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La cátedra del humor: Tierra de Cucaña

Escrito por RazonPublica
Guaidó, el siempre interino presidente de Venezuela

La cátedra del humor: Tierra de Cucaña

*Daniel Rocha

 

Durante el medioevo entre la plebe que poblaba el viejo mundo se popularizo el mito de la tierra de Cucaña, un lugar donde pagaban por dormir, corrían ríos de miel y las piedras eran grandes buñuelos a los que se podía arrancar trozos para saciar el hambre.

En esa tierra imaginaria pagaban por no trabajar, los árboles daban frutas suculentas y las montañas eran grandes quesos que sin necesidad de ser porcionados pasaban sin resuello a las desdentadas bocas para ser devorados. En resumen, la abundancia estaba al alcance de grandes y chicos como en los circos y la plebe europea—que la había—ante las duras condiciones de vida anhelaba pasar la frontera para huir de la pobreza, el hambre, la falta de medicamentos y tocar tierra firme en Cucaña. Ese era el mito urbano y aldeano  que corría durante los siglo XV y XVI en el re-viejo mundo.

A Guaidó se le rindieron honores como a un jefe de Estado autoproclamado
A Guaidó se le rindieron honores como a un jefe de Estado autoproclamado
Foto: Presidencia de la República

Siglos después Colombia, para algunos coprotagonistas de la esfera política regional, se convirtió en esa tierra mítica y utópica. Así ocurrió con Juan Guaidó presidente interino o provisional de Venezuela—a quien le pasa lo mismo que a los SITP de Bogotá cuya interinidad es permanente—cuando cruzó la frontera, se tomó fotos con raimundo y todo el mundo y creyó que en el Catatumbo los campesinos e indígenas andan embambados con gruesas cadenas de oro en el cuello y en las manos siguiendo sus costumbres ancestrales. El interino Guaidó dio crédito a lo que sus ojos veían: en Colombia los jornaleros bajan al mercado en grandes camionetas polarizadas y armas al cinto, no propiamente las flechas simbólicas con las que los Bari han defendido sus territorios de grupos armados de todos los pelambres.

El inocente interino mandatario confundió los tatuajes de alias “El brother” con las míticas imágenes de figuras geométricas que se dibujan en el cuerpo los pueblos amerindios del Catatumbo que representan esa conexión con la sabiduría, la naturaleza y su cosmogonía.

Guaidó se autoconvenció, gracias al cuento que Duque el también interino le narró, que había huido del hambre, la pobreza y la miseria y había llegado a Cucaña donde los campesinos andan escoltados por otros campesinos para que sus compatriotas no les roben sus riquezas, porque antes del éxodo venezolano el atraco en Colombia era un verbo en desuso del diccionario de la real academia de la lengua.

El ingenuo mandatario, se hipnotizó con la parla oficial de la tierra de Cucaña donde los líderes sociales van con camionetas y esquemas de seguridad porque los líos de faldas dejan muchos corazones rotos y abundante música de despecho.

En la tierra de Cucaña le rindieron honores militares de jefe de Estado a quien se auto proclamó mandatario. Al interino presidente le rindieron honores con cambio de guardia Los Rastrojos, quienes luego le pasaron la banda presidencial al ejército criollo para la rigurosa izada de bandera con Canciller vestido con camisa de once varas para estar a la medida del histórico megaconcierto.

El joven mandatario asistió feliz a todas las veladas y desveladas, los manjares  en su honor estuvieron a la orden del día, corrieron  las bandejas con la nouvelle cuisine Colombiane, couisine al alcance de todos los nacionalites, con ríos de miel y peces saltando y exigiendo ser puestos  en la olla, y el hombre como venía hambriento le echó mano a la presa sin pestañar, es la tierra de Cucaña

Guaidó el ingenuo hasta se tomó fotos con Los Rastrojos
Guaidó el ingenuo hasta se tomó fotos con Los Rastrojos
Foto: Venezolana de televisión

Acto seguido al interino Guaidó lo treparon en una camioneta blindada igual a las que había visto manejar a los campesinos del Catatumbo y se subió a pasear en la todoterreno por la decorada ciudad de Bogotá. El mandatario observó como  los conos amarillos demarcan las grandes avenidas y los asesores criollos le explicaron que los reductores de velocidad se tuvieron que instalar porque los porches y camionetas blindadas parqueadas en las aceras desarrollan grandes velocidades dentro de la ciudad;  y si  los semáforos están llenos de venezolanos pidiendo monedas con familia completa es provisional, mientras los instalan en centros vacacionales porque apenas él se posesione en Miraflores, lo dijo Pachito Santos, el comercio y la industria en Venezuela se reactivarán, correrán los dólares a diestra y siniestra como los  que deambulan  en estas tierras de Cucaña a 3500.

Los cachacos asesores también le echaron el cuento que la cantidad de canecas de basura que decoran las avenidas de la metrópoli, instaladas cada 3 metros dan cuenta del alto consumo de alimentos de los capitalinos ya que las gentes no pueden caminar 200 pasos hasta la próxima caneca sin antes haberse mandado un Todorico con chicarrón inflado, cosa que en su tierra es lujo de pocos.

Y colorín colorado este cuento no ha terminado, ingenuo el inmaduro Guaidó jura y come mocos—que parece es lo único que se puede comer en Caracas en estos tiempos—que los buenos muchachos que le pidieron la foto cuando vino a amenizar el megaconcierto eran humildes campesinos del Catatumbo que transitaban por rastrojos y trochas salvando gente de la pobreza, el hambre y la bobería. Ellos con sus buenos oficios escoltan gente para que lleguen a la tierra de Cucaña a disfrutar las mieles de la paz, la abundancia y la economía naranja.

*Maestro en Arte Dramático y en Estudios Políticos. Especialista en Estudios Latinoamericanos. Dramaturgo y actor

 

 

 

 

 

 

 

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