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Insensatez colectiva

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Lo de este sábado ha sido horrible. Creo que todos hemos quedado paralizados ante el golpe de realidad y las consecuencias físicas y materiales que ha llevado los discursos de odio a los que nos hemos acostumbrado todos los días. Ha tenido que llegar el recuerdo de la violencia más profunda y del terror para hacernos conscientes que, de nuevo, estamos en esa Colombia rota, dividida e insensata. En todas las redes y comentarios se ha dicho que esto no lo vivíamos desde hace más de 35 años. Pero lo cierto, es que en ese momento el contexto político era otro. 

El país se enfrentaba a una fuerte guerra con el narcotráfico. Los discursos entre el Estado y la ilegalidad se daban bajo esa lucha de poder y de la necesidad de mostrar dominio desde el miedo, la intimidación y el crimen. Lo que vimos el fin de semana es ahora la consecuencia de una serie de decisiones mal tomadas, pero sobre todo de la retórica que se nos volvió paisaje. Ante cualquier situación de país caímos en una serie de cruce de intervenciones: Las del presidente y de sus aliados llamando a unas pasiones desde la rebeldía y el ataque. Confrontativas y desmesuradas. Las de la oposición, en muchas ocasiones alejadas del debate y las ideas, sino buscando el quiebre desde lo personal y buscando aliados desde el odio. Los medios, que, hasta este evento, estaban encantados con esa pelea constante. Con la lucha de trinos, de mensajes, de entrevistas sagaces y titulares amarillistas, reforzando desde el poder que tienen la fuerte polarización entre la sociedad. 

La insensatez colectiva viene de no aprender nuestras propias lecciones. Parece que no nos cansamos de la guerra hasta que la vida nos estrella con la imagen, aquí en Bogotá, del resultado de esa violencia que hemos ignorado en cada comentario y en el discurso. Hoy no sabemos quién buscaba acabar con la vida de Miguel Uribe, pero lo que sí sabemos es que colectivamente no hemos tomado la decisión como país de parar la violencia. De estar a la altura del tipo de Estado que hemos decidido construir y defender. La política, se ha transformado en una guerra de likes que nos mostraron que esa falta empatía y de discurso de las ideas, cuando se sale de las redes, se materializó en sangre. Esa sangre que viven todos los días en las regiones por la falta de acciones de un Gobierno inoperante que prefiere dedicarse a trinar, contestar y burlar que atender la sociedad herida que esta sumida en una guerra que no se quiere ver. O la que algunos aplauden y celebran cuando se trata de exterminar zurdos y los medios, atentos a grabar y hacer la apología al odio y la polarización. 

Estamos haciendo lo mismo, incluso después de este horror que volvimos a vivir. Todos estamos consternados pero las redes inundadas de personas oportunistas imponiendo narrativas. Un presidente desconectado de la realidad o más bien, conectado, pero totalmente insensible. Muchos opositores buscando provecho de esta situación en todo tipo de escenarios pensando que esto, se trata sobre ellos. Muy pocos realmente manejando la situación con la altura que amerita. 

Mi profunda reflexión este domingo en la noche donde también estas situaciones generan reflexiones desde lo personal. Sobre lo que hacemos, lo que somos y lo que podemos vivir. Sobre las personas que amamos y los riesgos a los que se exponen. Sobre el país en el que nos despertamos todos los días. Sobre todos los que, un día dijimos a la paz, y hoy vemos como tenemos al frente un país que nada parece detenerlo, una humanidad indolente y una forma de hacer política totalmente destruida y sin bases de bienestar. 

A Miguel Uribe y su familia toda la fuerza que requiere el sobrellevar situaciones tan injustas y que salgan lo más pronto posible de esta. Y al país, que logremos trascender por fin como sociedad, que la política no se trata solo de réditos personales sino de consecuencias sociales, de construir un futuro para todos los que estamos aquí y los que vendrán. Si después de todos estos años de guerra y sangre seguimos en lo que estamos viviendo las últimas 48 horas, ¿cuándo nos cansaremos realmente de ser este tipo de país?

Acerca del autor

Laura León
lleon@razonpublica.org |  + posts

* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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Laura León

* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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