La crisis económica internacional: ¿comienzo de una nueva historia? - Razón Pública
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La crisis económica internacional: ¿comienzo de una nueva historia?

Escrito por César González

César gonzalez

¿A qué se debieron y qué relación tienen la crisis financiera y la recesión mundial que ha comenzado? ¿Cuáles son sus perspectivas y qué harán los gobiernos frente a esta coyuntura de proporciones históricas?

César González Muñoz*

El ciclo económico, una presencia permanente

La demanda de bienes y servicios en la economía global ha entrado en una fase de notoria debilidad, con todas sus implicaciones para el bienestar, el empleo, los precios de los bienes básicos y la salud de las finanzas. El máximo organismo de la Unión europea, la Comisión,  hace dos semanas declaró formalmente que la eurozona se encuentra en recesión; Japón no había terminado de salir de su prolongado letargo cuando volvió a mostrar signos negativos en el crecimiento económico desde comienzos de 2008.

La economía de Estados Unidos es actor estelar. Las cifras sectoriales son duras: la vivienda, los bienes de consumo durable, los vehículos automotores, son sectores que muestran claras tendencias recesivas y reducciones de precios. Las cifras macroeconómicas ya registran un claro deterioro de la demanda agregada. La tasa de desempleo sube (podría ser de 9% a comienzos de 2010) y el número de personas empleadas cae continuamente.

Ahora bien, nada de lo que ocurrió en los últimos doce meses en la economía "real" del planeta tiene que ver con el gran congelamiento global del crédito que ha ocurrido desde mediados de 2007 y  que se hizo más dramático desde septiembre de 2008. La Gran Felicidad de la economía mundial de los últimos seis años había comenzado a disiparse desde hace un poco más de un año, y la llamada crisis financiera vino a añadirle insulto a la herida. 

El Fondo Monetario Internacional (que podrá haberse equivocado grave y dolorosamente muchas veces, pero que es una buena fuente de información) ha revisado su proyección de crecimiento, y ahora prevé que el crecimiento global será del orden del 2.2% el año entrante. Hace un mes su número era 3%. Las naciones ricas, según estas proyecciones, van a sufrir una contracción económica del 0,3%. Según el Fondo, la recesión económica británica será la más profunda del mundo desarrollado, con una caída del 1.3% en 2009. La recesión europea, según diversos comentaristas, no será menor que la acaecida a comienzos de los años noventa. 

Así pues, todo apunta a una recesión sincronizada y profunda: probablemente la más seria desde la segunda guerra mundial. El ciclo económico -inherente a la economía capitalista- y el tremendo apretón del crédito bancario que ha generado la crisis financiera se están alimentando mutuamente, y sólo un empujón político colectivo de los países centrales y de las llamadas "economías emergentes" podría contrarrestar las fuerzas recesivas  y reorganizar las instituciones económicas globales.

Se dañó, además, la máquina del crédito

La crisis financiera que ha golpeado tan fuertemente a Estados Unidos, y que se ha extendido a los principales centros financieros y bancarios del mundo, tiene varios elementos determinantes.

Primero, un ambiente de estabilidad macroeconómica (bajas tasas de inflación, tasas de interés bajas y estables y crecimiento económico relativamente alto y continuo) en las economías centrales durante los últimos seis años. Este ambiente fue muy favorable para la rápida expansión del crédito.   

Segundo, una superabundancia de ahorros originados en China, Japón, Alemania, los países exportadores de petróleo del Medio Oriente y algunas "economías emergentes" y su transferencia a Estados Unidos y otros países centrales. Esta transferencia de ahorros financió los crecientes déficit de estas naciones. La rata de ahorro (proporción del ingreso disponible ahorrado) en Estados Unidos cayó desde el 6% a menos del 1% en poco más una década hasta 2007, mientras que la rata de deuda a ingreso disponible anual aumentó desde el 75 al 120% en el mismo periodo. Un comportamiento similar -aunque con números menos extremos – tuvieron el Reino Unido y Canadá. La zona del euro, por su parte, redujo su rata de ahorro y aumentó su deuda relativa, pero de manera menos pronunciada y con cifras absolutas distintas: el ahorro hoy se sitúa alrededor del 14% y la deuda en el 82% del ingreso.

Tercero, una visión neoconservadora dominante en Estados Unidos, en materia de regulación y supervisión financiera. El "modelo" de los bancos de inversión independientes en el centro financiero de Wall Street, Nueva York, es un símbolo y una síntesis de esta visión. Los grandes bancos de inversión (había cinco hasta comienzos de 2008) no eran tomadores de depósitos del público y, en consecuencia, no estaban bajo la supervisión del Banco de la Reserva Federal, que es el máximo superintendente bancario en Estados Unidos. Las fuentes de fondos para financiar sus operaciones eran sus endeudamientos con inversionistas de todas las clases, de todas las nacionalidades, de todos los propósitos imaginables, con un objetivo común: la rentabilidad. Apoyados en la tecnología de la información y de las telecomunicaciones, los negocios de los bancos de inversión llegaron a ser tan enormes como complejos. Mirar los balances de estas instituciones es como observar un mapa hermético, lleno de códigos, sugerencias y pistas, en el que resulta muy difícil observar la geografía real.

Pero ese era precisamente el sentido del "modelo", fundado en la no regulación, en la supervisión leve, en la libertad de acción, en el vuelo irrestricto de la imaginación -y de la lujuria de la ganancia – en la responsabilidad estrictamente privada por la evaluación de los riesgos asumidos por los banqueros y por sus acreedores.

Había otra condición de los bancos de inversión: el pequeño tamaño del patrimonio invertido por sus accionistas frente al volumen del negocio, en comparación con el mayor peso del patrimonio en las entidades tomadoras de depósitos, obligadas a mantener su apalancamiento dentro de ciertos límites por parte de las autoridades supervisoras.

Cuarto, en Estados Unidos, una explosión de la oferta de activos financieros altamente sofisticados y complejos, basados en la titularización de hipotecas de calidad inferior desde el punto de vista crediticio. Dichos activos ofrecían rendimientos relativamente elevados y gozaban de buenas calificaciones de riesgo hechas por unas agencias especializadas que cayeron en conflictos de interés y, en general, en prácticas indeseables desde el punto de vista del interés público. El rendimiento de esta clase de activos financieros siempre fue muy atractivo para inversionistas internacionales.

En 2006, alrededor del 10% de la cartera hipotecaria de inferior calidad estaba en situación de mora. Pero desde febrero de 2007 esta cifra comenzó a crecer rápidamente hasta alcanzar cerca del 20%. Durante el primer semestre del año pasado hubo varias quiebras y cierres de entidades financieras especializadas en este mercado, y a mediados del año tres las principales agencias calificadoras de riesgo  (Fitch Ratings, Standard  & Poor's y  Moody's) redujeron la calificación de todos los activos financieros basados en estas hipotecas. En los meses siguientes continuaron los problemas de las instituciones especializadas, varias de ellas localizadas en Europa.

La desconfianza hizo presa de los banqueros en todos los centros financieros importantes. La falta de confianza en la capacidad de pago de sus instituciones colegas condujo a los bancos a suspender o reducir drásticamente sus operaciones interbancarias. El crédito interbancario a corto plazo colapsó de hecho en Estados Unidos, y ello condujo a contraer fuertemente toda la actividad crediticia.

En ese ambiente se ha producido la secuencia de recientes episodios críticos del sistema financiero de Estados Unidos y varios países europeos.

Salen las ideologías, entra el pragmatismo

En septiembre pasado comenzó en Estados Unidos la escena final del último acto: después de la nacionalización de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, vinieron las quiebras, adquisiciones o nacionalizaciones de Lehman Brothers, Merrill Lynch, AIG, Washington Mutual  y Wachovia.  Y llegó después el paquete de salvamento de 700 mil millones de dólares, aprobado después de alguna fricción inicial dentro del Congreso de Estados Unidos.

En la Gran Bretaña y en la zona del euro las cosas pasaron de castaño oscuro. La falta de confianza llegó a afectar al conjunto del sistema bancario. Entonces el gobierno anunció a comienzos de octubre un plan de salvamento por 500 mil millones de libras esterlinas; a diferencia de Estados Unidos, el gobierno británico indicó que adquiere un elevado número de acciones (preferenciales) de tres de los grandes bancos británicos de depósito: Lloyds, Royal Bank of Scotland y HBOS. De hecho, con esta decisión, el Estado se convertirá en el mayor accionista bancario del Reino Unido.

Los países cuya divisa es el euro procedieron a montar planes simultáneos de salvamento, prácticamente calcados de la iniciativa británica. El viejo continente ha entrado en una nueva era de capitalismo de Estado para el manejo de los procesos financieros.

Y finalmente a mediados de octubre el Tesoro de Estados Unidos, con muchas reticencias, anunció que  comprará acciones de nueve grandes bancos por unos 125 mil millones de dólares. Citigroup, Bank of America, Wells Fargo, Goldman Sachs y JP Morgan Chase son algunos de los sonoros nombres que podrían pasar a ser de mayoritaria propiedad pública. Se usará un valor igual para la compra de acciones de otras entidades de menor tamaño.

El gobierno japonés ha anunciado también su plan de acción sobre las mismas bases.

En todos los casos, las acciones estatales serán de dividendo preferencial y sin derecho a voto. Los gobiernos definirán las reglas del juego estratégicas de sus nuevas propiedades.

Estas medidas, junto con la extensión universal de los sistemas de seguro de depósito, el otorgamiento de garantías estatales a las deudas de corto plazo emitidas por entidades financieras y otras corporaciones y, en la cima de la heterodoxia,  la puesta en marcha de un sistema de créditos a empresas no financieras por parte del Banco de la Reserva Federal en Estados Unidos, van en la dirección de recobrar la confianza mutua entre entidades financieras.

Estos meses serán vistos por los historiadores como el punto de quiebre hacia escenarios globales – institucionales y políticos – impensables hace sólo unas semanas. Ejemplos: El Estado gringo será el directo responsable del mercado hipotecario, vía Fannie y Freddie; no será fácil devolverle esa pelota al sistema privado. La propiedad estatal de grandes instituciones financieras en el mundo rico implicará un cambio radical en los paradigmas de la regulación y la supervisión bancarias. Los congresos y parlamentos querrán mirar muy de cerca el desempeño de los bancos públicos, y tratarlos como empresas de servicio público. Por un tiempo, los sistemas financieros tenderán a ser más bien introvertidos y pocas miradas tendrán para mercados distintos a los de Brasil, China, Rusia e India. Ello, a menos que cuenten con el respaldo de sus  autoridades de regulación y supervisión.

Al día de hoy, aún después de las medidas estatales de salvamento, está claro que en el futuro previsible se va a reducir la disponibilidad de crédito para consumidores y empresarios.  Las implicaciones de esta contracción son igualmente previsibles.   

Ha llegado, efectivamente, la hora de los políticos.

Es cada vez más probable que los gobiernos y bancos centrales de los países ricos lleguen a acuerdos sustanciales para darle un nuevo comienzo a las paridades cambiarias entre el dólar, el euro, el yen, otras divisas de "países emergentes"  y, eventualmente, el yuan chino. Será un nuevo trato para mantener el dólar como la moneda internacional dominante, en reconocimiento de la realidad geopolítica.

Más allá de las medidas de urgencia inmediata, que se mencionan más adelante, la salida estructural al desorden cambiario actual causado por la crisis de confianza en las instituciones financieras deberá incluir varias promesas y compromisos:

  • La promesa gringa de empujar en el Congreso una fuerte reforma fiscal y un aumento de impuestos, para reducir el peso del déficit fiscal histórico en Estados Unidos. Pero ello sólo será posible una vez haya pasado la recesión que ya se vino encima.
  • El compromiso asiático y del Medio Oriente de propiciar un aumento del consumo privado mediante dispositivos crediticios y fiscales, orientado a disminuir el déficit externo histórico en Estados Unidos
  • La revaluación del yuan y la reforma del régimen cambiario chino. Este realineamiento cambiario provocaría un movimiento en igual dirección de las divisas de los países "emergentes" del este asiático
  • El compromiso de las naciones de la zona euro de aplicar políticas expansivas de la demanda interna
  • El compromiso de los países ricos de darle al Fondo Monetario Internacional la fuerza institucional y financiera para ser, otra vez, el gran árbitro y proveedor de fondos para sanear la situación financiera y macroeconómica de los países golpeados por esta crisis financiera y cambiaria.

El mundo ha caído presa, justificadamente, del miedo a una grave recesión. La reunión de los jefes de Estado de las naciones centrales y de varios países "emergentes" prevista para el 15 de Noviembre en Washington, tendrá que concentrarse en discutir el qué y el cómo de la estrategia contra la recesión.  Varias de las medidas enunciadas arriba tendrían que ponerse en marcha de inmediato, particularmente las que tienen que ver con la expansión de la demanda en Asia, Europa  y el Oriente Medio. Se prevé que el Presidente Obama se declare a favor de una política fiscal expansionista por la vía del gasto público en infraestructura y ciertos servicios básicos, a pesar del enorme peso de la deuda pública. Se oyen algunas voces que reclaman más bien el mantenimiento de las ventajas tributarias y otros "estímulos" a los sectores más ricos, pero tales voces no corresponden al campo ideológico del victorioso presidente Demócrata. 

Adicionalmente, los bancos centrales de los países "emergentes" -principalmente Brasil, Turquía y Polonia-  necesitan el apoyo explícito de sus pares de Estados Unidos, Europa y Japón, para garantizar la suficiencia de sus reservas internacionales en un ambiente de incertidumbre y desconfianza.

Es fácil enunciar las fórmulas, y ciertamente mucho más difícil ponerlas sobre la tierra. No obstante, la relativa indiferencia de los políticos hasta sólo unos meses se ha transformado en una sensación de emergencia, que ahora caracteriza a la reunión del 15 de noviembre. Un liderazgo responsable del Presidente del poder hegemónico que asume el poder en Enero podría marcar el comienzo de una nueva era en la historia global.

 

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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