El informe de la Comisión de la Verdad y la historia como relato
Relatos de la Comisión de la Verdad
Foto: Alcaldía de Medellín

El informe de la Comisión de la Verdad y la historia como relato

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La historia es narración. Es tiempo de escuchar a las víctimas e inclusive a los victimarios: el informe de la Comisión de la Verdad es decisivo.

Ana María Ferreira*

Las bananeras o la violencia en Colombia

Durante los años 20, la United Fruit Company pidió la ayuda del gobierno colombiano para acabar una huelga de trabajadores. Los campesinos que trabajaban para la empresa formaron un sindicato y dejaron de trabajar durante un mes, tratando de negociar menores condiciones laborales.

El Ejército fue enviado a Ciénaga (Magdalena) y unos cien campesinos murieron acribillados por el Ejército.

Este episodio refleja la violencia en la historia de Colombia. Puede entenderse como una de las causas de eventos como el Bogotazo o, incluso, de la Violencia bipartidista.

La masacre de las bananeras dejó una marca profunda en la sociedad colombiana, y esa marca tiene que ver en gran medida con la forma como se contó esta masacre.

Las noticias y los medios informaron parcialmente sobre los hechos, pero será Gabriel García Márquez, al relatar esta historia en Cien años de soledad, quien cristalizará para la posteridad la injusticia de estas muertes, el dolor de las familias y la culpabilidad del Estado.

Hay que escuchar a víctimas y victimarios

Según el historiador norteamericano Hayden White, la “historia” es narración: los acontecimientos históricos solo llegan a nosotros como versiones de los hechos narrados por un autor.

Esta propuesta de White es una idea muy moderna sobre la historia: antes, se pensaba como un objeto estático e indiscutible; solo le importaban los grandes héroes, las grandes batallas y, en general, eventos extraordinarios —normalmente protagonizados por hombres—.

Esta definición de “historia” se ha revisado desde mediados del siglo pasado. Los historiadores han redirigido su mirada hacia las historias locales y familiares; en general, hacia las experiencias de personas que no se tenían en cuenta.

De este modo, hoy por fin se pueden leer las historias de las mujeres, de los indígenas y sus comunidades, de las personas negras o de los habitantes de zonas rurales, cuyas vidas ignoraban los libros del pasado por ser eventos sin interés o personas sin importancia.

Según esta nueva concepción de la historia, se analizan los eventos y, además, quién los narra y cómo los narra.

Durante muchos años, la historia de la violencia en Colombia se contó como una lista de presidentes, partidos políticos, grupos armados, cifras de muertes, consecuencias económicas y otros datos similares. Pero el tiempo de escuchar a las víctimas e, incluso, a los victimarios —es decir, a los verdaderos protagonistas del conflicto— es ahora, y el informe de la Comisión de la Verdad es decisivo en este contexto.

El papel de la Comisión

La Comisión de la Verdad se instauró en 2017, un año después de la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC-EP. Ahora, tras 5 años, podemos leer el informe final.

Se puede acceder a proyectos de la Comisión en una plataforma interactiva diseñada para ser accesible y redactada con lenguaje sencillo. Muestra textos, videos, grabaciones de voz, fotos y dibujos; este formato mixto también muestra mapas de los lugares donde ocurrieron los hechos. Es posible navegar por el sitio web fácilmente.

Por su parte, el informe final se divide en tres partes:

  1. Introducción a los objetivos de la Comisión de la Verdad; también esclarece quiénes trabajaron en el proyecto y cuáles fueron sus metodologías.
  2. El informe, de 896 páginas, cuenta minuciosamente qué pasó y quiénes fueron los actores del conflicto; termina con recomendaciones para una paz duradera.
  3. Un largo libro de 515 páginas, en el que la Comisión de la Verdad decidió preservar para nosotros y para el futuro los testimonios de la guerra en la voz de sus protagonistas.

Lo más importante, por supuesto, no es cómo se presenten los testimonios e historias, sino lo que cuentan. El informe no es fácil de leer, no por su formato, sino porque la historia de la violencia en nuestro país es desgarradora.

Los colombianos hemos vivido rodeados de historias de violencia; algunos la sufrieron directamente; es paradójico que muchas veces pasara inadvertida por ser tan frecuente. Cuando los periódicos publicaban noticias de muertes y masacres cada día, estos eventos, por lo cotidianos, dejaron de despertar espanto.

Relatos de la Comisión de la Verdad
Foto: Presidencia de la República - La verdad no se encuentra solo en las cifras, las fechas o los nombres de presidentes y comandantes, la verdad reside en los relatos de las personas que fueron testigos, cuando no víctimas y protagonistas.

Puede leer: ¿La comisión de la verdad para qué?

“No son rosas, / es la sangre que toma otros caminos”

La tercera parte del informe —el “volumen testimonial”— se titula Cuando los pájaros no cantaban. Historias del conflicto armado en Colombia. Allí, precisamente, podemos escuchar a las personas que vivieron en carne propia los eventos: los vecinos de las personas desaparecidas, los familiares de las personas asesinadas; en ocasiones, la voz misma de los sobrevivientes.

El poder del testimonio no puede minimizarse. No es lo mismo que las noticias den datos sobre una masacre que escuchar los relatos de boca de los testigos.

En esta sección hay relatos personales —de muchas maneras íntimos— sobre muertes, violencia sexual, racismo y tantas otras tragedias que trae la guerra.

Algunas de las historias cuentan, por ejemplo, cómo algunas madres presintieron la muerte de sus hijos; recuerdan la última vez que los vieron y las últimas palabras que les dijeron. Jóvenes cuentan su experiencia como miembros de la guerrilla o del Ejército: historias de frío, hambre, miedo y permanente zozobra. Miembros de organizaciones comunitarias en distintas regiones relatan sus esfuerzos para sanar sus comunidades, sin olvidar a sus familiares y amigos, sin parar de pedir justicia.

Muchas de las historias también cuentan cómo la violencia devastó la vida diaria de tantas comunidades: pescadores que no pudieron pescar más, campesinos que no pudieron cultivar, niños y jóvenes que no pudieron seguir siendo niños.

Los testimonios son cruciales porque hacen de la guerra una realidad palpable para sus lectores. Cuando se cuenta la historia no desde el número de víctimas, sino con la experiencia vital de las personas que participaron, se respetan sus vidas, sus experiencias y sus legados; sobre todo, se entiende la verdadera dimensión de los eventos.

Historias para el futuro de Colombia

En esta medida, el informe es más que un recuento histórico y mucho más que una colección de relatos; es una herramienta que podemos usar, un artefacto del que nos podemos apropiar.

Aunque sea un texto difícil de leer por la realidad terrible a la que nos confronta, ojalá que los jóvenes colombianos lo lean en los salones de clase y que muchas personas lean y escuchen las voces de las víctimas contando su propia historia.

La verdad no se encuentra solo en las cifras, las fechas o los nombres de presidentes y comandantes; la verdad reside en los relatos de las personas que fueron testigos, incluso víctimas y protagonistas.

Un aspecto fundamental del informe: muchas de las personas que relatan sus historias también cuentan su camino hacia la reconciliación y sus procesos de sanación: cómo sus vidas no se definen exclusivamente por la tragedia, sino que renacen a partir de la esperanza y de los sueños que ninguna violencia ha podido destruir.

La Comisión de la Verdad les pidió a las víctimas y a los actores armados del conflicto que contaran sus historias. Así registró los eventos para el análisis político y la posteridad; pero, aún más, dio a las víctimas un espacio para contar sus experiencias y para reflexionar sobre sus recuerdos y sentimientos.

La literatura, las historias, los relatos —y, en general, el arte— son una forma privilegiada para entender la realidad. Ojalá de ahora en adelante las personas que escuchamos en el informe puedan contarnos más y más felices relatos en el futuro.

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Ana María Ferreira

Escrito por:

Ana María Ferreira

* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. anaferreira1810@gmail.com

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