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Jaime Garzón: más que una víctima

Escrito por Andrés González

Carnet estudiantil de Jaime Garzón cuando era estudiante de derecho de la Universidad Nacional.

Andrés GonzálezEste libro, editado por la hermana del humorista asesinado, reconstruye la memoria de uno de los personajes más queridos de la historia de Colombia y es un ejemplo de cómo deberían ser recordadas las víctimas del conflicto colombiano.   

Andrés González*

Jaime Garzón: Lea pa’que hablemos N° 1
Marisol Garzón Forero
Instituto San Pablo Apóstol
2015

Un ejemplo a seguir

El conflicto armado colombiano ha dejado una marca imborrable en cada una de sus  víctimas. Y el periodista y humorista Jaime Garzón puede contarse como una de las víctimas de la larga guerra interna colombiana.  

Pero Garzón no fue solo una víctima o un personaje querido: fue un ejemplo a seguir. Muchos jóvenes conocen a Jaime Garzón y su peculiar forma de hacer crítica política, y tratan de imitar y mantener esa forma original de denunciar los problemas de Colombia.

¿Qué es lo que mantiene vivo a Jaime en la memoria de cada uno de nosotros? ¿Qué es lo que nos hace recordar la muerte de Jaime como uno de los actos más atroces de nuestra historia?  

Muchos podrían decir que su recordación se debe al hecho de que era famoso y aparecía en televisión, además de haber sido un personaje carismático y muy querido. Sin embargo, hay algo más que esto: Jaime no solo fue famoso sino un modelo positivo.

Si vemos sus entrevistas, sus programas de televisión o escuchamos su voz en la radio, encontramos a un pedagogo, a un maestro, que nos muestra verdades evidentes que nunca vimos.

Víctimas con nombre

Graffiti en homenaje a Jaime Garzón en la calle 26 de Bogotá.
Graffiti en homenaje a Jaime Garzón en la calle 26 de Bogotá.
Foto: Caballerísimo.

La memoria de Garzón se construye en este libro con la narración de sus actos, para traer de vuelta su vida y recordarlo con nombre propio.

A medida que las estadísticas van juntando números de víctimas, vamos olvidando a las personas reales que vivieron y dejaron huella en sus comunidades. La categoría víctima despersonaliza implícitamente a las personas y a sus acciones. Un ejemplo de la importancia de mantener el nombre propio, aunque sea el de una víctima, es el de Jaime Garzón.

Jaime no solo fue famoso sino un modelo positivo. 

Garzón no fue una víctima anónima, como tampoco deberían serlo las muchas víctimas de nuestro conflicto armado que han luchado por la dignidad de sus conciudadanos. Por eso es importante recordarlo con nombre propio, porque esto, de alguna manera, permite mantener vivas sus acciones.

Memoria a varias voces

El humorista y periodista Jaime Garzón retratado por el
El humorista y periodista Jaime Garzón retratado por el 
Foto: Wikimedia Commons

En la presentación de Marisol Garzón se dice que este es “el primer volumen de una serie que circulará periódicamente en torno a la memoria de Jaime, su forma de hacer reír, pensar y soñar este país”.

Este primer volumen de Lea pa’que hablemos reconstruye la vida de Jaime desde la narración de distintas voces. Esto se convierte en un ejercicio de memoria colectiva, ya que parte de las percepciones de los otros que compartieron su vida. En este caso la construcción no depende de un solo punto de vista, sino de una multiplicidad de visiones sobre una misma persona o, mejor dicho, sobre los actos de un personaje.

Esta construcción de la memoria colectiva es una propuesta muy interesante a la hora de devolverles a las víctimas del conflicto armado su nombre propio. El relato que se hace desde diferentes perspectivas permite englobar una memoria común que no se agota en una sola fuente, sino que resalta la importancia de las diversas acciones de cada agente que dio su vida por una causa noble.

La categoría víctima despersonaliza implícitamente a las personas.

Marisol Garzón es consciente de la importancia de esta construcción: “me he permitido invitar a personas que conocieron de cerca a Jaime, que compartieron sus ideas, desavenencias y compromisos para que conversemos sobre episodios aún inéditos para los colombianos”.

Esta forma de construir la narración, desde un ejercicio de narración colectiva, permite que esas pequeñas historias que componen los hechos más significativos no se pierdan a la hora de quedar inscritas en esa gran historia formal que abstrae a los personajes y los sucesos y los diluye en el olvido.

Con la firma de la paz Colombia deberá construir más narraciones de este tipo sobre personajes que han sido un modelo positivo y que ayudaron a construir un presente mejor.

 

* Estudiante de licenciatura en filosofía.

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