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La Cabal, Merkel y el liberal-conservatismo

Escrito por Luis Javier Orjuela Escobar
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Ser de centro se convirtió en una estrategia electoral que María Fernanda Cabal no supo seguir. Un análisis político de cara a las elecciones.

Luis Javier Orjuela Escobar*

Merkel y Cabal

Hace poco un delfín comparó a María Fernanda Cabal con Angela Merkel, la canciller demócrata-cristiana de Alemania. Pero la comparación no pudo ser más desacertada.

Una de las características de Merkel es su carácter prudente y reflexivo que la lleva a afirmar de sí misma: “creo que soy valiente en los tiempos definitivos (…) creo que no soy valiente espontánea. Prefiero y necesito reflexionar previamente acerca de lo que puede acaecer en consecuencia”.

Por su parte María Fernanda Cabal en muchas ocasiones ha afirmado cosas que ponen de relieve su falta de prudencia y reflexión previa: “la masacre de las bananeras es un mito histórico de la narrativa comunista”, “el Ejército es una fuerza letal de combate que entrar a matar, no entra a preguntar”; “la violación de una niña indígena emberá por siete soldados del Ejército colombiano podía ser un falso positivo”.

Y el comentario más reciente: «soy conservadora de ideas liberales. (…) Es decir, hay una mezcla en la que usted se puede mover desde personas más conservadoras, que se pueden llamar de derecha, pero tienen ideas liberales, o personas más liberales que podrían sentirse más cómodas diciendo “soy de centro”».

La anterior afirmación de Cabal puede ser la más sensata de las que dijo, de no ser porque añade que le parece una “delicia” ser como un Trump o un Bolsonaro en Colombia.

Así expresa Cabal su admiración y apoyo a representantes de la extrema derecha internacional, contradice su supuesta posición de centro y exhibe una falta de claridad ideológica.

Pero aunque Cabal no sea consciente de ello, sí existe una síntesis de conservatismo y liberalismo: la democracia cristiana. En Colombia, la ausencia de esta y de la social democracia produjeron algunos efectos negativos para el régimen político.

Democracia cristiana

La democracia cristiana es una ideología política que surgió a fines del siglo XIX con la encíclica Rerum Novarum, como una respuesta al surgimiento del socialismo, el movimiento obrero, los sindicatos y “la cuestión social” planteada por un capitalismo no regulado que afecta negativamente las condiciones de vida y de trabajo de la población.

Dicha encíclica fue el fundamento de la doctrina social de la iglesia católica y su primer intento por adaptarse a la modernidad capitalista, la lucha de clases y la democracia liberal, al condenar la injustica social que estos fenómenos trajeron consigo.

La posición de la Iglesia coincidió con la de muchos católicos que intentaban llegar al parlamento para defender sus intereses económicos y sociales. Así esta postura se convirtió en el ideario de los partidos demócrata cristianos de Europa y América Latina.

El liberalismo y la democracia cristiana ponen en el centro de su ideología a la persona individual: el liberalismo tiende a considerar al ser humano como homo economicus y la democracia cristiana lo ve a través del lente de un humanismo integral.

La democracia cristiana cree en el Estado de derecho, pero considera que su papel debe ser descentralizado y moldeado por diversas organizaciones comunitarias. Mientras los liberales creen en el libre mercado, los demócratas cristianos consideran que la solidaridad social es el principio rector de la economía.

Por eso debería haber un capitalismo con rostro humano y solidario, algo próximo a una socialdemocracia. Pero la democracia cristiana se parece más a un socialismo cristiano de tipo comunitarista.

Este aspecto se desarrolló más en la política alemana con su famosa “economía social de mercado”; pero en honor a la verdad, hay que decir que tanto la social democracia como la democracia cristiana europea se movieron en las últimas tres décadas hacía el neoliberalismo.

No obstante, Merkel dio muestras de un mayor progresismo que el de su partido demócrata-cristiano. Esto se refleja en su posición frente al problema de las migraciones y en su habilidad para incorporar en sus políticas las posiciones de los socialdemócratas, sus socios en la coalición de gobierno.

Foto: Facebook: María Fernanda Cabal - Desde su supuesto centrismo, María Fernanda Cabal crítica con ambigüedad las posiciones progresistas que luchan por el reconocimiento y la inclusión democrática de la diversidad social.

El centro de Cabal

Para mostrase menos extrema, María Fernanda Cabal adoptó algunos elementos de esta centroderecha. En primer lugar, la defensa de los valores tradicionales del catolicismo.

Desde su supuesto centrismo, María Fernanda Cabal crítica con ambigüedad las posiciones progresistas que luchan por el reconocimiento y la inclusión democrática de la diversidad social.

En entrevista reciente con El Espectador, Cabal afirmó que “no hay sociedad civilizada que no tenga pilares que se basen en principios y valores. Si se quiere un Estado de derecho construido sobre pilares que deriven de la legitimidad de la naturaleza de las cosas, porque antes del derecho escrito está el natural, se debe apelar a los principios de la sociedad y esos nacen a través de la costumbre. Somos una civilización judeocristiana, venimos de allí”.

En relación con el papel de la mujer en la sociedad dijo que ella “es polo a tierra, la que logra aterrizar todas las ideas y los proyectos del hombre. Por eso es un complemento”.

Pero concebir a la mujer como complemento del hombre dista mucho de una posición de centro derecha; aunque los “democristianos” suelen seguir las posiciones del Vaticano en temas morales, muchos de ellos aceptan el divorcio, el aborto y una secularización más profunda. Además el feminismo se abre cada vez más espacio entre los partidos demócrata-cristianos.

Desde su supuesto centrismo, María Fernanda Cabal crítica con ambigüedad las posiciones progresistas que luchan por el reconocimiento y la inclusión democrática de la diversidad social, posiciones que ella considera expresión de “un ánimo (…) de trivializar la sociedad y la tiranía de las causas justas. La excusa de la inclusión nos vuelve odiadores. Entonces, al indígena lo rotula y lo vuelve odiador, lo mismo con comunidades negras y grupos LGTBI, cuando cada cual tiene sus libertades. Todos somos hijos de Dios y merecemos respeto, hasta que transgredimos líneas que no deben transgredirse”.

Todo lo contrario al llamado a la inclusión, la fraternidad y la justicia entre los seres humanos, expresado por el Papa Francisco en Fratelli Tutti, la más reciente de sus encíclicas.

Cabal también se diferencia del ideario demócrata cristiano por su defensa a ultranza de la propiedad de la tierra, aun cuando ellos aceptan la función social de la propiedad como desarrollo del principio de la doctrina social de la Iglesia llamado “la comunidad universal de los bienes”.

Por eso Cabal insiste en reformar la ley de sustitución de tierras a fin de defender a los supuestos “poseedores de buena fe”, que en este caso son quienes se apoderaron de manera ilegal de las tierras o sus testaferros.

Sin embargo, como dijo el Papa Francisco a los participantes de la 109 Conferencia Internacional del Trabajo: «la propiedad privada es “un derecho secundario” que depende de un derecho primario, que es “el destino universal de los bienes”».

Aunque la Cabal se esfuerce por mostrarse como una “liberal-conservadora” o una conservadora de centro, en realidad quiere encarnar el orden y la seguridad, tal como ella lo reconoce al final de la mencionada entrevista. Ella representa el conservadurismo duro en vez del liberalismo conservador o conservadurismo liberal que dejo ver en la entrevista.

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