¿Qué sigue después de Jojoy? - Razón Pública
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¿Qué sigue después de Jojoy?

Escrito por Ricardo García

ricardo garciaEn vez de ser la vanguardia de un movimiento social, las FARC en realidad son bloques de retaguardia militar. Al dar muerte a Jojoy, el Estado llegó al corazón de la retaguardia. Pero quedan otros bloques.

Ricardo García Duarte *

Por entre el Duda y el Guayabero

En los desfiladeros por los que la Cordillera se desgonza para perderse en las planicies selváticas de El Meta y de El Guaviare, o para reaparecer con su último aliento en la Serranía de La Macarena; en esos desfiladeros, los mismos por los que se precipitan el río Duda y el Guayabero, estuvieron siempre marcados como pisadas de fantasma los pasos guerrilleros de las FARC. Por allí descendieron sus hombres hace más de 40 años, aperados con machetes, fusiles y corotos, para huir de la presión militar de entonces.

En una vasta zona selvática, lugar también de colonizaciones tardías llegadas de otras partes bajo la presión de las precarias condiciones económicas, se asentaron desde hace cuatro décadas las guerrillas comunistas comandadas por "Tirofijo".

Santuario histórico de las FARC

Zona de bosques densos, de llanos y serranías; intersección de por lo menos tres departamentos que antes fueron territorios nacionales, este amplio espacio geográfico, puntuado por poblaciones conocidas como Mesetas, Vistahermosa y La Macarena, y después El Caguán y La Uribe, resultó ser una región signada por la presencia guerrillera.

En ella se asentaron al lado de los colonos los hombres de las FARC. Allí consiguieron al mismo tiempo estabilidad (digamos enraizamiento) y movilidad, sin estar obligados a éxodos definitivos. En ella, en su definición geo-estratégica como santuario de las FARC, se confundían el mito y la realidad de esta guerrilla.

El mito de sus orígenes legendarios, de campesinos en armas buscando un lugar para defender sus derechos. Y la realidad, tosca y brutal, de un grupo que se vuelve tributario sólo de la guerra y no de la política; de la máquina y no del proyecto.

Entre los vericuetos de este santuario de selvas y colonos se paseó durante las dos últimas décadas Manuel Marulanda Vélez, el curtido guerrillero fundador de las FARC. Pero allí también terminó por morirse de viejo, sin concederle a su enemigo el regalo de una victoria. Entre los ríos Guayabero y Duda, muy probablemente, tuvo que sucumbir ante un mal infarto como el árbol que se muere de pie sin que lo derriben. Es decir, como el mito que sobrevive a sí mismo para instalarse en el imaginario de sus hombres. Tal como si fuera el símbolo ilusorio de una causa indestructible.

Contra el mito y contra la realidad

El problema estriba ahora en que, por los mismos lados, en las cercanías, en inmediaciones de La Julia, acaba de ser abatido Jorge Briceño o Víctor Julio Suárez, El Mono Jojoy, quizás el segundo hombre en importancia de esta guerrilla, heredero en toda esta zona de Tirofijo y jefe del Bloque Oriental, precisamente el aparato que hace las veces de comando central de los Frentes que han cubierto esta zona histórica.

Si con la muerte natural, y no por las balas enemigas, de Manuel Marulanda Vélez, pareciera prolongarse el mito de una lucha que trasciende a sus propios muertos, la liquidación de Briceño le asesta por el contrario un golpe severo al mito y, al mismo tiempo, a la realidad material de las estructuras guerrilleras.

Para que la diabetes no se lo fuera a llevar de muerte natural a los 57 años, le descargaron diez toneladas de bombas, le dispararon pesados proyectiles inteligentes y lo apabullaron con 72 aeronaves de guerra y de apoyo que trajeron 800 hombres de élite para el control terrestre del lugar. Con una descarga bélica tan descomunal lo aplastaron literalmente en su campamento de La Escalera, en la selva, donde se hacía inalcanzable rodeado por sus dos anillos de seguridad.

Fue una lluvia desmesurada de fuego, con la que la operación Sodoma de las Fuerzas Armadas querría sofocar por siempre el mito de unas FARC inexpugnables dentro de sus baluartes geográficos e históricos.

Con un ataque de esa naturaleza, a la vez desproporcionado y preciso, las Fuerzas del Estado han pretendido no solo aniquilar al odiado guerrillero, sino desarticular una de las estructuras centrales de las FARC: el Bloque Oriental.

El Oriental, un Bloque Madre

Este Bloque, que opera como dirección para los operativos de guerra en amplias regiones de El Meta, El Guaviare, Arauca y Cundinamarca, representó por mucho tiempo una especie de modelo central en la estructura general de las FARC, algo así como si se tratara del Bloque-madre.

Sirvió además como prueba de lo que podría ser un control territorial por parte de la guerrilla. Control que debía obrar como plataforma para las operaciones militares y políticas del Secretariado, la cúpula del movimiento armado. Fue, por cierto, la base para las demostraciones más nítidas en la táctica de "agrupamientos masivos de guerrilleros" para ataques, asaltos y tomas, dirigidos contra centros militares del Estado.

Después de que Jacobo Arenas, al comienzo de los 80s, dictara la línea de que las FARC se convirtieran en un "Ejército", la guerrilla no hizo sino fortalecerse en esta zona, copada por lo que más tarde iba a ser el Bloque Oriental de marras, el mismo que en su momento pasaría a ser dirigido por el Mono Jojoy.

Años 90: crecimiento

Sobre todo durante los años 90, consiguió crecer en hombres, en operatividad y en capacidad de ataque. Blanco de sus embates sangrientos y masivos, fueron las guarniciones militares de Las Delicias y de El Billar, al igual que la población de Mitú, una capital departamental.

Posteriormente, el Estado consiguió neutralizar esta táctica de agrupamientos masivos para el ataque por parte de las FARC, a las que obligó a un repliegue como consecuencia de una ofensiva general, al amparo del Plan Colombia y de la Seguridad Democrática.

Como consecuencia de tal ofensiva, las FARC comenzaron a resentir derrotas sensibles desde la mitad de esta primera década del 2000. Muchos guerrilleros desertaron. Una buena cantidad de Frentes fueron reducidos a la inoperancia, otros fueron desalojados de las inmediaciones de la capital de la República, y el Bloque de la Costa Caribe fue desarticulado.

Finalmente, en 2008 cayeron dos miembros del Secretariado, Raúl Reyes e Iván Ríos, evento que antes aparecía como altamente improbable. Para colmo de sus desgracias se les murió de verdad Tirofijio, después de cien muertes de papel certificadas por quienes buscaban darle caza.

Con todo, el Bloque Oriental mantuvo intactas sus estructuras de mando central. Y aunque sufrió bajas importantes en sus cuadros medios, mantuvo su capacidad como "guerrilla carcelera", la nueva y aviesa actividad a la que se dedicó en la última década, actividad que ha consistido en mantener durante largos y crueles cautiverios a secuestrados, víctimas civiles y "prisioneros de guerra", según su propio lenguaje.

En otras palabras, durante los últimos ocho años de ofensiva general del Estado, el Bloque Oriental mantuvo en buena forma sus estructuras de dirección y su posicionamiento territorial como retaguardia guerrillera: acciones defensivas, movilidad en la zona, repliegues sostenidos, etc.

Las FARC, guerrilla de retaguardia

Lo que ocurre es que las propias FARC son una retaguardia, no una vanguardia. No son la vanguardia de un movimiento social: son la retaguardia de sí mismas. No obran como la vanguardia de un proyecto. Tampoco están hechas para desdoblarse militarmente en una retaguardia y en una vanguardia, en términos estratégicos. Nunca se han planteado en realidad como una alternativa de algo. Siempre han arrastrado con el lastre político de ser sólo un aparato de defensa frente a ese algo, cualquiera cosa que sea: la oligarquía, el Estado, el sistema, las Fuerzas Militares…

Son una retaguardia militar y social, es decir, una fuerza de repliegue, si se quiere, de mantenimiento, pero sin una vanguardia que abra política, ideológica y militarmente los boquetes necesarios en la "fortaleza enemiga".

Quizá por ello siempre han estado tan lejos de poner en peligro al poder del Estado. Y paradójicamente, por las mimas razones, han logrado históricamente ponerse fuera del alcance de las arremetidas de cada gobierno, sorteando la posibilidad de su aniquilamiento como guerrilla básicamente rural.

El hecho es que con el golpe de ahora, al dar muerte mediante un bombardeo al jefe del Bloque Oriental, las Fuerzas del poder estatal han tocado la retaguardia de una guerrilla que es solo retaguardia. Es decir, han tocado con un golpe demoledor el corazón mismo de la guerrilla. Han avanzado hasta lo más profundo de su retaguardia, que es simultáneamente el punto más sensible en lo que tiene que ver con su orientación, con su lógica como guerrilla de defensa y con su dirección. Aspectos todos que encarnaba simbólicamente el tipo de jefe guerrillero que ha sido abatido, un poco tosco, campesino calculador, frío, como lo califican quienes lo conocieron, y endiabladamente hábil para evadir a las fuerzas del orden y para imponer su autoridad.

Nuevos medios de ataque

Esas fuerzas del orden lograron, después de 20 años y de varias ofensivas envolventes sin resultado, golpear severamente la estructura central de un Bloque decisivo en la organización de las FARC. Y lo hicieron mediante un combinación táctica de varios factores, la integración operativa de las distintas fuerzas del Estado, el avance tremendo en los trabajos de inteligencia de guerra con medios sofisticados y con la utilización eficaz de la delación y de la infiltración dentro de las filas guerrilleras, y finalmente con el empleo masivo y portentoso de la aviación de combate.

En la aviación de guerra, tanto en la de inteligencia como en la de transporte de tropa, y en la de bombardeos, radica gran parte del éxito del gobierno. Sobre todo, en lo que tiene que ver con los golpes dados a los dirigentes de una guerrilla rural, cuyos jefes se apertrechan en zonas inaccesibles, en donde se hacen fuertes militarmente.

En ella, es decir en la aviación, también podrían radicar buena parte de las limitaciones en la propia ofensiva militar del gobierno. Los golpes de la aviación son letales, demoledores en el sentido literal de la palabra. Después de un bombardeo puede quedar liquidado un cabecilla o puede resultar destruido un campamento.

¿El ave fénix?

Son golpes, todos ellos, destructores sin duda. Sin embargo, la aviación, junto con la llegada transitoria de las tropas aerotransportadas, no son por sí solas los factores que desorganicen duraderamente una guerrilla que haya conseguido implantarse territorial y socialmente, y menos que sustituyan las condiciones dentro de las que prosperan el asentamiento de estos grupos y el reclutamiento de nuevos hombres de guerra.

A pesar de la ofensiva general de ocho años, las FARC, por un fenómeno que no se puede explicar con facilidad, han exhibido una capacidad inusitada de reclutamiento con nuevos hombres en armas, en un proceso que permite su recomposición y el renacimiento de sus frentes, después de un determinado tiempo.

Persistencia y reactivación de otros Bloques

Por otra parte ha sucedido que mientras el Bloque Oriental del Mono Jojoy experimentaba un estancamiento en medio del acoso de las fuerzas del Estado, durante los últimos 3 años, el Frente Sur, bajo el mando de Joaquín Gómez, se ha reactivado y parece tomar fuerza sobre todo en El Caquetá. Simultáneamente, las fuerzas de lo que podría ser una especie de Bloque Occidental bajo el mando de Pablo Catatumbo, se han relocalizado, han adquirido implantación territorial y han ganado en capacidad de hostigamiento, sobre todo en el Cauca y en el Putumayo. Por otra parte, está el Bloque Central, bajo el mando de Alfonso Cano, jefe máximo de la organización armada ilegal, aunque, como en el caso del Bloque Oriental, es acosado insistentemente por una movilización impresionante de efectivos de las Fuerzas Armadas.

Esa especie de Guerrilla de Retaguardia, que son las FARC, ha sabido combinar dos componentes básicos en su estructura militar: una gran disciplina de los Frentes con respecto a la Dirección, de modo que no son usuales las divisiones o los desprendimientos; y, a la inversa, una gran descentralización de sus Bloques y de sus Frentes. Así que, siendo una guerrilla de retaguardia, es al mismo tiempo una retaguardia en la que se superpone el equivalente a varias guerrillas.

Por lo tanto, la muerte del Mono Jojoy significa el golpe demoledor a una de esas "guerrillas", la representada por el Bloque Oriental, no necesariamente a las otras guerrillas representadas por los Bloques restantes.

Desventajas estratégicas

La muerte del jefe subversivo representa sin duda un punto de inflexión hacia abajo en la capacidad estratégica de las FARC, es decir, un retroceso serio, difícil de asimilar y de superar. En tal sentido, podría abrirse camino una seguidilla de deserciones y la desarticulación de algunos Frentes, a lo que podrían sumarse los golpes contra otros campamentos-madre, dentro de zonas controladas por la guerrilla. Esta posibilidad real colocaría a las FARC en una situación por primera vez insostenible como aparato organizado y centralizado.

En contraste, la existencia de los otros Bloques, en plan de reactivación y de fortalecimiento, más la capacidad demostrada de reclutamiento, hacen pensar que en medio de su condición de "retaguardia descentrada", las FARC se las puedan arreglar para perdurar como fenómeno guerrillero aún sólido, con capacidad de perturbación. Lo cual constituiría un proceso aún prolongado de conflicto interno de baja intensidad, sin arreglos de paz a la vista. Todo ello frente a unas élites, llenas de confianza en sí mismas, sin divisiones internas, y quizá ratificadas en el propósito de asestar uno y otro golpe a su enemigo, aunque sin interés inmediato en el arreglo del conflicto. 

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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