¿Se están derritiendo las montañas? - Razón Pública
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¿Se están derritiendo las montañas?

Escrito por Óscar Mesa
Óscar Mesa

Oscar MesaHay confusión en las palabras, hay confusión en las instituciones, hay confusión en las causas y por lo tanto hay confusión en las medidas que se adoptan para hacer frente a la emergencia invernal.

Óscar José Mesa Sánchez*

Error presidencial

0114aMe llamaron a hacerme la misma pregunta del título de esta nota, en mi calidad de experto en el tema. Con motivo de alguna alocución del doctor Santos, los periodistas han seguido repitiendo el error presidencial de afirmar que las montañas "se están derritiendo". 

Caí en el error -otro error- de decir que no se necesitaba mucha ciencia para responder, pues bastaba con revisar el diccionario de la Real Academia Española (RAE)

  • En su primera acepción, derretir significa "liquidar, disolver por medio del calor algo sólido, congelado o pastoso".

Nada que ver con lo que está ocurriendo, porque si bien los suelos han fluido, el calor no es la causa, por lo menos directa (aunque tal vez sí indirecta, como digo al final de esta nota).

  • La segunda acepción se refiere a "consumir, gastar, disipar la hacienda, el dinero, los muebles".

De pronto y de manera poética podría decirse que la montaña de la hacienda pública se está derritiendo a raíz de la emergencia. Creo, sin embargo, que la vena poética no ha estado presente en estos dichos.

  • La tercera acepción podría caber: "en el juego, generalmente cuando se obliga a un jugador a que cambie para pagar, trocar la moneda".

El juego, en particular el póquer, puede estar más cerca al vocabulario del señor presidente. En este sentido es Colombia la que está derretida.

  • Las acepciones cuarta y quinta se refieren al amor y al enamoramiento, donde definitivamente el calor sí juega un papel, pero nada que ver con el tema.
  • La sexta acepción, "deshacerse, estar lleno de impaciencia o de inquietud", puede describir muy bien el estado de ánimo de nuestros gobernantes y también de los damnificados, pero no se refiere para nada a las montañas.

Por favor, pues, no insistamos en utilizar palabras inadecuadas. 

Como tampoco es correcta la muy extendida ola invernal, que se refiere a la familiar ondulación de las aguas, a fenómenos atmosféricos que producen variaciones súbitas en la temperatura, y por extensión al aumento marcado en la intensidad de algún fenómeno, pero siempre con la característica de repentino. Por favor, lo que estamos padeciendo técnicamente es una temporada invernal, no una ola. 

La confusión también es institucional

Pero no solo se confunden las palabras. También las instituciones:

  • Las corporaciones autónomas resultaron culpables, pero aparentemente todo se arreglará cambiando sus juntas directivas y la manera como se designa a sus directores. Las corporaciones se constituyeron en 1993 en la base de nuestro sistema ambiental a partir de experiencias exitosas, como la de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) [1]. Una de las razones que las justificó en aquella época fue su base técnica y la independencia de los políticos. Hoy se dice que están dominadas por la politiquería. Para avanzar es necesario un diagnóstico más preciso de qué ocurrió en estos años. Por ejemplo, en términos generales sus presupuestos son escasos en proporción a sus funciones, sus jurisdicciones no corresponden exactamente a las cuencas, el número parece alto y la fusión de algunas se pudiera contribuir a un mayor equilibrio e independencia respecto a los poderes locales y regionales. Las grandes ciudades, que tributan más, tienen autoridades ambientales aparte. En fin, hay más de un tema grueso que requiere más análisis, participación ciudadana y de expertos.
  • Nuestros Sistemas Ambiental y de Prevención de Desastres, tan ponderados productos de primorosas piezas legislativas, han sido muy complejos para ser asimilados por instituciones débiles. Probablemente el concepto de "sistema" sea más avanzado de lo que permiten nuestras realidades: ¿Cómo así que distintos órganos del Estado tienen funciones diferentes y complementarias sobre un mismo tema? Finalmente, nadie resulta responsable.
  • Se acepta sin discusión el remedio de separar los ministerios y de volver a crear el del Medio Ambiente. Suena como en la dirección correcta, de reforzar el papel del Estado. Pero el diseño institucional requiere mucho más que intuiciones.
  • No se discute siquiera lo presupuestal. En la fusión anterior de ministerios, la de Uribe, ni siquiera se ahorró y ahora se propone regresar a lo anterior, con más gasto en burocracia, pero no hay ninguna propuesta real de fortalecimiento. Por ejemplo, el concepto de las autoridades ambientales sobre los planes de ordenamiento territorial se convirtió en una formalidad que no obliga.

La liviandad de las discusiones sobre lo institucional ha sido lamentable. Y en cambio no se toca lo de fondo, la conveniencia o inconveniencia de tener el manejo del desarrollo territorial por un lado y el del ambiente por otro. En buena medida la tragedia invernal es una tragedia de ordenamiento territorial. Un ministerio de segunda puede ser más cómodo, si no se le quiere dar importancia al tema. Cambiamos sin saber por qué. Es decir, no aprendemos. 

Excusa para la imprevisión

Por último, unas palabras sobre el papel indirecto del calor. Algunos, incluyendo la casi totalidad de la comunidad científica, pensamos que el calentamiento climático por la emisión de gases de invernadero, principalmente por la quema de combustibles fósiles, trae como una de sus consecuencias que los extremos climáticos se estén acentuando, aumentando en intensidad y frecuencia. 

Duele que el cambio climático se use como excusa para la imprevisión. Mientras tanto, Brasil encarga a un científico, Carlos Nobre, de liderar una fuerza de tarea con el propósito de desarrollar una estrategia de reducción del riesgo, luego de la tragedia invernal que también azotó recientemente al vecino país [2]. 

En Colombia no pasamos de declaraciones a acciones reales reflejadas en el presupuesto concreto, sobre la necesidad de una estrategia de reducción del riesgo, menos aún sobre la importancia de encargar a los científicos de estos menesteres. 

Por ejemplo, el presupuesto del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM) sigue siendo muy bajo para una responsabilidad tan considerable. La investigación en temas relacionados con mitigar el riesgo y prevenir el desastre invernal debería participar siquiera en un porcentaje mínimo del gigantesco esfuerzo presupuestal ya decretado para medidas de atención

Así que confieso mi error: sí necesitamos mucha ciencia para entender cómo un par de grados de calentamiento global está derritiendo las montañas, fenómeno que requeriría una exhaustiva investigación, pues tal calentamiento no derrite ni las chocolatinas. 

* Profesor Titular, Facultad de Minas, Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín. 

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Notas de pie de página


[1] Ver estudios serios como por ejemplo: Mejía, Millán y Perry: Estudio Nacional de Aguas. Departamento Nacional de Planeación. 1984. 

[2] Nobre ha dirigido por dos términos consecutivos el Programa Internacional sobre la Geósfera y la Biósfera (IGBP) de la Academia Sueca de Ciencias. 

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