La cumbre climática: entre discursos contradictorios
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La cumbre climática: entre discursos contradictorios

Escrito por Esteban Rossi
Cumbre climática

El mundo se ha vuelto a reunir en la COP 28 para hablar del cambio climático. En qué consisten los debates, qué tan factible es la transición energética —y qué implicaciones tiene este proceso para Colombia—.

Esteban Rossi*

Tres logros novedosos

Entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre sesionará en Dubái, Emiratos Árabes, la vigésimo octava Conferencia de la Partes firmantes de la Convención sobre el Clima conocida como COP 28.

En la conferencia, que cuenta con más de ochenta mil asistentes, se han discutido temas de interés político y ambiental que mantendrán ocupada a la comunidad internacional durante varios meses. Destaco tres logros:

  • La coexistencia pacífica entre discursos contradictorios. Mientras los grandes vendedores de hidrocarburos promueven una descarbonización gradual, los ambientalistas de línea dura proponen una transición acelerada, pero sin caer en las desafortunadas polémicas de ediciones anteriores de la COP.
  • Las grandes inversiones públicas provenientes de Norteamérica y Europa enfocadas en mitigación, adaptación y transición energética han atraído la atención del sector financiero y de numerosas organizaciones, para quienes la cumbre se asemeja a una gran feria comercial.
  • Colombia sigue siendo aliada de Estados Unidos en la diplomacia del clima, pero enfrenta dificultades para garantizar la seguridad energética y frenar la deforestación.

Discursos contradictorios

La COP 28 reunió numerosos actores con discursos muy diferentes. Al comienzo, algunos medios occidentales manifestaron su desconcierto al saber que el evento tendría lugar en los Emiratos Árabes (EAU) y sería presidido por el gerente de la empresa petrolera nacional: el Sultán Al Jaber.

También sorprendió que en entrevista con Bloomberg el ministro de energía de Arabia Saudita, el príncipe Abdulaziz bin Salman Al Saud, señalara que su país cree en un sector petrolero fuerte y que su gobierno no está de acuerdo con la idea de reducir gradualmente el uso de combustibles fósiles (el texto del acuerdo continúa en discusión). Con mucho tacto, el príncipe Abdulaziz agregó que le gustaría ver un plan viable y concreto, que permita eliminar los combustibles fósiles a partir de enero de 2024.

Sin embargo, algunos jefes de Estado siguen promoviendo una versión acelerada de la transición energética, siguiendo la letra del acuerdo de París de 2015. El enviado de Estados Unidos John Kerry, el secretario general de Naciones Unidas António Guterres, y el canciller Alemán Olaf Scholz, reiteraron el discurso alarmista que demanda acciones urgentes y desconoce las necesidades de los países en desarrollo.

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Foto: Presidencia - El gobierno Petro promueve una transición energética acelerada y asume sus costos económicos y políticos. En un año se sabrá si el gobierno atrae los recursos suficientes para este objetivo.

Con prudencia, Dalio nos recuerda que si esperamos que el sector privado invierta en la transición energética necesitamos garantizar que el negocio sea rentable. Este es el centro del problema.

Kerry fue vehemente sobre la necesidad de acabar definitivamente con las plantas de generación alimentadas con carbón mineral y atacó a Chevron por no hacer mayores esfuerzos para reducir sus emisiones.

Como en pasadas versiones de la COP, la visión alarmista tiene poco atractivo para los países emergentes, particularmente del bloque de los BRICs. Por ejemplo, el presidente Luis Inacio Lula da Silva, señaló que Brasil ha logrado reducir la deforestación y que espera eliminarla para 2030, y recalcó que la protección del ambiente no se puede desligar de la lucha contra la desigualdad en el acceso a la energía. El discurso recordó su emotiva intervención en la cumbre de Copenhague en 2009, cuando reiteró que los países desarrollados llevaban dos siglos utilizando combustibles fósiles, mientras Brasil todavía luchaba para eliminar la pobreza material.

Las reflexiones de Lula se vieron subrayadas por el plan de expansión de Petrobras, que pretende convertir a Brasil en el cuarto exportador de petróleo, y por el anuncio de su ingreso al grupo de OPEC+ (OPEP+). La apuesta de Brasil parece ser el aumento de combustibles fósiles, sumado a una mejor gestión de los recursos naturales.

Estas contradicciones entre el discurso político y las acciones concretas producen confusión entre el público.

¿Puede la comunidad internacional ponerse de acuerdo para garantizar la seguridad energética y, al mismo tiempo, reducir el uso de los combustibles fósiles? La respuesta es sí, pero el proceso es lento. Numerosos líderes de diversos sectores trabajan activamente para desacoplar las emisiones del crecimiento económico, y se apoyan en la meta de cero emisiones para 2050 (Net Zero) como un objetivo aspiracional.

Los datos muestran el progreso. Desde hace dos décadas, el mundo ha separado gradualmente las emisiones del PIB gracias al avance tecnológico, la inversión y la abundancia de gas natural de bajo costo (gráfica 1).

Nuevos negocios y la rentabilidad de la transición

Diversos actores buscan oportunidades de negocio en la COP 28. Fondos de inversión, bancos y fabricantes de tecnología notaron que, si las predicciones del IPCC son acertadas, una porción considerable de los ingresos del sector petrolero estará disponible para otros sectores en las próximas décadas. Estas nuevas oportunidades de negocio explican la masiva participación del sector financiero y petrolero en esta COP 28.

¿Ahora bien, cuánto cuesta la descarbonización de la economía que se requiere para cumplir con los acuerdos de París?

El instituto McKinsey estima que llegar al Net Zero en 2050 requeriría 275 trillones de dólares o alrededor de nueve trillones por año. Esta cifra equivale a casi el 10 % del PIB global (una cifra descomunal).

Por su parte, el influyente inversionista Ray Dalio señala que probablemente el costo anual de la transición energética acelerada es de aproximadamente cuatro trillones o 4-5 % del PIB global. Dalio subraya que únicamente los fondos de inversión institucionales cuentan con capital suficiente para financiar una transición energética de esta envergadura. Con prudencia, Dalio nos recuerda que si esperamos que el sector privado invierta en la transición energética necesitamos garantizar que el negocio sea rentable. Este es el centro del problema.

Es decir, si los líderes mundiales en realidad quieren una transición rápida, tendrán que aumentar los costos de la energía y así garantizar el retorno para los inversionistas. Pero, al mismo tiempo, deberán reducir los costos de la energía para mantener su competitividad industrial y proteger a los ciudadanos más pobres. Lograr este paradójico balance constituye un reto enorme para los líderes de la próxima década.

Los altísimos costos de la transición acelerada (Net Zero) han sido objeto de críticas. El experto en energía Vaclav Smil estima que para que los países en desarrollo cumplan las metas de descarbonización del acuerdo de París deberán invertir cerca del 10-15% de su PIB. Una tarea imposible.

Los estudios económicos tampoco son alentadores. Los análisis de costo-beneficio del Net Zero, llevados a cabo por Richard Tol y Jennifer Morris, entre otros, indican que estos programas pueden costar entre 4,5 % y 11 % del PIB global, y que de ninguna manera se pueden considerar inversiones costo-eficientes. Vale la pena revisar estos análisis con detenimiento.

Las realidades políticas

Por otra parte, la realpolitik del clima también merece una breve discusión. Aunque no es posible resumir adecuadamente las tensiones políticas que observamos durante la COP 28, es importante señalar que los promotores del Net Zero enfrentan poderosos contradictores en sus países, que pueden inclinar la balanza en cualquier momento.

En el caso de Alemania, el conflicto entre Ucrania y Rusia, junto con el sabotaje y posterior cierre del gasoducto Nord Stream que conecta a Rusia con Alemania, encarecieron enormemente los precios del gas natural. Los precios elevados perjudicaron la manufactura, la industria petroquímica y el bolsillo de los ciudadanos (gráfica 2) y por supuesto, aumentaron las emisiones de carbono.

En respuesta, los partidos de derecha, las cortes y el público han criticado la agenda climática de la coalición de gobierno liderada por Olaf Scholz. Mientras que la derecha afina su discurso para las próximas elecciones, la corte constitucional rechazó el presupuesto de sesenta billones de euros para la transición energética, dejando al gobierno sin fuentes de financiación justo antes de la COP. Para rematar, las encuestas indican una desaprobación del gobierno cercana al 30%. En 2025, durante la COP 30 en Belém, sabremos cuánto avanzó la transición en Alemania.

El caso de Estados Unidos es similar. El presidente Joe Biden, quien no asistió a la cumbre, se encuentra en una posición difícil: enfrenta altos precios de la gasolina, poco respaldo de la industria petrolera, una feroz competencia electoral, con la posibilidad de que Donald Trump regrese al poder y una lenta ejecución presupuestal de la ley de Reducción de la Inflación (IRA). La ley IRA ofrece aproximadamente un trillón de dólares en subsidios para la transición energética durante los próximos diez años.

Estos programas, al igual que el acuerdo verde de la Unión Europea, ofrecen enormes recursos públicos para financiar la transición energética. De ahí el interés de la administración de Gustavo Petro, y de numerosos participantes de la COP 28 en acelerar este proceso.

Implicaciones para Colombia

Desde tiempos de campaña, el presidente Petro ha sido aliado de la administración Biden. Petro promueve activamente la transición energética acelerada y asume los costos políticos y económicos de esta postura. Las acciones de este gobierno podrían debilitar a Ecopetrol, pero el proceso apenas comienza. En un año o menos sabremos si Petro logra atraer suficientes recursos públicos para la transición energética y si la anunciada colaboración entre Ecopetrol y PDVSA arroja resultados positivos.

Por otra parte, Colombia y numerosos países tropicales, esperan nuevos acuerdos en relación con los mercados voluntarios de carbono y los mercados internacionales de carbono como se esbozó en el artículo 6 del acuerdo de París. Hasta el momento se conocen algunos acuerdos bilaterales, pero las reglas del juego se encuentran en discusión.

Los mercados de carbono son una herramienta importante para el control de la deforestación y el desarrollo de las comunidades que residen en lugares remotos o en el limite de frontera agrícola. Hasta el momento, el gobierno Petro no ha sido muy exitoso en reducir la deforestación y el acaparamiento de tierras en Guaviare, Caquetá y Putumayo.

Desafortunadamente, los mercados voluntarios de carbono, particularmente el de créditos derivados de la reducción de deforestación (tipo REDD, por sus siglas en inglés), se han visto golpeados por errores de gestión y por mala prensa. Estos errores interrumpieron su crecimiento durante 2023, después de haber alcanzado casi dos billones de dólares en 2021 y 2022 (gráfica 3).

En la literatura científica, el equipo de Thales West y otros grupos, publicaron análisis rigurosos de los proyectos de reducción de deforestación REDD y los bonos resultantes. Estas investigaciones mostraron que un gran número de proyectos no estaba reduciendo la deforestación, e identificaron deficiencias importantes en las metodologías.

¿Puede la comunidad internacional ponerse de acuerdo para garantizar la seguridad energética y, al mismo tiempo, reducir el uso de los combustibles fósiles? La respuesta es sí, pero el proceso es lento.

Estos problemas hicieron que los precios de estos créditos cayeran de $15 a $2 o $3 dólares en 2023. Para 2024, se espera que los esfuerzos de diversas organizaciones como ICVCM permitan resolver estos problemas. Los desarrolladores, certificadores y compradores de créditos están colaborando para afinar las metodologías y los procesos de monitoreo para que puedan continuar los proyectos de reducción de deforestación.

Conclusiones

En su edición de 2023, la conferencia del clima reunió a varios sectores, sirvió como plataforma comercial para los grandes donantes occidentales y como plataforma diplomática para los Emiratos Árabes. Es valioso que el enfoque pragmático y gradual para la transición energética coexista pacíficamente con el discurso alarmista sobre el cambio climático.

Entre las promesas más importantes para 2030, resaltamos el llamado de los líderes internacionales y de algunos miembros del sector petrolero para triplicar la capacidad de generación de fuentes renovables y duplicar la eficiencia en el consumo de energía.

También destacamos especialmente el llamado de Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros 17 países, para triplicar la capacidad de generación nuclear para 2050. Esperamos que los gobiernos establezcan oportunamente los mecanismos financieros que permitan construir más y mejores reactores nucleares (Gráfica 4). En Colombia estaremos atentos a los anuncios de la presidencia de la republica y el ministerio del medio ambiente.

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