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La ética flexible

Escrito por Jorge Mora
Jorge R Mora Forero

Jorge R Mora ForeroAguda reflexión sobre el pragmatismo de Obama por parte de un lector de Razón Pública. 

Jorge Mora

"The World is dancing on its debris"- "el mundo danza sobre sus ruinas". Éste podría ser el título de una canción, ojalá a golpe de rock, para visualizar la decadencia de un imperio. No del Imperio Romano de  Occidente durante los siglos IV y V de nuestra Era, porque hubiera tenido que escribirse en latín, y el rock no existía entonces. No; el título está en inglés porque se refiere a esta crisis planetaria que se generó, básicamente, en inglés. Crisis, un eufemismo con que se denomina a este tremendo vacío [1] en que nos encontramos.

Mientras tanto…

Un afroamericano (semi-blanco, por supuesto),  ha llegado a la presidencia de la primera potencia de la tierra.

Y se han dicho, además, tantas cosas en estos días, sobre el nuevo presidente que, tal parece que ahora la potencia no ejercerá poder (léase dominación) ni el Presidente será como los otros presidentes (éste será buena gente).

Los medios de comunicación (que, a veces, parecen más de atolondramiento) poseen el poder de convertir la realidad vivencial, crítica, dolorosa y vergonzante, en paraísos ilusorios; en fantásticos mundos por venir.

Escritores de casi  todas las tendencias han sido atraídos por el efecto Obama. Algunos se atreven a disentir de la creencia en los paraísos; otros manifiestan cierta duda, dado el tamaño de los problemas mundiales y, finalmente, un buen número  nos dice que estamos, casi a pocos pasos de "la tierra prometida".

Estos últimos parecen no darse cuenta de que "la tierra  prometida" se está deshaciendo ante nuestros ojos, moral y ecológicamente. Lo segundo, por lo primero.

La crisis económica, generada por la búsqueda de la ganancia sin límites a que nos ha llevado un capitalismo especulativo (consecuencia de la crisis del capitalismo productivo) ha conllevado el deterioro profundo de los lazos sociales, bien sea por el creciente desempleo, dada la destrucción acelerada del trabajo inherente a ese tipo de relaciones sociales, o bien por la degradación de los salarios y por la existencia de relaciones laborales bárbaramente esclavistas, estas últimas, dibujadas en un mapa que va desde la China  comuni-capitalista (el famoso "socialismo de mercado" logrado por el gato que, sin importar su color, siempre caza ratones) pasando por la Italia en rejuvenecimiento mussoliniano, hasta llegar al Brasil social-neoliberal de Lula, subdesarrollado y con ínfulas de parapotencia.

Y en el campo de la ecología (lo que tiene que ver con el hogar, en el mejor sentido de la palabra): la destrucción del planeta, sin contemplación alguna.

Convertida la naturaleza en mercancía, capaz de ayudar a cuadrar las cuentas de las empresas voraces en competencia, nada mejor que echar mano de los recursos no renovables, hasta el límite de su agotamiento. Nada mejor. Nada mejor, también, que conectar a los ríos, a los lagos y a los mares, las cloacas pestilentes de las fábricas cuyos desperdicios son arrojados a esos lugares acuáticos, sin control alguno por parte de la sociedad , porque "la sociedad" no es más que una ficción para someter al trabajo y para legitimar políticas particularistas. Sin control alguno, tampoco, por parte del Estado, porque en la mayoría de los casos, éste funciona como una dependencia de las empresas, nada más.

Es éste el contexto en que asume el presidente Obama.

El  Presidente, en sus primeras reuniones de gabinete, con una idea que había dejado entrever, también, en su campaña por la presidencia, pidió a sus funcionarios comportarse éticamente. Pero esta exigencia no se correspondía con el nombramiento de algunos funcionarios que habían evadido el pago de impuestos, engañando al Estado, con todo lo que esto implica.

Ahora, en alusión a las bonificaciones dadas a algunos ejecutivos del quebrado y estatalmente financiado American  Internacional Group (AIG), el Presidente se mostró escandalizado y afirmó públicamente que había que tener alguna ética y "sentido de la responsabilidad".

Alguna ética, cierta ética, o un poco de ética. Es lo mismo. "El Presidente es un pragmático, no un ideólogo"; lo ha dicho uno de sus asesores. Y pragmático, leído en términos políticos, significa actuar por resultados, sin fijarse mucho en los medios para lograrlos.

La ideología (no entendida en términos marxistas) en el contexto en que estamos hablando, en cambio, permitiría actuar de acuerdo con ciertos fines y utilizando unos medios, sustentados ambos, en un referente axiológico que tiene que ver con el télos  humano. Eso conllevaría la afirmación de la ética en la conducta pública y en la vida ciudadana, en general. Pero, desde el pragmatismo, se  corre el riesgo de que la ética sea sólo una referencia verbal o escrita.

Porque la ética tiene que ver con lo que no debe hacerse, así la ley lo permita. Y también tiene que ver con el cumplimiento de la ley, por convicción, no por obligación. Es la conciencia moral impulsando el actuar social. Pero en la ensambladora política se diluye la ética y se aplana la ley. Con el argumento de la famosa Razón de Estado, o de servicio al pueblo.

En nuestro caso, nos encontramos con una ética  discursiva, por un lado y, con una realidad política, por otro. El resultado es una ética flexible, tan propia de nuestros días postmodernos y que nos permite ser s o menos éticos. O afirmarlo y dejar de serlo, a conveniencia. Así resulta que lo que no puede hacer la conciencia moral, lo puede el poder. Pero queda el discurso como manifestación de la conciencia moral. Testamento para la historia oficial y producto de consumo para los  creyentes en "la tierra prometida".

Pero la consecuencia de  usar la ética flexible es que al final acabamos ignorando la necesidad de la ética como conducta. Nos queda como una estatua; como la estatua de la libertad que ilumina al mundo con una luz  densamente opacada en la vivencia, por la lógica del capital, contraria a la lógica de la vida.

Pensar, la educación en general y, la universidad en particular, implica un enorme desafío, mental y ético, para tratar de desentrañar sus funciones, sobredeterminadas por múltiples intereses, en el seno de una civilización moribunda que pudo crear máquinas y espacios inteligentes, pero no un ser humano inteligente que se comportara como humano.

Creo sinceramente que cualquier reflexión que hagamos sobre la educación  y la universidad, debe, desde este contexto agónico, comenzar por la pregunta sobre la humanidad del hombre.

Podría pensarse que los planteamientos anteriores expresan una posición pesimista. Pero no. La situación de vacío  -que no de crisis, como se referencia a diario – en que nos ha puesto la muerte de la Historia, como narrativa existencial de Occidente, nos da la posibilidad de reinventarnos al hombre, de reinventarnos la vida, con una ética vivencial, no con una  ética discursiva, como la que nos permitió vivir la ilusión de la Historia como progreso.

 

* Doctor en Historia de El Colegio de México y Pedagogo de Excelencia de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia

 

Nota de pie de página


[1] Esto lo expresé en el poema "Vacío" que está publicado en el libro Piel Desnuda y en la página http://www.jorgemoraforero.com/ El poema llevaba un pequeño subtítulo que al final se quedó por fuera:"Homo postmodernus.

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