La COP30: una victoria de los productores de combustibles fósiles
Foto: COP30

La COP30: una victoria de los productores de combustibles fósiles

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Las tres principales metas propuestas, entre ellas la hoja de ruta para poner fin a los combustibles fósiles, quedaron fuera del texto final.

El acuerdo final alcanzado en la COP30 “representó una victoria para productores de petróleo como Arabia Saudita y Rusia. Incluyó numerosas advertencias sobre el costo de la inacción, pero pocas disposiciones sobre cómo el mundo podría abordar de frente el peligroso aumento de las temperaturas globales”. Esta es a mi juicio una justa evaluación de lo ocurrido entre el 10 y el 21 de noviembre en la Conferencia de las Partes #30 de la Convención de Cambio Climático que sesionó en Belém Do Para, Brasil. Las tres principales metas propuestas quedaron fuera del texto final: la hoja de ruta para poner fin a los combustibles fósiles, la hoja de ruta para detener la destrucción de los bosques, y asegurar una financiación consistente para mitigación y adaptación.

El fracaso ocurre cuando el calentamiento global ha aumentado drásticamente.  2024 fue el año con la temperatura más alta de la historia (1,55ºC) y 2025 será el segundo. Si el plan es llegar a cero emisiones solamente en 2050, se rebasarán los 2º. Lo ideal sería llegar a cero emisiones por combustibles fósiles antes de 2040. Aun así, la temperatura alcanzará 1,5º permanentemente hacia 2030 o 2035. 

Diez años del Acuerdo de Paris

La COP 30 se realizó justamente en el décimo aniversario de El Acuerdo de Paris, el cual se yergue sobre dos pilares:

  1. Las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC): los compromisos que se fijan voluntariamente para la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).  En Paris cada país presentó sus compromisos de reducción de GEI hacia 2030. Pero La suma de estos compromisos resulta insuficiente; si se implementaran a cabalidad, el mundo estaría en ruta de un incremento de 2,7ºC.
  2. la financiación Las transferencias concesionales de países desarrollados a países en desarrollo para cumplir las NDC y adaptarse al cambio climático.

Pero estos pilares han sido débiles desde la firma del Acuerdo y antes de la COP30 estos se debilitaron aún más. 

La COP30 se realizó en un contexto nada favorable. El retiro de Estados Unidos del acuerdo por parte de Trump asestó un duro golpe. Con las políticas de Trump, se prevé que Estados Unidos solo reduzca entre el 28 y el 30 % en las emisiones GEI que se había comprometido para 2030, muy por debajo de su objetivo comprometido  en el Acuerdo de un 50-52 % por debajo de los niveles de 2005.

En general, se registra un atraso tal en el cumplimiento de las metas globales del Acuerdo, que estamos ya condenados a transgredir un incremento de 1,5ºC de la temperatura promedio de la superficie de la Tierra, umbral a partir del cual se entraría en una zona de situaciones catastróficas, que ya están en marcha, en forma irreversible, como lo muestra la muerte de más del 90% de los arrecifes de coral, hacia 2050. 

Las principales metas propuestas en la COP30

En esta situación tan desfavorable, la COP30 tuvo como metas principales:

  1. Salvar los esfuerzos globales frente al calentamiento, es decir, limitar el aumento de la temperatura global a 1,5ºC, que, como se mencionó, hoy es una quimera; presentar los nuevos NDC; en adición un conjunto de países fijó como objetivo establecer una hoja de ruta para eliminar la exploración y explotación de los combustibles fósiles, con fechas precisas para hacerlo y con la especificación del monto de disminución, año a año, por parte de cada país. 
  2. Asumir los compromisos financieros establecidos en la COP29 en Bakú, en la cual se acordó triplicar la financiación para la acción climática a los países en desarrollo, al pasar del objetivo anterior de US$100.000 millones anuales a US$300.000 millones para 2035. Al respecto se hacen dos observaciones: (a) en 2009 se estableció que los países desarrollados entregarían en forma concesional US$100.000 millones anuales hacia 2020. Esta meta no se ha cumplido por completo, ya que se comprometieron a alcanzar esta cifra en 2020. Si bien se reportó que se movilizaron $83.300 millones en 2020, Oxfam sostiene que el valor real es mucho menor, aproximadamente $24.500 millones, debido a que gran parte se realizó en forma de préstamos y no de subvenciones, lo que aumenta la deuda a los países receptores. (b) Este acuerdo contrasta tajantemente con la estimación de los recursos que, según Naciones Unidas, se necesitan para financiar la resiliencia y la infraestructura básica de los países en desarrollo de US$1,3 billones anuales en financiación climática. Debe también subrayarse que de los US$300.000 millones anuales acordados para 2035 en 2024 los recursos ascendieron a US$26 billones, de los cuales Estados Unidos aportaba el 10%, aporte que se suspendió. 
  3.  Detener la deforestación y adelantar una restauración masiva de bosques, dos medidas de mitigación que, a su vez, tendrían virtuosas consecuencias en la conservación de la biodiversidad, y en la estabilización del ciclo del agua,  en particular en  la Amazonía la  selva más biodiversa del mundo y la que tiene una mayor incidencia en la formación de los ríos voladores. Como condición necesaria para alcanzar este imperativo se estableció que se requeriría de una financiación sustantiva por parte de los países desarrollados. A la Amazonia se le dio una enorme importancia antes de celebrarse la COP 30 toda vez que tuvo lugar en Belém Do para, Brasil

La participación de las partes en la COP fue quizá la más lánguida de la historia. Estados Unidos se desmarcó del evento sin siquiera enviar una representación. China, India y Rusia participaron con delegaciones menores. Solo la Unión Europea acudió con los líderes de Alemania, Francia, España y Reino Unido. En contraste, la presencia en la COP de los pueblos indígenas y de los representantes de las grandes empresas de los combustibles fósiles fue muy robusta; los primeros haciendo lobby en relación con la justicia ambiental y la protección de los bosques tropicales, y los segundos buscando obstaculizar los avances en la lucha contra el cambio climático, en lo cual tuvieron un gran éxito.

A pesar de la lánguida presencia internacional, el país anfitrión apostó por los consensos multilaterales con acción directa en superar las dependencias de los combustibles fósiles, revertir la deforestación de manera justa y movilizar los recursos necesarios.

Foto: Wikimedia Commons

Balance

  1. No se acordó una hoja de ruta hacia una eventual eliminación gradual de los combustibles fósiles, que el gobierno de Brasil, como presidente de la COP, puso todo su empeño para que se acordara. Durante las dos semanas su inclusión en el texto se constituyó en un agrio enfrentamiento entre ochenta países que representan el 7% de las emisiones de GEI y la oposición implacable de los países productores de petróleo, que son los emisores de más del 70% de los GEI, para finalmente ser excluida del acuerdo final. Un conjunto de 23 países, liderados por Colombia, expidió la Declaración de Belém sobre la Transición Fuera de los Combustibles Fósiles. Pero en este acuerdo se buscará concretar en una reunión a realizarse en Santa Marta el próximo mes de abril, la suma de las emisiones de los países asociados asciende a menos del 7%, lo cual significa que el propósito de la declaración es, por ahora, una quimera.

Colombia, en aras de su liderazgo, reiteró la política del presidente Petro de abandonar la exploración y explotación de petróleo, gas y carbón. Una posición bien costosa para el país, como la han advertido decenas de expertos, puesto que tendrá un efecto nulo en las emisiones globales de GEI y un efecto muy negativo en las finanzas del país.

Los esfuerzos para limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, según los objetivos del Acuerdo de París, se abordaron en el texto final, aunque con menos contundencia de la que esperaban los países vulnerables. Antes de la conferencia, se suponía que los países presentarían nuevos planes nacionales para la reducción de emisiones, pero se quedaron muy lejos de los compromisos necesarios para mantener el límite de 1,5 °C, que ya se ha incumplido.

En lugar de censurar este fracaso, la conferencia acordó establecer un programa de aceleración para abordar el déficit de las CDN, que se presentará en la COP del próximo año, en Turquía, pero presidida por Australia. El texto exhortó a los países a “implementar plenamente las CDN, esforzándose por mejorar”. Es un rosario de buenas intenciones.

  1. No se acordó una hoja de ruta para detener la deforestación y adelantar una restauración masiva, en la que el gobierno de Brasil, como presidente de la COP y con el 65% de la extensión de la Amazonia, puso todo su empeño junto con los países amazónicos. 

      Se acordó la creación del Fondo Bosques Tropicales para Siempre, que 

 recibió promesas de inversión iniciales de más de US$5.500 millones. 

Se trata de una cifra altamente insuficiente. Según el gran científico brasilero Carlos Nobre, en la Amazonia no solo se requiere detener la deforestación, sino además adelantar una restauración masiva: 150 millones de hectáreas, lo que significa una inversión de aproximadamente US$1.200 billones en los próximos diez años, una cifra que está años luz de las promesas ofrecidas.

  1. La financiación: ¿Nuevos compromisos para no cumplir? En la COP30 se acordaron US$900 millones anuales (el triple de lo acordado en la COP29), que los países desarrollados se comprometen a entregar anualmente a los países en desarrollo. Pero ya se ha señalado que los fondos entregados solamente ascendieron a US$26 millones en 2024. En otras palabras, se continúa aumentando los compromisos, lo que en la práctica implica incrementar los incumplimientos. En este campo no hay espacio para el optimismo: en 2009 se acordó que los países en desarrollo recibirían US$100.000 millones anuales hacia 2020, una meta que escasamente se ha cumplido en 26%, mientras que en la COP30 se incrementaron los compromisos nueve veces en relación con la meta acordada en 2009. Son las ilusiones que venden los políticos. 

Epílogo

Tras la COP30 los riesgos que corre el planeta por la inacción frente al cambio climático están simbolizados por los recientes anuncios de Islandia e Irán.

El gobierno de Islandia presentó formalmente ante el Consejo de Seguridad Nacional como una posible amenaza existencial el posible colapso de Circulación Meridional Atlántica de Retorno (CMA), una de las corrientes oceánicas fundamentales en la regulación del clima global. El país ha empezado a evaluar qué investigaciones son necesarias para enfrentar esta amenaza y cuáles son las políticas de preparación ante desastres que exige la nueva realidad climática.

La Circulación Meridional Atlántica de Retorno forma parte de un sistema de corrientes que transporta calor por los océanos del mundo. Entrega un flujo extraordinario de ese calor —más de 1.000 teravatios— al Atlántico Norte. Pero este flujo podría colapsar como consecuencia del derretimiento del hielo de Groenlandia y de los glaciares terrestres del Ártico cuyas aguas dulces ya están debilitando la CMA. Existe aún incertidumbre sobre la ubicación del punto de inflexión, pero sus posibles consecuencias son aterradoras, tal como lo ilustra el titular de un reciente artículo “El cierre de las corrientes oceánicas podría congelar Europa”. En efecto, podría llevar a Bruselas a -20°C en un invierno crudo y a Oslo a casi -50°C. La precipitación media en algunas partes del norte de Europa caería drásticamente con graves impactos para la agricultura. Así, mientras parte de un continente se congela, la temperatura promedio de la superficie de la Tierra en su conjunto aumenta. 

El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ha propuesto que Teherán deje de ser la capital. La intención es que la región costera meridional de Makran asuma este papel, lo que podría “aliviar la sobrepoblación, la escasez de energía y el estrés hídrico de Teherán”, donde el sufrimiento climático ya está ocurriendo. La ciudad padece una sequía casi crónica, de las peores que se recuerden. La falta de lluvias —cinco años sin precipitaciones— no sólo está arruinando a la agricultura y provocando una crisis alimentaria. De allí la necesidad de incentivar que la población de Teherán disminuya drásticamente, una de cuyas medidas en la de trasladar la capital a la región costera. 

Son dos ejemplos del cuadro que António Guterres presentó en su mensaje de Año Nuevo de diciembre de 2024: “El mundo va hacia el precipicio» si no se toman medidas drásticas contra el cambio climático. Un año después estamos cada vez más lejos de tomarlas.

Le recomendamos: La crisis del agua en Colombia: el país avanza, pero no lo suficiente

Acerca del autor

Manuel Rodríguez
manuelrodriguez@razonpublica.org.co | + posts

*Primer ministro de Medio Ambiente del país, presidente y cofundador del Foro Nacional Ambiental; cofundador de Parques Cómo Vamos, del Centro de los Objetivos del Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe, y de la Alianza por la Defensa de la Sabana. Cofundador de Razón Pública.

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Manuel Rodríguez

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Manuel Rodríguez

*Primer ministro de Medio Ambiente del país, presidente y cofundador del Foro Nacional Ambiental; cofundador de Parques Cómo Vamos, del Centro de los Objetivos del Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe, y de la Alianza por la Defensa de la Sabana. Cofundador de Razón Pública.

2 comentarios de “La COP30: una victoria de los productores de combustibles fósiles”

  1. Otra hecatombe para esta parte del mundo tiene que ver con la pérdida progresiva de páramos, glaciares y cumbres nevadas, que se hará crítico a partir del 2040 y en el caso de Colombia, afectará las necesidades hídricas de 16 millones de personas.

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