Estados Unidos y la injerencia rusa

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Luis Javier MejíaParece una (mala) novela de misterio, y es en efecto una muestra de la cadena de escándalos y pasos en falso de Trump y de un gobierno que parecen tambalearse y que no obstante se mantienen a flote.

Luis Javier Mejía*

Crisis de Estado

Desde su posesión, Donald Trump y su partido se mueven entre una maraña de declaraciones y decisiones contradictorias que han tenido un aparente resultado positivo: la oposición no tiene un tema definido que le sirva de foco para mantener la movilización y las protestas ciudadanas.  

Las bases electorales republicanas y “trumpistas”  tienen la impresión de que eligieron un gobierno hiperactivo que está haciendo lo esperado. Sin embargo – y en abierta contradicción de sus promesas de campaña- las decisiones del gobierno Trump y respaldadas o impulsadas por el Partido Republicano, no protegen los intereses del proletariado industrial ni de la clase media -rural y urbana no metropolitana- que votaron por ellos.

Trump en cambio parece trabajar por los intereses del complejo industrial-militar, de los rentistas de clase alta, de los grupos financieros, de las industrias extractivas y de los ejecutivos de corporaciones. Pero este sesgo todavía no es percibido por las fuerzas populares que aún apoyan al régimen.

Además el gobierno da la impresión de caos por la ausencia de instrucciones presidenciales y de líneas de autoridad que unifiquen las acciones, por la ineptitud de algunos altos funcionarios, por los conflictos de intereses en agencias de regulación y control, por las vacancias en altas posiciones del Ejecutivo y por la aparente libertad de iniciativa de los aficionados incompetentes en cargos políticos.

Entre los muchos hechos que ponen en evidencia a un régimen sin ruta de viaje, el caso de las investigaciones sobre el affaire ruso sirve para ilustrar con detalle la crisis política que se vive en Estados Unidos.

El affaire ruso

James Comey, exdirector de la Oficina Federal de Investigaciones.
James Comey, exdirector de la Oficina Federal de Investigaciones. 
Foto: Wikimedia Commons 

A mediados de 2016 circuló un rumor sobre la injerencia del Estado ruso en las elecciones norteamericanas. Funcionarios del Partido Demócrata y de la campaña Clinton denunciaron sin éxito una aparente intrusión en sus bases de datos y servidores de correos electrónicos.

Cuando Wikileaks publicó mensajes extraídos del buzón del gerente de la campaña Clinton, se confirmó la injerencia de terceros en las elecciones norteamericanas. Responsabilizar a Rusia de estas acciones fue inicialmente una conjetura que explicaba, entre otras cosas, la ausencia de ataques cibernéticos contra los republicanos y la campaña Trump.

A finales del 2016 y principios del 2017 el fbi y varias agencias de inteligencia declararon que, según la información disponible, podían confirmar que el Gobierno ruso había intentado debilitar la candidatura de Clinton y promover la de Trump mediante varias  tácticas:

  • Usar las agencias de noticias rusas, como rt, para difundir historias que favorecían a Trump y perjudicaban a Clinton.
  • Poner en circulación informaciones falsas sobre Clinton en las redes sociales a través de cuentas y usuarios ficticios.
  • Penetrar en los archivos electrónicos del Partido Demócrata y de la campaña Clinton en busca de material negativo.
  • Violentar los sistemas de votación en los Estados para manipular las bases de datos, el proceso de registro de votantes y las máquinas de votación.
  • Acceder a los archivos electrónicos de funcionarios electorales.
  • Infiltrar las bases de datos de financiación de las campañas.

En el 2016, el fbi empezó a investigar el robo de información a los demócratas. Los contactos entre agentes rusos y empleados de la campaña Trump llamaron la atención de la cia. La investigación se fue ampliando y otras agencias federales se interesaron en eventos que parecían manifestar vulnerabilidades en los sistemas de información electrónica del país.

En este momento, la investigación del fbi se centraba en:

  • Las técnicas usadas por los rusos para penetrar en los sistemas electrónicos -públicos y privados- del país y la información que pudieron recolectar.
  • Los contactos entre la campaña Trump y los rusos.
  • Si hubo complicidad o colusión en el ataque a los demócratas y flujo de dinero de los rusos en la campaña de Trump.

De acuerdo con el Washington Post, la investigación cubría también:

  • La obstrucción de la justicia por parte de Trump;
  • Las finanzas y contactos de negocios con los rusos del yerno de Trump y alto consejero presidencial, Jared Kushner;
  • Las finanzas de otras personas del círculo de Trump.

Así mismo son investigados los posibles delitos de traición, espionaje, perjurio, obstrucción de la justicia, lavado de dinero, evasión de impuestos, violación de leyes electorales y representación no autorizada de gobiernos extranjeros.

El director del fbi

El general (r) Michael Flynn es una persona clave en el affaire ruso. Flynn, quien desempeñó durante algunos días el cargo de consejero de Seguridad Nacional al inicio del gobierno Trump, fue uno de los primeros simpatizantes de la candidatura del magnate y su consejero durante la campaña electoral.

Antes de su posesión como consejero presidencial, Flynn tuvo repetidos contactos con el embajador, agentes y hombres de negocios de Rusia, acompañado en ocasiones por Jared Kushner y por Jeff Sessions, actual secretario de Justicia. Flynn también fue cabildante pago del gobierno turco y dio información incompleta de estas actividades al Senado y al vicepresidente Pence. Esto lo hizo vulnerable al chantaje de los rusos (quienes dijeron que podían usarlo para influir sobre el magnate).

De sus evasivas y olvidos se puede deducir que Sessions tiene información importante en la investigación sobre el affaire ruso.

Trump, informado de ello por el departamento de Justicia, lo destituyó antes de completar un mes en el cargo. Sin embargo lo ha defendido y ha expresado su deseo de reintegrarlo a la Casa Blanca. Para proteger a Flynn de mayores complicaciones, Trump trató sin éxito de que James Comey, director del fbi, pusiera punto final a la investigación contra su aliado.

Cabe señalar que Comey es el mismo funcionario que, una semana antes de las elecciones, informó a los senadores republicanos que el fbi estaba investigando a Hillary Clinton por usar un servidor privado de correos electrónicos cuando fue secretaria de Estado.

Disgustado con Comey por su investigación contra Flynn, Trump ordenó al secretario y subsecretario de Justicia que prepararan una justificación escrita para destituirlo. El subsecretario le presentó un memorándum criticando el manejo que Comey le había dado al caso Clinton antes de las elecciones.

Sobre esa base Trump destituyó a Comey el 9 de mayo. Pero la historia comenzó a cambiar en manos del secretario de Prensa, el vicepresidente y finalmente Trump, quien le dijo al ministro de Relaciones Exteriores y al embajador de Rusia que había destituido a Comey para eliminar la presión de la investigación sobre Rusia, y luego afirmó en televisión que lo hizo porque esa historia sobre él y los rusos era inventada.

En el curso de estos eventos, el secretario de Justicia se declaró impedido para intervenir en la investigación del affaire ruso. Ocho días después de la destitución de Comey, el subsecretario de Justicia nombró a Robert Mueller, exdirector del fbi, para que asumiera la investigación.

Amigos de Trump hacen circular el rumor de que el presidente ahora quiere destituir a Mueller, pero esa decisión solo puede tomarla el subsecretario de Justicia, quien dijo ante el Senado que si recibe la orden de hacerlo, no la obedecerá si no hay una causa justificada. Y entonces Trump volvió a trinar que “está siendo investigado por el despido del director del  FBI por la persona que le recomendó destituir al director del FBI”- una amenaza no muy velada para el subsecretario de justicia que designó a Mueller. 

Para anticiparse a las secuelas de la investigación, Trump y Pence han contratado abogados privados.

Comey ante el Senado

Jared Kushner, propietario de la sociedad inmobiliaria Kushner Propiedades y esposo de Ivanka Trump.
Jared Kushner, propietario de la sociedad inmobiliaria Kushner Propiedades y esposo de Ivanka Trump.  
Foto: Wikimedia Commons

Después de haber sido destituido, Comey divulgó que mantuvo conversaciones con Trump sobre Flynn. Trump reaccionó señalando que tenía en su poder grabaciones de dichas charlas.

Ante la amenaza implícita, Comey divulgó unos memorándums personales en los que había transcrito sus conversaciones con Trump. Estos textos tienen valor probatorio en el derecho estadounidense. La Casa Blanca se rehúsa a confirmar la existencia de grabaciones.

El Senado llamó a declarar a Comey, quien dijo que:

  • Tuvo cuatro conversaciones con Trump como presidente y una previa a la posesión, en las que se sintió presionado a detener la investigación sobre Flynn.
  • Juzgó conveniente hacer una transcripción inmediata de las conversaciones con Trump para garantizar su exactitud.
  • Tenía razones para pensar que Trump podría mentir sobre ellas.
  • En su opinión fue destituido por rehusarse a parar la investigación contra Flynn.
  • Las conversaciones iniciadas por Trump eran institucionalmente inapropiadas.

Trump dijo que Comey había cometido perjurio ante el Senado, y sus abogados personales acusaron al exdirector del fbi de la “filtración” no autorizada de documentos oficiales (las notas que tomó de sus conversaciones con Trump). De manera paralela, los directores de la cia y la Agencia Nacional de Inteligencia informaron que Trump les pidió intervenir ante el fbi para que cerrara la investigación de Flynn.

Entre el apoyo y la persecución

Después de oír a Comey, el Senado citó el 13 de junio al secretario de Justicia Jeff Sessions. El funcionario habló de su patriotismo y honor personal, no recordó hechos pertinentes a veinticinco preguntas, se negó a informar sobre sus conversaciones con Trump y sobre los motivos de la destitución de Comey, con la excusa de proteger el derecho presidencial -no ejercido hasta el momento- de reserva informativa.

Así mismo dijo que toda afirmación de colusión con Rusia era falsa y que nunca tuvo información sobre las conversaciones de sus colegas con los rusos, a pesar de ser jefe del Comité de Seguridad Nacional en la campaña.

Los senadores republicanos ayudaron al secretario a contestar sus preguntas protocolarias y a olvidar las respuestas. Los demócratas hicieron preguntas superficiales, quizá por el temor de que cayera en desgracia y que fuera reemplazado por alguien menos calificado. De sus evasivas y olvidos se puede deducir que Sessions tiene información importante en la investigación sobre el affaire ruso.

Por el momento, la bancada republicana en el Congreso respalda incondicionalmente al magnate presidente. El presidente de la Cámara de Representantes y otros líderes del partido han dicho en su defensa que es demasiado ignorante de la ley y del funcionamiento del gobierno como para obstruir la justicia intencionalmente.

En cuanto a los votantes, es válida la opinión de la columnista Elizabeth Drew: Trump sabe cómo mentirle a su base electoral para mantenerla alineada.

 

Abogado, economista e investigador social residente en Nueva York.

 

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