¿Qué pasa cuando el remedio se agota? - Razón Pública
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¿Qué pasa cuando el remedio se agota?

Escrito por Óscar Moreno
Oscar Moreno Cano

Oscar Moreno CanoMás allá de las alzas y bajas coyunturales, hay que mirar las tendencias de largo plazo. Y estas tendencias son indiscutibles: tanto en Estados Unidos como en la Eurozona, los países se han venido endeudando insosteniblemente; y, peor aún, el remedio keynesiano de gastar para empujar la economía ya no está sirviendo. Vamos derecho hacia otra Gran Depresión.

Oscar Moreno Cano*

0157De profeta en mi tierra

Las señales vienen de distintos puntos del planeta; nos acercamos a la boca del túnel. Desde la Gran Depresión de los años treinta no habíamos transitado por tiempos así. La gran mayoría de la gente no sabe qué traducen las palabras “Gran Depresión”, no pueden tan siquiera imaginar sus consecuencias. Y los que saben, pensaban que algo así nunca volvería a ocurrir.

En el año 2006, los decanos de economía de varias universidades bogotanas, que tienen por costumbre reunirse periódicamente en unas tertulias privadas y deliciosas, me invitaron a que expusiera el tema de un libro que estaba a punto de publicar, “El Ocaso Global”.

Cuando les conté que en ese momento nos acercábamos a una poderosa recesión, y que tal vez pasaríamos luego a una gran depresión, soltaron la carcajada. Amablemente uno de ellos dijo: “eso no volverá a suceder después de Keynes”. Quise explicar mi teoría pero, cordiales y compasivos, cerraron la etapa académica y decidieron pasar a la de los whiskies. Fue una agradable velada por cierto.

Año y medio después se desataba la gran crisis económica del 2008, que por lo visto no ha terminado.

Cuatro preguntas

Parecería que vamos camino a una gran depresión económica. ¿Existe remedio? De manera semejante a la penicilina para las bacterias, para las recesiones el único remedio conocido es el tratamiento keynesiano. Pero la penicilina cuando se usa en exceso genera resistencia en los microbios y, de remedio, pasa a ser causa del problema. Tal vez hemos llegado a un límite en que la medicina Keynes ya no surte más efecto.

En este artículo me propongo explicar:

  1. ¿Qué hace pensar que vamos rumbo a una depresión y no a una recesión, prontamente superable como las anteriores?
  2. ¿Cómo sucedió que la estrategia keynesiana, de remedio, pasó a veneno?
  3. ¿Qué significaría el cumplimiento de mi hipótesis para la economía colombiana?
  4. ¿Es este un divertimento teórico, o es algo que merece la atención de nuestros planificadores, ante la magnitud de sus posibles consecuencias, aun si tiene bajas probabilidades de ocurrencia?

Pensando en muchos lectores jóvenes, pido paciencia a los expertos para proceder a una corta introducción.

Ya pasó una vez

Aunque parezca imposible, alguna vez la economía del mundo se desaceleró de manera impresionante. La pobreza, la escasez, el desempleo empezaron a expandirse por todo el globo. Corría la década de los 1930s y la pobreza llegó tanto a Estados Unidos (donde el gobierno repartía sándwiches gratis en las calles para que las hordas de desempleados tuviesen que comer), como a Inglaterra, Francia e Italia.

Precisamente de Italia proviene la famosa foto que muestra a un hombre cargando un costal. El pie de foto dice: esa bolsa está llena de billetes, pero con todos ellos apenas alcanza para comprar un pan.

La Gran Depresión fue un fenómeno global. En Colombia tampoco nos sustrajimos a él: las familias pudientes se fueron a vivir a las fincas donde había qué comer. Muchas quiebras y la “moratoria”, que por ley perdonaba todas las deudas, quedan registradas en nuestra historia como prueba.

Más allá de las narices

Pues bien, en días recientes las bolsas del mundo han presentado caídas impresionantes. ¿Esto es síntoma de que vamos a una depresión? No, las bolsas caen unas veces y otras suben, así son, por eso se expresan en gráficas y curvas. Pero cuando las caídas son fuertes y cuando las caídas y subidas empiezan a darse de manera brusca, frecuente e inestable, es momento de concentrar nuestra atención y de ponernos las pilas.

La semana más eufórica en las páginas económicas del mundo durante los pasados diez años fue la semana previa a la caída de las bolsas en 2008. Así que no nos confundamos con los indicadores que presentan los medios. Ellos escogen contra qué comparar el indicador del día, de manera que produzca siempre un efecto positivo. Tienen motivos poderosos para hacerlo.

Cuando aún se está a cierta distancia de una crisis, no es posible contestar una pregunta así a partir solo de mirar los indicadores diarios o semanales. Es como cuando alguien conduciendo su bicicleta, solo mira las piedritas y el pavimento que pasan bajo su rueda frontal para guiarse.

Hay que hacer un zoom back, aplicar la “mirada de avión” sobre la línea del tiempo, para intentar ver más allá de los subes y bajas típicos de las curvas, la tendencia. Una moda es algo con corta duración en el tiempo. Un accidente, fenómeno o evento es algo con menor duración aún. Una tendencia es algo con mayor proyección. Claro que tarde o temprano también desaparecerá para dar paso a un nuevo cambio, a una ruptura, pues la constante del mundo es que todo está en permanente cambio.

Las “tendencias” consideradas dentro de “entornos”, constituyen la forma menos desconfiable de mirar el futuro, y es lo que intentaré aplicar aquí.  

Los indicadores de tendencia.

Las siguientes tendencias han estado a la vista de todos. Sus cifras han sido publicadas en todos los medios y están en internet, así que no valdría la pena repetirlas aquí si solo fuera para darle un falso y vanidoso ropaje científico a este artículo:

1. Tendencia de la deuda de Estados Unidos

La discusión en Washington sobre el “tope de la deuda”, que nuestros medios presentaron como una simple disputa política, tenía un significado mucho más profundo, como lo demostró la declaración del gobierno chino dos días después del acuerdo senatorial -entre molesto y angustiado.

Desde 2001, año en que empezaron a hacerse evidentes los signos sobre el advenimiento de esta próxima depresión, la deuda federal de Estados Unidos ha pasado de 5 trillones a los actuales inmanejables 11 a 13 trillones de dólares. La tendencia pues ha sido a más que duplicarse en los últimos diez años (para que Usted se preocupe aún más, la deuda de los Estados y de las ciudades estadounidenses no está incluida en esta cifra).

El intento de frenar el endeudamiento en el Congreso -en contra de los congresistas aguafiestas y con todas sus consecuencias en términos de opinión pública- es demostración adicional de que hablamos de una tendencia como de que una alarma que se disparó.

2. Tendencia de la deuda de la Eurozona

Las cifras también han figurado en los periódicos por estos días. Los números fuera de contexto no dicen nada. ¿Hasta qué porcentaje del PIB puede endeudarse un país? Discusión bizantina, si no se ubica en un contexto.

Argentina puede endeudarse todo lo que quiera, quebrarse luego, decidir no pagar, y volver a endeudarse, para de nuevo quebrarse y así indefinidamente mientras lo desee y mientras existan organismos multilaterales con los recursos suficientes para ir en su auxilio.

Pero si son varios los países que entran en default al mismo tiempo, entonces habría que preguntarse si los recursos de los entes multilaterales serán suficientes.

Algo peor que esto está sucediendo: parece que el dinero no alcanzará en caso de default de economías tan grandes como España e Italia, si los prestamistas fuesen a reclamar su dinero en noviembre o febrero, respectivamente.

Y mucho menos alcanzaría para atender a países aún más grandes, como Francia y Reino Unido, que también están interesantemente endeudados, y que empezarían a lucir como sospechosos de un próximo default.

Los prestamistas -que no solo son instituciones sino inversionistas privados y países como China- tratarían de ir a reclamar sus préstamos antes de que fuera tarde.

Conclusión: los países europeos también se encuentran excesivamente endeudados, y podemos afirmar que esta ya es una segunda tendencia.

¿La razón? Si estas naciones, de culturas antiguas, no se han caracterizado por su irresponsabilidad social, ¿qué las llevó a niveles de endeudamiento tan claramente peligrosos? ¿Qué motivó un comportamiento que hoy podríamos llamar irresponsable? La respuesta constituye la siguiente tendencia.

3. Tendencia Keynes: para superar la recesión,

Años atrás, muchos países del mundo han venido aplicando la receta de emitir deuda pública para con ella lubricar el mercado, cuando éste tiende a desacelerarse o a vararse del todo.

Esta costumbre se convierte en tendencia claramente observable en cada una de las leves recesiones de las décadas pasadas. La tendencia estaba llegando a su tope tolerable –cambio cuantitativo que apunta al cambio cualitativo– cuando surgió la crisis de 2008.

Esta crisis obligó a los gobiernos del mundo, aconsejados por sus economistas, a aplicar la misma receta, que por los demás es bien sencilla: ¡más endeudamiento! y esta vez de manera urgente, pues parecía que estábamos ante la más profunda recesión en 50 años. Y se da entonces el paso hacia el abismo. El pie de la economía globalizada está suspendido en el vacío…

¿Qué seguirá? Nada que hacer: “los gobiernos solo están haciendo tiempo” dice Soros, el financista millonario, que se ha equivocado poco en sus pronósticos. Igual que con el abuso de la penicilina en el paciente al que ya no hace efecto, el abuso del gasoKeynes para estimular los mercados nos ha llevado a este borde.

La única esperanza es que los acreedores del mundo no entren en pánico o que piensen con sentido altruista. ¿Cree usted que eso será posible? La otra salida será empezar a fabricar billetes sin respaldo, el advenimiento de la estanflación global.

Respecto a las preguntas tres y cuatro sobre las posibles consecuencias de una nueva Gran Depresión en nuestro país y lo que deberíamos estar haciendo para prepararnos y evitar el caos social, se me ocurrió… pero, ¿para qué quitarle a usted el placer de despertar y asumir su responsabilidad social y profesional de aportar a esta urgente discusión?

 

* Estratega, ejecutivo de diversas compañías en Colombia y Estados Unidos, escribió entre otros libros “El Ocaso Global” que anunció con anticipación la crisis económica del 2008 y que prevé después de ella, una gran depresión, originada en el excesivo endeudamiento de los países. 

 

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