Colombia y la crisis venezolana: tensiones crecientes

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Socorro RamírezIntentos de mediación, acusaciones de injerencia, cierres de frontera, contrabando, delincuencia, migrantes en problemas de lado y lado, chovinismo peligroso allá y aquí, diálogo roto y una crisis que pesa y pesará sobre Colombia.       

Socorro Ramírez*

Tiempos de protesta

Venezuela está inmersa en una gran crisis (económica, social, político-institucional y de seguridad ciudadana) sin un final previsible. Con las protestas de abril y de los 29 muertos que estas han dejado podría estar cerrándose un ciclo y abriéndose otro aún incierto.

En este momento está en cuestión no solo el gobierno de Maduro sino el sistema político que organizó Hugo Chávez. En las manifestaciones actuales no participan únicamente la vieja élite opositora y la clase media capitalina. También comienza a verse en las principales ciudades e incluso en pueblos lejanos una protesta cuya escala demuestra que el descontento es mayoritario. Saqueos en áreas muy populares y en antiguos bastiones del chavismo dan cuenta de la dificultad del gobierno para contener los conflictos sociales y la violencia criminal.

En cualquier escenario que se produzca, las repercusiones sobre Colombia serán profundas y podrían llegar a ser muy graves si las protestas se vuelven rutinarias o si continúan la confrontación política, el conflicto social y la violencia criminal.

Grupos radicales chavistas y opositores podrían intentar una estéril confrontación armada que se conectaría con la nefasta experiencia que la mayoría de los colombianos queremos enterrar. Ojalá la movilización ciudadana logre llevar a una transición democrática que, aunque tarde años, sería esperanzadora para ambos bandos.

Pero en cualquier escenario, lo cierto es que habrá que revertir el peligroso deterioro de las relaciones entre ambos países.

Efectos de la crisis

Migración de venezolanos a Colombia.
Migración de venezolanos a Colombia.  
Foto: Migración Colombia

La agudización de la crisis económica en Venezuela (hiperinflación, desempleo, devaluación, pérdida del poder adquisitivo, déficit fiscal y de divisas, reducción de importaciones, desabastecimiento y pobreza) aumenta sus efectos en Colombia.

Así como Venezuela recibió las consecuencias del conflicto armado colombiano, Colombia recibe ahora los impactos directos de la crisis de Venezuela. Las distintas tasas de cambio y la diferencia de precios rebajados por las subvenciones de bienes básicos (importados por el gobierno venezolano) han multiplicado los contrabandos fronterizos.

En ambos lados, redes de grupos irregulares y de crimen transnacional aprovechan las precarias instituciones locales, la corrupción y las alianzas políticas para disputarse el control de esos contrabandos y de los tráficos ilícitos de gasolina, drogas y armas.

En este momento está en cuestión no solo el gobierno de Maduro sino el sistema político que organizó Hugo Chávez.

Además, debido al colapso del sistema de salud y la falta de medicinas se han recrudecido epidemias y enfermedades endémicas. Y ha crecido la inseguridad ciudadana con el aumento de gente armada que han llevado a Venezuela a ocupar el segundo lugar mundial en homicidios.

La mezcla entre esos factores y la tensión política ha estimulado el retorno a su país de colombianos que regresan con familia binacional, y el éxodo de venezolanos que buscan algún ingreso, comida o salud. Estos desplazamientos, antes que atención conjunta, han suscitado más tensión y xenofobia.

En contravía de estas realidades, Maduro lanzó una cifra que no se corresponde con los censos existentes. Según el presidente venezolano: “Se han venido 5.600.000 colombianos a Venezuela, eso es una emergencia humanitaria, no hay un lugar en el mundo de donde se haya salido tanta gente (…) todo lo que traen es necesidad y pobreza, todos vienen buscando educación, trabajo, salud y vivienda".

En las protestas de 2014 y 2015 el presidente venezolano señaló a los migrantes colombianos como parte de una estrategia dirigida a crear caos, arrebatarle territorio a Venezuela, introducir paramilitares y promover la guerra económica o un golpe de Estado.

En 2017 también ha insistido sobre el tema. En febrero habló de una “avalancha huyendo de la guerra civil en Colombia”, y en abril aumentó el número de colombianos a 5.666.000 “que huyeron de la guerra, los paramilitares, el hambre y la falta de empleo”. El gobernador del Táchira ha insistido en que “los neogranadinos aumentan la inseguridad, escasez y contrabando”.

El gobierno colombiano ha puesto a andar iniciativas de emergencia en momentos críticos del problema migratorio. La Corte Suprema pidió protección para los migrantes venezolanos y el ministro de Salud anunció recursos para fortalecer servicios médicos en zonas fronterizas.

Pero esas medidas no son suficientes. El acelerado aumento de los flujos poblacionales amenaza los frágiles servicios de salud y de educación, y deteriora el ya precario nivel de empleo. Aumentan las acusaciones en contra de los venezolanos porque supuestamente deterioran la situación de las ciudades fronterizas colombianas. Y el exvicepresidente Vargas Lleras insistió en que no se les entregarán viviendas a los “venecos”.

Con la agudización de las crisis crece el número de venezolanos que abandonan su país sin perspectivas de pronto retorno. Urge entonces desterrar la xenofobia y fortalecer la capacidad de atención humanitaria y la creación de oportunidades con concertación nacional, latinoamericana e internacional.

Problemas comunes sin trámite conjunto

El esporádico diálogo intergubernamental y la parálisis de las distintas comisiones para la vecindad (de temas litigiosos, la militar binacional, la de integración y asuntos fronterizos) han dado paso a mutuas recriminaciones y a un manejo unilateral de la situación compartida.

Para concitar apoyo político y militar, Maduro ha recurrido al nacionalismo y ha incluido  a Colombia (junto con Estados Unidos) en un supuesto plan de saboteo externo. En mayo de 2015 creó las Zonas Operativas de Defensa Integral Marítima e Insular (Zodimain) reavivando el conflicto territorial con Colombia y Guyana para justificar su carrera armamentística. Desde agosto de 2015, después de una masiva expulsión de colombianos, cerró en forma unilateral e indefinida los siete pasos limítrofes legales y los dejó bajo control militar.

El 13 de agosto de 2016 comenzó una reapertura gradual de pasos legales entre ambos países, primero peatonales y luego vehiculares. Sin embargo, pronto fracasaron tales intentos. Hasta fines de abril de 2017 ha sido imposible su reapertura con regulación concertada, lo que ha reforzado la ilegalidad, la inseguridad y la violencia en ambos lados.

Venezuela no volvió a las mesas de trabajo para arreglar los problemas binacionales. Y los repetidos traspasos militares de la línea limítrofe han llegado hasta la instalación de un campamento en territorio colombiano de militares venezolanos, que luego se vieron obligados a salir.

Peligrosas reacciones

Presidente Juan Manuel Santos junto al Presidente Venezolano, Nicolás Maduro.
Presidente Juan Manuel Santos junto al Presidente Venezolano, Nicolás Maduro.
Foto: Ministerio del Poder Popular 

Ni los asuntos compartidos ni las diferencias han podido ser tramitadas durante los gobiernos de Maduro y Santos. La relación intergubernamental ha sido más bien distante y de tensiones frecuentes.

Con la agudización de las crisis crece el número de venezolanos que abandonan su país sin perspectivas de pronto retorno. 

Como la casi totalidad de los mandatarios latinoamericanos y caribeños, el colombiano ha tratado de no involucrarse en las crisis venezolanas. Todos viven difíciles situaciones internas y quieren evitar desencuentros bilaterales, en los que Maduro suele reaccionar negativamente.

El gobierno de Santos procuró evitar que las tensiones con Maduro repercutieran sobre la negociación con las guerrillas y se limitó a apoyar algunos llamados al diálogo en ese país. En 2013, ante el cuestionamiento del triunfo chavista (que ganó apenas por medio punto), Colombia propuso en Unasur un acuerdo para reconocer el triunfo de Maduro y procesar las denuncias de la oposición.

En el primer intento de diálogo gobierno-oposición en 2014, la canciller de Colombia actuó, junto con sus homólogos de Brasil y Ecuador, como facilitadora de Unasur. En octubre de 2016 también apoyó la facilitación de tres expresidentes y del Vaticano para un nuevo intento de diálogo. En 2017 ha participado con otros países latinoamericanos en pronunciamientos de la OEA sobre la situación en Venezuela.

Quizás presionado por el uso de la situación venezolana contra el acuerdo con las FARC, Santos abandonó recientemente la prudencia al afirmar en días pasados: “Hace seis años se lo advertí a Chávez: la revolución bolivariana fracasó”.

Maduro, por su parte (que en la tensión de 2013 había amenazado con no facilitar la negociación con las FARC), ha anunciado que va a “sacar todas las grabaciones secretas del proceso de paz”. Y agregó: “Tengo información de inteligencia de que se está preparando una matanza contra los líderes que firmaron la paz. Colombia es un Estado fallido”. Esperamos que esta situación no cause daños al acuerdo con las FARC o a las negociaciones con el ELN.

Ante la petición de Santos a la canciller de que expresara su preocupación en Naciones Unidas por la militarización de la sociedad venezolana, el representante de Venezuela reaccionó: “si hay un país militarizado en América Latina es Colombia, no solo tiene seis bases militares norteamericanas, sino también una cultura de guerra”.

El exembajador Roy Chaderton agregó que el gobierno colombiano está impresionado con la multitud dispuesta al combate y el poderío militar venezolano, primero en la región “con poder de destrucción”. Ahora se agrega la petición de asilo en Colombia de los tres militares venezolanos acusados de deserción e intento de golpe y la exigencia oficial de entregarlos al gobierno de Maduro.

La relación colombo-venezolana entra, de nuevo, en una fase de desencuentros mientras se agrava la crisis que paraliza a Venezuela, y Colombia intenta poner fin al conflicto armado y construir paz en medio de la polarización. Para revertir esta situación hay que fortalecer los nexos positivos entre ambos países y apelar al acompañamiento internacional.

 

* Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic en este enlace.

 

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Comentarios  

Fernando gomez
+1 # Raro analisisFernando gomez 02-05-2017 22:02
No esperaban un análisis tan bajo de información, es casi un comentario como el que deduce el común del ciudadano de a pie y se cierra el articulo con un "necesario acompañamiento internacional" tan desacreditado que esta este método, antes no se insinuó que un veedor fuera el doctor Uribe. Lamento la estrechez de este espacio pues quisiera aportar otra lectura más objetiva demostrando que SI está previsto el futuro positivo y revolucionario. Venezuela
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JOEL ALBORNOZ
0 # AbogadoJOEL ALBORNOZ 04-05-2017 08:57
En tanto la situación en nuestro país se siga deteriorando - como ya es previsible -, Colombia será la más afectada porque hacia allá irá la mayor migración venezolana, y esto impone más firmeza de su gobierno contra la dictadura de Maduro.
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