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El desgobierno de Duque… ¿o del Centro Democrático?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Reunión de Duque con el Centro Democrático

Andres DavilaMetidas de pata, reverzasos forzados, oposición creciente y aislamiento político. A Duque no le ha ido nada bien, pero no es al único al que le quedó grande la tarea.

Andrés Dávila*

Más allá de Duque y sus (in)capacidades

Semana de pasión antes de la semana de pasión. Así anda el gobierno de Iván Duque, el presidente que eligieron los colombianos en junio del año pasado con más de diez millones de votos.

Derrota de las objeciones a la Ley Estatutaria de la JEP en la Cámara de Representantes, y muy seguramente en el Senado. Imposibilidad de culminar una negociación exitosa con la Minga Indígena en el Cauca. Y más desplantes del presidente de Estados Unidos que, cual “taita” con un indígena díscolo, lo pone de rodillas y le va dando fuetazos. Para que aprenda. Y obedezca.

En este escenario complejo e incierto, son varias las razones para preocuparse:

  • La pérdida de gobernabilidad;
  • Los tics autoritarios autoimpuestos y poco convincentes; y
  • La permanencia del régimen en Venezuela pese a la fallida presión internacional que el propio Duque ha encabezado de manera voluntarista, obligada y poco estratégica.

Pero lo más notable de estas últimas semanas ha sido el paulatino aislamiento del presidente, que sobre todo resulta de las reacciones del Centro Democrático al ritmo de los impulsos del senador Uribe, y que marca una oposición a la derecha de Duque.

¿Le quedó grande gobernar?
¿Le quedó grande gobernar?  
Foto: Facebook: Iván Duque

El problema de la personalidad de Duque, sus capacidades y su estilo de liderazgo —o más bien su innegable ausencia— quizás queda mejor dibujado en cualquiera de las punzantes caricaturas que se han publicado en estos días. Y, puesto que este escrito no es un ejercicio para la bilis, tampoco parece sano, ni oportuno, hurgar más en la herida.

Así que, en lo que sigue, intentaré mirar el asunto desde otra perspectiva.

Gobierno sin gobernabilidad

De hecho, el control sobre el Congreso que se quiso mostrar desde la elección de Duque se ha venido deshaciendo poco a poco. No se pudo construir una coalición mayoritaria clara, ni se ha tenido la capacidad de armar coaliciones mínimas para aprobar las propuestas del gobierno. O estas coaliciones han salido muy costosas, sin obstar la —vana— ilusión de que no se ha repartido mermelada.La segunda vuelta electoral —donde el triunfo de Iván Duque fue claro— se definió entre un candidato de centro derecha y un candidato de centro izquierda, situación que no ocurría desde 1970, cuando el bipartidismo frentenacionalista se enfrentó con la ANAPO. La diferencia consiste en que, esta vez, varios factores impidieron que el centro rodeara al candidato electo.

El control sobre el Congreso que se quiso mostrar desde la elección de Duque se ha venido deshaciendo poco a poco.

Ahora bien, esa imposibilidad no es producto exclusivo del triunfalismo inicial del Centro Democrático. Las circunstancias políticas ya planteaban algunas dificultades:

  • La fragmentación del sistema político, sin un partido mayoritario sino con varios de tamaños y pesos semejantes;
  • La polarización en temas sensibles como la movilización social y la paz, especialmente la JEP;
  • Un centro electoralmente significativo, pero políticamente impotente —o tibio, para no herir susceptibilidades—; y
  • Las nuevas reglas de juego, como el Estatuto de la Oposición que se aprobó con unos cincuenta años de retraso.

A estas circunstancias se agregaron otras —estas sí responsabilidad del gobierno— que complicarían la gobernabilidad:

  • La escogencia de un gabinete decididamente joven, técnico e inexperto.
  • Los nombramientos en carteras estratégicas de figuras muy cercanas al presidente Uribe, pero sin un manejo suficiente de los congresistas (el caso de las ministras de Trabajo o Interior, incluso del ministro de Hacienda).
  • Los mensajes desafiantes y equívocos en materia económica, social y política, acompañados de metidas de pata superficiales; y
  • Los reverzasos obligados como en el apoyo a la consulta anticorrupción o el IVA sin excepciones.

Ese fue el panorama hasta el final del año pasado, cuando parecía claro que asistíamos a un gobierno de escasa popularidad en las encuestas y sin apoyo mayoritario del Congreso, después de dos presidentes con súper-coaliciones legislativas. A esto se le estaban añadiendo la resistencia de los partidos de oposición y los primeros síntomas de movilización social.

Le recomendamos: Las objeciones a la JEP, el Congreso y la debilidad del presidente.

Cuando casi mejoraron las cosas, pero no

La situación pareció cambiar a comienzos del año con el atentado del ELN en la Escuela General Santander. Pese a los equívocos mensajes del Fiscal y del Ministro de Defensa, la condena del terrorismo, la ruptura de las (ya interrumpidas) negociaciones en La Habana y el irrespeto a los protocolos que había firmado Santos volvieron a levantar la buena imagen de Duque.

Vino a renglón seguido el liderazgo regional contra la “dictadura” de Maduro. Pero entre el reconocimiento de Guaidó, el intento de llevar la ayuda humanitaria, el recurso al Grupo de Lima y uno que otro requiebro guerrerista, se pasó de lo que nunca sucedió a un estado de latencia indefinido.

Y entonces vinieron los hechos que acaban de complicarle la vida al gobierno, con triunfos tenues como la forzada aprobación del Plan de Desarrollo, pero con un largo y difícil camino por delante:

  • Por una parte, las objeciones a la Ley Estatutaria de la JEP y las propuestas de reforma constitucional contrarias a lo acordado y aprobado en el Congreso, mostraron que el presidente Duque sigue atrapado por la obstinación antisantista de Uribe, más que por sus propias convicciones políticas.
  • Por otra parte, la pérdida de investidura de Mockus complica las cosas porque golpea a ese centro que tiende a desmarcarse del gobierno y más en época preelectoral.

Podrían ocurrir otras cosas que afecten la gobernabilidad de Duque, pero ya en el tablero político se han dado cambios inesperados: sectores que se encuentran en el espectro de centroderecha comienzan a unirse en una actitud entre la independencia y la oposición. Me refiero a lo que queda del partido conducido por César Gaviria, a Cambio Radical bajo el mando de Vargas Lleras y al Partido de la U, con protagonismo de Roy Barreras. Estos grupos, sumados, están muy cerca de ser mayorías viables en las dos cámaras.

Sectores que se encuentran en el espectro de centroderecha comienzan a unirse en una actitud entre la independencia y la oposición.

También está la audiencia pública que convocó la Corte Constitucional en torno al glifosato. El evento mostró la franca, casi penosa, incapacidad de los ministros por sustentar técnica y políticamente sus argumentos, convicciones y decisiones acerca de las políticas oficiales del presidente Duque. Y todo esto agravado por lo que ya se siente como una penosa imposición del imperio: fumigar porque sí.

¿De quién es el gobierno?
¿De quién es el gobierno?
Foto: Facebook: Iván Duque

Finalmente llegamos a la minga en el Cauca, que puso de presente el segundo elemento novedoso en el paisaje: una mezcla de autobloqueo y aislamiento sin salida, además de muy lento y errático aprendizaje. Aquí resaltan por un lado la lenta reacción del gobierno y la imposición de “inamovibles” que no eran realistas. Y por el otro que el acuerdo no se haya podido concretar debido a la mezcla de dos presiones cruzadas:

  • La de senador Uribe, junto con José Obdulio, Fernando Londoño y otros que prácticamente vetaron el preacuerdo y casi que exigieron la represión como única forma de mostrar autoridad;
  • Y la del siempre oportuno fiscal Martínez, que avisó de un atentado a perpetrarse por parte de los terroristas de la Minga. Aunque evidentemente esas no fueron sus palabras, así quedó en el imaginario de las huestes uribistas y de muchos medios.

Le recomendamos: Uribe, ¿opositor de Duque?

Oposición, también, desde la derecha

En vez de un logro político significativo, de aire para gobernar, debe estar contuso y confuso viendo un fenómeno puramente colombiano: a un gobierno de centro derecha le surge, también, una oposición desde la derecha.Y entonces, Duque fue y volvió del Cauca con las manos vacías, aislado y casi con el recurso único de la coerción, del uso de la fuerza —medido o desmedido, qué más da—.

Con casi todos los demás partidos entre la independencia y la oposición, su partido de gobierno apunta a hacer oposición, que es lo que sabe hacer.

Puede leer: Los 101 días de Duque.

En consecuencia, este relato no niega que a Duque le quedó grande el gobierno, pero pone el acento en otro lugar. Al Centro Democrático es al que le quedó grande la tarea, lleno de tics de oposición cerrada y cerrera, que parece preferir eso al desgaste inevitable de ejercer como partido de gobierno.

Falta ver, entonces, lo que sigue. El próximo hito será seguramente en octubre, en las elecciones locales. Ahí vamos.

* Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México, profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

 

 

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