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La indagatoria de Uribe y su significado jurídico, político e institucional

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

La noticia de la citación de Álvaro Uribe a la Corte ha acaparado la atención de todos los medios.

Andres DavilaPor primera vez en la historia de Colombia, un expresidente es llamado a indagatoria. ¿Cómo leer este episodio en la coyuntura actual?

Andrés Dávila*

Ya hay fecha

La Corte Suprema de Justicia (CSJ) fijó para el 8 de octubre la indagatoria del hoy senador Álvaro Uribe Vélez.

La noticia se ha convertido en el centro de atención de medios, redes, analistas, opinadores, políticos y ciudadanos. Por ahora, vale la pena tomar en cuenta tres ámbitos para analizar este episodio: el jurídico, el institucional y el político.

El proceso judicial

En el ámbito jurídico, que al final es el eje de todo lo que está sucediendo, no hay que llevar este suceso más allá de lo que realmente ocurre: el hoy senador simplemente fue llamado a dar su versión de los hechos y a presentar argumentos para su defensa.

La citación a indagatoria tiene lugar después de que ocurrieran tres hechos relevantes dentro del proceso:

  1. La absolución del senador Iván Cepeda, tras las acusaciones de que fue objeto por supuesta fabricación de testigos;
  2. La apertura de un proceso contra Uribe, por los delitos de soborno y fraude procesal, también caracterizados dentro de un proceso de manipulación de testigos;
  3. El cambio de juez que conoce el proceso. Para asegurar la doble instancia a los aforados, se creó una Sala de Instrucción que tomó conocimiento del expediente de Uribe, que antes estaba en manos de la Sala de Casación Penal de la CSJ.

Más de un año después de que la Sala de Casación Penal abriera la investigación, la nueva Sala de Instrucción confirmó que todo lo actuado se ajustaba a las normas existentes, y por lo tanto negó la solicitud de nulidad que habían presentado los abogados del expresidente

El hoy senador simplemente fue llamado a dar su versión de los hechos.

Es paradójico que el magistrado ponente de este último auto confirmara lo que ya había dicho la magistrada Cristina Lombana, quien antes fue recusada por ser miembro de las Fuerzas Militares. La cuestión no parece consistir en que la Corte sea “de izquierda”.

Aunque hay muchas expectativas sobre lo que pasará el 8 de octubre, es útil advertir que ese día no pasará nada. La Sala tiene diez días para tomar una decisión. Pero bien sabemos que los procesos judiciales y las argucias jurídicas están a la mano. Y que seguramente el dueto de antaño, los abogados Granados y Lombana, tendrán estrategias jurídicas para salvaguardar a su defendido. Dos patriotas.

Puede leer: La indagatoria a Uribe…sabemos poco…y mucho

Una democracia en juego

El fragor de los acontecimientos ha impedido un balance ponderado de lo que significaron los octenios de Uribe y Santos en la historia política de Colombia.

Lo que está sucediendo reitera, simplemente, la vigencia y operatividad de las instituciones propias de una república y de una democracia. No son, en ningún sentido, ejemplares o ideales. Pero operan con enorme eficacia.

Veamos: aunque Uribe es expresidente y senador en ejercicio, la Corte Suprema no ha dudado en continuar con el proceso. Aún más, pese a los cambios de la Sala y de los funcionarios, la justicia ha operado, y los demás poderes han hecho lo que les corresponde.

La condena o absolución del Caudillo creará un tsunami político.

Foto: Facebook: Álvaro Uribe Vélez
La condena o absolución del Caudillo creará un tsunami político.

De todas formas, podría decirse que —en comparación con otros varios cargos en contra del senador Uribe— este caso es apenas una distracción.

Pero hay que recordar que el sistema ha funcionado así antes: a Rojas Pinilla se le acusó de abigeato —hurto de ganado—; a Ernesto Samper, la Cámara de Representantes lo declaró inocente; a Álvaro Uribe se le acusa por algo “muy menor”. Es una forma muy colombiana de mostrar que las instituciones operan, así sea en asuntos casi irrelevantes.

No obstante, lo que allí se decida tendrá efectos institucionales e impactos políticos importantes. Por eso, no es solo una distracción. Pase lo que pase en el terreno judicial, la institucionalidad vigente, con sus más y sus menos, tendrá que procesar decisiones y tensiones.

Muchas de esas decisiones se verán como una gran explosión de fuegos artificiales, que las relaciones entre los tres poderes y los órganos de control se encargarán de encauzar hacia un equilibrio.

Ese funcionamiento de nuestras instituciones es paradójico: aquí no hay impeachment; no se cierra el Congreso; los presidentes, hasta ahora, no se van a la cárcel. Las instituciones, como reglas de juego, funcionan, para bien y para mal. Y, al final, esto favorece a nuestra democracia anómala. Pero democracia, al fin y al cabo.

Le recomendamos: Rechazo a rendir cuentas e impunidad política

La tensión política

En el ámbito político la cuestión es más problemática. Lo jurídico y lo institucional delinean, pero no definen lo político.

Y allí, en un juego muy complejo, lo que está sucediendo puede resultar inmanejable o volverse parte del paisaje. Entre otras cosas, porque es allí donde se hace visible la disputa entre concepciones del mundo, de lo público, de lo político, de lo social e, incluso, de lo individual.

Si se revisan algunas columnas de opinión y caricaturas, se encuentra que la sociedad está polarizada, y representa la tensión que propició la decisión de la CSJ. Las posiciones de lado y lado son hiperbólicas y hacen casi imposible un análisis racional.

En El Espectador, Santiago Gamboa calificó la hostilidad de Uribe frente a las altas cortes como un “golpe de Estado institucional [que] será imparable”. Y en el mismo diario, Daniel Mera describe los mismos hechos como una “mutación moral” por la cual “un político de vínculo filial con la guerrilla (…) consiga que una corte lo favorezca y ponga en el banquillo a quien toda su vida ha estado bajo las reglas del Estado de derecho y la democracia”.

Aunque hay muchas expectativas sobre lo que pasará el 8 de octubre, es útil advertir que ese día no pasará nada. 

Uno habla de un golpe de Estado institucional, y el otro de una mutación moral. Ambos columnistas —más que opinadores, profetas—, anticipan un escenario dramático, incendiario y caótico. En pocas palabras, el sueño de muchos colombianos que, ante la falta de movilizaciones revolucionarias, añora al pueblo en las calles matándose. En esta ocasión por Uribe o en su contra, o por la dignidad de Uribe o por su anunciada indignidad, o por el actuar legal o ilegal de Uribe.

Pero, hasta el momento, solo se sabe que Uribe fue llamado a indagatoria en una fecha cercana a las elecciones de octubre. Sin embargo, ya se anuncian concentraciones y llamados a defender dos concepciones de la misma institucionalidad: en una, el bueno es Uribe; en la otra, es el malo.

A pesar de ser expresidente, senador en ejercicio y senador electo, la Corte decidió citarlo, ¿funciona la justicia?

Foto: Facebook: Álvaro Uribe Vélez
A pesar de ser expresidente, senador en ejercicio y senador electo, la Corte decidió citarlo, ¿funciona la justicia?

Ahora bien, parece fácil, desde cualquiera de los extremos, anunciar los muy seguros impactos políticos de lo que suceda ese día. Según ellos, los efectos de la indagatoria serán dramáticos y más visibles que los incendios ciertos y falsos de la Amazonía.

En realidad, existen varias opciones. Si finalmente hay indagatoria, podrá esperarse una decisión de la Sala de Instrucción para aforados de la CSJ. Aunque suene a Perogrullo, la Corte puede decidir (1) absolver o archivar; (2) continuar la indagatoria y conseguir más pruebas —y decidir si los investigados continúan el proceso en libertad o privados de ella—; (3) condenar —con posibilidad de excarcelación o no—.

Cada alternativa tiene efectos políticos distintos y a veces paradójicos. Por ejemplo, condenar a Uribe y quitarle la libertad —un tsunami político— puede ser la solución electoral que no encuentra el Centro Democrático para octubre. Nada como un caudillo victimizado, como ya lo aprendimos con Petro en Bogotá.

En cambio, una absolución puede producir la definitiva caída en la favorabilidad para el caudillo y su partido. Fíjense lo que ha pasado con la extradición de Arias: no es el mártir que muchos de los más recalcitrantes uribistas, con gran bombo en medios, quisieron construir.

Lea en Razón Pública: Las investigaciones contra Álvaro Uribe Vélez

La ronda de medios de la que Uribe fue objeto esta semana amerita un análisis particular que no cabe en esta columna. La imagen, el tono, la argumentación son muy parecidas o bien a las de un culpable o a las de un condenado. Y el acompañamiento de sus abogados, el “dueto de antaño”, en la entrevista de la revista Semana confirma esa percepción.

* Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México, profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

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Comentarios  

Fernando Acosta Rive
-1 # Álvaro Uribe y la JusticiaFernando Acosta Rive 28-08-2019 12:54
Saludos de paz y bendiciones desde México. En estas tierras donde nació Ricardo Flores Magón, varios amigos y sobre todo los familiares de los jóvenes estudiantes mexicanos asesinados en Ecuador el Primero de Marzo de 2008 durante la Invasión Militar Uribista a Ecuador, en Sucumbíos, para "liquidar a terroristas colombianos y a sus cómplices del castro-chavismo ", no olvidamos esos crímenes que forman parte de un historial de Terrorismo de Estado durante la administración presidencial del ahora Senador que habla tanto de Libertad, Democracia, etcétera. Solamente la Justicia Divina enviará al anti-colombiano Alvaro Uribe Vélez a donde deberán estar los Opresores y Enemigos de la Humanidad. Atentamente, Fernando Acosta Riveros
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Jose David Lamk
-1 # SeñorJose David Lamk 26-09-2019 12:13
Qué difícil es, en tratándose del expresidente Uribe lograr ser objetivo. Unos lo ven como un demonio, otros como lo más cercano a una víctima de enemistades. Lo cierto es que al país se le ha olvidado lo que era antes del gobierno de A.U. Y, ha podido más el rencor y la rabia, que la objetividad y, por qué no, la gratitud.
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