Inteligencia artificial y periodistas: ¿cuáles derechos tienen en común?
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Inteligencia artificial y periodistas: ¿cuáles derechos tienen en común?

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“La verdadera pregunta es si la inteligencia artificial debería tener el mismo derecho que los periodistas y todos nosotros tenemos: el derecho a leer, el derecho a aprender, el derecho a usar la información una vez conocida”.

Jeff Jarvis*

Testimonio ante el Senado de Estados Unidos.

El periodista y escritor estadounidense Jeff Jarvis se dirigió ante el Subcomité de Privacidad, Tecnología y Leyes del Senado de Estados Unidos para hablar sobre la inteligencia artificial y el futuro del periodismo, el 10 de enero de 2024.

Es autor de libros como Y Google, ¿cómo lo haría?, El fin de los medios de comunicación de masa y El paréntesis de Gutenberg —que Rey Naranjo Editores publicará próximamente y que indaga sobre la historia de la imprenta y las lecciones que puede dejarle a nuestra era de Internet—.

Nieman Lab reprodujo su testimonio y agregó enlaces que complementan la información del discurso de Jeff Jarvis con documentos y registros.


He sido periodista por más de cincuenta años y profesor de periodismo por más de dieciocho.

I. Historia

Me gustaría comenzar con tres lecciones sobre la historia de las noticias y de los derechos de autor que aprendí investigando para mi libro El paréntesis de Gutenberg: la era de la imprenta y sus lecciones para la era de internet [que Rey Naranjo Editores publicará próximamente].

Primero, la Ley de Derechos de Autor de 1790 de Estados Unidos solo cubría gráficos, mapas y libros. La demanda del diario The New York Times contra OpenAI alega que, “desde la fundación de nuestra nación, una fuerte protección de los derechos de autor ha empoderado a aquellos que recopilan y reportan noticias para asegurar los frutos de su trabajo e inversión”. En verdad, los periódicos no estuvieron cubiertos por la ley hasta 1909 e, incluso entonces, según Will Slauter —autor de Who Owns the News: A History of Copyright (Stanford, 2019) [‘Quién posee las noticias: una historia de los derechos de autor’]—, se debatió sobre si incluir artículos de noticias, ya que eran productos de las instituciones más que de un autor.

Segundo, la Ley del Servicio Postal de 1792 permitió a los periódicos intercambiar copias de forma gratuita. Esto dejó a los periodistas —con el título literal de “editores de tijeras”— copiar y reimprimir los artículos de otros, con la intención explícita de crear una red de noticias y, con ello, una nación.

Tercero, hace exactamente un siglo, cuando los medios impresos enfrentaron a su primer competidor —la radio—, los periódicos fueron hostiles en su recepción. Los editores presionaron a los radiodifusores para que firmaran el Acuerdo Biltmore de 1933, amenazando con no imprimir sus listas de programas. El acuerdo limitaba a la radio a dos actualizaciones de noticias al día, sin publicidad; requería que la radio comprara sus noticias a los servicios de noticias de los periódicos, e incluso prohibía a los comentaristas discutir al aire cualquier evento hasta que pasaran doce horas —se llamaba la “doctrina de noticias calientes”, que desde entonces la Associated Press ha intentado resucitar—. Los periódicos hicieron lobby para mantener a los reporteros de radio fuera de las galerías de prensa del Congreso. También hicieron lobby para que la radio fuera regulada, con lo que cincelaron una excepción en las protecciones de la Primera Enmienda sobre libertad de expresión y de prensa.

La IA convierte en mercancía la idea del contenido, incluso la devalúa. Esto me agrada. Porque espero que impulse a los periodistas a entender que su valor no está en fabricar la mercancía, el contenido. En cambio, deben ver el periodismo como un servicio para ayudar a los ciudadanos a informar el discurso público y mejorar sus comunidades.

Los editores acusaron a la radio —así como desde entonces han acusado a la televisión, a Internet y a la inteligencia artificial (IA)— de robar “sus” contenido, audiencia e ingresos, como si cada uno se les hubiera otorgado por privilegio real. En palabras de la académica Gwenyth Jackaway, los editores advirtieron que la radio pondría en peligro “los valores de la democracia y la supervivencia de nuestro sistema político”. Eso suena muy parecido a la retórica sagrada en la demanda de The New York Times contra OpenAI: “El periodismo independiente es vital para nuestra democracia. También es cada vez más raro y valioso”.

Hasta el día de hoy, los periodistas —ya sea en la radio o en The New York Times— leen, aprenden y reutilizan hechos y conocimientos obtenidos del trabajo de otros periodistas. Sin esa libertad asegurada, los periódicos y las noticias en televisión, en radio y en línea no podrían funcionar. La verdadera pregunta es si la IA debería tener el mismo derecho que los periodistas y todos nosotros tenemos: el derecho a leer, el derecho a aprender, el derecho a usar la información una vez conocida. Si se la priva de tales derechos, ¿qué podríamos perder?

Foto tomada de: Freepik: Kaboompics - Pese a la difícil situación económica que enfrenta el periodismo, también debe discutirse su obligación moral de mantener una sociedad informada.

Lea en Razón Pública: De la televisión al periodismo digital

II. Oportunidades

En lugar de detenerme en una batalla de tecnología y titanes antiguos contra lo nuevo, prefiero centrarme aquí en el bien que podría surgir de la colaboración de los medios de noticias con esta nueva tecnología.

Primero, una advertencia: sostengo que es irresponsable usar modelos de lenguaje a gran escala [LLMs, por sus siglas en inglés] donde los hechos importan, porque sabemos que estos modelos no tienen sentido de los hechos; solo predicen palabras. Compañías de noticias, incluyendo CNET, G/O Media y Gannett, han errado al usar la tecnología para fabricar artículos a gran escala, plagados de errores. Cubrí la audiencia de un abogado de Nueva York que (como el exabogado del presidente Trump Michael Cohen) utilizó un LLM para jurisprudencia. El juez federal del Distrito P. Kevin Castel dejó claro que el problema no era la tecnología, sino su mal uso por parte de los humanos. Abogados y periodistas, por igual, deben ser precavidos al usar la IA generativa para hacer su trabajo.

Dicho esto, la IA presenta muchas posibilidades intrigantes para las noticias y los medios. Por ejemplo:

  • La IA ha demostrado ser excelente en la traducción. Las organizaciones de noticias podrían usarla para presentar sus noticias internacionalmente.
  • Los modelos de lenguaje a gran escala son buenos para resumir un corpus limitado de texto. Esto es lo que hace NotebookLM, de Google, para ayudar a los escritores a organizar su investigación.
  • La IA puede analizar más texto que cualquier reportero. Hice una lluvia de ideas con un editor sobre hacer que los ciudadanos grabaran cien reuniones de juntas escolares para que la tecnología las transcribiera y luego respondiera sobre cuántas juntas están discutiendo, por ejemplo, la prohibición de libros.
  • Me fascina la idea de que la IA podría extender la literacidad, ayudando a las personas intimidadas por la escritura a contar e ilustrar sus propias historias.
  • Un grupo de trabajo de académicos de la Modern Language Association concluyó que la IA en el aula podría ayudar a los estudiantes con juegos de palabras, análisis de estilos de escritura, superación del bloqueo de escritor y estimulación de la discusión.
  • La IA también permite a cualquiera escribir código informático. Como me dijo un ejecutivo de IA en un pódcast sobre IA del que soy coanfitrión: “Los licenciados en inglés están recuperando el mundo… El lenguaje de programación más popular en el planeta Tierra ahora mismo es el inglés”.

Dado que los LLM son, en esencia, una concordancia de todo el lenguaje disponible en línea, espero ver a los académicos examinándolos para estudiar los sesgos y clichés de la sociedad. Y veo oportunidades para que los editores pongan modelos de lenguaje a gran escala junto a su contenido para permitir a los lectores entablar un diálogo con ese contenido, hacer sus propias preguntas y crear nuevos beneficios de suscripción. Conozco a un empresario que está construyendo un negocio de este tipo.

Cabe destacar que, en Noruega, el editor más grande y prestigioso del país, Schibsted, está abriendo el camino para construir un modelo de lenguaje a gran escala en noruego y está instando a todos los editores a contribuir con contenido. En Estados Unidos, Aimee Rinehart, una estudiante ejecutiva mía en CUNY que trabaja en IA en la Associated Press, también está estudiando la posibilidad de un LLM para la industria de las noticias.

III. Riesgos

Todas estas oportunidades y más corren peligro si cercamos el Internet abierto en fortalezas privadas.

Common Crawl es una fundación que durante dieciséis años ha archivado toda la web: 250.000 millones de páginas, 10 petabytes de texto disponibles gratuitamente para académicos, que han dado lugar a 10,000 artículos de investigación. Me perturba saber que The New York Times ha exigido que todo su contenido —aquel que estaba disponible gratuitamente— se borre. Personalmente, cuando supe que mis libros estaban incluidos en el conjunto de datos Books3 utilizado para entrenar modelos de lenguaje a gran escala, me sentí encantado, porque escribo no solo para ganar dinero, sino también para difundir ideas.

Me preocupa que los grandes medios intenten extender los derechos de autor para su beneficio, no solo contra plataformas de búsqueda y redes sociales, sino ahora contra empresas de IA, en detrimento de nuevos y pequeños competidores, en un acto de captura regulatoria.

¿Qué pasa con nuestro ecosistema de información cuando todas las noticias confiables se publican detrás de barreras de pago, disponibles solo para ciudadanos privilegiados y corporaciones gigantes que pueden pagar por ello? ¿Qué pasa con nuestra democracia cuando todo lo que se hace público de forma gratuita —para informar tanto a ciudadanos como a máquinas— es propaganda, desinformación, conspiraciones, spam y mentiras? Entiendo bien la difícil situación económica de mi industria, ya que dirijo un centro de emprendimiento en periodismo. Pero también digo que debemos tener una discusión sobre la obligación moral del periodismo ante una sociedad informada, y sobre el derecho no solo a hablar, sino a aprender.

IV. Derechos de autor

Necesitamos hablar sobre la reinvención de los derechos de autor en esta época de cambio, comenzando con una discusión sobre la IA generativa como uso justo y transformador [del material protegido por derechos de autor]. Cuando la Oficina de Derechos de Autor buscó opiniones sobre IA y derechos de autor (Expediente 2023-6), respondí con preocupación sobre una idea que la Oficina planteó: establecer esquemas de licencias obligatorias para datos de entrenamiento. Las empresas tecnológicas ya ofrecen mecanismos simples de exclusión (véase robots.txt).

En sus orígenes en el Estatuto de Anne de 1710, los derechos de autor no se promulgaron para proteger a los creadores, como comúnmente se afirma. En cambio, se aprobó a petición de libreros y editores para establecer un mercado para la creatividad como un activo comercializable. Nuestros conceptos de creatividad como contenido y contenido como propiedad tienen sus raíces en los derechos de autor.

Ahora llegan las máquinas —los modelos de lenguaje a gran escala y la IA generativa— que fabrican contenido sin fin. El profesor de la Universidad de Maryland Matthew Kirschenbaum advierte sobre lo que él llama “el Textoapocalipsis” [Textpocalypse]. La IA convierte en mercancía la idea del contenido, incluso la devalúa. Esto me agrada. Porque espero que impulse a los periodistas a entender que su valor no está en fabricar la mercancía, el contenido. En cambio, deben ver el periodismo como un servicio para ayudar a los ciudadanos a informar el discurso público y mejorar sus comunidades.

En 2012, dirigí una serie de discusiones con múltiples partes interesadas —ejecutivos de medios, artistas creativos, formuladores de políticas— para un proyecto con el Foro Económico Mundial sobre repensar la propiedad intelectual y el apoyo a la creatividad en la era digital. En el espacio seguro de Davos, incluso los ejecutivos de medios concedían que los derechos de autor están desfasados. A partir de este trabajo, concebí un marco al que llamo “creditright” [‘derechos al crédito’], que he escrito que es “el derecho a recibir crédito por las contribuciones en una cadena de inspiración, creación y recomendación colaborativas del trabajo creativo. Creditright permitiría que se reconozcan y recompensen los comportamientos que queremos incentivar. Esos comportamientos podrían incluir inspirar una obra, crear esa obra, remezclarla, colaborar en ella, interpretarla, promocionarla. Las recompensas podrían ser de pago o simplemente el mismo crédito como recompensa”. Es solo una idea, destinada a encender la discusión.

Constantemente, las empresas editoriales intentan extender a su favor las restricciones de los derechos de autor, argumentando que las plataformas les deben los ingresos publicitarios que perdieron cuando sus clientes huyeron en busca de ofertas mejores y más competitivas en línea. Esto comenzó en 2013, cuando editores alemanes hicieron lobby por un Leistungsschutzrecht, o ‘derechos de autor auxiliares’, que inspiraron más legislación proteccionista, incluido el impuesto de enlace de España, los artículos 15 y 17 de la Directiva de Derechos de Autor de la UE, el Código de Negociación de Medios de Noticias de Australia y, más recientemente, el Proyecto de Ley C-18 de Canadá. Este exige que las grandes plataformas —a saber, Google y Facebook— negocien con los editores por el derecho a enlazar sus noticias. Para obtener una exención de la ley, Google acordó pagar alrededor de $ 75 millones de dólares a los editores, un acuerdo generoso pero difícilmente suficiente para salvar la industria. Meta decidió, en su lugar, eliminar los enlaces a las noticias en lugar antes que ser obligada a pagar por enlazar. Eso es un derecho de Meta, según la Carta de Derechos y Libertades de Canadá, ya que una expresión obligada no es libre expresión.

En este proceso, los cabilderos de los editores de Canadá insistieron en que sus titulares eran valiosos, pero que los enlaces de Meta no lo eran. La intervención no mercantil del C-18 se puso del lado de los editores. Pero resultó que, cuando esos enlaces desaparecieron, Facebook no perdió tráfico, mientras que los editores perdieron hasta un tercio del suyo. El mercado habló: los enlaces son valiosos. La legislación para restringir los enlaces dañaría Internet para todos.

Temo que el Acta de Competencia y Preservación del Periodismo (JCPA) y el Acta de Protección del Periodismo de California (CJPA) propuestas puedan tener un efecto similar aquí. Como periodista, debo decir que me ofende ver a los grandes medios presionar por legislación proteccionista, negociando con el capital político ganado a través del periodismo. Las noticias deben permanecer independientes —no subordinadas— a los funcionarios públicos que cubren. Me preocupa que los grandes medios intenten extender los derechos de autor para su beneficio, no solo contra plataformas de búsqueda y redes sociales, sino ahora contra empresas de IA, en detrimento de nuevos y pequeños competidores, en un acto de captura regulatoria.

V. Apoyo a la innovación

La respuesta tanto para la tecnología como para el periodismo es apoyar la innovación. Eso significa permitir el desarrollo de código abierto, con lo que se incentivaría los modelos de IA y los datos —como los ofrecidos por Common Crawl— se compartan libremente.

En lugar de proteger a las grandes y viejas cadenas de periódicos —muchas de ellas ahora controladas por fondos de cobertura, que no invertirán ni innovarán en noticias—, es mejor nutrir una nueva competencia. Tomemos, por ejemplo, los 450 miembros de New Jersey News Commons, que ayudé a iniciar hace una década en la Universidad Estatal de Montclair; los 475 miembros de Local Independent Online News Publishers; los 425 miembros del Instituto de Noticias Sin Fines de Lucro, y los 4,000 miembros de la Alianza de Productos de Noticias, que también ayudé a iniciar en CUNY. Aquí es donde se está innovando en noticias: esfuerzos que emergen desde las raíces y con base comunitaria.

Hay muchos movimientos para reconstruir el periodismo. Ayudé a desarrollar uno: un programa de grado llamado Periodismo de Compromiso. Otros incluyen Periodismo de Soluciones, Periodismo Constructivo, Periodismo Reparador, Periodismo de Diálogo y Periodismo Colaborativo. Lo que comparten es una ética de escuchar primero a las comunidades y sus necesidades.

En mi próximo libro, The Web We Weave [‘La red que tejemos’], pido a expertos en tecnología, académicos, medios, usuarios y gobiernos que entren en pactos de obligación mutua para el futuro de Internet y, por extensión, de la IA.

Allí propongo que ustedes, como gobierno, prometan primero proteger los derechos de expresión y reunión posibilitados por Internet. Que basen las decisiones que afectan los derechos de Internet en pruebas racionales de daños, no en proteccionismo para industrias amenazadas ni en el pánico moral de los medios. No fragmenten el internet según las fronteras nacionales. Les pido que respalden y permitan unas nuevas competencia y apertura, en lugar de afianzar los intereses existentes mediante la captura regulatoria.

En resumen, busco un juramento hipocrático para Internet: primero, no hacer daño.

Puede ver: ¿Hasta dónde llegará la IA y qué quedará?

Acerca del autor

Jeff Jarvis

*Jeff Jarvis ocupa la Cátedra Leonard Tow en Innovación Periodística y dirige el Centro Tow-Knight para el Periodismo Emprendedor, en la Escuela de Posgrados en Periodismo Craig Newmark, de la Universidad de Nueva York.

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*Jeff Jarvis ocupa la Cátedra Leonard Tow en Innovación Periodística y dirige el Centro Tow-Knight para el Periodismo Emprendedor, en la Escuela de Posgrados en Periodismo Craig Newmark, de la Universidad de Nueva York.

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