La “Cuenta de Borda” y la “Regla de Cromwell” en el juego Democrático
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La “Cuenta de Borda” y la “Regla de Cromwell” en el juego Democrático

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Los métodos de designación de Ismael Peña y Leopoldo Múnera como rectores profundizaron una polarización en la Universidad Nacional que requiere más educación política

Alexis De Greiff*

Los hechos

Cuando el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Colombia (CSU) sesionó para designar al rector el pasado 21 de marzo, el ambiente ya estaba cargado adentro y afuera de la sala.

Pocos días antes, una estudiante le preguntó al presidente de la República Gustavo Petro si el gobierno respetaría la consulta que se le hizo a la comunidad académica para la designación rectoral, uno de los pasos en el proceso. Él respondió, frente a medios de comunicación, que el gobierno iba a apoyar a los estudiantes. Quienes habían votado por el que tuvo mayor apoyo electoral, el profesor Leopoldo Múnera, entendieron que el CSU nombraría a su candidato de forma expedita.

Sin embargo, el CSU tenía la tarea de considerar otros elementos, como las entrevistas, las hojas de vida y los programas. No había unanimidad sobre las evaluaciones y preferencias. Sería una batalla política, jurídica y académica entre los ocho consejeros, rodeados por una comunidad dividida y descontenta con la rectoría saliente.

La discusión duró nueve horas. Después de leído el orden del día, tres consejeros dijeron que estaban siendo intimidados. Uno de ellos pidió medidas de protección a través de la ministra de educación, quien presidía la reunión, por amenazas de muerte ya denunciadas ante la Fiscalía.

A las tensiones internas y externas se presentaba otra: el CSU había declarado que ese día habría designación y no se levantaría hasta emanar humo blanco. Por eso se insistió varias veces durante la sesión que había que limitar las discusiones pues, como iban, no podrían cumplir ese día con el compromiso de anunciar quién sería rector.

Tras las primeras dos horas y media, se tomó la primera decisión: voto secreto y confidencialidad en el acta, como medida de protección a los amenazados. Pasaron más horas para que se adoptara el método de selección: la llamada «cuenta de Borda». En retrospectiva, es claro que alguien conocía una técnica que al menos parte del cuerpo ignoraba. El representante de los profesores, días después, lo presentó como un método inventado por el CSU.

Hubo una larga discusión: variantes e hipótesis fueron y vinieron, lo que daría la idea de que era un método resultante de la inteligencia colectiva. Una versión poco creíble en el caso de un procedimiento largamente estudiado y evaluado por matemáticos y politólogos. Es una fórmula que ayudaría a llegar a un veredicto en el tiempo limitado que tenían a través de una serie de rondas eliminatorias. Finalmente, uno de los candidatos que había obtenido una votación muy baja en la consulta, el profesor Ismael Peña.

El CSU sesionó de nuevo, el 6 de junio, para “corregir” lo hecho en marzo y nombra como rector al Prof. Múnera. Por unas horas, pareciera que la Nacional tiene dos rectores pero, pocas horas después, Peña dice que acata la decisión del CSU y que entrega el cargo advirtiendo que interpondrá acciones legales, penales y disciplinarias.

La “cuenta Borda”

El método había sido ideado como un juego matemático por el francés Jean-Charles de Borda antes de la Revolución de 1789, cuando nace la democracia liberal representativa. Aunque no es complicado, requiere tiempo y estudio para ser entendido y jugado sin riesgo de engaño. Las consejeras que representaban al gobierno pidieron aclaraciones sucesivas, pues tenían sospechas, e insistieron en que el voto simple y directo era lo más conveniente.

Quien lo propuso conocía las excepciones, las alternativas y los requisitos del sistema, por ejemplo, la “Paradoja de Condorcet”. Se configura un caso típico de lo que los economistas denominan una situación de “asimetría de información”: quien compra un artículo sabe mucho menos sobre este que quien lo vende.

Una representante de presidencia sugirió que el método fuera una guía general, una especie de simulación, pero no como método decisorio. Su propuesta no fue acogida y la mayoría en la mesa finalmente accedió a jugar. Tras dos rondas “bordianas” y una de voto simple ganó el Prof. Peña. 

La ministra dejó constancia de su desacuerdo, pero no pidió suspender la sesión mientras hubiera acuerdo jurídico. Al aceptarlo por mayoría, se tomó una decisión política con una base jurídica en disputa. La información que llegó a la comunidad universitaria de la Nacional y a la ciudadanía, a través de periodistas que tampoco tienen muchos elementos más allá de un escueto comunicado del CSU designando al nuevo rector y versiones fragmentarias de algunos consejeros, es que había humo blanco, pero todos lo vieron gris.

La Universidad se paralizó y hubo actos violentos que afectaron a ciudadanos, al funcionamiento de la institución y, por extensión, a su reputación. Sus cimientos parecen temblar, especialmente cuando el presidente volvió a pronunciarse, pocas horas después, anunciando que el gobierno había votado apoyando a quien había ganado la consulta.

En los días sucesivos, la ministra no firmó el acta de aquella sesión, un hecho insólito y desencadenante de la sospecha de ilegalidad. Se previó entonces que el designado no sería posesionado. Parecía una violación al sacrosanto principio de autonomía universitaria. Con un aparente tinte de humor negro, quienes se sienten engañados y derrotados exigen el respeto a la autonomía solicitando la intervención de la ministra. Un oxímoron: convocar al gobierno para que se respete la autonomía universitaria. 

Mientras tanto, el profesor Múnera se declaró en “desobediencia civil”. En respuesta, el profesor Peña se parapetó en el mismo principio de autonomía para posesionarse en otro acto inédito ante un notario invocando una ley de 1913. Un doble oxímoron que solo sugiere las tablas de un juego de ajedrez sin reglas claras, como en la partida imaginaria de F. Dürrenmat, entre Einstein y Dios. La ciudadanía, en un ambiente global que demanda más y mejor democracia, siente que “le hicieron conejo” a los estudiantes y la indignación se generalizó.

Después, muchos (no sabemos cuántos) profesores, estudiantes, trabajadores y ciudadanos esperaron que la decisión se revirtiera, pero nadie estaba seguro de cuál era el camino y menos aún si se respetaron las reglas de juego. Intuyen que no, pero ignoran qué es la “cuenta de Borda”. Es una caja negra que pocos se esfuerzan en abrir. Un artículo del profesor Rodrigo Uprimny, quien acarrea un gran peso no solo jurídico sino también moral, interpela la polémica, aduciendo que hay “presunción de ilegalidad”. Indica, ante todo, que sus reglas exigen que los electores no se hayan puesto de acuerdo previamente, “que sean honestos”. En efecto, hay una larga bibliografía al respecto.

Resulta que un grupo de consejeros se había reunido un día antes de la sesión del CSU. La reunión olía a conspiración. La grieta entre profesores se agrandó cuando, antes de que Uprimny explicara “con plastilina” los alcances y limitaciones del método de Borda, circuló una carta que terminaría siendo firmada por más de 600 profesores pidiendo que se respetara lo decidido por el CSU.

Se pedía que se presumiera la legalidad del nombramiento y se actuara bajo las normas de un Estado de derecho, dejando que se siguiera el curso legal. Es decir, que los jueces decidieran si hubo algo ilegal. No creían que la salida fuera presionar con paros y tomas de edificios al CSU. Tampoco aceptaban que el CSU actuara como simple escrutador de una consulta. Una posición discutible, pero también en el Congreso y en las Cortes.

El resultado no pudo ser peor: quienes firmamos ese comunicado fuimos señalados de esbirros y parte de la “mafia” que manejaba a la UN desde hace 20 años, entre muchas otras situaciones. Relaciones personales cordiales se cortaron de tajo, como en las guerras civiles en el seno de las familias. Todo ha llevado a muchos a un estado de postración y tristeza.

Con la nueva designación, podría suceder que el tablero se invierta y un grupo (tampoco sabemos cuántos)  de profesores, estudiantes y trabajadores lo consideren ilegítimo. Claro, eso será acompañado de cartas pidiendo que se deje ejercer al nuevo rector y esperar a lo que diga la justicia. O sea, el mismo argumento de la “carta de los 600” pero desde el “otro lado”. Sería inadmisible caer en la misma estigmatización mutua.

Mantener la cordura sobre los extremismos

Foto: Canal Capital - Relaciones personales cordiales se cortaron de tajo, como en las guerras civiles en el seno de las familias.

Educarse políticamente para la democracia es un acto existencial además de intelectual.

Si se quiere, es un estado encendido por las “emociones políticas” a las que también se tiene derecho. Pero a ellas, pienso, debemos domesticarlas para llegar a entender y actuar con la mayor racionalidad posible. Esa es una condición necesaria para que funcione una democracia. Es necesario que actuemos con base en una duda permanente dependiente de la evidencia que va apareciendo. Además, tenemos que estar dispuestos a cambiar de opinión. No es renunciar a las ideologías como formas de ver el mundo y considerar lo que es justo y mejor. Se trata de estar dispuestos a sopesar todos los hechos que se nos van presentando, aceptando que la cronología moldea nuestras certezas, siempre inestables.

Educarse políticamente para la democracia es un acto existencial además de intelectual. Es estar preparados para oír atentamente a quienes están en la otra orilla y a pensar para hacerse un juicio propio. Para que funcione la democracia debe prevalecer un ejercicio simétrico de evaluación de los argumentos. Es un acto de generosidad y compasión.

Como explicó el pedagogo John Dewey, la democracia es un modo de vivir y comportarse cotidianamente, por eso “aprenderla continuamente, todos los días, hasta avanzada edad”, en palabras de Oscar Negt. La posesión en una notaría del rector designado, la renuncia de la rectora para preparar el terreno de argumentar que la UN quedaría acéfala o a merced de la intervención del gobierno, el delito no especificado en el que incurriría el profesor Ismael Peña si no se posesionaba ante un notario y dos testigos, varios conceptos de la Procuraduría General y el Consejo de Estado negando medidas cautelares y que el propio CSU pudiera revertir la decisión, las demandas en curso de todos contra todos y la comunidad polarizada exige un poco de educación política para la democracia.

Si seguimos escarbando la relación entre matemáticas, juegos y política, hay que reconocer que los mecanismos electorales son tan solo una parte fundamental pero no exclusiva de la vida democrática. Votar por representantes, desde final del siglo XVIII, se ha identificado como el acto por excelencia de la democracia. No obstante, este acarrea un proceso muy complejo de deliberación de grupos sociales compuestos por individuos.

“La opinión pública no existe”, insistió Pierre Bourdieu. Bancadas políticas, sindicatos, iglesias y organizaciones civiles tienen a su vez formas de representación y deliberación. Se espera que las decisiones de sus miembros sean el resultado de sopesar los distintos argumentos e identificar las estrategias y tácticas más efectivas para alcanzar las metas que se trazan desde sus intereses de clase, origen y género. Su opinión y/o voto consciente y libre depende de esa deliberación interna social y personal.

Con la nueva información y la apertura de una grieta de la caja negra que ha sido este proceso se pueden reconsiderar más alternativas, además de la de dejar actuar a los jueces o al CSU; seguramente deberá una combinación de ambos. Lo más sorprendente ha sido la falta de imaginación con la que se ha abocado al problema. Soluciones maximalistas que llevan a la parálisis en la que las voces más extremas son dominantes: “¡Todo el poder para la Asamblea!”, firman los comunicados quienes se reúnen apoyando el paro. “¡Todo el poder para los jueces!”, piden quienes consideran que el CSU tomó una decisión – de hecho dos – que puede ser legalmente impugnada.

La lógica que se ha impuesto es la muy católica “estás conmigo o estás contra mí”. Los extremistas marcan una línea imaginaria entre los “mamertos” y los “oligarcas”. La dualidad amigo-enemigo de Carl Schmitt se recrea en una versión micro del “enemigo interno”, o “apoyos irresponsables internos” como los denominó un exrector hace 21 años. Se llegó a un embrollo por cuenta de muchas personas e instancias que actuamos con muy poca grandeza y generosidad hacia la educación superior pública.  A estas alturas, el llamado a la racionalidad y a la imaginación se sostiene, independientemente de si el rector es Peña o Múnera.

La Regla Cromwell

En esta historia, el método de Borda se refiere a aquella fase final de elección democrática, pero se podría anteponer a este, y a cualquier otra técnica electoral, lo que se conoce como la “Regla de Cromwell”, también del campo de la matemática. En 1985 el estadístico Dennis Lindley postula esa “Regla”. La idea es que no se debe establecer a priori probabilidad 0 o 1 a ninguna hipótesis susceptible de ser puesta a prueba. Lindley hacía alusión a una famosa frase del político y militar inglés Oliver Cromwell, que le escribió al sínodo de la iglesia de Escocia en 1650: “Os imploro, por las tripas de Cristo, pensad que es posible que estéis equivocados”.

Los sociólogos del conocimiento, sin el formalismo matemático de Lindley, postularon por esos mismos años que para explicar cómo se construye un hecho es necesario adoptar un principio de neutralidad y simetría, es decir no partir del prejuicio de saber qué es cierto o falso, antes de someterlo a una ponderación neutral que apele a los mismos criterios independientemente de lo que creemos.

El que no sigamos principios ideales no obliga a que renunciemos a esforzarnos por construir reglas de convivencia.

Pero el más influyente en esta línea en el campo de la epistemología y la política es Karl Popper. Él creía que toda verdad es provisional y está sujeta a la evidencia siempre limitada que tenemos. Por consiguiente, deberíamos estar dispuestos a cambiar de opinión si aparece nueva evidencia. El profesor Carlo Federici insistía en que todo experimento está limitado por la imprecisión de las mediciones. A eso los físicos lo llaman “margen de tolerancia”. Él no dudaba en que esa incertidumbre debía servir para ser flexibles, también, a nuevos argumentos en el campo social y político.

No deja de ser una triste ironía que Cromwell, que quería establecer una república en Inglaterra un siglo antes que los franceses, terminara siendo un dictador. Pero las incoherencias también son parte de nuestro ser y dependen de la cronología. El que no sigamos principios ideales no obliga a que renunciemos a esforzarnos por construir reglas de convivencia. “Lo único que nos diferencia de los animales es que los seres humanos podemos tener utopías”, le oí decir al profesor Federici.

Acerca del autor

Alexis de Greiff

*Profesor del Departamento de Sociología y Director del Centro para la Educación Política-CEP (https://centro-educacion-politica.org/), Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.

2 comentarios

Alexis de Greiff

Escrito por:

Alexis de Greiff

*Profesor del Departamento de Sociología y Director del Centro para la Educación Política-CEP (https://centro-educacion-politica.org/), Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.

2 comentarios de “La “Cuenta de Borda” y la “Regla de Cromwell” en el juego Democrático

  1. Muchas gracias Profesor de Greiff. Una exhaustiva, excelente y pedagógica reflexión. Sin embargo, hay dos hechos reales poco susceptibles de diferencias en su interpretación:
    1. Puede que no se se sepa cuántos creen legítima y cuántos ilegítima la primera decisión del CSU. Pero si se sabe cuántos querían de rector al profesor Múnera y cuántos al profesor Peña. La diferencia habla por si sola (peor si se pondera por el factor de que uno de ellos jugaba con la ventaja de ser vicerrector de la sede principal).
    2. Nunca el CSU inicial, ni ninguno de sus consejeros, mostró esa tabla comparativa de puntajes, criterios, valores, antecedentes, ventajas, desventajas o cualquier cosa que argumentara de manera razonable porque escoger un candidato sobre otro, con TANTA distancia de lo que mostró la votación de los estamentos.
    Sumadas las dos circunstancias, huele muy mal esa decisión.
    Muchas gracias

  2. Fracamente lo que pasó en la nacional es vergonzoso, todo lo que se ha dicho y desdicho habla muy mal de la comunidad educativa de la Nacional. Es un bastión más de la corruptela nacional. Lo único loable de este episodio, es que ahora lo sabemos.

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