¿Es la desigualdad de ingresos el verdadero problema?
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¿Es la desigualdad de ingresos el verdadero problema?

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Colombia enfrenta una discusión de fondo sobre la desigualdad y el bienestar. Reducir el índice de Gini no siempre implica mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables. Más que igualar ingresos, el reto podría estar en construir una sociedad más próspera y equitativa al mismo tiempo.

En Colombia, uno de los indicadores que más suscitan discusión en los ámbitos económico y político es el índice de Gini, una medida que permite entender qué tan desigual está distribuido el ingreso entre los habitantes del país. En términos simples, este indicador toma valores entre 0 y 1. Cuanto más cercano a 0, mayor la igualdad; cuanto más cercano a 1, mayor la concentración del ingreso. En la última década, Colombia ha registrado un Gini promedio cercano a 0,54, lo que la ubica entre las economías más desiguales del mundo. Bajo la premisa de que mayores ingresos facilitan el acceso a bienes y servicios esenciales como la alimentación, la educación y la salud, y, en consecuencia, a mejores condiciones de vida, no sorprende que el debate sobre la desigualdad y la necesidad de sociedades más equitativas ocupe un lugar central en la discusión pública.

Ahora bien, en medio de una nueva campaña presidencial, la promesa de reducir la desigualdad vuelve a ocupar un lugar central en el discurso político. 

¿Qué tanto contribuye la disminución del índice de Gini al bienestar?

Como suele decirse, lo que no se mide no se gestiona, por lo que una forma habitual de evaluar ese compromiso es observar si disminuye el índice de Gini. Sin embargo, si el objetivo de fondo es construir una sociedad más próspera en términos de bienestar, no toda reducción de este indicador contribuye necesariamente a ese propósito. No se trata de una idea novedosa, pero en un momento en que el país está próximo a elegir a su próximo dirigente, resulta pertinente traerla de nuevo al debate público.

Para desarrollar esta idea, en los siguientes párrafos se exploran distintos escenarios en los que el índice de Gini puede disminuir, lo que implicaría una distribución del ingreso más igualitaria.¹

  • El primero corresponde a una situación en la que tanto las personas más pobres como las más ricas ven reducidos sus ingresos, aunque la caída es mayor en el caso de las más ricas. Se trata de un escenario particularmente problemático, pues la menor desigualdad se produce en medio de un deterioro general de la economía. En términos de bienestar, todos estarían peor que antes, pero aun así el Gini registraría una disminución.
  • Como segundo caso, más favorable que el anterior desde la perspectiva de los más pobres, puede considerarse una situación en la que estos mantienen su nivel de ingreso mientras los ricos experimentan una reducción en el suyo. Nuevamente, la brecha entre ambos grupos se acorta, pero en esta ocasión como resultado de una caída en los ingresos de quienes más tienen, sin que ello se traduzca en mejoras para los más vulnerables. En este escenario, la desigualdad disminuye, pero no hay un progreso social real si se evalúa a partir de las condiciones de vida de quienes se encuentran en la base de la distribución.
  • Un tercer caso de reducción del Gini, esta vez acompañado de mejores condiciones para los más pobres, corresponde a una situación en la que sus ingresos aumentan mientras que los de los ricos disminuyen. Aquí se alcanza un doble objetivo de política, reducir la desigualdad y mejorar el bienestar de quienes se encuentran en la base de la distribución. Sin embargo, este resultado también abre un debate, pues la mejora en la equidad puede estar asociada a una redistribución de ingresos más que a una mayor generación de riqueza en la economía. Esto plantea interrogantes sobre la sostenibilidad y los posibles efectos en los incentivos para invertir y producir.
  • Muy cercano al caso anterior se encuentra un cuarto escenario en el que los ingresos de los más pobres aumentan, mientras que los de los ricos permanecen constantes. Aquí también se alcanza el doble objetivo de política, sin que el bienestar de los más favorecidos se vea afectado. Entre los casos analizados hasta ahora, este sería el más deseable para ambos grupos. 
  • No obstante, aún es posible considerar un escenario adicional que puede entenderse como el ideal. Se trata de un crecimiento económico generalizado en el que tanto pobres como ricos mejoran sus ingresos, aunque los primeros lo hacen en mayor proporción. Es un crecimiento progresivo que reduce el índice de Gini y, con ello, la desigualdad, sin sacrificar eficiencia ni generar pérdidas para ningún grupo. Más importante aún, es un escenario en el que se produce un aumento real del bienestar para el conjunto de la población.

Los cinco casos expuestos se resumen en la siguiente tabla. Su orden no es arbitrario, sino que responde a un criterio normativo de deseabilidad, que va del menos al más favorable en términos de bienestar. Este criterio consiste en ordenar los escenarios según como varía el ingreso y, por ende, el bienestar de quienes se encuentran en la base de la distribución, y otorga mayor peso a las situaciones en las que los más pobres mejoran y aún más valor cuando esa mejora no implica un deterioro en la situación de los más ricos. Por ello, la tabla ubica como menos deseable el escenario en el que ambos grupos pierden ingresos, mientras que el más favorable es aquel en el que los ingresos de todos aumentan, con una mejora proporcionalmente mayor para los más pobres. Como elemento común en los cinco casos, el índice de Gini disminuye.

Tabla 1. Casos de reducción del índice de Gini

De la tabla anterior surgen numerosas preguntas que pueden enriquecer el debate político actual. ¿Qué tipo de estructura económica queremos para el país? ¿Debe ser la reducción del índice de Gini un objetivo en sí mismo? Y, de ser así, ¿qué utilidad tendría para los más vulnerables que los ricos ganen menos si los pobres permanecen igual o incluso peor que antes? 

¿Es la desigualdad de ingresos el verdadero problema? 

En el fondo, la pregunta clave es otra: ¿Es la desigualdad de ingresos el verdadero problema o lo es la situación de quienes se encuentran en la base de la distribución y enfrentan condiciones claramente precarias? A partir de este último punto, vale la pena considerar un escenario adicional en el que el índice de Gini no disminuya, sino que aumente.

Este caso adicional corresponde a una situación en la que tanto pobres como ricos incrementan sus ingresos, pero los segundos lo hacen en mayor proporción. La brecha relativa entre ambos grupos se amplía, aunque toda la sociedad mejora en términos absolutos. Este es, de hecho, un patrón observado en varios países desarrollados y plantea una pregunta central en el debate público: ¿Es preferible una sociedad más rica pero más desigual, o una más igual pero más pobre? Sin embargo, como se ha argumentado previamente, no estamos obligados a elegir entre estas dos alternativas. También es posible un escenario en el que todos mejoran y, al mismo tiempo, la desigualdad se reduce. En otras palabras, es perfectamente viable pensar en una Colombia más próspera y, a la vez, más equitativa en términos de ingresos.

Aunque la experiencia histórica sugiere que Colombia ha tenido dificultades para consolidar una sociedad al mismo tiempo más próspera y más equitativa, esta disyuntiva adquiere especial relevancia en el contexto actual. En medio de una nueva contienda electoral, cabe preguntarse si estamos dispuestos a aceptar un mayor nivel de desigualdad con tal de mejorar el bienestar de los más pobres, o si, por el contrario, preferiríamos una sociedad más igualitaria aun cuando ello implique menores niveles de ingreso para todos. ¿Estamos realmente preparados para asumir alguno de estos costos? Si el objetivo es que quienes se encuentran en la base de la distribución vivan mejor, la pregunta de fondo es si, como país, seremos capaces de avanzar hacia una Colombia más rica y más equitativa al mismo tiempo. Este artículo no pretende ofrecer una respuesta definitiva, sino aportar elementos para una decisión que será determinante en los próximos años. Difícil, pero no imposible.

Le recomendamos: Actualización del Plan Financiero 2026 de Colombia genera controversia fiscal

¹Este análisis constituye una simplificación de la realidad con fines ilustrativos. Las categorías de “pobres” y “ricos” se emplean de manera analítica, reconociendo que la distribución del ingreso es continua y que existen múltiples posiciones intermedias.

Acerca del autor

Andrés Narváez
anarvaez@razonpublica.org | + posts

*Economista, magíster y estudiante del doctorado en Economía de la Universidad Nacional y máster en Análisis Financiero y Gestión Bancaria de la Universidad Carlos III de Madrid. Director del área académica de Economics, Accounting and Taxes de PRIME Business School y profesor de la Universidad Nacional.

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Andrés Narváez

*Economista, magíster y estudiante del doctorado en Economía de la Universidad Nacional y máster en Análisis Financiero y Gestión Bancaria de la Universidad Carlos III de Madrid. Director del área académica de Economics, Accounting and Taxes de PRIME Business School y profesor de la Universidad Nacional.

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