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La crisis de los jóvenes: ¿cómo construir un proyecto de vida en Colombia?

Escrito por Laura Leon

Son muchos más los jóvenes que no estudian ni trabajan en Colombia que en todos los demás países miembros de la OCDE. Esto nos obliga a preguntarnos seriamente para qué estamos educando a las nuevas generaciones.

Laura León*

Una crisis en la educación

En los últimos años se ha puesto en duda el papel de la educación, en especial la superior, como pilar para la construcción de un proyecto de vida. 

Este debate se ramifica en temas diferentes: la calidad de la educación, el interés por acceder a programas de postsecundaria, la orientación socio ocupacional y las oportunidades laborales de estas inversiones.

Aunque el número de matriculados ha venido aumentando año tras año en las últimas tres décadas, entre 2018 y 2021 hubo una caída considerable en las universidades privadas acreditadas. Sin embargo, en las instituciones no acreditadas hubo un aumento del 166 % en el número de matriculados en los últimos quince años.  

Al no ser tan clara la tasa de retorno prefieren escoger opciones que exijan menos inversión en tiempo y dinero.

Según un estudio de la Universidad Externado, el 80 % de los jóvenes bachilleres consideran importante ir a la universidad para su futuro laboral: no es que haya una falta de interés en el estudio, sino que no es claro hacia dónde ir.  

Desde hace algunos años se ha apostado por ampliar los programas de orientación socio ocupacional en los colegios porque una casusa importante de la deserción en el bachillerato y la universidad es la falta de claridad sobre el aporte real a la movilidad social del joven y su familia. Saben que quieren estudiar, pero no saben qué, no saben cómo y no saben para qué. 

Estas dudas pueden explicar por qué los jóvenes están optando por programas más cortos o por universidades no acreditadas cuyas matriculas son mucho más baratas.  Al no ser tan clara la tasa de retorno prefieren escoger opciones que exijan menos inversión en tiempo y dinero. 

Foto: Alcaldía de Medellín - Una de las soluciones para que los jóvenes puedan construir su proyecto de vida es la creación de políticas de empleo robustas enfocadas en esta población y más alineadas con las necesidades del mercado laboral.

El problema de los “ninis”

Muchos jóvenes no parecen ser capaces de reconocer con claridad las oportunidades que resultan de la educación. Hace poco se conoció el informe de la OCDE donde    Colombia tiene la más alta proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan — los  “ninis”, entre los países miembros de la organización. Al analizar el grupo, el estudio encontró que la tasa de desempleo es del 11,2 %, más que la media nacional, 10 %, y más del doble del promedio para la OCDE, que es 5,17 %.  

Al comentar los resultados de la OCDE, un estudio de la Universidad del Rosario concluye que “los jóvenes colombianos enfrentan dificultades significativas para encontrar trabajo en comparación con sus pares en regiones más desarrolladas” y que “estas dificultades podrían estar relacionadas con una economía que no genera suficientes empleos de entrada para los jóvenes o con un sistema educativo que no los prepara adecuadamente para las demandas del mercado laboral”.

Entonces, el problema surge desde la educación postsecundaria, pasando por el programa que escogen, si deciden hacerlo, hasta la vinculación laboral. 

Uno de los resultados más preocupantes del estudio es el alto porcentaje de jóvenes que ya no buscan empleo y tampoco tienen motivación para estudiar. En el grupo de 15 a 24 años, de cada 100 jóvenes 17 se encuentran en esta categoría, 17,44 %, casi el triple del promedio de los países de la OCDE, que es de 5,6 %.

¿Qué hacer?

La solución debe estar mediada por un trabajo intersectorial que clarifique cuáles son los cimientos para que los jóvenes puedan construir un proyecto de vida. Sea el que sea. 

Los jóvenes necesitan información suficiente para tomar decisiones conscientes y referentes que sirvan de ejemplo para orientar el camino. Si los jóvenes están convencidos del porqué y del para qué estudian un programa, la probabilidad de desertar disminuye considerablemente. 

Otro punto es el trabajo que deben hacer las instituciones de educación superior. Se ha visto un aumento en la oferta de programas pero que no tienen la demanda esperada. Apelar a los intereses y las necesidades de los estudiantes en potencia le da pertinencia a la oferta. No se trata de eliminar programas o estigmatizar ciertas áreas, como sucede con las ciencias sociales, sino de entender los sueños de los jóvenes y responder a ellos. Además, los programas deben incentivar la vinculación laboral. 

La realidad más favorable en los países OCDE sugiere la existencia de sistemas más efectivos para la juventud, políticas de empleo dirigidas a esta población mucho más robustas y una mejor alineación entre los sistemas educativos y las necesidades del mercado laboral. 

Si los jóvenes están convencidos del porqué y del para qué estudian un programa, la probabilidad de desertar disminuye considerablemente.

Las empresas, las entidades del Estado, los centros de pensamiento y otras instituciones deben trabajar conjuntamente para conectar con la nueva generación. Son ellos quienes van a construir la sociedad que viene y de quienes también hay mucho que aprender por las nuevas realidades a las que nos enfrentamos. 

Un último dato, no menos importante, es que 7 de cada 10 “ninis” en Colombia son mujeres. Este patrón al igual que en muchos otros aspectos de la vida está influenciado por factores como las labores del cuidado, las barreras culturales, el acceso a la educación y oportunidades económicas, que afectan de manera desproporcionada a las mujeres jóvenes convirtiéndolas en el grupo social más desprotegido. 

Una vez más los papeles de género juegan un papel fundamental en la discusión. Por eso hay que romper los paradigmas que limiten las posibilidades de crecimiento personal por condiciones que son inmodificables. 

Hace poco oí una frase que me afectó profundamente: “La vida es un destello entre dos eternidades”. Como humanidad, deberíamos trabajar siempre en que la construcción individual de ese “destello” sea lo más cercana posible a lo que cada uno sueña. Parte de eso surge de una balanza cada vez más equilibrada para todos. 

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