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ISAGEN debe ser para todos los colombianos

Escrito por Diego Otero

diego pradaLa anunciada privatización de esta empresa se basa en dos argumentos equivocados.

Diego Otero Prada*

En Colombia nada pasa. El modelo neoliberal ha fracasado y aquí se sigue actuando como el avestruz: escondiéndose. Colombia es de los pocos países del mundo que todavía  sigue las recetas del Consenso de Washington: flexibilización del trabajo, desregulación, Estado mínimo,  política fiscal ortodoxa y, en especial, privatización.

Hoy ISAGEN está en la mira para la venta. Es la única empresa generadora del gobierno central, que se formó en 1999 como resultado de la división de la antigua -y eficiente- Interconexión Eléctrica S.A,  entre ISA (para la transmisión) e ISAGEN (para la generación) de energía eléctrica.

La división de aquella empresa fue el reflejo de un fundamentalismo conceptual que exigía separar esas dos actividades, lo cual no ha ocurrido en Estados Unidos ni en muchos otros países con economía de mercado. Si la antigua ISA hubiera seguido existiendo, hoy tendríamos una de las empresas más fuertes de Latinoamérica para beneficio de todos los colombianos.

Del total de 13.457 megavatios instalados a finales de noviembre 2009, ISAGEN contaba con 2.170, detrás de EMGESA con 2.858 y EPM con 2.690 megavatios. Es decir, cuenta con el 16,13% de la capacidad instalada del país. Desde 2000 ISAGEN no ha construido una  planta importante por restricciones del gobierno central. Hoy, después de muchas presiones, tiene en perspectiva la construcción del proyecto hidroeléctrico de Sogamoso en el departamento de Santander, con una capacidad de 800 megavatios.

Antes se defendía la privatización de empresas públicas con el argumento de que el gobierno era mal empresario, mientras el privado era ejemplo de eficiencia. En el caso de ISAGEN – al igual que en el de  ECOPETROL-  no cabe este argumento. Son empresas sólidas y bien administradas que producen utilidades para sus  accionistas: el gobierno principalmente.

No hay ninguna razón tecnológica, económica, política o social para vender ISAGEN. Solamente existen dos razones por parte del gobierno y los defensores del modelo neoliberal: la necesidad de recursos del gobierno central, y el achicamiento del Estado.

– Las dificultades presupuestales tienen otras formas de resolverse. Elimínense los subsidios a los ricos, cóbrense impuestos a los que más tienen, persíganse a los deudores morosos al Estado, castíguense las trampas fiscales, búsquese la paz y establézcase un modelo de desarrollo que produzca tasas de crecimiento de 8% o más por año,   y  se verá como los ingresos fiscales crecen aceleradamente.

– El suministro de energía no puede dejarse simplemente al interés de ganancia del sector privado, que no siempre coincide con el interés social o el de la humanidad. La energía es un recurso estratégico y es la base de la civilización industrial. Para evitar fallas en el suministro de energía, defender el medio ambiente, promover el uso racional y eficiente, defender al consumidor y promover los intereses supremos de la nación, el Estado no puede hacerse a un lado como lo propone el fundamentalismo de mercado.

Colombia tiene un potencial hidroeléctrico enorme  para atender la demanda de energía por cincuenta años que hay que aprovechar. Se trata de una energía limpia, renovable, que no afecta el clima, ni produce polución. Colombia no puede desaprovechar este importante recurso. Bien diseñado un sistema hidroeléctrico no tiene por qué presentar problemas, más si se complementa con un mínimo parque térmico.

Por estas razones, ISAGEN  debe continuar como empresa pública.  Es la única empresa generadora  del Estado, eficiente, moderna, muy bien administrada, que no debe pasar al sector privado, y mucho menos si es para una transnacional  extranjera.  Al contrario, hay que fortalecerla, volverla transnacional como ISA-transmisión, impulsarla para que construya hidroeléctricas y desarrolle plantas térmicas de carbón colombiano. Grave error entregarla al sector privado nacional o internacional, que ha mostrado que no está interesado en hacer ampliaciones, y menos si son de hidroeléctricas.

Mírese el ejemplo de EMGESA, EPSA y CHIVOR, que en más de once años de privatización no han llevado a cabo ninguna ampliación. Se compran estas empresas para aprovechar que ya están realizadas las obras, pero muy difícilmente para acometer la instalación de nuevas centrales, y mucho menos si son de hidroeléctricas que requieren normalmente de seis a ocho años de construcción, con riesgos inherentes a nuestra difícil geología, que un privado no quiere asumir.

* Ingeniero eléctrico de la Universidad de los Andes, PH.D en economía de la Universidad de Pensilvania, ex gerente del Instituto Colombiano de Energía Eléctrica, ex presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros Electricistas, Mecánicos, Electrónicos y Afines, consultor internacional, autor de numerosas publicaciones y actual Decano de la Universidad Central.

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