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Investigación y ciencia a la baja en Colombia

Escrito por ​Iván Dario Hernández​

Desarrollo científico en las universidades del país.

Ivan HernandezDespués de algunos años de mejoría en los indicadores, volvimos a caer a unos niveles muy bajos en el estímulo del conocimiento científico. ¿Qué podemos hacer para revertir esta situación? 

Iván Hernández*

Universidad de IbaguéSin motivación para la ciencia

Según los cálculos de la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericana e Interamericana (RICyT), el número de investigadores por cada mil personas entre la población económicamente activa ha ido disminuyendo en los últimos años en Colombia.  

Esto nos pone en niveles que están muy por debajo de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay. Incluso países como Ecuador y Venezuela nos están sobrepasando. Si se tiene en cuenta el tamaño de la economía y de la población del país, el aporte de nuestros investigadores debería ser dos o tres veces el magro 0,2 por ciento que aportamos actualmente a las publicaciones científicas globales.

Por cada científico que hay en Colombia existen dos o incluso tres habitantes que, con condiciones adecuadas, podrían dedicarse a la ciencia. Sin embargo, estos colombianos seguramente se encuentran empleados en otros sectores, están subempleados o desempleados. Y todo esto sin hablar del enorme potencial perdido por la exportación o fuga de cerebros.

¿Cuáles son las condiciones que hemos dado al trabajo creativo e intelectual para que hoy sea tan poco atractivo? Si quiero ser científico(a) en Colombia, ¿hay de dónde?, ¿hay con quién?, y, sobre todo, ¿cuál es la motivación para serlo?

Hipótesis sobre la crisis

Fortalecimiento en la educación colombiana, ayudará al desarrollo del país.
Fortalecimiento en la educación colombiana, ayudará al desarrollo del país.  
Foto: Ministerio de Educación

El reciente informe del Observatorio de Ciencia y Tecnología de Colombia permite plantear algunas hipótesis que explican el atraso del sistema de ciencia del país:

Primera hipótesis: No hay de dónde ni con quién hacer ciencia, pues se están viendo el agotamiento y la salida de recursos financieros y humanos del sistema.

Evidencia 1: El informe mencionado muestra que en el período 2005-2014 el número de investigadores activos (según su máximo grado de escolaridad) se ha ido reduciendo en todos los niveles académicos. Esta cifra alcanzó un máximo en el año 2011, pero a partir de entonces ha disminuido paulatinamente, desde los investigadores con pregrado y maestría hasta los investigadores con doctorado.

En Colombia el nivel de inversión en ciencia es alarmante.

Evidencia 2: Mientras el gasto en investigación y desarrollo en el mundo, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), ha oscilado en los últimos diez años entre 1,98 y 2,16 por ciento del producto interno bruto (PIB) de cada país, en Colombia el nivel de inversión en ciencia es alarmante: entre 2005 y 2015 se ha invertido tan solo la décima parte de lo que el mundo ha invertido en investigación y desarrollo.

Evidencia 3: Hay un agotamiento evidente de la producción bibliográfica científica colombiana. En 2013 se alcanzó un máximo en esta área, pero en 2014 empezaron a reducirse los documentos de autores vinculados a instituciones colombianas en las revistas indexadas en la red Mundo de la Ciencia (WOS) y en la red Scopus.

Evidencia 4: No hay un relevo generacional que reverse la situación presentada en la Evidencia 1. En efecto, todos los rangos de edad llegaron a un punto máximo en 2010 y, a partir de este año, se dio una disminución constante del número de investigadores activos (con un pequeño repunte en 2014 que nos pone en el mismo nivel en el que se encontraba el sistema hace diez años).

Evidencia 5: El informe muestra que la inversión privada llegó a un máximo de participación en la financiación de investigación y desarrollo en los años 2013 y 2014 y que después su participación comenzó a disminuir. Todo parece mostrar que la inversión pública no ha logrado atraer más inversión privada a las actividades de I+D.

Segunda hipótesis: no hay un propósito regional ni nacional para atraer talentos. Además,  existe una gran brecha interregional debido a ciertas condiciones que no permiten el aprovechamiento del talento humano en las regiones.

Evidencia 1: El escalafón de competitividad regional 2015 que hizo la Comisión Económica para América Latina (Cepal) puso en evidencia los contrastes que hay en el país entre las grandes ciudades-región y las entidades territoriales. Por ejemplo, regiones como Bolívar, Tolima, Sucre, Cauca y Norte de Santander, entre otras, se encuentren rezagadas con respecto al capital humano y las capacidades de CTI de las grandes ciudades.  

Evidencia 2: Los investigadores activos vinculados a grupos de investigación por entidad territorial están saliendo del sistema.

Evidencia 3: Las cifras de 2014 muestran las grandes diferencias que hay entre los graduados de pregrado y los graduados de maestría/doctorado entre las ciudades-región y las entidades territoriales. Esto es especialmente notorio en departamentos como Cesar, Norte de Santander, Boyacá, Tolima y Quindío.

Reflexiones para el debate

Promoción y apoyo a docentes colombianos, será necesario para escalafones mundiales.
Promoción y apoyo a docentes colombianos, será necesario para escalafones mundiales. 
Foto: Ministerio de Educación

El llamado que se ha hecho una y otra vez es a fortalecer la conexión entre la calidad académica y la realidad del país. El reto de las universidades no es solo producir conocimiento de calidad sino también ser relevantes para el contexto social, económico o político del país.

De seguir esta desconexión entre calidad y pertinencia se agravará el agotamiento del talento y de los recursos dedicados al sistema de ciencia, tecnología e innovación del país. El aprovechamiento del talento y de los recursos humanos es un factor estratégico para tener desarrollo y paz sostenibles.

El reto de las universidades no es solo producir conocimiento de calidad sino también ser relevantes.

Po eso debería abrirse un debate nacional impulsado por las universidades regionales sobre la necesidad de contar con índices híbridos de calidad y pertinencia. Además hay que preguntarse: ¿qué universidades de las grandes ciudades (que concentran las capacidades de investigación más grandes) tienen alianzas exitosas con universidades regionales? ¿Qué universidades acreditadas institucionalmente tienen programas de regionalización que hayan perdurado? ¿Qué aprendizajes podemos sacar de estos programas exitosos?

Algo evidente es que en este momento hay una gran capacidad acumulada en el país en ciencias sociales y humanas, pues esta área es, de lejos, la que más científicos tiene. Esta situación se puede aprovechar para consolidar con fuerza el sistema de CTI.

¿Qué podemos proponer desde las ciencias sociales para el desarrollo científico del país? Necesitamos sacar provecho de nuestro potencial y desarrollar una cultura académica y de investigación con alto compromiso.

Las ciencias sociales nos pueden ayudar a no regresar a una cultura paternalista, puramente orientada a las personas pero sin preocuparse por las publicaciones (cantidad y calidad). También nos pueden ayudar a no seguir estancados en un modelo que tiene claros síntomas de agotamiento, salida y desaprovechamiento de talentos.

Con todo nuestro potencial, es claro que tenemos con quién y de dónde hacer ciencia. Además, qué mejor propósito para ser científico en Colombia que trabajar por el desarrollo y la paz del país.

Si llegamos a tener investigadores enfocados tanto en la calidad como en la pertinencia de su trabajo, lograremos entrar a la lista de las mejores universidades del listado de Shanghai, así como logramos que nuestros deportistas brillaran en los Juegos Olímpicos de Río.

 

Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

**Doctor en Economía de la Universidad de Manchester, miembro correspondiente de la Academia Colombia de Ciencias Económicas, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Ibagué.

 

 

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