Este iba a ser el año de la paz, pero fue el año de la corrupción. O por lo menos, de su descubrimiento como el problema principal de Colombia.
Hernando Gómez Buendía*
Después de medio siglo de conflicto armado y de cuatro gobiernos que se fueron en acabar las FARC, los colombianos estamos descubriendo que la guerra sirvió para tapar otros males, y que la corrupción era el más obvio de ellos.
Por eso el personaje del año no fue el Fiscal, ni los líderes sociales, ni Rigoberto Urán: fue la corrupción. O más precisamente: el rosario de escándalos que produjo una cascada de investigaciones, unas pocas condenas judiciales, un diagnóstico superficial y parcializado, un montón de discursos y de remedios propuestos que en realidad no servirían de nada.
A la cabeza del rosario estuvieron los escándalos de Odebrecht y de la Corte Suprema, seguidos por Reficar y Ecopetrol, por los “carteles” de jueces y fiscales, de la salud (la hemofilia, las cirugías plásticas, el caso Medimás) o la seguridad social (las cesantías, los abuelos, la alimentación escolar…) y el saqueo continuado de entidades públicas (Llanopetrol, Electricaribe, Coljuegos, Usipec…), para rematar con las noticias navideñas de la Cancillería o la reconstrucción de Gramalote.
Por eso la corrupción fue el tema de este año. El 71% de los encuestados dijo que este era el principal problema del país, la consulta anticorrupción de Claudia López recogió más de 4 millones de firmas, y la Contraloría descubrió que este mal nos cuesta el 4% del producto anual.
También por eso el fiscal, el procurador y el contralor lanzaron una “cruzada” contra la corrupción, que hasta ahora incluiría algo así como 300 investigaciones y un centenar de funcionarios que están siendo procesados, han sido capturados o fueron condenados, incluyendo a tres senadores, un expresidente de la Corte Suprema, un ex viceministro de Transporte y un exjefe de la Unidad Anticorrupción.
Pero vienen los peros.
-Algunos peros son obvios aunque difíciles de evaluar: ¿acaso el centenar de procesados son apenas la punta de un iceberg de millares de corruptos entre los 1,2 millones de funcionarios públicos que tenemos?, o ¿acaso más del 90% de las investigaciones judiciales en Colombia no paran en nada?
-Otros peros suenan maliciosos pero no son descabellados: ¿Acaso el contralor, el procurador y el fiscal no tienen ambiciones políticas, no buscan ser populares, ni son amigos de algún candidato?, ¿acaso investigaron al presidente Santos?
-Hay otro pero que es sencillamente deprimente: los dos grandes escándalos (Odebrecht y la Corte Suprema) fueron destapados por Estados Unidos, o sea que la poca justicia que tenemos nos viene desde afuera.
-El diagnóstico ha sido muy superficial porque se queda en que hay políticos corruptos, sin preguntar por qué la mayoría de los colombianos vota por políticos corruptos. Y es muy parcializado porque no ve la mega-corrupción que implica un Estado rentista para los grandes empresarios, ni ve la corrupción de los propios periodistas que denuncian mientras se tapan los unos a los otros.
-Y el mayor de los peros: que, fuera de discursos, los remedios propuestos son medidas legales que si funcionaran ya habrían acabado la corrupción en el mundo, y que no pueden funcionar en un país donde la corrupción es la forma de gobierno y la única manera de amasar una fortuna.
*Director de la revista digital Razón Pública.
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Escrito por:
Equipo Razón Pública
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