Trump, América Latina y el Caribe: ¿salto al vacío? ​ ​​

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Manifestaciones de inmigrantes en Estados Unidos.

Socorro RamírezEl nuevo presidente ha dicho poco sobre la región, pero bastante sobre las migraciones y sobre el comercio. También ha dicho cosas sobre Cuba, Venezuela y las drogas que – para mal, más que para bien- afectarían a esta parte del mundo.    

Socorro Ramírez*

Futuro incierto

Es incierto lo que quiere y puede hacer Donald Trump como presidente de la (aún) primera potencia mundial. Tanto sus declaraciones y sus tuits como su equipo de gobierno han suscitado temores. Bajo el eslogan “América primero” y con el anuncio de una ofensiva proteccionista, el nuevo presidente pretende que esa nación se concentre en sus propios asuntos y reasuma la condición de potencia unipolar.

Su estilo, vengativo y agresivo, impredecible e incoherente, se enfrenta con una realidad muy compleja, con contrapesos institucionales y una presión nacional e internacional que incidirán mucho sobre los cambios que empiezan a perfilarse.

Trump ha hecho muy pocas alusiones a América Latina y el Caribe, y las que ha hecho han sido casi todas negativas. Ya en el poder podría ignorar lo que pase en la región o, simplemente, tratarla como un ‘patio trasero’. Si cumple lo poco que ha prometido se desatarán tensiones que harán casi imposible la cooperación en cualquier asunto.

Entre los elegidos para su gabinete ninguno es hispano, y con la región solo tienen que ver:

  • En la diplomacia, un magnate petrolero (Rex W. Tillerson);
  • En comercio, un multimillonario reestructurador de compañías (Wilber Ross);
  • En migración y drogas, el general exjefe del Comando Sur (John Kelly).

Estos funcionarios tardarán en nombrar a los subsecretarios que tendrán a cargo las relaciones con nuestra región.

Deportación masiva

Incertidumbre por parte de latinoamericanos en Estados Unidos
Incertidumbre por parte de latinoamericanos en Estados Unidos
Foto: Canal Capital

Aunque la mayoría de los migrantes a Estados Unidos provienen de Asia y no de América Latina y el Caribe, es posible que la región -sobre todo México y Centroamérica- sea la más afectada por la deportación masiva de indocumentados que prometió Trump. En ese caso:

  • Aumentarían los retornos forzados o voluntarios,
  • Desmejorarían los salarios y condiciones laborales de latinoamericanos y caribeños sin permisos de trabajo,
  • Se levantaría aún más alto el muro xenofóbico, físico, militar y tecnológico, y
  • Disminuirían las remesas enviadas por inmigrantes.

A la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y a sus miembros les corresponde apersonarse del asunto, revivir los acuerdos que hablan de fronteras solidarias, inclusión y derechos de migrantes, y defender a los miles de seres humanos que huyen de miserias, catástrofes y persecuciones, y que ahora son señalados como criminales.

La respuesta no será eficaz si no hay concertación entre los países de origen y destino (que hasta ahora se desentienden de su responsabilidad) y de tránsito (que militarizan fronteras y deportan o dejan a los migrantes en manos de los traficantes).

Una vez que Obama puso fin a la política de “pies secos, pies mojados” que otorgaba residencia a los cubanos que habían ingresado ilegalmente a Estados Unidos o a médicos que desertaban, centenares de cubanos quedaron atrapados en mitad de camino. Esta situación exige un acuerdo prontamente. La decisión de Obama puede ser parcialmente modificada por Trump para satisfacer a un sector de sus electores mientras mantiene la otra con su discurso anti-inmigración.

Las presiones comerciales

Antes de posesionarse Trump acusó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de la pérdida de millones de empleos, amenazó con un arancel a empresas que no retornen sus inversiones y logró que varias cancelaran sus proyectos en México.

Además amenazó con abandonar el TLCAN si no logra una renegociación que le sea favorable. México, que envía casi 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, ya siente los efectos de estas presiones y los sentirá la región en la moneda, la inversión extranjera, las exportaciones y el crecimiento.

Si Trump entierra el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) –donde   participan México, Chile y Perú- China podría concretar el Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional (RCEP) e incluir en él a los países latinoamericanos de los que ya es el primer o segundo socio comercial.

Trump rechaza los tratados multinacionales y puede exigir la revisión de TLC bilaterales. En casos como el de Colombia, aunque la balanza es favorable a Estados Unidos, Washington percibe señales de incumplimiento. Sin embargo no le será fácil replantear todos los TLC pues han sido aprobados por el Congreso, su propio partido los ha promovido y muchas empresas son multinacionales que no puede controlar.

América Latina y el Caribe podrían aprovechar la coyuntura si tuvieran poder de negociación, pero se encuentran atravesadas por realidades y posiciones distintas sobre el tema comercial y de inserción internacional. Ni siquiera han sometido a examen la relación regional con Estados Unidos o con China porque estas relaciones se reducen a intercambios bilaterales.

Tratado de Libre Comercio, TLC entre Estados Unidos y Colombia

Tratado de Libre Comercio, TLC entre Estados Unidos y Colombia.
Foto: Ministerio de Comercio, Industria y Turismo

Lo político-ideológico

Aunque América Latina y el Caribe no son escenarios de grandes conflictos ni de terrorismo internacional, las políticas de Trump sobre estos temas tendrán ecos en la región. La resonancia será más fuerte si su gobierno militariza la relación y fortalece la extrema derecha regional. Y si trata de presionar a gobiernos de izquierda por su anti-imperialismo reviviría el sentimiento anti-yanqui.

Trump fue el único de los 17 precandidatos republicanos que apoyó el restablecimiento de relaciones con Cuba, pero lo rechazó luego por razones electorales y habló de revertirlo afirmando que "todos los aspectos de este acuerdo favorecen a Cuba". El magnate tratará de cambiar algunas medidas y de mantener lo que queda del embargo.

Los republicanos, partidarios de reimplantar una estrategia dura contra Castro, presionarán para reactivar el bloqueo económico, comercial y financiero, pero se enfrentarán a una opinión pública que ha apoyado la normalización de nexos oficiales y a otra parte de su electorado que defiende los viajes, inversiones y remesas y que ha estado interesado en negocios en la isla.

De la crisis venezolana, la más complicada en el hemisferio, Trump habló poco y se limitó a escasas referencias a presos políticos, pero es posible que endurezca las presiones. Por su parte Maduro dijo que Trump no puede ser peor que Obama (!). Habrá que ver si sus nexos con Rusia llevan a Putin a intervenir en favor del gobierno chavista.

La cruzada antidrogas

Tanto en Estados Unidos como en América Latina y el Caribe se están llevando a cabo procesos contradictorios. Mientras unos sectores intentan mantener la estrategia prohibicionista y represiva, otros aumentan las presiones para cambiar la política y ensayar alternativas.

El día de la elección de Trump varios Estados, como California, decidieron regular el negocio del cannabis, que ya tiene un gran mercado legal en Estados Unidos, se proyecta a Canadá y está produciendo enormes ganancias e ingresos por impuestos.

Como en los demás asuntos, Trump y su equipo han sembrado incertidumbres en este tema. Una aproximación militar revertiría esas regulaciones estatales o las aperturas federales frente a los arrestos de consumidores.

La posible alianza de Trump con Putin puede hacer que Estados Unidos coincida o tolere los esfuerzos de Rusia, que está interesada en que entidades de Naciones Unidas como la Organización Mundial de la Salud, no apliquen las recomendaciones acordadas en la Asamblea General Especial de Naciones Unidas sobre el Problema Mundial de las Drogas (Ungass 2016), se nieguen a revisar el fracaso de la política actual y sigan aferradas a metas inalcanzables y contraproducentes.

Los procesos en América Latina y el Caribe también son contradictorios. Hay intentos de disminuir los daños producidos por las drogas y por las políticas para hacerles frente con decisiones como:

  • La descriminalización de la posesión de pequeñas cantidades de sustancias para consumo personal;
  • Las reformas en salud, prevención y justicia;
  • El uso medicinal y recreativo de cannabis;
  • Los cambios en el manejo de los cultivos para mercados ilegales.

Pero las posiciones divergentes de los gobiernos no son sometidas al debate y aún menos a una acción regional conjunta. Sobre esas contradicciones y los recortes del gasto federal podrían navegar Trump y su equipo, lo que haría más adverso el contexto del debate sobre la política de drogas. Las presiones hacia posiciones punitivas o criminalizadoras pueden sentirse de nuevo con fuerza.

Si Washington revive la guerra contra las drogas, buscaría trasladar su costo a los países productores, exigiendo la fumigación aérea y la extradición, lo que en el caso colombiano pondría en dificultades el acuerdo con las FARC y el apoyo al plan ‘Paz Colombia’.

Igualmente, podría presionar a México y a países de tránsito de drogas como Venezuela y los centroamericanos. La Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, ya aprobada por el Congreso de Estados Unidos, podría reducir su apoyo a asuntos como la creación de instituciones sólidas, seguridad, justicia y oportunidades de desarrollo.

En suma, aunque América Latina y el Caribe serán un escenario secundario para Trump, la relación se encuentra en vilo ante una política aún impredecible que puede someter a la región a cambios unilaterales.

Con unos países la relación será conflictiva y con otros distante o fácilmente administrable. Esto dependerá de la proximidad o la lejanía geográfica e ideológica, de la dependencia e interdependencia existente y del uso que Trump pueda hacer de asuntos que le permitan mostrar resultados. También incidirá la evolución de cada país, la capacidad regional o subregional para responder y hablar al unísono, así como la posibilidad de desarrollar estrategias conjuntas para fortalecer nexos con otras potencias.

 

*Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic en este enlace.

 

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Comentarios  

ignasi orobitg gene
0 # que lástimaignasi orobitg gene 24-01-2017 15:59
Que conste que lleva dos siglos haciendolo al reves.
Que lástima no haberlo hecho siempre así.
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LAUREANO
0 # ESTA LOCOLAUREANO 26-01-2017 22:31
EN NUEVO PRESIDENTE DE EE. UU. DEBE TENER UN GRADO DE LOCURA, PORQUE LO QUE ESTA HACIENDO ES CONTRA LOS MISMOS AMERICANOS QUE SUPUESTAMENTE ESTÁ PROTEGIENDO
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