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La caída de los puntos cardinales

Escrito por Fernando Urueta

Reseña escrita por Fernando Urueta

Autor: Luis Fayad

Bogotá: Planeta, 2000.


Este año se cumple una década de la publicación de La caída de los puntos cardinales, del escritor bogotano Luis Fayad. Esta obra apareció veintidós años después de Los parientes de Ester (1978), su primera novela. Para varios críticos, Los parientes de Ester es el mojón de la ruptura de la narrativa colombiana con el boom y del inicio de la "novela urbana" que ha predominado en las últimas décadas. La importancia de esta novela y la relativa marginalidad de Fayad en el campo editorial colombiano parecen no haber sido del todo propicias a sus novelas posteriores. Comparadas con ella, Compañeros de viaje (1991), La caída de los puntos cardinales y Testamento de un hombre de negocios (2004) han sido consideradas por algunos críticos como obras menores. En algunos casos se ha sostenido, incluso, que estas novelas no hacen mucho más que reciclar personajes, situaciones y recursos narrativos tomados de Los parientes de Ester.

La caída de los puntos cardinales abarca un período histórico de más de medio siglo. Es la historia de un grupo de libaneses, desde que llegan a Colombia por la época de la guerra civil de los Mil Días, hasta el primer aniversario de la muerte de uno de los personajes, a finales de los años cincuenta. La estructura del libro parece tener un significado cabalístico: está dividido en tres partes, cada una de dieciocho capítulos. La primera parte narra el viaje en barco desde Beirut hasta el puerto de Sabanilla y, mediante un uso generoso de pasajes retrospectivos que rompen la secuencia cronológica del viaje, la vida de los personajes antes de éste, en un Líbano ocupado por los turcos y marcado por fuertes tradiciones y tensiones religiosas. La segunda trata sobre el traslado de Barranquilla a Bogotá, los años de asimilación a la ciudad y la estabilización de los negocios familiares. La tercera, sobre cómo se imbrican, hasta un punto en que no pueden distinguirse, la vida, las ilusiones y las relaciones personales con los negocios, los intereses económicos, la burocracia, el cabildeo.

Esta novela comparte muchas características con Los parientes de Ester. La vida de los personajes transcurre en un ámbito urbano. Hay un contrapunto significativo entre los procesos de modernización de la ciudad y la transformación interior de los personajes. La voz narrativa es exterior al mundo narrado, conoce casi todo lo que ocurre y habla en tercera persona. El punto de vista de la narración salta constantemente de un personaje a otro, pero hay una decidida renuncia a evaporar las fronteras entre la voz narrativa y la voz interior de los personajes. Fayad no utiliza recursos característicos de la novela moderna como el discurso indirecto libre o el monólogo interior. Sus narradores acceden a la conciencia de los personajes mediante acotaciones sencillas ("Gregorio Camero sintió…", "Dahmar Abderrahud pensaba…"), aunque el grueso de su intimidad psicológica se revela a contraluz de la descripción de las relaciones que establecen con el mundo que los rodea.

"Uno ya no escribe novela psicológica, pero los personajes tienen que tener su psicología para responder con coherencia en cada momento de la novela", decía Fayad en una entrevista del 2005. Tal vez por eso una de sus marcas de estilo es expresar la realidad mental de los personajes mediante alusiones visuales. Con otras palabras, la psicología de éstos se perfila en gran medida, no porque reflexionen sobre lo que sienten y lo que les pasa y porque sus voces interiores permeen la narración, sino por los gestos que los caracterizan, por el ritmo en que transcurren sus vidas, por los temas sobre los cuales conversan, porque abandonan y vuelven a adoptar con facilidad creencias religiosas y convicciones políticas, porque ciertos objetos y costumbres pierden con el tiempo el valor personal y familiar que tenían en el pasado… Al comienzo de La caída de los puntos cardinales, el sayid Abderrahud le dice a su hijo Dahmar: "El vestido no es el pensamiento", pero toda la novela es una profunda ironía de esto. Los personajes abandonan la fe y los ritos musulmanes, las ilusiones políticas y las costumbres familiares con la misma facilidad con que sustituyen el tarbuch o el kufiye (que tenían una gran carga simbólica en el Líbano ocupado por los turcos) por el sombrero y el paraguas bogotanos. Así, mediante una alusión visual, la novela insinúa un rasgo profundo de la vida interior de los personajes, y en qué medida la identidad individual, que no vale más que el vestido, no encuentra ya una base estable ni en las tradiciones ni en las ideologías, ni en la memoria ni en las posiciones políticas.

Con todo, hay detalles que alejan significativamente a esta novela de Los parientes de Ester. En La caída de los puntos cardinales no hay personajes con la amplitud psicológica de Gregorio Camero, protagonista de la primera. De hecho, no hay un protagonista, un personaje central (como Gregorio Camero), o incluso un no-personaje (como Ester, que ha muerto antes de que empiece la novela), alrededor del cual giren todos los demás. Esto ha sido interpretado como una falla narrativa, pero es una decisión de Fayad. En una entrevista con motivo de la publicación de la novela (haga click aquí para leerla) , Fayad sostuvo que había procurado, en contra del que considera "el fin de la literatura actual", trascender los límites de una historia personal. Uno de los logros de la novela consiste, precisamente, en que el universo narrativo, como en Cien años de soledad, funciona muy bien sin necesidad de un personaje central cuya historia establezca los límites de ese universo y amarre las historias de los otros personajes.

Otra diferencia significativa entre las dos novelas está en la forma del relato. En Los parientes de Ester, la tensión narrativa brota de la descripción continua y minuciosa de las escenas, que permite ver y oír con todo detalle el presente de los personajes, como si estuviera ocurriendo aquí y ahora, aun cuando el tiempo verbal de la narración sea el pasado. Con otras palabras, mediante la descripción detallada de la escena, el pasado verbal se convierte en el presente inmediato del personaje: "Mercedes Callejas se despertó en el momento preciso en que debía dejar de dormir. Apoyó las manos en la cama y se incorporó hasta quedar recostada en el espaldar, se dio la bendición y al murmurar el amén entró María con un pocillo de café. Mercedes se lo bebió entre la cama acompañándolo con un cigarrillo, se levantó y sustituyó la veladora consumida que estaba frente a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús por una nueva y se arrodilló a decir unas oraciones. Pasó un trapo sobre la mesita de noche, el tocador, la cómoda y los parales de la cama, y abrió un momento la ventana para sacudir el polvo del trapo. Salió al cuarto de baño y al regresar colocó en la cama la ropa que iba a ponerse, se vistió tomando cada prenda que estaba ordenada según la fuera necesitando, y cuando terminaba de calzarse se presentó de nuevo María".

Por el contrario, la tensión narrativa en La caída de los puntos cardinales, por lo menos al comienzo, radica en un corte continuo de la secuencia cronológica de las escenas, mediante grandes saltos a la vida pasada de los personajes. Luego desaparecen los saltos al pasado y la tensión se desplaza a una yuxtaposición de acontecimientos cada vez más acelerada. (En los dieciocho capítulos de la primera parte transcurren dos meses, los dos meses del viaje en barco; en el último capítulo de la tercera parte, más de quince años). Esta desigualdad en el ritmo de la novela, lento al comienzo a causa de las amplias digresiones hacia el pasado y cada vez más rápido a causa de la yuxtaposición de hechos, también se ha interpretado como una falla narrativa, porque genera la sensación de que se han incumplido las exigencias formales impuestas al principio. De hecho, el propio Fayad ha criticado esas desigualdades que suelen darse en las malas novelas. Pero se ha cuidado de advertir que son cuestionables cuando "no son por técnica ni por innovación sino porque se perdió el hilo". En La caída de los puntos cardinales las libertades técnicas y de ritmo narrativo, evidentemente,  hacen parte del sentido de la novela. Los procesos de modernización de la ciudad, con sus nuevas calles y medios de transporte y edificios levantados sobre las ruinas de los antiguos; el ritmo cada vez más atropellado de la vida, que se va en cobros, trámites, visitas de rutina; el rebullicio de las calles, el ruido como de derrumbe que sale de mazos, taladros y locales modifican poco a poco la vida de los personajes, pero tienen que alterar también la textura de la narración.

La caída de los puntos cardinales es "una parábola del incierto destino de la aventura", ha dicho un crítico. Yo diría que es una parábola de la vida humana como derrota y del continuo empobrecimiento de la experiencia. La representación de esa irremediable derrota que es la vida exigía una derrota semejante de la representación. La aceleración de lo que se cuenta y el aparente empobrecimiento de la narración son en realidad la forma de representar el empobrecimiento de la experiencia.

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