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¿Se acabó la recesión?

Escrito por Salomón Kalmanovitz

Salomon Kalmanovitz

Detrás de los anuncios optimistas del gobierno y de algunos observadores  hay algunas verdades de coyuntura pero no hay todavía ninguna señal de  fondo.

Salomón Kalmanovitz

Distintos voceros del gobierno, del Fondo Monetario Internacional y de la industria insisten en cambiar las expectativas del público para que el optimismo haga su labor de restaurar el crecimiento económico del país. El gerente del Banco de la República pronostica un crecimiento casi nulo para el año y agrega que, comparado con la región, somos de los mejores.

Los datos son masajeados para que muestren un decrecimiento menor al de otros períodos, o buscan demostrar que hubo un pequeño repunte en la industria en el pasado marzo, gracias a un mes muy malo como fue el de marzo de 2008, aunque el trimestre registró un descenso del 7.5%. Un indicador más general que el de la industria, como es el de la ventas al por menor, señala una caída de 5.2% en el primer trimestre del 2009 pero el dato de marzo se agrava con una caída de 7.1%. Los datos de construcción son peores, según el Dane: "en lo corrido del año, el área aprobada de construcción se redujo un 26.8 por ciento frente al mismo periodo del año anterior". Recuérdese que este es un sector intensivo en empleo.

Y hablando de empleo, el gerente del banco central colombiano informa que en el primer trimestre se perdieron 567.000 puestos formales, pero la tasa de desempleo no se inmuta (crece cerca de 1 punto porcentual) porque aumentó el número trabajadores por cuenta propia en 1.105.000, quienes sobreviven penosamente en la informalidad que es otra forma de definir el rebusque.

Es cierto que el país no ha caído en un abismo económico por varios factores: Venezuela no se ha derrumbado y Ecuador siguió comprando bienes colombianos, a pesar de las barreras arancelarias que impuso; en ambos casos, el precio del petróleo ha ayudado al repuntar de niveles de 38 dólares por barril hace dos meses a rondar los 60 dólares en la actualidad. Sin embargo, Venezuela no pinta bien por el creciente déficit externo que enfrenta: mientras sus exportaciones cayeron 55.5% en el primer trimestre del 2009, sus importaciones aumentaron 6.4%, con un faltante de 1.500 millones de dólares. No sorprende la queja de los exportadores colombianos, frente a demoras de hasta seis meses en los pagos que aprueba el gobierno de ese país, lo cual obviamente desincentiva el comercio bilateral.

Otro factor que ha impedido una caída más abrupta de la economía colombiana es que los precios de las materias primas en general, pero en particular del café, se encuentran en niveles buenos. Incluso el azúcar está recibiendo altas cotizaciones por estos días. Por último, el contar con un sector financiero sólido y conservador en Colombia (y en la América Latina) ha evitado el destino fatal de los países avanzados donde coincidió una intensa crisis económica con una crisis bancaria de enormes proporciones.

Las obras públicas represadas desde el año pasado parecen abrirse paso y eso ayuda un poco más, pero el gobierno insiste en su torpe política de extraerles excedentes a los consumidores con unos precios excesivos de la gasolina y del etanol. No se ve por ningún lado un plan financiero de emergencia que emprenda nuevas obras públicas y eso que el año entrante estará congelado el gasto público por la ley de garantías electorales. Mientras tanto la baja de los tipos de interés puede fomentar el crédito comercial e hipotecario pero no se refleja para nada en el crédito de consumo.

El  clima de optimismo surge de una recuperación de la bolsa de Nueva York, reflejando el proceso de restauración de capital de los bancos y de caídas menos abruptas de los varios indicadores económicos. Pero no es mucha la mejora en el mercado laboral de Estados Unidos cuando se pierden 650.000 empleos en enero y ¡sólo! 530.000 en abril. Un  indicador serio de que la crisis se revierte sería la normalización del mercado inmobiliario, que está muy lejos de darse. Por último, China e India crecen positivamente y mantienen un nivel de demanda aceptable por materias primas pero sus mercados laborales se han deteriorado bastante.

Todo esto me lleva a concluir que estamos lejos de una recuperación de la economía global, la cual nos seguirá afectando negativamente hacia futuro.

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