
La diversidad, la pluralidad y el disenso como motores de la academia y el conocimiento
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Los hechos que está viviendo la Universidad Nacional de Colombia como reacción a la designación del rector, me llevan a manifestarme en tres sentidos: la autonomía universitaria, las reglas de juego y el rol de la universidad en nuestro país y para nuestra nación.
Nuestro principio superior, contenido en la Constitución, hace referencia a la autonomía universitaria que es una postura de independencia política y administrativa respecto a factores externos o gobiernos de turno para así favorecer la creación y gestión del conocimiento. La autonomía universitaria no sólo nos ha permitido trascender en el tiempo a pesar de los gobiernos de turno y las tensiones políticas; también le ha permitido a la comunidad universitaria definir sus reglas y sus apuestas para la misión, que es el conocimiento y la educación. Defiendo esa autonomía sin que esto signifique que no haya posibilidad de replantear las reglas que hoy existen. Defiendo que las y los profesores podamos construir el conocimiento con pluralidad y sin señalamientos.
Respecto a las reglas de juego, dentro de nuestro Estado de Derecho, las actuaciones de una instancia como el CSU pueden señalarse de legítimas o ilegítimas, pero en defensa de los derechos que tienen sus miembros y en respeto de las reglas existentes, no es a mí, como ciudadana, profesora o decana, a quien le corresponde dictaminar sobre esas actuaciones. En una democracia, si alguno de sus miembros considera que el proceso fue viciado, puede acudir a las instancias públicas para denunciar el mismo. Mientras las instancias respectivas tomen una decisión, será necesario seguir trabajando por la Universidad pública, por su calidad y por su comunidad. Comparto la preocupación de muchas y muchos en sentido de tener que replantear algunas reglas de juego de la Universidad; aún así, sigo convencida que el camino es dentro de la autonomía universitaria y protegiéndola, a través de las reglas de juego que tenemos y proponiendo cambios plurales e incluyentes.
Estoy abierta al debate sobre las reglas y creo que es un camino necesario y urgente. Como decía Jesús Antonio Bejarano en su curso de economía institucional, la sociedad define sus propias reglas de juego que son dinámicas, no son eternas. Sus cambios surgen por distintas razones y la sostenibilidad de las nuevas bajo las democracias dependen de qué tan amplias e incluyentes puedan ser. Por tanto, no sólo se trata de hacer reformas sino buscar su sostenibilidad en el tiempo y su capacidad de abordar preocupaciones amplias y diversas. Para esto, un camino de transformaciones requiere ser plural, respetuoso, diverso e incluyente, sin señalamientos a la diferencia, sin amedrentar a quien opina algo que incomoda, sin usar la intimidación como una forma de atemorizar.
Por último, la responsabilidad de la Universidad Nacional de Colombia es hacia la nación colombiana. Esto trasciende el hoy y nos une al pasado que nos ha permitido estar aquí (son
157 años de construcción colectiva), y nos pone una responsabilidad con las futuras generaciones. Es un compromiso no sólo con la comunidad de la universidad sino también con quienes no hacen parte directa de ésta, en el sentido de nuestro deber frente a la nación, a sus preocupaciones, a sus dificultades para acceso a la educación superior y a la búsqueda de salidas conjuntas a tantas vicisitudes que experimentamos como país. Como mujer, como ciudadana, profesora y decana creo en el camino del diálogo, de la construcción colectiva sin violencia, aún en la extrema diferencia.
Marta Juanita Villaveces Niño
12 de abril de 2024
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Martha Ardila
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