Las primeras semanas de Trump: llegó a cumplir sus promesas

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Construcción del muro fronterizo entre Estados Unidos y México.

Andrea ArangoA través de sus tuits, llamadas telefónicas, declaraciones, “órdenes ejecutivas”, nombramientos y destituciones, el nuevo presidente les está cumpliendo a sus votantes   que apoyaron un programa nacionalista en lo económico y xenófobo en lo cultural.

Andrea Arango Gutiérrez*

De la campaña a la Presidencia

Durante las dos primeras semanas de su mandato Donald Trump ha firmado 19 órdenes ejecutivas, acciones y memorandos que demuestran que va en serio en la tarea de cumplir las controversiales propuestas de su campaña.

Hay que recordar que el apoyo de los electores a Trump nació de dos miedos fundamentales: el miedo al desempleo y el miedo a los ataques terroristas. O como lo dijo Hernando Gómez Buendía en un artículo reciente de Razón Pública: del racismo y del miedo a los terroristas musulmanes.

Tanto el desempleo como los ataques terroristas ponen en riesgo algunas características esenciales de Estados Unidos como la tierra de las oportunidades y de las libertades, y por eso no hay que subestimar el poder de su amenaza para la supervivencia y la existencia de los norteamericanos.

Trump supo apelar a las bajas pasiones del pueblo para capitalizar sagazmente estos miedos y hacerse visible en la esfera pública. Al apelar a las bajas pasiones de los estadounidenses, el miedo al desempleo se ha traducido en racismo contra los latinos, y el miedo a los ataques terroristas se ha convertido en xenofobia contra los musulmanes.

Durante las dos primeras semanas de su mandato Donald Trump ha firmado 19 órdenes ejecutivas, acciones y memorandos.

En sus primeras semanas como presidente, Trump ha utilizado el poder Ejecutivo para emprender acciones que complazcan a sus electores de la clase baja poco ilustrada, con la esperanza de elevar el bajo índice de favorabilidad que tenía en el momento de su posesión.  

Es evidente que estas medidas son acciones populistas que encarnan ideas fascistas y nacionalistas que resultan incómodas en un mundo moderno que defiende la democracia liberal. Sin embargo es necesario entenderlas para escudriñar el fondo del asunto porque, al parecer, las ideas ilustradas no son tan universales como pretendían serlo y han despertado el rechazo de las clases poco educadas.

Trump logró capturar a estos electores al aparecer como un renegado anti-establecimiento que critica los ideales cosmopolitas que a la frustrada clase media baja le cuesta entender. Y no es que estos ideales sean excesivamente complejos, sino que paulatinamente se han limitado a beneficiar a la élite ganadora de la globalización económica y política, la misma que defiende los ideales del mercado libre y de los derechos universales.

Por eso, una vez en la Presidencia, Trump sigue apelando a su base electoral al mostrar que planea seguir siendo un outsider, incluso en las entrañas del poder:

  • Ha vetado a los medios tradicionales en sus ruedas de prensa,
  • Se sigue comunicando con sus seguidores a través de Twitter,
  • Le da la palabra a medios de comunicación no tradicionales, y
  • Sigue defendiendo los “hechos alternativos”.

Dos líneas de acción

James Robart, juez que se opone a decisiones de Donald Trump.
James Robart, juez que se opone a decisiones de Donald Trump. 
Foto: Whitman College

Durante su campaña, Trump prometió hacer a Estados Unidos “grande de nuevo”. Para conseguir este objetivo su administración ha propuesto acciones que van en dos vías: una de carácter económico, y otra con un marcado carácter ideológico y cultural.

La primera vía busca recuperar los empleos manufactureros que abandonaron el suelo norteamericano para mudarse a otros países. Para lograr esto Trump tiene planeado:

  • Contener la inmigración ilegal de mano de obra barata, especialmente la mexicana;
  • Salir del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP o Trans-Pacific Partnership Trade Deal);
  • Sancionar a las empresas norteamericanas que se vayan del país y darle incentivos a aquellas que se queden creando empleos;  
  • Renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA o North American Free Trade Agreement) con México y Canadá para lograr mayores ventajas comerciales para Estados Unidos.

Su segunda vía de acción consiste en mantener a los estadounidenses a salvo de lo que la administración Trump llama el “terrorismo radical islámico” (radical islamic terrorism), un término que la administración Obama se resistió a usar por respeto a la religión musulmana y como estrategia para mantener aliados dentro de los musulmanes-americanos. Las propuestas de Trump en esta línea han sido:

  • La modernización del Ejército;
  • La lucha frontal contra el Estado Islámico (ISIS o Islamic State of Iraq and Syria);
  • El desmonte del acuerdo nuclear con Irán;
  • La negativa a recibir refugiados sirios;
  • La estabilización de regiones con presencia norteamericana (en lugar de buscar democratizarlas); y,
  • Mantener buenas relaciones con Rusia.   

Como estos asuntos conciernen a la seguridad nacional, la capacidad de acción del Ejecutivo sobre ellos es bastante amplia. Por ejemplo, antes de su toma de posesión Trump logró un acuerdo con la empresa de aires acondicionados Carrier, con sede en Indiana, para que no recortara empleos en suelo norteamericano por contratar mano de obra en Mexico. Y una vez asumida la Presidencia comenzó a firmar órdenes ejecutivas mediante las cuales:

  • Autorizó la construcción del muro en la frontera con México;
  • Eliminó el envió de fondos federales a las ciudades que ofrecen garantías legales para los inmigrantes indocumentados (llamadas “ciudades santuarios”);
  • Se retiró del TPP; y
  • Anunció la renegociación de NAFTA con México y Canadá para revisar los términos de migración.

Además, en un paquete de medidas con gran proyección internacional y con un fuerte peso cultural e ideológico, el nuevo presidente:

  • Firmó un memorando que da un plazo de 30 días para elaborar el nuevo plan para la derrota de ISIS;
  • Sancionó a Irán por hacer pruebas con misiles, lo  que pone en riesgo el acuerdo nuclear que Obama había logrado;
  • Impuso una orden ejecutiva que suspendía por 120 días el programa de refugiados, prohibía el ingreso a Estados Unidos de ciudadanos de siete paises que representan una amenaza terrorista (Irak, Irán, Siria, Yemen, Libia, Somalia y Sudan) y suspendía indefinidamente el programa de recepción de migrantes sirios que huyen de la crisis humanitaria que azota a ese país.

¿Quién podrá pararlo?

Retirada del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, bajo el gobierno de Donald Trump.
Retirada del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, bajo el gobierno de Donald Trump. 
Foto: Gobierno de México

Después de las elecciones, los detractores de Trump tenían la esperanza de que este fuera un presidente sin mucho margen de maniobra y que estuviera contenido por un grupo de asesores moderados, una burocracia que aprecia la estabilidad y un antiguo sistema de pesos y contrapesos que pueda frenar su agenda populista. Sin embargo estas esperanzas se han ido desvanecieron debido a:

Los detractores de Trump tenían la esperanza de que este fuera un presidente sin mucho margen de maniobra.
  • La influencia de un poder Legislativo mayoritariamente republicano,
  • El nombramiento de un gabinete que recibió el apoyo de los republicanos que antes criticaban a Trump,
  • La nominación para la Corte Suprema del conservador Neil Gorsuch,
  • Dos semanas de variadas órdenes ejecutivas, y
  • El despido de la oficial superior del Departamento de Justicia que se negó a defender la orden ejecutiva que suspendía el programa de refugiados.

Sin embargo, en la noche del 3 de febrero, James Robart, un juez federal del estado de Washington, prohibió en todo el país la orden ejecutiva que había firmado Trump el 27 de enero, que impedía el ingreso a Estados Unidos de ciudadanos de siete países musulmanes y que alcanzó a afectar a más 60.000 viajeros, a pesar de que algunos de ellos contaban con visas y hasta con green cards.

Hay que recordar que desde 1965, con la sanción presidencial de Lyndon B. Jonson, se prohibió la discriminación contra los inmigrantes por razones de raza, sexo, nacionalidad, lugar de nacimiento o lugar de residencia a la hora de emitir visas. Este fue el argumento de los constitucionalistas y de los críticos del gobierno Trump para respaldar la decisión de Robart.

Aunque la decisión de Robart no es definitiva, va a producir muchas discusiones jurídicas y políticas. La Casa Blanca se ha opuesto a ella enfáticamente, pero esta ya ha tenido efectos reales pues los viajeros han podido reanudar sus trayectos. La decisión del juez demuestra que el sistema de pesos y contrapesos sigue siendo funcionando en Estados Unidos y que puede detener a Donald Trump.

 

* Politóloga de la Universidad de Antioquia, magíster en Ciencia Política de San Diego State University y profesora de la Universidad de Antioquia. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.  

 

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