La confesión de las FARC sobre el asesinato de Gómez Hurtado levanta ampolla - Razón Pública
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La confesión de las FARC sobre el asesinato de Gómez Hurtado levanta ampolla

Escrito por Daniela Garzón
Daniela Garzon

Aunque ha causado sorpresa y aunque muchos la ponen en duda, la confesión de las FARC se explica muy simplemente: la confesión es cierta

Daniela Garzón*

A la gente hay que creerle lo que dice

Este sábado la magistrada de la Justicia Especial para la Paz (JEP), Patricia Linares, dio a conocer que por medio de una carta el antiguo Secretariado de las FARC se había hecho responsable de los siguientes homicidios ante la Sala de Reconocimiento de Verdad y de Responsabilidad:

  1. El de Álvaro Gómez Hurtado, ocurrido el 2 de noviembre de 1995;
  2. El de Hernando Pizarro Leongómez, ocurrido el 25 de febrero de 1995;
  3. El de Jesús Antonio Bejarano, ocurrido el 15 de septiembre de 1999;
  4. El de José Fedor Rey, excomandante guerrillero del comando Ricardo Franco y conocido como Javier Delgado, ocurrido el 30 de junio de 2002;
  5. El del general Fernando Landazábal Reyes, ocurrido el 12 de mayo de 1998, y
  6. El del representante a la Cámara, Pablo Emilio Guarín, ocurrido el 15 de noviembre de 1987.

La carta está firmada por Julián Gallo Cubillos, Pastor Alape, Pablo Catatumbo y sus abogados.

La aceptación de responsabilidad sorprende especialmente en cuanto al magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado, líder conservador y uno de los artífices de la Constitución de 1991, pues en las investigaciones por su muerte han estado involucrados políticos, paramilitares y narcotraficantes (la Fiscalía llamó a declarar a los hermanos Rodríguez Orejuela, exjefes del cartel del Valle), pero no la guerrilla.

Por eso hay pocas razones para creer que las FARC se atribuirían la responsabilidad sobre este hecho si no lo hubieran cometido.

El revuelo que ha seguido

Las reacciones al reconocimiento de la responsabilidad de las FARC sobre estos hechos no se hicieron esperar.

El presidente Duque, quien le encomendó esclarecer el asesinato de Gómez Hurtado a Francisco Barbosa cuando lo posesionó como fiscal, dijo que es sospechoso que las FARC se atribuya el hecho justo cuando ya hay garantías de que no habrá cárcel para ellos, e insinuó que podrían estar mintiendo para obstruir a la justicia.

La familia de Gómez Hurtado también rechazó la declaración de los miembros de la exguerrilla, porque para ellos esa muerte fue un crimen de Estado. Enrique Gómez Martínez, sobrino del político, dijo en El Tiempo que esa confesión era una “forma de conseguir que en la Fiscalía se cierre la investigación preliminar que ha estado abierta por 25 años” y que hay suficientes pruebas para concluir que las FARC no tuvieron que ver en ese crimen de Estado. También dijo que es algo que debe investigar la Fiscalía y no una “jurisdicción amañada”.

Para periodistas como Salud Hernández la versión de las FARC no es creíble, y para una parte del uribismo la declaración pretende enterrar la investigación sobre el magnicidio.

Lo anterior no deja de ser paradójico porque años atrás José Obdulio Gaviria reveló un supuesto intercambio de correspondencia entre Manuel Marulanda Vélez –Tirofijo, el máximo líder de las FARC– y algunos de sus comandantes y tropas en el que se atribuía el asesinato e indagaba sobre el mejor momento para revelar su autoría.

En esas cartas la principal motivación de Marulanda era “ayudar a profundizar las contradicciones en el régimen político”.

No le faltaban, además, motivos personales a Tirofijo, pues la instigación de Gómez Hurtado sobre la existencia de “Repúblicas Independientes” influyó sobre la decisión del entonces presidente Guillermo León Valencia de bombardear Marquetalia en 1964, en lo que sería después el origen de las FARC.

Foto: Justicia Especial para la Paz Los exmiembros del Secretariado de las Farc admitieron su responsabilidad sobre el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado y otros cinco homicidios.

Justicia transicional

Por eso, a pesar de las dudas, la explicación más simple y obvia es que la confesión de las FARC es verdadera.

Primero, porque no serían claros los motivos por los cuales los exguerrilleros se harían responsables de un hecho cuyas investigaciones en veinticinco años no han llegado a una verdad judicial, y segundo, porque es probable que haya material probatorio—como las mencionadas cartas—que comprueben que sí fueron ellos.

Hay que recordar que la JEP es un sistema de justicia que beneficia jurídicamente y excluye del sistema penal a aquellos comparecientes que aporten a la verdad plena y a la reparación de las víctimas, y que castiga con cárcel a quienes no reconozcan la verdad ni la responsabilidad y sean hallados culpables. Las penas pueden llegar a ser hasta de veinte años.

En estas circunstancias es bien posible que los exmiembros de las FARC prefieran reconocer el hecho ahora y no arriesgarse a que haya testigos o pruebas que los incriminen más adelante y acaben por llevarlos a prisión. La JEP anunció que seguirá con la investigación y que por ahora no tiene un macrocaso que reúna este tipo de delitos.

Es más: una carta revelada y firmada ayer por Rodrigo Londoño, Milton Toncel, Jaime Alberto Parra, Juan Emilio Cabrera, Pablo Catatumbo, Julián Gallo, Pastor Alape y Rodrigo Granda, exintegrantes del Secretariado, reconoce la culpabilidad de las FARC en los homicidios anteriormente enumerados, y dedica toda la explicación únicamente a la decisión de callar su responsabilidad en la muerte de Gómez Hurtado.

Según esta segunda carta, Álvaro Gómez era objetivo militar y un enemigo de clase “que representaba a quienes habían declarado la guerra a las nacientes FARC-EP”.

La confesión sin duda permite desestimar otras versiones que han intentado explicar y hallar a los culpables del asesinato de Gómez Hurtado, en especial sobre las que ha hecho eco su familia.

Foto: Gobernación de Boyacá Para la familia de Gómez Hurtado el culpable del asesinato es el expresidente Ernesto Samper.

Para la familia fue Samper

Para la familia de Álvaro Gómez el culpable del asesinato es el expresidente Ernesto Samper. Su hijo, Mauricio Gómez, ha dicho que Samper “tenía las fichas” para matarlo, que la Policía protegió a los sicarios que lo asesinaron a la salida de la Universidad Sergio Arboleda, y que su padre tenía a Samper contra la pared por el escándalo del proceso 8000, que investigó la penetración de dineros del cartel de Cali a su campaña presidencial de 1994.

Días antes de la confesión de las FARC, Mauricio Gómez le dijo a El Tiempo que era posible que la muerte de su padre acabara en la JEP, en donde podría ser acusado y condenado alguno de los miembros de las FARC para declarar el caso como cosa juzgada.

Así pues, para la familia de Álvaro Gómez, lo que han dicho los exintegrantes de las FARC no es más que una patraña para encubrir a los verdaderos culpables.

Esta teoría, sin embargo, no tiene en cuenta que probar que alguien tiene suficientes motivos para matar a otro no elimina la posibilidad de que otras personas también los tengan. Las FARC asesinaron personas en distintas coyunturas y por distintos motivos; de hecho, en la misma carta dan a conocer casos mucho más difíciles de creer, como el del profesor de la Universidad Nacional, Jesús Antonio Bejarano.

La justicia colombiana, también hay que decirlo, se ha basado en buena parte en las confesiones de bandidos que acusan a otros bandidos, y en este caso no son evidentes los beneficios que podrían obtener los exmiembros de las FARC por culparse de un hecho tan trascendente para la historia de Colombia.

¿Por qué querrían cargar con un muerto, que no es cualquier muerto, si no fue suyo? ¿Cuáles son las cercanías con Samper o con los otros presuntos culpables que harían creíble que se autoculparan para salvarlos de la cárcel? Son preguntas que no tienen una respuesta sencilla.

Lo cierto es que la investigación por el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado con esta nueva confesión toma un giro inesperado, aunque no del todo sorprendente o poco creíble, y que la capacidad de la JEP para investigar y aportar a la verdad tendrá otra prueba de fuego.

Mientras tanto, no dejará de ser cuando menos curioso que algunos uribistas –no el expresidente Uribe, que no se ha pronunciado─, familiares y seguidores de un líder de derecha acaben defendiendo a las FARC por un crimen que, como muchos otros, puede endilgárseles, y que sería apenas otra muestra de la estela de muerte que causó esta guerrilla y que muy poco le aportó a Colombia.

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4 Comentarios

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Eduardo Sáenz Rovner octubre 6, 2020 - 7:04 pm

Yo me enteré que la Sergio «Laureano» Arboleda existía cuando mataron a Gómez en el garaje del garaje…

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Jose danilo peña mendoza octubre 6, 2020 - 11:33 pm

Que pobreza de análisis. Así cualquiera es politólogo!

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Mauricio Ortiz octubre 6, 2020 - 11:46 pm

Semejante acto tan fuerte las FARC no hubieran dudado en reivindicarlo el mismo día o a más tardar el 3 de noviembre de 1995.

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Carmenza Saldias octubre 9, 2020 - 8:06 pm

De acuerdo, ¿quien se hace cargo de un muerto ajeno?
Menos siendo ellos quienes son y el muerto tamaño muerto. Buen artículo.

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