado los precios de la energía directamente relacionados con el valor de la acción. Por otra parte el precio de la acción ha tendido a aumentar desde su fecha de emisión, elevando el valor de la empresa y la solidez de sus indicadores financieros. Más aún,  la demanda también ha crecido, de manera que ISAGEN atiende hoy el 16,45 por ciento de las necesidades energéticas del país.

Gráfica 1. Precio en bolsa de ISAGEN y del precio de la energía. Gráfica 1. Precio en bolsa de ISAGEN y del precio de la energía.

Y sin embargo el gobierno mantiene su decisión de vender ISAGEN y para estimar el valor de la empresa contrató un estudio con la unión temporal Credit Suisse -Inverlink que, a mediados de 2013 -y sobre la base de un costo promedio ponderado del capital de 10,75 por ciento- conceptuó que la participación del gobierno tiene un valor de 4,5 billones de pesos. A partir de esta cifra se fijó un precio mínimo de negociación de 2.850 pesos por acción que se actualiza mediante el valor mensual del IPC hasta la fecha en que tenga lugar la  subasta.

Pero a la luz de lo dicho más arriba – y de la dificultad para cuantificar resultados en escenarios de tan largo- importa subrayar que el gobierno puede utilizar otros canales de financiamiento sin abandonar un negocio tan promisorio como el de ISAGEN.

Vías terciarias y no solo primarias

Aunque sería  loable invertir los recursos de la venta de ISAGEN en la en la red vial primaria, esta opción del gobierno no considera las zonas donde existen los mayores problemas de conectividad asociados con las redes viales secundarias y terciarias.

Si el objetivo del gobierno es impulsar el crecimiento económico impulsado por la mayor competitividad que traería una inversión en vías, no debe desconocer la gravedad del problema a nivel municipal. Una inversión en redes terciarias, además de estimular el crecimiento, ofrecería un contexto favorable para el posconflicto, con menores niveles de pobreza y una mayor presencia del Estado en los municipios más aislados, que suelen ser los de menores ingresos.

Colombia no capitalizó  la bonanza cafetera o el buen momento de los precios del petróleo.

Colombia tiene una baja inversión en este campo: mientras que los recursos destinados a vías secundarias y terciarias en 2010 fueron 0,3 por ciento del PIB, Perú en ese mismo año invirtió el 0,9 por ciento del PIB. “Los municipios con mayor densidad de vías terciarias (afirma un estudio de Fedesarrollo) tienden a ser aquellos con menor incidencia en términos de pobreza”. Y en este mismo documento se concluye que “un aumento de 10% en el número de kilómetros por kilómetro cuadrado de área rural reduce la tasa de pobreza en 5%”.

Necesidades inaplazables

Son muchas las necesidades de inversión del país y una desaceleración puede retrasar el cumplimiento de ciertos logros. El posconflicto requeriría, por ejemplo, programas sociales distintos de los actuales y que no están contemplados en el presupuesto de la Nación.

Pretender que Colombia sea “el país más educado de América Latina en 2025” implica una inversión muy alta en el sector educativo, pues solo así sería posible convertir la educación en el canal principal de la movilidad social. Como hace poco mostró Julián de Zubiría  en esta misma revista, son abismales las diferencias de calidad entre la educación pública y la privada; sin cerrar esta brecha persistirán las distancias socioeconómicas entre personas y entre regiones.

Desafortunadamente, Colombia no capitalizó  la bonanza cafetera o el buen momento de los precios del petróleo. Ahora tendremos que encontrar un sector productivo donde podamos especializarnos, diferenciarnos y ser competitivos en el comercio internacional.

No se puede posponer el fortalecimiento de una industria con base tecnológica, para mitigar los riesgos de una economía basada en extraer recursos naturales agotables cuando se enfrenta a situaciones de mercado adversas ante las cuales poco puede hacer la política económica.

 

* Economista y magister en Matemática Aplicada de la Universidad Nacional de Colombia,  miembro de la Fundación de Investigaciones y Estudios en Economía, Cultura, Ecología y Ambiente (FIECCE). 

twitter1-1@javillamilt

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