Edición del lunes 22 de julio de 2019

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Los retos del Foro Social Mundial de Túnez 2013

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El gran encuentro de los movimientos altermundialistas, de los indignados de todas las latitudes, abarca una compleja agenda: su relación con la situación mundial, sus estrategias, el examen de las primaveras árabes y el nuevo ciclo de luchas y revoluciones.

El Foro Social Mundial (FSM) de Túnez, que tendrá lugar entre el 26 y el 30 de marzo de 2013, será una oportunidad para la convergencia de los movimientos sociales y ciudadanos que inscriben su acción en una perspectiva altermundialista.

Partiendo del análisis hecho por los propios movimientos, el FSM ofrecerá la oportunidad de pensar la evolución de la situación mundial, haciendo hincapié en la manera de reforzar el proceso al servicio de los movimientos sociales y ciudadanos, de sus movilizaciones, de sus luchas y de las alternativas que traen consigo.

Entre las cuestiones que se pondrán sobre la mesa, se pueden citar la evolución de la situación mundial, la estrategia de los movimientos, la evolución de las primaveras árabes, el nuevo ciclo de luchas y de revoluciones y la evolución del proceso de los foros sociales mundiales.

Los movimientos y la evolución de la situación mundial

El FSM de Túnez permitirá que los movimientos confronten, a partir de sus situaciones, sus apreciaciones sobre la evolución del estado del mundo. Pese a la profundidad de la crisis, la burguesía financiera sigue todavía en el poder y la lógica dominante sigue siendo la de la financiarización.

Pero la mundialización está evolucionando, y sus contradicciones aumentan hasta el punto de que se está traduciendo en una diferenciación de las situaciones de las distintas regiones del mundo: una suerte de deriva de los continentes. Cada gran región evoluciona con dinámicas propias, y los movimientos sociales aspiran a adaptarse a estas nuevas situaciones. Finalmente, esta evolución modifica las condiciones de la convergencia de los movimientos:

  • En Latinoamérica, los regímenes desarrollistas ponen en funcionamiento políticas post–neoliberales, unas políticas que para nada son anticapitalistas y que combinan servicios al mercado mundial de capitales y políticas sociales con ciertas dosis de redistribución. Por consiguiente, tales políticas traen como consecuencia una forma de banalización del altermundialismo y la fragmentación de los movimientos sociales. 
  • En Asia, existen alianzas entre burguesías estatales, nacionales y mundializadas. Como en Latinoamérica, ello abre un interrogante sobre el papel de los movimientos sociales de las nuevas potencias que llamamos, a falta de mejor nombre, “países emergentes”.

En estas dos regiones, el movimiento social se organiza alrededor de trabajadores en lucha por sus derechos y por sus salarios, unos trabajadores que a veces optan por alianzas específicas con la burguesía estatal, pues ésta controla una parte del aparato productivo. 

  • En Oriente Medio, el nuevo ciclo de luchas y de revoluciones desemboca en un periodo de fuertes contradicciones. La presencia real de los movimientos no excluye que éstos deban hacer frente tanto a la emergencia de fuerzas políticas que hacen bandera del Islam, como a los intentos de instrumentalización por parte de las grandes potencias, quienes tratan de compensar la caída de sus dictadores aliados con todo tipo de juegos malabares. 
  • En África, la carrera para la obtención de materias primas y para el acaparamiento de las tierras, unida a la multiplicación de los conflictos y de las guerras resultantes, enturbia la dinámica económica real y el dinamismo de los movimientos. 
  • En Norteamérica, los nuevos movimientos, Occupy y los carrés rouges[1], han tenido que hacer frente a la violencia de la reacción por parte de los poderes económicos, así como al auge de los conservadurismos más inquietantes. 
  • En Europa, los movimientos se enfrentan a tres desafíos fundamentales: la precariedad, la xenofobia y la definición de un proyecto europeo alternativo. 
  1. El primero de ellos obliga a pensar la indispensable y harto difícil alianza de todas las luchas comunes de trabajadores precarios y no precarios.
  2. El segundo tiene que ver con el auge de las ideologías racistas y xenófobas, que proliferan como consecuencia del miedo y de la inseguridad social, ecológica y cívica.
  3. El tercero exige la definición de un proyecto europeo alternativo que se desprenda del proyecto europeo dominante y de sus callejones sin salida y que traduzca en términos políticos y culturales la unidad del movimiento social europeo.
Enfrentados a la nueva situación y al vigor de la reacción conservadora, los movimientos despliegan una fuerte combatividad y altas dosis de inventiva. Todavía no han redefinido las nuevas formas y las prioridades que quieren otorgar a la convergencia de las luchas internacionales; pero son conscientes de su importancia y hacen acto de presencia en los espacios existentes, especialmente los foros sociales, sin que siempre se les conceda la atención que merecen.

La estrategia de los movimientos

En los foros sociales mundiales se ponen de manifiesto dos grandes preocupaciones: la definición de medidas inmediatas que puedan ser impuestas en relación con las consecuencias de la crisis en las condiciones de vida de las clases populares y el necesario diseño de un camino alternativo.

Existen varias propuestas inmediatas que han sido analizadas ya en los distintos foros a lo largo de los últimos diez años. Por ejemplo, la supresión de los paraísos fiscales y jurídicos; la tasa sobre las transacciones financieras; la separación de la banca comercial de la banca de inversión; la socialización del sector financiero; la prohibición de los mercados financieros derivados; la redistribución de la renta; la protección social universal; etc.

Estas propuestas distan de ser inherentemente revolucionarias. De hecho, se trata de propuestas que los economistas del establishment, e incluso algunos gobiernos, no dudan en recoger.

Pero las declaraciones de unos y otros no se traducen en medidas efectivas, pues ello exigiría una ruptura con el dogma neoliberal y la dictadura de los mercados financieros. Y son siempre estas fuerzas las que imperan, unas fuerzas que no aceptarán sin oponer resistencia el tener que renunciar a sus gigantescos privilegios. El reto del FSM, pues, es el de llevar las movilizaciones a la altura de lo que estas circunstancias exigen.

Pero una vía alternativa se ha ido configurando en los foros sociales mundiales: la que pasa por afirmar que las sociedades y el mundo pueden organizarse de un modo distinto al impuesto por la lógica dominante de la subordinación al mercado mundial de capitales.

Las sociedades y el mundo pueden organizarse a partir del acceso a los derechos para todos y de la igualdad de tales derechos, desde lo local hasta lo planetario. Los movimientos sociales preconizan, pues, una ruptura: la de la transición social, ecológica y democrática.

Los movimientos sociales sugieren nuevas concepciones, nuevas maneras de producir y de consumir. Citemos algunas de ellas: los bienes comunes y las nuevas formas de propiedad, el control de las finanzas, el buen-vivir y la prosperidad sin crecimiento, la reinvención de la democracia, las responsabilidades comunes y diferenciadas, los servicios públicos fundados en la lógica de los derechos, etc.

Esta ruptura se vertebra hoy a través de las luchas, pues la creatividad nace de las resistencias y de prácticas concretas de emancipación que, del nivel local al global, prefiguran las alternativas.

Entre la urgencia, la dictadura del realismo y la ambición de una transformación estructural, los movimientos se enfrentan a la necesidad de definir un nuevo pensamiento estratégico. Todavía más, habida cuenta de que deben también reflexionar sobre la difícil cuestión de las nuevas estrategias militares, a saber: la de la guerra sin fin y la de la desestabilización sistemática.

La evolución de las primaveras árabes

El FSM tendrá lugar en Túnez. Donde empezó el nuevo ciclo de luchas y de revoluciones. Las insurrecciones mediterráneas traen de la mano una esperanza revolucionaria. Aquello que de nuevo hay en todo este ciclo de revoluciones está todavía en fase de gestación. Para nada está predeterminado. El período actual, pues, lleva a abrir la discusión pública acerca de las revoluciones y las rupturas. En lo que sigue trataré de avanzar algunas pistas al respecto.

El tiempo de las revoluciones es un tiempo largo y en ningún caso lineal. Las rupturas no son definitivas. Algunas situaciones son manejadas para convertir las insurrecciones populares en guerras civiles.

Las revueltas populares contra los regímenes dictatoriales, que a menudo deben hacer frente a represiones sangrientas, abren las puertas, cada vez más, a todo tipo de maniobras por parte de las potencias dominantes y circundantes. El dramatismo de la situación dificulta a menudo la percepción de las opciones a largo plazo.

Más allá de la democratización, etapa necesaria, se halla hoy en gestación una vía alternativa a la mundialización capitalista. Se trata de un camino que ha de dar respuesta a las contradicciones sociales, ecológicas, geopolíticas y democráticas.

Otra cuestión mayor es la de una nueva fase de la descolonización, que correspondería al paso de la independencia de los Estados, que caracterizó la primera fase de la descolonización, a la autodeterminación de los pueblos. Esta nueva fase de la descolonización no se reduce al auge de los países llamados “emergentes”, sino que se construye en la convergencia de los movimientos que ha ido tomando forma en el espacio de los foros sociales mundiales.

Esta nueva fase de la descolonización situará en el primer plano las cuestiones del agotamiento de los recursos naturales, fundamentalmente el agua, del clima, de la biodiversidad, del control de las materias primas y del acaparamiento de las tierras.

Una parte de lo nuevo busca su camino a escala regional y con el horizonte de lo posible dentro de una sola generación. Latinoamérica salió de las dictaduras hace menos de treinta años. La democratización ha dado a luz a un periodo de democracias burguesas.

Estos regímenes han introducido modelos de crecimiento de cuño neoliberal, de acuerdo con la lógica dominante, y procesos de democratización más o menos limitados. Y Estados Unidos ha pasado del control de las dictaduras a formas de control de tales democracias burguesas. Sin embargo, en el seno de estos procesos se han ido desarrollando nuevos movimientos sociales y ciudadanos, lo que ha modificado la situación en numerosos países y en la región, y ha abierto la posibilidad de evoluciones nuevas.

En la región del Magreb-Máshreq, las contradicciones entre las tentativas de regímenes conservadores y los movimientos sociales y ciudadanos que emergerán en el nuevo periodo van a ir en aumento. Es bajo este prisma donde cabe situar la reflexión sobre la evolución del Islam político. Y es también en este contexto en el que la realidad migratoria muestra su importancia en todas las regiones, exacerbada como está por la crisis, el racismo y la xenofobia. Las sociedades son bien diversas, y el rechazo del extraño pone en peligro la cohesión de todas y cada una de ellas.

El FSM de Túnez permitirá la expresión de la emancipación de los pueblos de la región: el tunecino, el marroquí, el saharaui, el argelino, el egipcio, el sirio, etc. El pueblo palestino gozará de especial atención, fundamentalmente porque se presentarán las conclusiones del tribunal Russell sobre Palestina y porque se le dedicará la marcha de clausura del Foro.

El nuevo ciclo de luchas y de revoluciones

El FSM de Túnez tendrá lugar allá donde la respuesta de los pueblos al recrudecimiento de la crisis en 2008 y a las políticas represivas de austeridad ha abierto un nuevo ciclo de luchas y de revoluciones.

  • El viento nuevo nacido en Túnez sopló primero hacia Egipto. Allí mostró al mundo la naturaleza de esta lucha contra las dictaduras y se extendió a toda la región del Magreb-Máshreq.
  • Luego atravesó el Mediterráneo y se propagó por Europa del Sur –España, Portugal y Grecia–, poniendo de manifiesto la necesidad de una democracia real.
  • Más tarde encontró un nuevo soplo cruzando el Atlántico a lomos de los movimientos “Occupy” de Wall Street, Londres y Montreal.
  • Hoy toma formas más amplias en varios países del mundo –Chile, Canadá, Senegal, Croacia– sacudidos por la quiebra de los sistemas de educación y por la generalización del endeudamiento.
El poder económico y el poder político, vista su complicidad, han sido señalados como los responsables de la crisis. En efecto, lo que ha sido desenmascarado es la dictadura del poder financiero y la “democracia de baja intensidad” que resulta de ella.

Más allá de las especificidades, este nuevo ciclo de luchas se centra en la justicia social, en el rechazo a la miseria, las desigualdades y la corrupción; en la reivindicación de sistemas democráticos que garanticen las libertades individuales y colectivas y la dignidad de todos; en las contradicciones geopolíticas vinculadas a la hegemonía occidental; en las contradicciones ecológicas, cada vez más evidentes.

Asimismo, este nuevo ciclo de luchas pone de manifiesto las contradicciones sociales entre las clases populares y las oligarquías, y cuestiona la hegemonía cultural necesaria para la dominación que ejercen los valores de la burguesía y de las élites dirigentes.

Una de las cuestiones que se discutirá en Túnez es la de la relación entre los nuevos movimientos y el movimiento altermundialista. Pese a que ha habido contactos desde el principio, los nuevos movimientos no se han organizado en el seno del movimiento altermundialista.

Los nuevos movimientos sociales tienen su dinámica propia. Las confluencias con los movimientos más antiguos del altermundialismo existen, pero son difusas. Los movimientos más antiguos del altermundialismo tendrán que aportar enseñanzas acerca de sus logros y de sus limitaciones. Al fin y al cabo, como tan bien señala Esther Vivas, los nuevos movimientos “son un prólogo”.

La situación en Túnez

El análisis del contexto tunecino es necesario. Un Foro Social Mundial no se organiza con la mirada puesta en el contexto interno, pero no puede desentenderse del mismo, pues cada FSM ha tenido un impacto en la situación política interna y en el papel de los movimientos sociales del país. Esta cuestión es especialmente relevante en Túnez, donde la situación es relativamente inestable.

Sin embargo, de momento ello no ha hecho temer por la seguridad necesaria para la celebración del FSM. Además, los distintos colectivos interesados en el FSM han afirmado también que éste no será ni causa de luchas entre las distintas tendencias ni un espacio de enfrentamiento sobre las cuestiones internas de Túnez.

El Secretariado tunecino del FSM de 2013 forma parte del Comité de Seguimiento del Foro Social Magrebí, lo cual consolida los cimientos del Foro. Además, los movimientos tunecinos representan una base amplia inscrita en la sociedad civil tunecina.

El reto, pues, consiste en organizar un foro inclusivo que permita que todas las corrientes defiendan posiciones compatibles con la Carta de Principios del FSM y que se involucren en él. Para que el Foro no sea algo excluyente, conviene dejar emerger toda la diversidad, haciéndola llegar a los movimientos que puedan nacer de la evolución del Islam político.

Los procesos de los Foros Sociales Mundiales

El FSM juega un papel central en la evolución de los foros sociales específicos, pues constituye una oportunidad única para que se organicen eventos más concretos como el “Foro mundial sobre ciencia y democracia”, el “Foro de autoridades locales”, el “Foro de parlamentarios”, el “Foro sindical”, el “Foro de medios libres”, etc., y para que se preparen actividades salidas de otros eventos que han tenido lugar o que están en camino (Rio+20, Foro de los migrantes de Oujda, Foro “Free Palestine”, Tribunal Russell sobre Palestina, Foro Iraquí, Foro Paz y Desarme, Florencia+10 sobre el movimiento social europeo, Foro pan-canadiense, Foro Paz y Desarme de Sarajevo’2014, etc.).

Los foros estatales y regionales están explorando caminos para la transformación política, y ponen sobre la mesa la cuestión de la evolución de los regímenes y de la relación entre los movimientos y los Estados. Asimismo, se van gestando políticas post-neoliberales que, si bien no son anticapitalistas, buscan vías de autonomía con respecto al mercado mundial de capitales y posibilidades de redistribución parcial.

Con respecto a la fragmentación del movimiento social en algunos contextos, conviene afirmar que la autonomía de los movimientos sociales sigue siendo la prioridad, también en lo que atañe a las negociaciones y al apoyo a ciertos regímenes. Los foros temáticos profundizan la orientación estratégica, la cuestión de la igualdad de los derechos y la de las movilizaciones contra la lógica del capitalismo.

La lista de foros temáticos, regionales y mundiales, se alarga: se puede contar una cincuentena para el periodo comprendido entre 2012 y principios de 2013. En lo que respecta al futuro, el FSM de Túnez supondrá un pistoletazo de salida para la mutación de los procesos que conforman los foros sociales mundiales.

*    Representante del CRID de Francia (Centre de recherche et d'information sur le développement, Centro de investigación e información sobre el desarrollo) ante el Consejo Internacional del Foro Social Mundial.

Tomado dehttp://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/fsm.pdf

Traducción para www.sinpermiso.info: David Casassas

 

 



Gustave Massiah *

























 
 















































 
 










































 
 















 
 




 

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