Vargas Lleras: ¿el candidato seguro que sin embargo no pudo?

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Vargas en acto de disculpas con el guardaespalda involucrado en el hecho del coscorrón

Daniela GarzonEn esta historia inquietante se mezclan la persona, las ideas, la historia, la coyuntura, las imágenes, los rivales, el cálculo y la mecánica de un extraño país electoral en la antesala de unas raras elecciones.     

Gineth Daniela Garzón*

Como sin querer queriendo

Ninguno de los muchos candidatos o precandidatos que han sonado hasta este momento, ha hecho una campaña tan larga para ser presidente como Germán Vargas Lleras.  

Desde cuando menos el 2010, cuando logró el tercer lugar en la primera vuelta de las elecciones (después de Santos y Mockus),  Vargas no ha cejado en el empeño de buscar la Presidencia de Colombia.  

Precisamente por sus buenos resultados en las elecciones de 2010, Santos llamó a Vargas como su primer ministro de Interior y Justicia y su poderoso ministro de Vivienda en el primer cuatrienio, lo hizo Vicepresidente en el 2014 y le confió los recursos y la visibilidad de las obras públicas y la vivienda durante más de tres años.

Vargas era el heredero natural y el ganador seguro de las elecciones del 2018.         

Y sin embargo el propio Vargas se ha negado de manera persistente a declararse como candidato, aunque sus pretensiones no sean un secreto para nadie - y aunque no pierde oportunidad de seguir recorriendo el país a la caza de nuevos apoyos electorales-.  

Sin arrastre y sin banderas

Jefe del equipo negociador con las FARC, Humberto de la Calle.
Jefe del equipo negociador con las FARC, Humberto de la Calle. 
Foto:  Presidencia de la República

En una campaña electoral - y más en un país que se ha acostumbrado al caudillismo-   los dos factores más importantes para escoger entre los candidatos suelen ser los rasgos de su personalidad y las banderas o valores que encarnen, pues así el elector sabe o cree saber cómo actuaría el elegido en el gobierno y cuáles son sus formas de pensar y proceder.  

Pero ninguno de los dos factores está jugando a favor de Germán Vargas.

-Vargas no es una figura carismática ni es un líder de plaza - como lo es Uribe y podría serlo Ordóñez-.  La gente lo reconoce como un trabajador incansable y así lo vende su partido, pero su escasa simpatía personal, su arrogancia y el famoso coscorrón le han hecho perder imagen, como muestran las encuestas con toda claridad: cayó del 61 por ciento de favorabilidad en diciembre del año pasado a 40 por ciento en febrero de este año,  y su imagen negativa aumentó de 24 puntos en diciembre a 48 en la encuesta de Gallup más  reciente.

No es el portador de ninguna bandera. El en sí mismo no significa nada.

-Y Vargas además pertenece a la ya larga lista de aspirantes que trabajan en sus postulaciones sin tener claro cuál será el tema que mueva las elecciones. En este escenario de tensa calma y agotamiento de la agenda pública, dos banderas desteñidas se mantienen a falta de otros asuntos que concentren la atención de la gente y de los políticos: la paz y la corrupción.

Pero Vargas Lleras no es el portador reconocido de ninguna de esas dos banderas: 

  • No es la personificación de ninguna de las esquinas del proceso con las FARC (que ya tienen dueño), y
  • La bandera de la anticorrupción no le queda o es poco creíble cuando su partido se ha visto envuelto en múltiples escándalos, como Javier Duque lo mostró en esta revista.

Ambigüedad que mata

Exvicepresidente Germán Vargas Lleras con el programa de casas gratuitas.
Exvicepresidente Germán Vargas Lleras con el programa de casas gratuitas.  
Foto: Vicepresidencia de la República

Desde el momento en que llegó al Gobierno, Vargas trató de mantenerse al margen de la polarización alrededor del proceso de paz.

Su “Sí con reservas” parecía ser un gana-gana porque le permitía no gastar su capital político: mientras Santos veía bajar su popularidad a medida que avanzaban los diálogos con las FARC, él se hacía conocer en las regiones como el gran ejecutor de programas como el de las 100.000 casas gratis y los proyectos de infraestructura – sin que nadie dentro del gobierno lo pudiera descalificar como un enemigo de la paz-.

Esta estrategia tenía su razón de ser. Los consultores electorales coincidían en la idea de que la campaña de 2018 iba a ser bastante menos tensa o polarizada que la del 2014, porque el Acuerdo ya estaría firmado y refrendado- de modo que la paz estaría lejos de ser el tema de conversación-. En medio de candidatos desdibujados por falta de otra bandera, con su imagen de “gran ejecutor”, y con los votos de la maquinaria que tanto había cultivado, la victoria de Vargas Lleras era un hecho ya cantado.

Pero el triunfo imprevisto del No en el plebiscito reafirmó la polarización y le dio nuevas alas al uribismo, que ya no tendría que pensar en una coalición con Vargas para llegar a la segunda vuelta. Comenzaron a sentirse electoralmente las iglesias cristianas y el ultra-conservadurismo que encarna Ordóñez. El juego entre los dos bandos volvió a ocupar el centro de la mesa, y la ambigüedad de Vargas dejó de dar sus frutos. Como dejó de ser el “candidato inevitable” también dejó de ser el candidato a vencer en la segunda vuelta.

Competidores en ciernes

Germán Vargas Lleras, junto al Senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Germán Vargas Lleras, junto al Senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez.  
Foto: La Silla Vacía

Vargas no logra construir una marca propia ni es el adalid reconocido de alguna causa o de un valor distinto de los que ya existen. Más aún: no es el portador de ninguna bandera. El en sí mismo no significa nada.

Esta falta de identidad no es exclusiva de Vargas ni de Cambio Radical,  que más que una colectividad política con ideología clara es una fábrica de avales. Incluso se diría que la situación de este partido (con candidato propio) es algo menos mala que la de partidos como el liberal, el conservador y el de la U, que están a punto de romperse porque sus congresistas buscan refugio en otras toldas: de hecho el proyecto de transfuguismo que les permite hacer eso será radicado al comenzar la próxima legislatura.

De lo anterior se sigue que los candidatos o los partidos que tienen una identidad más o menos clara, y por ende un público y unos votos de opinión definidos, tengan más posibilidades que Vargas Lleras. Aquí figurarían:

  • El uribismo,
  • Ordóñez y las iglesias,  
  • De la Calle como defensor de la paz, y en menor medida
  • La izquierda (por ahora fracturada), y
  • La coalición que se aferra al lema de la anticorrupción (Fajardo, López, Robledo).

Estas opciones cobrarían fuerza si alguno de los temas anteriores llega a consolidarse como el eje de las próximas elecciones.

El dilema

Vargas está ahora frente a un dilema que ha tratado de esquivar pero que no le da más tiempo:

  • Irse únicamente con su maquinaria, que no es poca, y mantenerse por fuera de la polarización, con algún chance de pasar a segunda vuelta, o
  • Definirse por una de las dos posiciones.  

Si se tratara de sus convicciones de vieja data, lo lógico sería que Vargas optara por hacerle oposición al Acuerdo de La Habana. Así lo insinuó ya en su entrevista con Semana antes del plebiscito del 2 de octubre.  Y es una opción que  su partido ya está cultivando, por ejemplo cuando el director de Cambio Radical Jorge Enrique Vélez dijo que no apoyarían la reforma electoral propuesta por el gobierno (incluso siendo esta una versión recortada del proyecto de la Misión Electoral Especial). Otra muestra ha sido el ausentismo de parte de sus congresistas durante el fast track, que por ende no han votado los proyectos.

Está ahora frente a un dilema que ha tratado de esquivar pero que no le da más tiempo.

Es más: aunque no fuera esa su convicción, a Vargas le convendría oponerse al Acuerdo para desmarcarse de Santos, cuya impopularidad podría ser un lastre en la campaña que viene.  Pero la decisión no es tan sencilla:

  • Irse en contra del Acuerdo es acercarse a algún sector del uribismo, donde ya nadie lo quiere por haber sido el coequipero de Santos.  Peor todavía, las cuentas no le cuadran:
    • El uribismo puede no tener candidato, pero con Zuluaga quedó demostrado que cualquier nombre avalado por Uribe es capaz de llegar a segunda vuelta. Vargas no sería ese nombre porque Uribe no está dispuesto a correr el mismo riesgo que corrió con Santos.
    • Y Vargas además no quiere ni puede ser el segundo de alguien. Con la alianza entre Uribe y Pastrana, más el pacto con Ordóñez que se está cocinando, Vargas tendría que disputar la candidatura con el exprocurador y con el candidato uribista-pastranista.
  • Al irse contra Santos, Vargas rompe la coalición de gobierno y se arriesga a quedarse sin el control burocrático que tiene hasta el momento, e
  • Indirectamente ratifica a la paz como el tema de la elección, pues los proyectos concernientes al Acuerdo serían mucho más difíciles de aprobar sin los votos de Cambio Radical, y esto mantendría el tema sobre la mesa.

Por otro lado, Vargas no tiene ningún aliado en el lado de la paz - y como dije antes sus propias posturas lo alejan de él-. Tampoco tiene mucho por ganar en ese espacio porque quienes lo conforman no lo quieren ahí. Ya De la Calle dijo en su entrevista con  El Tiempo que la indiferencia de Vargas lo sacaba de una coalición pro-paz y en otra ocasión que al país no le convenía “la república del coscorrón”.

La apuesta es la maquinaria

Vargas tiene plena conciencia de todo lo anterior, y por eso desde que salió del Gobierno se ha dedicado a afianzar las alianzas que ya tiene, y a obtener nuevos vínculos regionales con casas políticas reconocidas y controvertidas, pero que tienen la experiencia y el capital económico y político para mover los votos que necesita.

Sus aliados más poderosos los tiene en la casa Char. Durante los últimos meses logró concretar el apoyo del clan Gnecco del Cesar, y podría salir beneficiado de la escisión del partido de la U, donde desde hace un tiempo se está formando una disidencia costeña que cuenta con las maquinarias más fuertes, las del Ñoño Elías y Musa Besaile en Córdoba (aunque son codiciadas también por el uribismo). Si se ganara el Caribe, Vargas daría un gran paso hacia la Casa de Nariño, pues en la segunda vuelta en 2014 fue la región que inclinó la balanza a favor de Santos.

Se ha acercado a los Aguilar en Santander, cuyo líder es el parapolítico Hugo Aguilar, en Bogotá tiene a Enrique Peñalosa y su bancada es la más grande del Concejo, ha conseguido apoyos en el Huila, y está trabajando en las regiones para armar su aparato  electoral desde allí, evaluando los candidatos que pueden ayudarle a aumentar su cuota en el Congreso, donde hasta ahora Cambio Radical tiene 9 senadores y 16 representantes.

Cuando finalmente acepte el aval de Cambio u oficialice su candidatura por otros medios, Vargas será quien tenga la mayor cuota inicial en la aspiración de salir elegido presidente, pero al que más difícil le queda completar el saldo.

 

* Politóloga de la Universidad Nacional de Colombia y Coordinadora Editorial de Razón Pública.

 

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Comentarios  

Álvaro Cadavid
0 # Al final desbaratas, lodicho al inicioÁlvaro Cadavid 13-07-2017 19:07
Al final. Dices lo contrario, de lo que expresasta al inicio.. Al hacer listas jerarquizas y revelas tus preferencias
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