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La coca y los subsidios agrícolas mundiales

Escrito por Iban de Rementería
Destrucción de laboratorios de coca cerca a Tumaco, en Nariño.

Destrucción de laboratorios de coca cerca a Tumaco, en Nariño.

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Un argumento riguroso y comprensible para explicar por qué los campesinos siembran coca y por qué la manera de evitarlo no es la represión sino la apertura de mercados competitivos para otros productos agrícolas. 

Iban de Rementería*

La condición decisiva

La producción de hoja de coca con fines ilícitos depende de la criminalización de la demanda y de la oferta. 

Este proceso de aumentar el valor comercial de las siembras tuvo un empuje decisivo en 1961, cuando la Convención Única sobre Estupefacientes de Naciones Unidas pidió a los Estados signatarios, en el artículo 26.2, que “en la medida de lo posible, las Partes obligarán a arrancar de raíz todos los arbustos de coca que crezcan en estado silvestre y destruirán los que se cultiven ilícitamente”. 

La condición necesaria para la producción ilícita de la coca es la existencia de una demanda significativa por sus derivados, concretamente por la ecgonina, en sus formas de base o  de clorhidrato de cocaína.

La condición necesaria para estas siembras es la existencia de productores agrícolas que cuenten con las tierras y las condiciones de suelo y clima requeridas para cultivar el arbusto de la coca.

Las características de los mercados agrícolas internacionales y sus procesos de formación de precios son pues decisivos para entender la ruina agrícola y para planificar un desarrollo alternativo 

Pero no todos los campesinos que poseen los suelos adecuados se dedican a la coca. La condición suficiente para hacerlo es la pobreza, o más precisamente la imposibilidad o gran inconveniencia de sembrar un producto alternativo y cuyo ingreso les permita satisfacer sus necesidades básicas o de subsistencia.

Competencia desleal

Campesino trabajando en un cultivo de cebolla en Boyacá.
Campesino trabajando en un cultivo de cebolla en Boyacá.
Foto: Dkamelo

Y lo anterior acontece porque los precios en los mercados locales de los productos agrícolas lícitos no remuneran los factores de la producción por sus costos efectivos: no compensan el valor del trabajo, la tierra y el capital utilizados para cultivarlos y comercializarlos.

Las características de los mercados agrícolas internacionales y sus procesos de formación de precios son pues decisivos para entender la ruina agrícola y para planificar un desarrollo alternativo esto es, un desarrollo basado en cultivos lícitos que sea viable y creíble tanto para los campesinos que hoy siembran cultivos ilícitos como para aquellos que podrían llegar a hacerlo para superar la pobreza.

Los subsidios agrícolas de los países desarrollados en sus diversas y complejas modalidades (sea como subsidios directos a los productores o a los precios de exportación) han llegado a unos 300.000 millones de dólares anuales –algo así como el total del producto interno bruto de Chile-.

Pero importa aún más el hecho de que – como muestra el Cuadro siguiente- los subsidios representen cerca del 50 por ciento del ingreso total de los productores agrícolas en los países industrializados:

Países industrializados: Subsidios por productos agrícolas de exportación, 2000-2002

(Como porcentaje del ingreso del productor)

____________________________________________

Maíz                                                              27%

Carne de vacuno y ternera                             33%

Trigo                                                              37%

Otros cereales                                                41%

Carne de ovino                                              45%

Leche                                                             46%

Azúcar                                                            47%

Arroz                                                              81%

_____________________________________________

Fuente: OCDE (2003).

Unos subsidios tan voluminosos para la producción y exportación de bienes agrícolas y pecuarias fundamentales para la alimentación humana, tenían que llevar a la sobreproducción y a la caída de los precios internacionales, haciendo que los países en desarrollo encontraran más barato importar los alimentos subsidiados por los países desarrollados que promover su producción nacional.

Por esto, salvo raras excepciones, todos los países en desarrollo son importadores netos de alimentos básicos.

El papel del narcotráfico

La industria transnacional del narcotráfico hace presencia entre los campesinos del mundo en desarrollo al ofrecer precios por los derivados de la hoja de coca que al menos remuneran los factores de la producción por sus costos. De lo contrario nadie estaría dispuesto a asumir los riesgos y costos de las actividades ilícitas. Y aun en el caso de que parte de las producciones ilícitas fueran sustituidas por cultivos lícitos –es decir, en el caso de que disminuyera la oferta de coca- los productores con cultivos ilícitos obtendrían un mejor precio por sus  ventas.

Dicho de otra manera: el narcotráfico se ha encargado de ofrecer a los productores locales de hoja de coca y sus derivados ilícitos una remuneración suficiente por el uso de su fuerza de trabajo, el empleo de su tierra y del capital que logra conseguir a través del ahorro o del  endeudamiento.

Todos los países en desarrollo son importadores netos de alimentos básicos.

Los trabajos de campo de varios investigadores (incluyendo uno de mi autoría) han concluido de manera sistemática que –aunque les genera un ingreso mayor que otros cultivos lícitos-  la producción ilícita de la hoja de coca apenas satisface las necesidades básicas de sus productores.

En general, los productores de coca con fines ilícitos localizados en los territorios que poseen las condiciones edafoclimáticas para su producción son colonos emigrados, expulsados por el fracaso productivo y la ruina agrícola en sus lugares de origen. Más aún, en algunos casos son migrantes de origen urbano, que resultan expulsados por la  marginalidad para buscar su subsistencia en el monte, en la selva, en la frontera.

En breve, los cultivos ilícitos se deben a la demanda internacional de cocaína y a la pobreza de los campesinos, quienes se criminalizan para sobrevivir (y es lo mismo que ocurre con muchos pobres de las grandes ciudades de los países en desarrollo o desarrollados que sobreviven a través del micro expendio de drogas).

En el  caso de la cocaína, los micro-traficantes se quedan con cerca del 57 por ciento del valor que pagan los consumidores finales de esta sustancia ilícita. El total destinado por los consumidores se estima hoy en unos 75.000 millones de dólares, lo cual nos lleva a concluir que unos 42.000 millones de dólares anuales es el total del subsidio paradójico que transfieren los consumidores a las personas mayoritariamente pobres que se dedican al micro-tráfico en los países en desarrollo o, en calidad de migrantes, en los propios países desarrollados.   

Los campesinos cocaleros deben conformarse con menos del 1 por ciento de lo que pagan los consumidores finales de la cocaína, pero esto pare ellos es mejor que cosechar cultivos lícitos como maíz, arroz o yuca para los mercados internos o café, cacao o té para los mercados internacionales.

Hacia una política de desarrollo alternativo

Cultivos de maíz en el estado de Iowa en Estados Unidos.
Cultivos de maíz en el estado de Iowa en Estados Unidos.
Foto: Don Graham

Aunque la pobreza no justifica el delito, las estrategias de desarrollo alternativo parten de aceptar que la pobreza es decisiva para que los campesinos opten por los cultivos ilícitos.

Por eso la Convención de Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Drogas de  1988, en su artículo 14, 3, b, dice que “Las partes podrán cooperar para aumentar los esfuerzos de erradicación. Tal cooperación podrá comprender, entre otras cosas, el apoyo al desarrollo rural integrado tendiente a ofrecer soluciones sustitutivas del cultivo ilícito que sean económicamente viables. Factores como el acceso a los mercados, la disponibilidad de recursos y las condiciones socioeconómicas imperantes deberán ser tomados en cuenta antes de que estos programas hayan sido puestos en marcha”.

De esta manera se admite que el eje central de la cuestión es el acceso a los mercados, en el entendido de que los precios deben remunerar los productos agropecuarios lícitos por lo menos a sus costos de producción.  Si tal cosa no acontece,  los cultivos lícitos seguirán conviviendo con los ilícitos, de manera que las ganancias de estos últimos cubrirán las pérdidas de los primeros.

No obstante al revisar las tendencias en el diseño y composición del gasto en proyectos de desarrollo alternativo en muy distintos sitios del planeta se encuentra que ellos se concentran en:

  • Apoyar la producción agrícola, pecuaria y forestal con asistencia técnica y crédito agrícola.
  • Mejorar las condiciones de conectividad entre estas zonas y los mercados o centros de servicios sociales.

Pero los programas de precios agrícolas alternativos o de sistemas de comercialización competitivos son bastante excepcionales. Casi siempre se espera, erróneamente, que el mercado y la asistencia técnica aumentarán la eficiencia de los productores hasta llegar a precios competitivos.

Este error estratégico desconoce que el envilecimiento de los precios agrícolas internacionales tiene dos efectos graves:

  • Empobrecer a los productores y sus familias, quienes deben reducir la retribución por su trabajo a niveles de sobrevivencia, e
  • Impedir el uso de las tecnologías agrícolas disponibles, al destinar grandes extensiones agrícolas y pecuarias de los países en desarrollo a actividades con bajos rendimientos y productividades.

Por lo demás, una estrategia de desarrollo alternativo que ofrezca precios remunerativos para los productos lícitos de campesinos que no siembren ilícitos – es decir, que excluya de los beneficios del programa a quienes cultiven coca- tendría que asumir el sobrecosto necesario para compensar el ingreso que deje de recibir el campesino por su coca.

Es más: una estrategia que en efecto no afronte el problema de la competencia desleal  de los productos importados y subsidiados desde el exterior no pasará de ser un incentivo para que los campesinos y agricultores arruinados se dediquen a las siembras ilícita que les cubran sus costos de producción. 

*Secretario Ejecutivo de la Red Chilena de Reducción de Daños, docente e investigador del Programa de Drogas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Chile.

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