
De la descertificación a la auto certificación
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Más allá del regaño de Washington, la descertificación debería llevarnos a revisar nuestra dependencia de la ayuda externa y a plantear una ruta propia contra el crimen organizado, incluyendo el narcotráfico.
Una conversación necesaria
Aprovechemos la descertificación con waiver para abrir una conversación más amplia alrededor de la conveniencia para Colombia de aumentar nuestra responsabilidad, como país de renta media, frente al crimen organizado.
A pesar de consideraciones como los desafíos fiscales y el rezago tecnológico en la operación del aparato coercitivo, es urgente poner en el centro de la conversación una hoja de ruta que le permita al país asumir con mayor madurez la respuesta a los desafíos de seguridad derivados del crimen organizado, incluido el narcotráfico.
De la ayuda extranjera…
Sin duda, la asistencia internacional, intensificada desde finales de los 80, ha ayudado a desplegar capacidades operativas y de inteligencia que han mejorado la respuesta de la Fuerza Pública y el aparato de justicia.
Por eso, debemos reconocer a los países amigos de Colombia que nos han acompañado en la lucha contra el narcotráfico. Lo anterior, entendiendo que la naturaleza global del problema del tráfico de estupefacientes amerita un enfoque de corresponsabilidad y colaboración para enfrentarlo.
Según estimaciones recientes, la cooperación de Estados Unidos para la respuesta al narcotráfico por parte de los cuerpos de justicia y seguridad de Colombia contribuye en 10% al total del presupuesto destinado para tales fines.
Podría decirse que esa ayuda no es sustancial. Pero la ayuda cubre rubros muy sensibles, sobre los cuales debemos asumir mayor responsabilidad y control.
… a la dependencia asistencialista
Hemos convertido la cooperación –que se entiende como un mecanismo temporal para generar o fortalecer capacidades– en una dependencia indefinida y asistencialista que también nos vuelve altamente vulnerables.
Colombia ha delegado a terceros países la responsabilidad de desarrollar y consolidar capacidades estratégicas para los intereses de la Nación. Y sorprende que la discusión se siga centrando en cómo profundizar ese esquema de dependencia indefinida, como si hubiera sido exitosa o conveniente.
En su lugar, necesitamos limitar la cooperación en el tiempo, con objetivos de transferencia de conocimientos y tecnología, con nuevas métricas de efectividad, y que le otorgue a la sociedad y al Estado colombianos el papel que deben jugar en asumir su propio destino y en generar las capacidades estratégicas que el país necesita.
Los malos resultados
A pesar de los ingentes esfuerzos de cooperación internacional en la lucha contra el narcotráfico, los resultados para el país están lejos de ser alentadores.
El número de hectáreas cultivadas y su productividad han aumentado sostenidamente durante los últimos diez años y se han acelerado bajo el gobierno actual.
Para Colombia, el problema se expresa, además del altísimo costo de vidas, en una sofisticación del crimen organizado que entrelaza las mafias de las drogas con actividades como el tráfico de personas, la minería ilegal y la captura de rentas del Estado.
Si bien ya no somos un Estado fallido, como nos catalogaban a finales de los 80, no hemos logrado resolver el problema. Por el contrario, se ha agravado al exacerbar un entramado de organizaciones criminales que afectan el desarrollo y comprometen el proyecto de vida de las poblaciones de las regiones más apartadas.
Nos encontramos de nuevo en un círculo vicioso de ineficacia del aparato coercitivo del Estado y pérdida de confianza para la inversión. El deterioro de la seguridad en los territorios está desincentivando la inversión privada y, sin ella, es inviable el crecimiento económico y social del país.
Un contexto internacional distinto
De otra parte, el contexto internacional cambió radicalmente en el último año. Las transformaciones geopolíticas han reorientado las prioridades y reducido la disposición de recursos para la cooperación internacional.
La segunda administración de Donald Trump entiende que el problema de las drogas representa una amenaza para su seguridad nacional. No obstante, bajo su visión de América Primero, es previsible que esté abierta a colaborar con Colombia, pero no a persistir en el apoyo con recursos de los norteamericanos a fórmulas que han mostrado ser ineficaces, como lo reflejan los resultados de los últimos diez años.
No es realista aspirar a que tengamos un Plan Colombia 2.0 en los mismos términos del negociado a finales de los 90. Tampoco creo que sea lo que más nos convenga, si no está acompañado de una ruta para reducir la dependencia en el largo plazo. Esto es particularmente sensible en los aspectos operativos que apoyan el trabajo de la Fuerza Pública y el aparato de justicia.

Una relación inteligente con Estados Unidos
Es importante cultivar una relación inteligente y responsable con Estados Unidos, como aliado histórico para enfrentar los retos en común.
Debemos balancear la agenda de construir capacidad propia para enfrentar el crimen organizado, con la conveniencia de contar con el apoyo operativo que no podemos sustituir fácilmente en el corto y mediano plazo.
Las amistades sanas son aquellas que se sustentan en la responsabilidad y en el compromiso de cultivar la relación desde la solidez de las capacidades propias de cada parte. Reconociendo la evidente asimetría de recursos, es momento de pasar de la asistencia a la verdadera cooperación. Colombia debe emprender el trabajo que le corresponde para fortalecer su capacidad de respuesta al crimen organizado, como principal amenaza a su seguridad nacional.
Más allá de la polarización
El contexto electoral nos debe convocar a plantearnos nuevos enfoques en el marco de una conversación nacional amplia, que implique no sólo a los candidatos, sino también a las fuerzas sociales y productivas.
Es del interés del país que la discusión se desmarque de narrativas pro Estados Unidos o antiimperialistas, y se ubique en lo que necesitamos aportar, priorizar o reorientar con relación a nuestros recursos para tener mayor capacidad en la respuesta al crimen organizado.
Se entiende la dificultad que presenta la conversación, porque electoralmente es mucho más rentable polarizar, la derecha profundizando la dependencia de la asistencia, y la izquierda demonizando la relación con Estados Unidos.
Pero ¿por qué no planteamos nuevas preguntas para ver si logramos libranos de la inercia? ¿Es conveniente en el largo plazo depender de la asistencia internacional para operar contra las mafias? ¿Qué tal si ponemos sobre la mesa el interés de generar mayor autonomía en nuestras capacidades para una respuesta más eficaz al crimen organizado y somos serios en asumir los costos presupuestales que ello implica, aún en la situación fiscal que se heredará de este gobierno?
Hora de cambiar la estrategia
Se dice que locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.
Llevamos más de 30 años con unas fórmulas de reacción al problema que ameritan ser revisadas.
Quizás es el momento para reflexionar sobre la necesidad de entender el problema en su complejidad, avanzar hacia enfoques integrales, generar nuevos indicadores y métricas que la reflejen, y definir soluciones que integren la cooperación internacional al esfuerzo propio, con mecanismos y enfoques innovadores.
A ningún país como a Colombia le interesa el éxito en la lucha contra el crimen organizado que opera dentro de nuestras fronteras y que impide la viabilidad de un desarrollo inclusivo y sostenible.
Quizás sea la hora de transitar de una certificación externa, a una auto certificación que nos viabilice como Nación democrática.
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Acerca del autor

Luz Amparo Medina Gerena
*Consultora e internacionalista
3 comentarios





Buen dia. Cordial saludo. Su escrito refleja el analisis que todo ciudadano de bien tiene en mente. Los extremos deben converger al centro, dentro de un marco democratico con dialogo sincero e incluyente. Saludos….
Hola LuzAmparo, interesante planteamiento. Implica grandes rupturas de paradigmas que da para muchas generaciones, pero bienvenida la invitación, pues en algún momento se ha de comenzar.
Para entender el papel protagónico de Colombia y los colombianos en el narcotráfico y la economía del crimen durante décadas ver el siguiente libro, producto de una investigación de largo aliento en una vientena de archivos colombianos y norteamericanos: «Conexión Colombia.Una historia del narcotráfico entre los años 30 y los años 90» (Planeta, Bogotá, 2021), https://www.planetadelibros.com.co/libro-conexion-colombia/331013